viernes, 17 de enero de 2014

GENESIS 49:5-7. Bendición a Simeón y Levi



Al habérsele quitado el derecho de primogenitura a Rubén, Simeón pudo haberlo obtenido por ser el segundo en línea.  Pero tanto él como Levi, el tercer hijo, perdieron ese derecho debido a un acto violento: tomaron venganza en sus propias manos (Gen. 34).   

Siméon y Levi actuaron juntos; de la misma manera, juntos recibieron la bendición final de su padre…
(Génesis 49:5-7)  Simeón y Leví son hermanos; sus armas instrumentos de violencia.  (6)  En su consejo no entre mi alma, a su asamblea no se una mi gloria, porque en su ira mataron hombres, y en su obstinación desjarretaron bueyes.  (7)  Maldita su ira porque es feroz; y su furor porque es cruel. Los dividiré en Jacob, y los dispersaré en Israel. 

Simeón y Leví tomaron la justicia en sus propias manos.  Se vengaron de la violación de su hermana Dina matando al hombre culpable, junto con todos los hombres de ese pueblo.  Dejaron vivos sólo a las mujeres e hijos, y aun a ellos los tomaron como esclavos, y como botín todo su ganado y sus pertenencias (Génesis 34). Lo que hicieron ellos no fue justicia sino venganza, lo cual trajo más injusticia. Con ese acto impetuoso, ellos deshonraron a su padre, haciéndolo quedar mal, ya que él había llegado a un arreglo con ese pueblo.  Pero los hijos violaron el pacto (Gen. 34:30). 

A pesar de la amonestación de Jacob, ellos no se arrepintieron; más bien, se justificaron (Gen. 34:31). Ellos siguieron cargando con su error por el resto de sus vidas.  Por la falta de arrepentimiento, las consecuencias afectaron a sus descendientes…
(Génesis 49:7)   Maldita su ira porque es feroz; y su furor porque es cruel. Los dividiré en Jacob, y los dispersaré en Israel. 

La profecía de Jacob se cumplió al pie de la letra.  A la hora de la repartición de territorios en la Tierra Prometida, los levitas y los simeonitas terminaron separados y dispersados.

* A la tribu de Simeón le fueron asignadas tierras dentro del territorio de la tribu de Judá (Jos. 19:9).  Para colmo, las ciudades que fueron asignadas a Simeón estaban todas en la región más árida e inhóspita, conocida como el desierto del Neguev. 

*  La tribu de Levi no recibió territorio propio, sino que les fueron asignadas 48 ciudades dispersadas en todo el territorio de Israel (Jos. 21:41-42).

Esta asignación de tierras podría parecer “injusta”, como un castigo; pero no fue ésa la intención de Josué.  En el momento de la colonización, esa asignación fue estratégica.  Al entrar a la Tierra Prometida, la tribu de Simeón contaba con poca población, y por eso se le incluyó con Judá.  En cuanto a la dispersión de Levi, no fue un castigo sino un privilegio, como lo veremos a continuación…

Un simeonita y un levita
En la Biblia vuelve a darse un suceso que involucra a dos miembros importantes de estas dos tribus.  Pero en esta ocasión, uno toma el camino del pecado y otro de la santificación…

Cuando los israelitas se asentaron cerca de Madián, en camino a la Tierra Prometida, el pueblo cayó en pecado de idolatría y adulterio con las mujeres madianitas.  Como consecuencia, el Señor desató una plaga en medio de ellos.  Muchos israelitas lo lamentaron y se arrepintieron, pero otros siguieron pecando descaradamente, como fue el caso de un simeonita.
(Num. 25:6-14)  Y he aquí que un hombre, uno de los hijos de Israel, vino y presentó una madianita a sus parientes, a la vista de Moisés y a la vista de toda la congregación de los hijos de Israel, que lloraban a la puerta de la tienda de reunión.  (7)  Y cuando lo vio Finees, hijo de Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, se levantó de en medio de la congregación, y tomando una lanza en su mano,  (8)  fue tras el hombre de Israel, entró en la alcoba y los traspasó a los dos, al hombre de Israel y a la mujer por su vientre. Y así cesó la plaga sobre los hijos de Israel.  (9)  Y los que murieron por la plaga fueron veinticuatro mil.  (10)  Entonces habló el SEÑOR a Moisés, diciendo:  (11)  Finees, hijo de Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, ha apartado mi furor de los hijos de Israel porque demostró su celo por mí entre ellos, y en mi celo no he destruido a los hijos de Israel.  (12)  Por tanto, di: "He aquí, yo le doy mi pacto de paz;  (13)  y será para él y para su descendencia después de él, un pacto de sacerdocio perpetuo, porque tuvo celo por su Dios e hizo expiación por los hijos de Israel."  (14)  El nombre del hombre de Israel que fue muerto con la madianita era Zimri, hijo de Salu, jefe de una casa paterna de Simeón.

Zimri, descendiente de Simeón, continuó pecado descaradamente, delante de toda la congregación.  Por el contrario, Finees, descendiente de Levi, se levantó en celo divino e hizo justicia en medio del pueblo. 

A partir de este suceso, ningún simeonita volvió a sobresalir en la historia de Israel.  Por el contrario, su población disminuyó considerablemente.  Según el primer censo (al salir de Egipto), la tribu de Simeón contaba con 59,300 hombres (Num. 1:23).  Pero en el segundo censo (40 años más tarde), su número había descendido dramáticamente a 22,200 (Num. 26:14).  Más de la mitad de sus hombres habían muerto.  Esto puede hacernos pensar que muchos de los que murieron por el pecado con las madianitas en Baal-peor venían de la tribu de Simeón.  Aun así, en esa ocasión murieron 24,000 en total, lo cual no explica la pérdida de 37,100 hombres.  Es posible que los otros hayan muerto en las otras plagas o que no hayan tenido muchos hijos.

Otro dato interesante de la tribu de Simeón es que no fue incluida en las últimas bendiciones que Moisés dio a las tribus de Israel antes de morir. 

¿Qué pasó después con la tribu de Simeón?  Como ya mencionamos, a ellos les fue asignado su territorio en medio de Judá, en la región desértica del sur de Israel. 
Podríamos suponer que ellos se asimilaron en la tribu de Judá, pero eso sólo fue en parte.  Hay ciertas referencias que apuntan a que algunos de ellos migraron hacia el norte.  Cuando Israel se dividió en dos Reinos, sólo unos pocos se aliaron con Judá (2 Cro. 11:16-17; 2 Cro. 15:9).  De los simeonitas que se asimilaron a Judá, se menciona sólo un remanente de 500 hombres (1 Cro. 4:42-43).  Ellos fueron los que ocuparon la región de los amalecitas, en la tierra de Edom, en el desierto al sur de Judá.  Aunque para los ojos humanos ellos parecen haber desaparecido, no lo ha sido así para Dios. Esta tribu es mencionada entre los 144,000 redimidos de Apocalipsis (7:7).

¿Qué pasó con la tribu de LEVI?
A diferencia de los simeonitas, los levitas aprendieron de los errores del pasado y buscaron revertir la maldición que trajo el pecado de su padre. 

El celo de justicia de Levi lo llevó en el principio a una venganza impulsiva y desmedida para defender una causa humana.  Pero sus descendientes, usaron ese ímpetu para bien, y no para mal.  Los descendientes de Levi no optaron por la venganza, sino se encendieron del celo de Dios y defendieron la causa divina. 

El momento que cambió el destino de los levitas fue entorno al pecado del Becerro de Oro.  Los levitas fueron los únicos que se levantaron del lado de Dios (Exo. 32:25-29). El resultado de esto fue la santificación de los levitas.  Dios los apartó para servirle como sacerdotes.  Sólo ellos iban a poder entrar en el Tabernáculo para servir al Señor y ofrecer los sacrificios.  Anteriormente, todos los primogénitos se les consideraban como “sacerdotes” de su familia; pero luego los levitas fueron consagrados para tomar el lugar de los primogénitos en todo Israel (Num. 3:5-13). 

Tal como profetizó Jacob, también los levitas fueron dispersados en todo el territorio de Israel, pero por diferente razón que los simeonitas.  A los levitas les fueron asignadas 48 ciudades donde habitar, las cuales estaban dispersadas en todo el territorio de Israel. 

No les fue dado territorio a los levitas, pero recibieron una mejor heredad.
(Deu. 10:8-9)  En aquel tiempo el SEÑOR apartó la tribu de Leví para que llevara el arca del pacto del SEÑOR, y para que estuviera delante del SEÑOR, sirviéndole y bendiciendo en su nombre hasta el día de hoy.  (9)  Por tanto, Leví no tiene porción o herencia con sus hermanos; el SEÑOR es su herencia, así como el SEÑOR tu Dios le habló.)

(Deu. 18:1-2)  Los sacerdotes levitas, toda la tribu de Leví, no tendrán porción ni heredad con el resto de Israel; comerán de las ofrendas encendidas al SEÑOR y de su porción.  (2)  Y no tendrán heredad entre sus hermanos; el SEÑOR es su heredad, como les ha prometido.



Los levitas iban a dedicarse a servir al Señor.  No les fue dada tierra porque ellos no tendrían que trabajar en el campo.  Para su sustento recibirían ofrendas, primicias y el diezmo de las demás tribus.
(Deu. 18:3-4)  Y este será el derecho de los sacerdotes de parte del pueblo, de los que ofrecen como sacrificio buey u oveja: darán para el sacerdote la espaldilla, las quijadas y el cuajar.  (4)  Le darás las primicias de tu grano, de tu mosto, de tu aceite y del primer esquileo de tus ovejas.

(Num. 18:8)  Entonces habló el SEÑOR a Aarón: He aquí que yo te he dado el cuidado de mis ofrendas, todas las cosas consagradas de los hijos de Israel; te las he dado a ti como porción, y a tus hijos como provisión perpetua.

(Num. 18:20-24)  Entonces el SEÑOR dijo a Aarón: No tendrás heredad en su tierra, ni tendrás posesión entre ellos; yo soy tu porción y tu herencia entre los hijos de Israel.  (21)  Y he aquí que yo he dado a los hijos de Leví todos los diezmos en Israel por heredad, a cambio de su ministerio en el cual sirven, el ministerio de la tienda de reunión.  (22)  Y los hijos de Israel no se acercarán más a la tienda de reunión, no sea que carguen con un pecado y mueran.  (23)  Sólo los levitas servirán en el ministerio de la tienda de reunión, y ellos cargarán con la iniquidad del pueblo; será estatuto perpetuo por todas vuestras generaciones, y entre los hijos de Israel no tendrán heredad.  (24)  Porque el diezmo de los hijos de Israel, el cual ofrecen como ofrenda al SEÑOR, yo lo he dado a los levitas por heredad; por tanto, he dicho en cuanto a ellos: "Entre los hijos de Israel no tendrán heredad."

Moisés bendijo a la tribu de Levi con las siguientes palabras:
(Deu. 33:8-11)  Y de Leví dijo: Tu Tumim y tu Urim sean para tu varón santo, a quien pusiste a prueba en Masah, con quien luchaste en las aguas de Meriba;  (9)  el que dijo de su padre y de su madre: "No los conozco"; y no reconoció a sus hermanos, ni consideró a sus propios hijos, porque obedecieron tu palabra, y guardaron tu pacto.  (10)  Ellos enseñarán tus ordenanzas a Jacob y tu ley a Israel. Pondrán incienso delante de ti, y holocaustos perfectos sobre tu altar.  (11)  Bendice, oh SEÑOR, sus esfuerzos, y acepta la obra de sus manos; quebranta los lomos de los que se levantan contra él y de los que lo odian, para que no se levanten más.

La tribu de Levi logró revertir la maldición, y volvió en bendición. 

Lamentablemente varias generaciones después sus descendientes no guardaron su camino y se desviaron.  Lo que habían ganado, lo estaban perdiendo en el tiempo de Malaquías.  La advertencia que el profeta hizo a los levitas es la siguiente:
(Mal. 2:1-9)  Y ahora, para vosotros, sacerdotes, es este mandamiento.  (2)  Si no escucháis, y si no decidís de corazón dar honor a mi nombre--dice el SEÑOR de los ejércitos-- enviaré sobre vosotros maldición, y maldeciré vuestras bendiciones; y en verdad, ya las he maldecido, porque no lo habéis decidido de corazón.  (3)  He aquí, yo reprenderé a vuestra descendencia, y os echaré estiércol a la cara, el estiércol de vuestras fiestas, y seréis llevados con él.  (4)  Entonces sabréis que os he enviado este mandamiento para que mi pacto siga con Leví--dice el SEÑOR de los ejércitos.  (5)  Mi pacto con él era de vida y paz, las cuales le di para que me reverenciara; y él me reverenció, y estaba lleno de temor ante mi nombre.  (6)  La verdadera instrucción estaba en su boca, y no se hallaba iniquidad en sus labios; en paz y rectitud caminaba conmigo, y apartaba a muchos de la iniquidad.  (7)  Pues los labios del sacerdote deben guardar la sabiduría, y los hombres deben buscar la instrucción de su boca, porque él es el mensajero del SEÑOR de los ejércitos.  (8)  Pero vosotros os habéis desviado del camino, habéis hecho tropezar a muchos en la ley, habéis corrompido el pacto de Leví--dice el SEÑOR de los ejércitos.  (9)  Por eso yo también os he hecho despreciables y viles ante todo el pueblo, así como vosotros no habéis guardado mis caminos y hacéis acepción de personas en la ley.

Lo ganado se debe cuidar.  Los descendientes no se deben confiar en las glorias de sus antepasados.  Cada generación debe guardar su bendición viviendo en rectitud y justicia (Ezequiel 18).

  

9 comentarios:

  1. muy interesante este estudio me gusta mucho la enseñanza del antiguo testamento.

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  2. Muchas gracias!!!! Excelente estudio biblico!!! Dtb

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  3. Judit La Protagonista Del Libro Deuterocanónico Homónimo Dijo Ser Descendiente De Simeón, Siendo Una De Las Pocas Simeonitas Que Sobrealieron De Esa Tribu...

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  4. Gracias... Impresionante estudio, muy profundo.

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  5. Gracias a Finess toda la tribu de levi se limpio el pecado que habian hecho junto con simeon al matar a todos los hombres de aquella ciudad. con o sin culpa y se llevaron todas las mujeres, hijos y el ganado. La palabra de Jacobo quedo por el suelo ya que jacobo ya habia llegado a un acuerdo con esas personas. Levi se redimio, pero simeon siguieron haciendo lo malo

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  6. A sido de Bendiciones a mi porque yo pertenesco a la casa de Levi, Puedo ver parte de mi personalidad en ello precision estudio

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  7. todavia no me entere de que les dijo a simeon

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  8. La Falta de confianza será alimentada por nuestras acciones y su resultado será el rechazo.

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Son bienvenidos las dudas y comentarios (con el entendido que se hagan con respeto)...