jueves, 14 de mayo de 2015

DEVARIM 5: Los 10 Mandamientos


Luego de establecer el marco histórico y conceptual, Moisés comienza a “repetir la ley” a la nueva generación.
(Deu. 5:1)  Entonces llamó Moisés a todo Israel y les dijo: Oye, oh Israel, los estatutos y ordenanzas que hablo hoy a vuestros oídos, para que los aprendáis y pongáis por obra.

Lo primero que les dice es: “Oye, Israel”.  Tal como vimos en el capítulo pasado, “Oye” en hebreo es: Shema, que implica no sólo oír sino también hacer.  Este concepto queda claramente plasmado en este versículo: “oigan los mandamientos para aprenderlos y ponerlos por obra”.

PACTO EN HOREB
Moisés trae a memoria el evento que sucedió en el Monte Horeb (o Sinaí).  Allí la generación pasada escuchó la Ley, que se conoce como la Torá (lit. enseñanza).  La Torá no es un simple código legal; más bien son las condiciones de un Pacto entre Dios y el pueblo de Israel.  Y ese pacto no fue hecho sólo con la generación del desierto, sino que era un pacto multi-generacional.
(Deu. 5:2-3)  El SEÑOR nuestro Dios hizo un pacto con nosotros en Horeb. No hizo el SEÑOR este pacto con nuestros padres, sino con nosotros, con todos aquellos de nosotros que estamos vivos aquí hoy.

Aunque algunos de la nueva generación no estuvieron presentes en ese tiempo, es como si hubieran estado.  Y esto es cierto para cualquier persona en cualquier lugar del mundo y en cualquier época histórica—cualquiera que reconozca a Yehová como su Dios entra en ese Pacto.  Aceptarlo como Dios es reconocerlo como Señor; y como tal, le debemos obediencia.  El es nuestro Dios, y nosotros Su Pueblo; Él habla, y nosotros oímos y hacemos (heb. Shema). 

El pacto en Horeb lo hizo Yehová con nosotros… “con todos aquellos que estamos vivos aquí hoy”. 


LOS DIEZ MANDAMIENTOS
A continuación, Moisés vuelve a enumerar lo que hoy se conoce como “los 10 Mandamientos”.  Sin embargo, en la tradición judía no se les llama “mandamientos” sino palabras (en hebreo: Aseret haDevarim), porque ese es el concepto que la Biblia maneja:
(Deu. 5:22a) Estas palabras el SEÑOR habló a toda vuestra asamblea en el monte, de en medio del fuego, de la nube y de las densas tinieblas con una gran voz…

Los “10 Mandamientos” no son TODOS los mandamientos, sino sólo la introducción.  Son una especie de índice que resume la totalidad de los mandamientos.  Los primeros de estos 10 mandamientos tratan sobre nuestra relación con Dios, y los últimos norman nuestra relación con el prójimo. 

Podría considerarse que los 10 mandamientos son un resumen de toda la ley.  Jesús lo resumió de la siguiente manera:
(Marcos 12:28-31)  Cuando uno de los escribas se acercó, los oyó discutir, y reconociendo que les había contestado bien, le preguntó: ¿Cuál mandamiento es el más importante de todos? Jesús respondió: El más importante es: Escucha, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es; y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con toda tu fuerza.  El segundo es éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.

Resumen de la Ley: Amar a Dios + amar al prójimo

También Lucas narra un evento donde Jesús confirmó que el resumen de la ley es: amar a Dios + amar al prójimo.  Esa no era una “verdad nueva” sino que está escrito en la Torá.  Jesús simplemente lo resumió, al igual que otros rabinos de su época.   
(Lucas. 10:26-29)  Y he aquí, cierto intérprete de la ley se levantó, y para ponerle a prueba dijo: Maestro, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Y El le dijo:¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella? Respondiendo él, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu fuerza, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Entonces Jesús le dijo: Has respondido correctamente; haz esto y vivirás.

Pablo hizo referencia a la segunda parte de los 10 Mandamientos en la carta a los romanos:
(Romanos 13:8-10)  No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama a su prójimo, ha cumplido la ley. Porque esto: No cometerás adulterio, no matarás, no hurtarás, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en estas palabras se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo; por tanto, el amor es el cumplimiento de la ley.

Estas palabras de Pablo no excluyen la primera parte de la Ley: Amar a Dios.  Como lo explica Juan, el amor al prójimo va de la mano con el amor a Dios.
(1 Juan 4:20-21)  Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; porque el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios a quien no ha visto. Y este mandamiento tenemos de El: que el que ama a Dios, ame también a su hermano.

INDICE DE LA LEY
Vayamos ahora a ver cuáles son estos mandamientos introductorios que conforman en índice de la Ley (heb. Torá):

I.             Yehová es Dios

II.              No tendrás otros dioses
III.            No tomarás en Nombre de Dios es vano
IV.            Guardarás el día de reposo
V.             Honrarás a padre y a madre
VI.            No asesinarás
VII.          No cometerás adulterio
VIII.         No robarás
IX.            No darás falso testimonio
X.             No codiciarás lo ajeno

I.  Yehová es Dios
En la tradición hebrea, se considera que la primera “palabra” es la siguiente:
(Deu. 5:6) Yo soy Yehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre.

Tal vez este no se considere como un “mandamiento” en sí, pero si es la base de todo.  Lo primero es reconocer a Yehová como Dios.  Aquí el Señor no se presenta como Dios Todopoderoso creador del Cielo y la Tierra, sino como Dios Redentor de Su Pueblo, lo cual hace la relación más personal. 

II. No tendrás otros dioses
(Deu. 5:7-10)  No tendrás otros dioses delante de mí.  No te harás ningún ídolo, ni semejanza alguna de lo que está arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No los adorarás ni los servirás; porque yo, Yehová tu Dios, soy Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres sobre los hijos, y sobre la tercera y la cuarta generación de los que me aborrecen, pero que muestro misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.

III. No tomarás en vano el Nombre de Dios
(Deu. 5:11)  No tomarás en vano el nombre de Yehová tu Dios, porque Yehová no tendrá por inocente a quien tome su nombre en vano.

Muchas veces la Biblia se refiere a Dios por sus atributos: Padre, Creador, Sanador, Altísimo, Santo, Dios Celoso, etc.  Pero cuando se refiere a Su Nombre, sólo hay uno que lo distingue de todos los demás, y ese nombre es Yehová (Jehová). 

IV.  Guardarás el Día de Reposo
(Deu. 5:12-15)  Guardarás el día de reposo para santificarlo, como Yehová tu Dios lo ha mandado.  Seis días trabajarás y harás todo tu trabajo, mas el séptimo día es día de reposo para Yehová tu Dios; no harás en él ningún trabajo, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu buey, ni tu asno, ni ninguno de tus animales, ni el forastero que está contigo, para que tu siervo y tu sierva también descansen como tú. Y acuérdate que fuiste esclavo en la tierra de Egipto, y que Yehová tu Dios te sacó de allí con mano fuerte y brazo extendido; por lo tanto, Yehová tu Dios te ha ordenado que guardes el día de reposo. 

El propósito de guardar el día de reposo (heb. Shabat) es para “santificarlo” (heb. Kadash, que significa: dedicar, consagrar).  Es un día dedicado a Dios, en el cual descansamos de nuestras obras y reposamos en Él.  

Los rabinos han prescrito muchas prohibiciones relacionadas con el día de reposo (tal como no cocinar, no coser, no cargar, no caminar largas distancias, etc.); sin embargo, lo que Dios ordenó es simple: no harás ningún trabajo (heb. Melaja, empleo, labor, negocio), sino descansarás (heb. Nuaj).

¿No es esto una buena noticia?  Este debería ser el mandamiento más fácil de cumplir; no obstante, curiosamente éste es uno de los mandamientos más quebrantados. 

V.  Honrarás a padre y a madre
(Deu. 5:16)  Honra a tu padre y a tu madre, como Yehová tu Dios te ha mandado, para que tus días sean prolongados y te vaya bien en la tierra que el SEÑOR tu Dios te da.

VI.  No asesinarás
(Deu. 5:17)  No matarás.

Aunque se ha traducido como “matar”, el verbo en hebreo es Ratzaj, que significa: asesinar.   “Matar” es quitar la vida; pero “asesinar” es hacerlo de forma premeditada e intencional.

VII.  No cometerás adulterio
(Deu. 5:18)  No cometerás adulterio.

VIII.  No robarás
(Deu. 5:19) No hurtarás.

IX.  No darás falso testimonio
(Deu. 5:20) No darás falso testimonio contra tu prójimo.

En hebreo dice literalmente: No responderás con un falso testimonio

X.  No codiciarás lo ajeno
(Deu. 5:21) No codiciarás la mujer de tu prójimo, y no desearás la casa de tu prójimo, ni su campo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo.

“Codiciar” en hebreo es: Jamad, que también se traduce: deleitarse, desear.
Este es un mandamiento que va directo al corazón, pues no siempre es evidente que alguien desea o codicia. 

Desear lo ajeno lleva implícito una insatisfacción por lo que uno tiene; en otras palabras, es no estar satisfecho con lo que Dios le ha dado a uno.

Lo opuesto a la codicia es satisfacción.  Un refrán judío dice: “¿Quién es rico? Es aquel que está contento y satisfecho con lo que tiene” (Pirkei Avot).

Pablo nos dio el ejemplo de vivir en contentamiento:
(Filipenses 4:11-12)  No que hable porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación. Sé vivir en pobreza, y sé vivir en prosperidad; en todo y por todo he aprendido el secreto tanto de estar saciado como de tener hambre, de tener abundancia como de sufrir necesidad.


EXPERIENCIA EN EL MONTE SINAÍ
En Devarim 5, Moisés repite los “10 Mandamientos” (las 10 Palabras) a la nueva generación.  Pero la primera vez que los israelitas lo oyeron fue en el Monte Sinaí.  Moisés aprovecha a contarles a la nueva generación sobre la experiencia que sus padres tuvieron al pie del monte, cuando Dios habló en persona delante de todo el pueblo. 
(Deu. 5:4-5)  Cara a cara habló el SEÑOR con vosotros en el monte de en medio del fuego, mientras yo estaba en aquella ocasión entre el SEÑOR y vosotros para declararos la palabra del SEÑOR, porque temíais a causa del fuego y no subisteis al monte. 

El Señor ya había hablado en persona con Abraham, Jacob, Moisés, etc., pero esa ocasión fue la primera que lo hizo ante TODOS. 

REACCIÓN DEL PUEBLO
Los israelitas no reaccionaron bien a la experiencia a la Presencia de Dios.
(Deu. 5:23-27)  Y aconteció que cuando oísteis la voz de en medio de las tinieblas, mientras el monte ardía con fuego, os acercasteis a mí, todos los jefes de vuestras tribus y vuestros ancianos, y dijisteis: He aquí, el SEÑOR nuestro Dios nos ha mostrado su gloria y su grandeza, y hemos oído su voz de en medio del fuego; hoy hemos visto que Dios habla con el hombre, y éste aún vive. Ahora pues, ¿por qué hemos de morir? Porque este gran fuego nos consumirá; si seguimos oyendo la voz del SEÑOR nuestro Dios, entonces moriremos. Porque, ¿qué hombre hay que haya oído la voz del Dios vivo hablando de en medio del fuego, como nosotros, y haya sobrevivido? Acércate tú, y oye lo que el SEÑOR nuestro Dios dice; entonces dinos todo lo que el SEÑOR nuestro Dios te diga, y lo escucharemos y lo haremos.

Ellos experimentaron lo que es en verdad la Santidad de Dios.  En carne propia supieron lo que significaba que Dios era “fuego consumidor”.  El peso de la Presencia de Dios era tan fuerte que ellos sentían que iban a morir.  Por esa razón querían alejarse. 

Veamos ahora la respuesta de Dios ante la reacción de Su Pueblo…
(Deu. 5:28-31)  Y el SEÑOR oyó la voz de vuestras palabras cuando me hablasteis y el SEÑOR me dijo: He oído la voz de las palabras de este pueblo, que ellos te han hablado. Han hecho bien en todo lo que han dicho. ¡Oh si ellos tuvieran tal corazón que me temieran, y guardaran siempre todos mis mandamientos, para que les fuera bien a ellos y a sus hijos para siempre! Ve y diles: Volved a vuestras tiendas. Pero tú, quédate aquí conmigo, para que yo te diga todos los mandamientos, los estatutos y los juicios que les enseñarás, a fin de que los practiquen en la tierra que les doy en posesión.

Luego de recordarles estos eventos a la nueva generación, Moisés los exhorta a que tengan siempre presente el temor de Dios en sus vidas—no para tenerle “miedo” sino para que esto los impulse a obedecer a Dios.
(Deu. 5:32-33)  Y cuidad de hacer tal como el SEÑOR vuestro Dios os ha mandado; no os desviéis a la derecha ni a la izquierda. Andad en todo el camino que el SEÑOR vuestro Dios os ha mandado, a fin de que viváis y os vaya bien, y prolonguéis vuestros días en la tierra que vais a poseer.

Debemos tener “temor de Dios” (heb. Yirá, temor reverente), pero no miedo.  El miedo está provocado por la incertidumbre; por el contrario, el temor viene de saber las consecuencias de los actos, y esa conciencia provoca obediencia (Proverbios 3:1-7) Hijo mío, no te olvides de mi enseñanza, y tu corazón guarde mis mandamientos, porque largura de días y años de vida y paz te añadirán. La misericordia y la verdad nunca se aparten de ti; átalas a tu cuello, escríbelas en la tabla de tu corazón. Así hallarás favor y buena estimación ante los ojos de Dios y de los hombres. Confía en el SEÑOR con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento. Reconócele en todos tus caminos, y El enderezará tus sendas. No seas sabio a tus propios ojos, teme al SEÑOR y apártate del mal.

A través del profeta Jeremías, el Señor también expresó la razón por la que él infunde temor reverente en Su Pueblo.
(Jer. 32:40)  Haré con ellos un pacto eterno, por el que no me apartaré de ellos, para hacerles bien, e infundiré mi temor en sus corazones para que no se aparten de mí.


El temor de Dios nos lleva a la obediencia; y la obediencia trae bendición. 

jueves, 7 de mayo de 2015

DEVARIM 4: Beneficios de la Torá


Luego de hacer el recuento histórico que los llevó hasta ese momento, Moisés regresó al tema central de su discurso final: la instrucción de Dios (conocido en hebreo como Torá). 
(Deu. 4:1)  Ahora pues, oh Israel, escucha los estatutos y los juicios que yo os enseño para que los ejecutéis, a fin de que viváis y entréis a tomar posesión de la tierra que el SEÑOR, el Dios de vuestros padres, os da.

Una y otra vez leeremos esta frase en Devarim: “Oye, Israel” (heb. Shema Yisrael).  El concepto en hebreo de “oír” es más completo que en español; “Shemá” no sólo implica escuchar sino también aplicar, hacer.  Tal vez una traducción más cercana sería “atender”, que implica prestar atención y luego hacer lo que se le dijo. 

Shemá = Escuchar + hacer

El propósito de enseñar la Torá a la nueva generación es que la pongan en práctica en sus vidas, y no sólo que la escuchen…
(Deu. 4:5)  Mirad, yo os he enseñado estatutos y juicios tal como el SEÑOR mi Dios me ordenó, para que hagáis así en medio de la tierra en que vais a entrar para poseerla.

VENTAJAS DE LA TORÁ
Moisés expone cuáles son las ventajas de tener la Torá, que otras naciones no tienen…
(Deu 4:6-8)  Así que guardadlos y ponedlos por obra, porque esta será vuestra sabiduría y vuestra inteligencia ante los ojos de los pueblos que al escuchar todos estos estatutos, dirán: Ciertamente esta gran nación es un pueblo sabio e inteligente. Porque, ¿qué nación grande hay que tenga un dios tan cerca de ella como está el SEÑOR nuestro Dios siempre que le invocamos? ¿O qué nación grande hay que tenga estatutos y juicios tan justos como toda esta ley que yo pongo hoy delante de vosotros.

Ventajas sobre los otros pueblos:
  • Tendrán más sabiduría e inteligencia, pues conocen los principios de la vida y cómo funciona el mundo
  • Pueden tener una relación cercana con Dios
  • Las leyes de Dios promueven una verdadera justicia
Algunas personas ven las leyes como “frenos” que los limitan.  ¡Esto es contrario a lo que dice la Biblia! Lejos de ser un obstáculo, la Ley de Dios es una ventaja, que trae bendición a quien la cumple. 

En el Salmo 19 leemos lo que David escribió sobre la Ley de Dios:
(Salmo 19:7-11)  La ley de Jehová es perfecta, que restaura el alma; el testimonio de Jehová es seguro, que hace sabio al sencillo. Los preceptos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; el mandamiento de Jehová es puro, que alumbra los ojos. El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre; los juicios de Jehová son verdaderos, todos ellos justos; deseables más que el oro; sí, más que mucho oro fino, más dulces que la miel y que el destilar del panal. Además, tu siervo es amonestado por ellos; en guardarlos hay gran recompensa.

También Pablo habla de los beneficios de la Palabra de Dios (que es su tiempo se refería a la Torá y los profetas, en hebreo: Tanaj).
(2 Timoteo 3:16-17)  Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra. 

Entre las ventajas que Moisés presenta, está la bendición de tener un Dios que esté cercano a su pueblo (4:7).  Más adelante, Moisés aclara que la relación que  Dios tiene con Su pueblo es mejor que la que otros pueblos puedan tener con sus dioses…
(Deu. 4:32-35) Ciertamente, pregunta ahora acerca de los tiempos pasados que fueron antes de ti, desde el día en que Dios creó al hombre sobre la tierra; inquiere desde un extremo de los cielos hasta el otro. ¿Se ha hecho cosa tan grande como ésta, o se ha oído algo como esto? ¿Ha oído pueblo alguno la voz de Dios, hablando de en medio del fuego, como tú la has oído, y ha sobrevivido? ¿O ha intentado dios alguno tomar para sí una nación de en medio de otra nación, con pruebas, con señales y maravillas, con guerra y mano fuerte y con brazo extendido y hechos aterradores, como el SEÑOR tu Dios hizo por ti en Egipto delante de tus ojos? A ti te fue mostrado, para que supieras que el SEÑOR, El es Dios; ningún otro hay fuera de El.

Este último punto es muy importante: No sólo Yehová es mejor que cualquier otro dios, sino que es el único…porque “no hay otro fuera de Él”.  Los demás dioses son todos falsos; Yehová es el único verdadero Dios.  Esto lo vuelve a afirmar al final del capítulo. 
(Deu. 4:39-40)  Por tanto, reconoce hoy y reflexiona en tu corazón, que el SEÑOR es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra; no hay otro. Así pues, guardarás sus estatutos y sus mandamientos que yo te ordeno hoy, a fin de que te vaya bien a ti y a tus hijos después de ti, y para que prolongues tus días sobre la tierra que el SEÑOR tu Dios te da para siempre.

NO TE OLVIDES
Sabiendo los beneficios que tiene la Torá, Moisés insta al pueblo a que guarden las mandamientos, y no sólo eso sino que se aseguren de enseñarlo a sus hijos.  
(Deu. 4:9)  Por tanto, cuídate y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, y no se aparten de tu corazón todos los días de tu vida; sino que las hagas saber a tus hijos y a tus nietos.

La palabra que se traduce como: “cuídate” y “guarda” viene de la misma raíz en hebreo: Shamar, que literalmente significa: poner un cerco alrededor, como protección.  También puede traducirse como: proteger, preservar.  Esta es la misma palabra que se usa para “guardar los mandamientos”.  Debemos aclarar que “guardar la Ley” no significa “meterla en una gaveta o es una caja de seguridad”; más bien significa: ponerla en práctica.  Cuando vivimos y practicamos la Ley de Dios, ésta nos protege.

Otra forma de “cuidarnos y guardar la ley” es:
  • NO OLVIDAR.  Esto implica que debemos leerla y estudiarla constantemente, pero sobre todo ponerla en práctica.  Esto hará que la Palabra de Dios quede impresa en nuestras mentes y corazones.  
  • ENSEÑARLA a los hijos.  La Palabra de Dios debe ser transmitida de generación en generación, para que no se pierda en el olvido.
La transmisión multigeneracional de la Ley es un punto importante que Moisés repite a lo largo del libro de Devarim (Deuteronomio), y ampliaremos este punto cuando lleguemos al cap. 6. 

Más adelante en el capítulo, Moisés vuelve a decir que se cuiden de no olvidar… y advierte sobre el riesgo que implica no hacerlo:
(Deu. 4:23)  Guardaos, pues, no sea que olvidéis el pacto que el SEÑOR vuestro Dios hizo con vosotros, y os hagáis imagen tallada en forma de cualquier cosa que el SEÑOR tu Dios te ha prohibido.

El hombre está diseñado para adorar, y si no adora a Dios lo hará con algo más.  Esto no sólo se refiere a otra religiones, sino otras cosas; hoy en día se ve muy claro, pues la gente “adora” a sus ídolos musicales, deportistas, actores, héroes, etc.  También el dinero puede convertirse en un ídolo.  La idolatría es algo en contra de lo cual debemos luchar constantemente. 

CELO DIVINO
Si nosotros hemos hecho un pacto con Yehová, y lo hemos reconocido como nuestro Dios, entonces Él no permitirá que compartamos nuestra devoción con ningún otro “ídolo”.
(Deu. 4:24)  Porque el SEÑOR vuestro Dios es fuego consumidor, un Dios celoso.

La imagen de “Dios celoso” es algo que nos cuesta comprender, porque los celos del hombre son muy diferentes al celo de Dios.

Hay una gran diferencia entre “celos” y “celo”:

1.  CELOS.  El diccionario lo define de dos formas:
  • El sentimiento de inquietud y pesar que se tiene al saber o sospechar que la persona amada siente preferencia por otra.
  • Recelo o envidia por los logros ajenos.

2.  CELO.  En contraste, la definición de “celo” es: el cuidado, diligencia e interés con que alguien hace las cosas que tiene a su cargo. 

Mientras que “los celos” tienen que ver con un sentido de inseguridad, “el celo” es prácticamente lo contrario, ya que es la pasión de defender lo que una persona cree que es lo correcto, por convicción. 

Cuando la Biblia habla de que “Dios es celoso”, se refiere al concepto de “celo”, no celos.  El sabe lo que es correcto, y lo defiende.  Aun cuando habla de la traición de su pueblo con otros dioses, el celo de Dios obra en defensa de la justicia y no por sospechas ni por inseguridad propia.

Moisés explica al pueblo que Dios no pasará por alto su traición con falsos dioses (Deu. 32:15-23); y no sólo eso, sino que no tolerará que se hagan una falsa imagen de Él.
(Deu. 4:15-20) Así que guardaos bien, ya que no visteis ninguna figura el día en que el SEÑOR os habló en Horeb de en medio del fuego; no sea que os corrompáis y hagáis para vosotros una imagen tallada semejante a cualquier figura: semejanza de varón o hembra, semejanza de cualquier animal que está en la tierra, semejanza de cualquier ave que vuela en el cielo, semejanza de cualquier animal que se arrastra sobre la tierra, semejanza de cualquier pez que hay en las aguas debajo de la tierra. No sea que levantes los ojos al cielo y veas el sol, la luna, las estrellas y todo el ejército del cielo, y seas impulsado a adorarlos y servirlos, cosas que el SEÑOR tu Dios ha concedido a todos los pueblos debajo de todos los cielos. Pero a vosotros el SEÑOR os ha tomado y os ha sacado del horno de hierro, de Egipto, para que seáis pueblo de su heredad como lo sois ahora.

Sobre este tema, termina diciendo: 
(Deu. 4:23-24)  Guardaos, pues, no sea que olvidéis el pacto que el SEÑOR vuestro Dios hizo con vosotros, y os hagáis imagen tallada en forma de cualquier cosa que el SEÑOR tu Dios te ha prohibido. Porque el SEÑOR vuestro Dios es fuego consumidor, un Dios celoso.

Moisés consideró muy importante comenzar con este punto, pues fue uno de los grandes pecados de la generación pasada: el pecado del Becerro de Oro (Éxodo  32). 

Este punto es tan importante para Dios que está entre los primeros mandamientos que le habló a Su Pueblo:
(Deu. 5:6-10)  Yo soy el SEÑOR tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre. No tendrás otros dioses delante de mí. No te harás ningún ídolo, ni semejanza alguna de lo que está arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No los adorarás ni los servirás; porque yo, el SEÑOR tu Dios, soy Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres sobre los hijos, y sobre la tercera y la cuarta generación de los que me aborrecen, pero que muestro misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.

El Señor espera que nos entreguemos a El de TODO corazón (Deu. 6:5), y no a medias pues eso no es amor verdadero. 

Dios no es celoso por envidia ni por inseguridad; más bien, el celo divino es porque sabe lo que Él vale.  Si hacemos pacto con Dios, Él lo tomará en serio y no permitirá que lo tomemos a la ligera.  Él nos dará todos los beneficios de ser Su Pueblo, pero también nos pedirá cuentas.  Este mensaje lo explica muy bien Josué a los israelitas luego de haber terminado la conquista de la Tierra Prometida. 
(Josué 24:14-24)  Ahora pues, temed al SEÑOR y servidle con integridad y con fidelidad; quitad los dioses que vuestros padres sirvieron al otro lado del río y en Egipto, y servid al SEÑOR. Y si no os parece bien servir al SEÑOR, escoged hoy a quién habéis de servir: si a los dioses que sirvieron vuestros padres, que estaban al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa, serviremos al SEÑOR. Y el pueblo respondió, y dijo: Lejos esté de nosotros abandonar al SEÑOR para servir a otros dioses; porque el SEÑOR nuestro Dios es el que nos sacó, a nosotros y a nuestros padres, de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre, el que hizo estas grandes señales delante de nosotros y nos guardó por todo el camino en que anduvimos y entre todos los pueblos por entre los cuales pasamos. Y el SEÑOR echó de delante de nosotros a todos los pueblos, incluso a los amorreos, que moraban en la tierra. Nosotros, pues, también serviremos al SEÑOR, porque El es nuestro Dios. Entonces Josué dijo al pueblo: No podréis servir al SEÑOR, porque El es Dios santo, El es Dios celoso; El no perdonará vuestra transgresión ni vuestros pecados. Si abandonáis al SEÑOR y servís a dioses extranjeros, El se volverá y os hará daño, y os consumirá después de haberos hecho bien. Respondió el pueblo a Josué: No, sino que serviremos al SEÑOR. Y Josué dijo al pueblo: Vosotros sois testigos contra vosotros mismos de que habéis escogido al SEÑOR para servirle. Y dijeron: Testigos somos. Ahora pues, quitad los dioses extranjeros que están en medio de vosotros, e inclinad vuestro corazón al SEÑOR, Dios de Israel. Y el pueblo respondió a Josué: Al SEÑOR nuestro Dios serviremos y su voz obedeceremos.


EL PUEBLO FALLARÁ…
Luego de hablar del Celo de Dios, Moisés dice algo que podría sorprendernos, ya que profetiza que el pueblo le va a fallar a Dios.  La profecía no quiere decir que “Dios quiere que esto suceda”; más bien, lo que transmite es que el Señor ya sabe lo que va a pasar (tanto porque sabe el futuro y también porque conoce la naturaleza del ser humano). 
(Deu.4:25-28)  Cuando hayáis engendrado hijos y nietos, y hayáis permanecido largo tiempo en la tierra, y os corrompáis y hagáis un ídolo en forma de cualquier cosa, y hagáis lo que es malo ante los ojos del SEÑOR vuestro Dios para provocarle a ira, pongo hoy por testigo contra vosotros al cielo y a la tierra, que pronto seréis totalmente exterminados de la tierra donde vais a pasar el Jordán para poseerla. No viviréis por mucho tiempo en ella, sino que seréis totalmente destruidos. Y el SEÑOR os dispersará entre los pueblos, y quedaréis pocos en número entre las naciones adonde el SEÑOR os llevará. Allí serviréis a dioses hechos por manos de hombre, de madera y de piedra, que no ven, ni oyen, ni comen, ni huelen.

El ser humano puede fallar.  Dios lo sabe, y quiere que el pueblo lo sepa para que estén preparados.  La buena noticia es que: aunque caigamos, podemos volvernos a levantar…
(Deu. 4:29)  Pero de allí buscarás al SEÑOR tu Dios, y lo hallarás si lo buscas con todo tu corazón y con toda tu alma.

Después de estas palabras de ánimo, Moisés dice algo muy interesante:  El menciona que esta profecía del retorno de su pueblo al Buen Camino sucederá en “los postreros días” (heb. Ajarit haYamim: los últimos días).
(Deu. 4:30-31)  En los postreros días, cuando estés angustiado y todas esas cosas te sobrevengan, volverás al SEÑOR tu Dios y escucharás su voz. Pues el SEÑOR tu Dios es Dios compasivo; no te abandonará, ni te destruirá, ni olvidará el pacto que El juró a tus padres.

El Señor sabe que Su Pueblo le va a fallar; pero también sabe que van a regresar.  Estas palabras deben animarnos, pues aunque le fallemos a Dios, siempre tenemos la posibilidad de arrepentirnos y regresar a Él, quien está dispuesto a perdonarnos y a restaurarnos. 


NO AÑADIRÁN NI QUITARAN
Otro punto importante que Moisés señala en esta introducción es lo siguiente: 
(Deu. 4:2)  No añadiréis nada a la palabra que yo os mando, ni quitaréis nada de ella, para que guardéis los mandamientos del SEÑOR vuestro Dios que yo os mando.


Más adelante también está escrito:
(Deu. 12:32)  Cuidarás de hacer todo lo que te mando; nada le añadirás ni le quitarás.

La Torá está perfecta tal como Dios la dictó a Moisés. Si alguien pretende “añadirle” sería considerar que le falta algo; “quitarle” implicaría que hay algo de más.  A la Palabra de Dios, nada le falta ni nada le sobra.  Lo extra viene del hombre, y así lo debemos definir; son opiniones, pero NO la Palabra de Dios.  

Durante siglos, hombres han estado quitando y añadiendo palabras a la Ley de Dios.  Algunos han añadido mandamientos de hombre (Mateo 15:2-9; Marcos 7:1-13), y han formado religiones.  Otros han quitado a la Palabra de Dios diciendo que parte de la Biblia ya no es válida.  Ninguno de los extremos es bueno. 

En Proverbios dice:
(Prov. 30:5-6) Probada es toda palabra de Dios; El es escudo para los que en El se refugian. No añadas a sus palabras, no sea que El te reprenda y seas hallado mentiroso.

Jesús enseñó sobre no añadir ni quitar a la Torá:
(Mateo 5:17-19)  No penséis que he venido para abolir la ley o los profetas; no he venido para abolir, sino para cumplir. Porque en verdad os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, no se perderá ni la letra más pequeña ni una tilde de la ley hasta que toda se cumpla. Cualquiera, pues, que anule uno solo de estos mandamientos, aun de los más pequeños, y así lo enseñe a otros, será llamado muy pequeño en el reino de los cielos; pero cualquiera que los guarde y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos.



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