domingo, 24 de agosto de 2014

Invitación a estudio del Salmo 119


Durante las próximas seis semanas estaremos haciendo una pausa en el progreso del libro de Hechos, ya que estaremos concentrados en un estudio de 40 días en el blog Cita Divina, del 27 de Agosto al 4 de Octubre 2014.

El tema del estudio será el SALMO 119.


Todos están cordialmente invitados a participar.
Para más información, visiten: Estudio 2014 en Cita Divina.
http://www.citadivina.blogspot.com/2014/08/estudio-especial-teshuva-2014.html






miércoles, 20 de agosto de 2014

HECHOS 22: Testimonio de Pablo


Al final del capítulo 21 de Hechos, vimos que Pablo estaba siendo linchado por acusaciones falsas.  La multitud no se detuvo a preguntar si era cierto lo que decían los enemigos de Pablo, sino sólo se dejaron ir en su contra.  Los soldados romanos llegaron a tiempo para salvarle la vida.   Allí Pablo pudo comenzar a explicar quién era y qué estaba pasando…
(Hechos 21:37-38) Cuando comenzaron a meter a Pablo en la fortaleza,  dijo al tribuno: ¿Se me permite decirte algo?  Y él dijo: ¿Sabes griego?  (38)  ¿No eres tú aquel egipcio que levantó una sedición antes de estos días,  y sacó al desierto los cuatro mil sicarios? 

Dado el escándalo que se formó alrededor de Pablo, los romanos creyeron que se trataba de un egipcio que había causado conflicto anteriormente.  Según la historia, en ese tiempo un egipcio llegó a Jerusalén diciendo que era profeta. El dijo que si le acompañaban al Monte de los Olivos, verían como los muros de Jerusalén caían ante sus palabras.  Muchas personas lo acompañaron.  Pero cuando la guardia romana se enteró del gran movimiento de gente, fueron a dispersar a la multitud, porque querían evitar problemas.  La multitud se resistió; ante esto, los romanos comenzaron a matar a unos, mientras que se dejaron llevar presos.  Sin embargo, el egipcio logró escapar, y ya no se supo más de él (ref. Josefo, Antigüedades). 

Pablo explicó que él no era ese egipcio revoltoso.  Aclaró que él era judío, y hablaba griego porque había vivido en Tarso.
(Hechos 21:39)  Entonces dijo Pablo: Yo de cierto soy hombre judío de Tarso, ciudadano de una ciudad no insignificante de Cilicia; pero te ruego que me permitas hablar al pueblo. 

Pablo estaba a salvo con los romanos, pero él quería que se le diera la oportunidad de aclarar las cosas con el pueblo de Jerusalén. 
(Hechos 21:40) Y cuando él se lo permitió, Pablo, estando en pie en las gradas,  hizo señal con la mano al pueblo.  Y hecho gran silencio, habló en lengua hebrea,  diciendo:


DISCURSO DE PABLO
En el capítulo 22 leemos el discurso que Pablo dio en su defensa:
(Hechos 22:1-3) Varones hermanos y padres, oíd ahora mi defensa ante vosotros.  (2) Y al oír que les hablaba en lengua hebrea, guardaron más silencio. Y él les dijo:  (3) Yo de cierto soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero criado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel, estrictamente conforme a la ley de nuestros padres, celoso de Dios, como hoy lo sois todos vosotros. 

De entrada, Pablo no sólo se identificó sino que aclaró que él conocía la ley de Dios, pues la estudió con Gamaliel, a quien todos respetaban y admiraban.  Y aclaró que no sólo conocía la ley, sino que la cumplía.  Luego explicó que él era un judío tan celoso que él mismo persiguió a los judíos que creían en Jesús.
(Hechos 22:4-5)  Perseguía yo este Camino hasta la muerte, prendiendo y entregando en cárceles a hombres y mujeres; (5) como el sumo sacerdote también me es testigo,  y todos los ancianos,  de quienes también recibí cartas para los hermanos,  y fui a Damasco para traer presos a Jerusalén también a los que estuviesen allí,  para que fuesen castigados. 

Luego les explicó por qué él cambió de opinión con respecto a Jesús y a sus seguidores.  Esta fue una excelente oportunidad para dar su testimonio en público, en Jerusalén. 
(Hechos 22:6-11) Pero aconteció que yendo yo, al llegar cerca de Damasco, como a mediodía, de repente me rodeó mucha luz del cielo; (7) y caí al suelo, y oí una voz que me decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? (8) Yo entonces respondí: ¿Quién eres, Señor? Y me dijo: Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues. (9) Y los que estaban conmigo vieron a la verdad la luz, y se espantaron; pero no entendieron la voz del que hablaba conmigo. (10) Y dije:  ¿Qué haré, Señor? Y el Señor me dijo: Levántate, y ve a Damasco, y allí se te dirá todo lo que está ordenado que hagas. (11) Y como yo no veía a causa de la gloria de la luz, llevado de la mano por los que estaban conmigo, llegué a Damasco.

Luego, Pablo les narró lo que sucedió después del encuentro, estando en Damasco.
(Hechos 22:12-16) Entonces uno llamado Ananías, varón piadoso según la ley, que tenía buen testimonio de todos los judíos que allí moraban, (13) vino a mí, y acercándose, me dijo: Hermano Saulo, recibe la vista. Y yo en aquella misma hora recobré la vista y lo miré.  (14) Y él dijo: El Dios de nuestros padres te ha escogido para que conozcas su voluntad, y veas al Justo, y oigas la voz de su boca.  (15) Porque serás testigo suyo a todos los hombres, de lo que has visto y oído.  (16) Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre. 

Pablo les dio su testimonio de cómo llegó a convencerse de que Jesús era el Mesías.  No fue por algo que oyó, sino por lo que vivió.  Desde ese momento, su vida cambió, y el Señor lo llamó para dar testimonio de Él.  Pero no todos lo han recibido bien…
(Hechos 22:17-20)  Y me aconteció, vuelto a Jerusalén, que orando en el templo me sobrevino un éxtasis.  (18) Y le vi que me decía: Date prisa, y sal prontamente de Jerusalén; porque no recibirán tu testimonio acerca de mí.  (19) Yo dije: Señor,  ellos saben que yo encarcelaba y azotaba en todas las sinagogas a los que creían en ti;  (20) y cuando se derramaba la sangre de Esteban tu testigo, yo mismo también estaba presente, y consentía en su muerte, y guardaba las ropas de los que le mataban.

Hasta este punto, la multitud estaba absorta, escuchando el testimonio de Pablo.  Pero cuando mencionó su llamado a los gentiles, la multitud reaccionó…
(Hechos 22:21-22)  Pero me dijo: Ve, porque yo te enviaré lejos a los gentiles. (22) Y le oyeron hasta esta palabra; entonces alzaron la voz, diciendo: Quita de la tierra a tal hombre, porque no conviene que viva. 

El tema de la inclusión de los gentiles en el pueblo de Dios ha sido un tema difícil de procesar para los judíos.  Les cuesta verlo y aceptarlo.  Sin embargo, no debería ser tan difícil de aceptar, ya que no era algo nuevo que Dios dispuso en el Nuevo Testamento.  Es parte del plan de Dios desde el principio…
Cuando el Señor llamó a los patriarcas para formar la nación de Israel, Él contempló la eventual invitación a todas las naciones de la Tierra.
(Génesis 12:1-3)  Y el SEÑOR dijo a Abram: Vete de tu tierra, de entre tus parientes y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré.  (2)  Haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.  (3)  Bendeciré a los que te bendigan, y al que te maldiga, maldeciré. Y en ti serán benditas todas las familias de la tierra.

El Señor confirmó esta promesa a Isaac, Jacob y a todos los hijos de Israel (Gen. 22:18; Gen. 26:4; Gen. 28:14). Dios primero iba a formar un pueblo, Israel, a través del cual vendría la simiente (Cristo) para traer salvación espiritual.  Luego abriría esta bendición a todas las naciones del mundo.  Este es el proceso que vemos suceder en Hechos. 

Pablo lo explica claramente en su carta a los Gálatas:
(Gal. 3:7-9)  Por consiguiente, sabed que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham.  (8) Y la Escritura, previendo que Dios justificaría a los gentiles por la fe, anunció de antemano las buenas nuevas a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones. (9) Así que, los que son de fe son bendecidos con Abraham, el creyente.

Los judíos que creyeron en Jesús lo llegaron a entender, aunque les costó al principio.  Pero los que rechazaron a Jesús también rechazaron la inclusión de los gentiles en el pueblo de Dios, porque la entrada era por fe y no por obras.

Volviendo a Hechos, cuando Pablo tocó el tema de los gentiles, los judíos reaccionaron…
(Hechos 22:23-24) Y como ellos gritaban y arrojaban sus ropas y lanzaban polvo al aire, (24) mandó el tribuno que le metiesen en la fortaleza, y ordenó que fuese examinado con azotes, para saber por qué causa clamaban así contra él. 

A los romanos no les gustaban los alborotos, y castigaban a cualquiera que los provocara.  Por eso se dispusieron a azotar a Pablo.  Pero en esta ocasión, Pablo se identificó como ciudadano romano, lo cual cambiaba la forma del castigo.
(Hechos 22:25-29) Pero cuando le ataron con correas, Pablo dijo al centurión que estaba presente: ¿Os es lícito azotar a un ciudadano romano sin haber sido condenado?  (26) Cuando el centurión oyó esto, fue y dio aviso al tribuno, diciendo: ¿Qué vas a hacer? Porque este hombre es ciudadano romano.  (27)  Vino el tribuno y le dijo: Dime, ¿eres tú ciudadano romano?  El dijo: Sí.  (28)  Respondió el tribuno: Yo con una gran suma adquirí esta ciudadanía.  Entonces Pablo dijo: Pero yo lo soy de nacimiento.  (29)  Así que, luego se apartaron de él los que le iban a dar tormento; y aun el tribuno, al saber que era ciudadano romano, también tuvo temor por haberle atado. 

El tribuno romano no sabía qué hacer con Pablo.  Por un lado, él sabía que los  ciudadanos romanos tenían derechos especiales en todas las provincias que ocupaba el Imperio Romano.  Teniendo Pablo ciudadanía romana, le debía dar un trato preferencial.  Por otro lado tenía a una gran multitud de judíos que estaban esperando ver que castigaran a Pablo, a quien consideraban un traidor. Este caso era un asunto que mezclaba política con religión; pero el tribuno sabía poco o nada de los asuntos judíos.  Para resolver el problema, el tribuno decidió llamar a los líderes religiosos entre los judíos.  
(Hechos 22:30) Al día siguiente, queriendo saber de cierto la causa por la cual le acusaban los judíos, le soltó de las cadenas, y mandó venir a los principales sacerdotes y a todo el concilio, y sacando a Pablo, le presentó ante ellos.

En el capítulo siguiente veremos lo que pasó en esta audiencia…






lunes, 18 de agosto de 2014

HECHOS 21: Pablo Sube a Jerusalén


Después de despedirse de sus discípulos en Asia Menor, Pablo siguió su camino de regreso a Siria, de donde había salido en su tercer viaje misionero tres años atrás.  Esta parte del trayecto lo hizo en barco. 
Trayectoria: Mileto > Cos > Rodas > Pátara > Tiro (Siria)
(Hechos 21:1-3) Después de separarnos de ellos, zarpamos y fuimos con rumbo directo a Cos, y al día siguiente a Rodas, y de allí a Pátara.  (2) Y hallando un barco que pasaba a Fenicia, nos embarcamos, y zarpamos.  (3) Al avistar Chipre,  dejándola a mano izquierda, navegamos a Siria, y arribamos a Tiro, porque el barco había de descargar allí. 

Cuando Pablo llegó a la costa de Siria, salieron a encontrarle sus discípulos de Antioquía.  Ellos llegaron allí porque Pablo ya no iba a pasar por Antioquía, ya que su destino era Jerusalén, donde quería pasar la Fiesta de Pentecostés (heb. Shavuot).  Sus discípulos trataron de convencerlo que no fuera a Jerusalén, porque sentían que iba a encontrar oposición allá. 
(Hechos 21:4-6) Y hallados los discípulos, nos quedamos allí siete días; y ellos decían a Pablo por el Espíritu, que no subiese a Jerusalén. (5) Cumplidos aquellos días, salimos, acompañándonos todos, con sus mujeres e hijos, hasta fuera de la ciudad; y puestos de rodillas en la playa, oramos.  (6) Y abrazándonos los unos a los otros, subimos al barco y ellos se volvieron a sus casas.

Pablo no se dejó disuadir por sus amigos de Siria, pues sabía que debía ir a Jerusalén.  Pero en el camino se encontró a otros creyentes que también trataron de convencerlo que no subiera a Jerusalén.
(Hechos 21:7-12) Y nosotros completamos la navegación, saliendo de Tiro y arribando a Tolemaida; y habiendo saludado a los hermanos, nos quedamos con ellos un día. (8) Al otro día, saliendo Pablo y los que con él estábamos, fuimos a Cesarea; y entrando en casa de Felipe el evangelista, que era uno de los siete, posamos con él. (9) Este tenía cuatro hijas doncellas que profetizaban. (10) Y permaneciendo nosotros allí algunos días, descendió de Judea un profeta llamado Agabo, (11) quien viniendo a vernos, tomó el cinto de Pablo, y atándose los pies y las manos, dijo: Esto dice el Espíritu Santo: Así atarán los judíos en Jerusalén al varón de quien es este cinto, y le entregarán en manos de los gentiles. (12) Al oír esto, le rogamos nosotros y los de aquel lugar, que no subiese a Jerusalén.

Agabo no era un falso profeta; él estaba diciendo la verdad, revelando lo que efectivamente iba a suceder.  Agabo ya había profetizado antes en Antioquía, y se había cumplido (Hechos 11:27-28).  Ante esta profecía y las demás advertencias, la gente supuso que Dios les estaba enviando un mensaje para que no fueran a Jerusalén…pero Pablo sabía que no era así.  Él sabía que tenía que ir a Jerusalén, y el Espíritu ya le había advertido que iba a ser perseguido allí.
(Hechos 20:22-24)  Y ahora, he aquí que yo, atado en espíritu, voy a Jerusalén sin saber lo que allá me sucederá,  (23)  salvo que el Espíritu Santo solemnemente me da testimonio en cada ciudad, diciendo que me esperan cadenas y aflicciones.  (24)  Pero en ninguna manera estimo mi vida como valiosa para mí mismo, a fin de poder terminar mi carrera y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio solemnemente del evangelio de la gracia de Dios.

Las profecías eran ciertas, pero el Señor estaba poniendo a prueba a Pablo para ver si él iba a ir a dónde Dios lo mandara, a pesar de saber que al final iba a ser apresado.

PUESTO A PRUEBA
La prueba de Pablo fue similar a la que Jesús pasó antes de su muerte.  Jesús sabía que tenía la oportunidad de hacerse a un lado y no morir, pero al final dijo: “No se haga mi voluntad, sino la Tuya”.  En sus últimas horas de libertad, Jesús pasó por esta prueba y la superó…
(Lucas 22:39-46)  Y saliendo, se encaminó, como de costumbre, hacia el monte de los Olivos; y los discípulos también le siguieron. (40) Cuando llegó al lugar, les dijo: Orad para que no entréis en tentación. (41) Y se apartó de ellos como a un tiro de piedra, y poniéndose de rodillas, oraba, (42) diciendo: Padre, si es tu voluntad, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. (43)  Entonces se le apareció un ángel del cielo, fortaleciéndole.  (44) Y estando en agonía, oraba con mucho fervor; y su sudor se volvió como gruesas gotas de sangre, que caían sobre la tierra. (45) Cuando se levantó de orar, fue a los discípulos y los halló dormidos a causa de la tristeza, (46) y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos y orad para que no entréis en tentación.

También trataron de convencer a Jesús de evadir la persecución y la muerte.  A pesar de estar bien intencionado, el Señor vio ese consejo como una tentación…
(Mateo 16:21-26)  Desde entonces Jesucristo comenzó a declarar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén y sufrir muchas cosas de parte de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas, y ser muerto, y resucitar al tercer día.  (22) Y tomándole aparte, Pedro comenzó a reprenderle, diciendo: ¡No lo permita Dios, Señor! Eso nunca te acontecerá.  (23) Pero volviéndose El, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás! Me eres piedra de tropiezo; porque no estás pensando en las cosas de Dios, sino en las de los hombres. (24)  Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. (25) Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. (26) Pues ¿qué provecho obtendrá un hombre si gana el mundo entero, pero pierde su alma? O ¿qué dará un hombre a cambio de su alma?

Pablo estaba pasando por esta misma tentación o prueba, pero no cedió ante ella. 
(Hechos 21:13-14)  Entonces Pablo respondió: ¿Qué hacéis llorando y quebrantándome el corazón? Porque yo estoy dispuesto no sólo a ser atado, mas aun a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús.  (14) Y como no le pudimos persuadir, desistimos, diciendo: Hágase la voluntad del Señor. 

La intención de los amigos de Pablo era “buena”, en un sentido humano; pero la verdad es que estaban yendo en contra de la Voluntad de Dios.  Al final lo reconocieron.  ¿Cuántas veces no nos pasa lo mismo?  Tomamos decisiones basadas en el corazón y no en el espíritu, sin sospechar que estamos yendo en contra de la Voluntad de Dios.  Como dice el refrán: “De buenas intenciones está empedrado en camino al infierno”.  Tengamos cuidado de no caer en este error. 

Pablo superó la prueba, porque no se dejó disuadir de lo que sabía era la voluntad de Dios. 

Otra razón por la que el Señor envió al profeta Agabo fue para beneficio de los  discípulos de Pablo.  En su gracia, el Señor les advirtió sobre lo que le pasaría a Pablo, para que cuando sucediera no lo tomaran a mal.

EN JERUSALÉN
Finalmente llegó el día, y Pablo subió a Jerusalén.  Pero no lo hizo solo, pues varios discípulos le acompañaron…
(Hechos 21:15-16) Después de esos días, hechos ya los preparativos, subimos a Jerusalén.  (16) Y vinieron también con nosotros de Cesarea algunos de los discípulos, trayendo consigo a uno llamado Mnasón, de Chipre, discípulo antiguo, con quien nos hospedaríamos.

Al principio, la visita a Jerusalén fue positiva, ya que los hermanos creyentes los recibieron con brazos abiertos.
(Hechos 21:17-19) Cuando llegamos a Jerusalén, los hermanos nos recibieron con gozo.  (18) Y al día siguiente Pablo entró con nosotros a ver a Jacobo, y se hallaban reunidos todos los ancianos;  (19) a los cuales, después de haberles saludado, les contó una por una las cosas que Dios había hecho entre los gentiles por su ministerio.  (20) Cuando ellos lo oyeron, glorificaron a Dios, y le dijeron: Ya ves, hermano, cuántos millares de judíos hay que han creído; y todos son celosos por la ley.

Los judíos creyentes en Jerusalén se admiraban de lo que el Señor estaba haciendo a través de Pablo en lugares lejanos.  Pero sabían que los judíos no creyentes no lo iban a recibir tan bien, ya que habían llegado a Jerusalén los rumores de lo que estaba enseñando en sinagogas de otras regiones. 
(Hechos 21:21)  Pero se les ha informado en cuanto a ti, que enseñas a todos los judíos que están entre los gentiles a apostatar de Moisés, diciéndoles que no circunciden a sus hijos, ni observen las costumbres. 

Los creyentes en Jerusalén sabían que Pablo no enseñaba en contra de la Ley de Dios, pero sabían que los líderes religiosos no iban a entender.  Por lo tanto, le aconsejaron a Pablo hacer lo siguiente…
(Hechos 21:22-25) ¿Qué hay, pues? La multitud se reunirá de cierto, porque oirán que has venido. (23) Haz, pues, esto que te decimos: Hay entre nosotros cuatro hombres que tienen obligación de cumplir voto. (24) Tómalos contigo, purifícate con ellos, y paga sus gastos para que se rasuren la cabeza; y todos comprenderán que no hay nada de lo que se les informó acerca de ti, sino que tú también andas ordenadamente, guardando la ley. (25) Pero en cuanto a los gentiles que han creído, nosotros les hemos escrito determinando que no guarden nada de esto; solamente que se abstengan de lo sacrificado a los ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación.

Pablo había llegado a Jerusalén con creyentes gentiles, pero los apóstoles le aconsejaron que no entrara con ellos en el Templo, ya que la tradición judía no lo permitía.  En el complejo del Templo había un patio en el que todos podían entrar, el cual se conocía como “Atrio de los Gentiles”.  Este patio estaba separado del área del Templo en sí por un muro divisorio.  Josefo describe en sus escritos este muro como una partición de piedra, con columnas que tenían mensajes en latín y griego prohibiendo la entrada a cualquier extranjero, bajo pena de muerte (Antigüedades 15:11:5; Guerras Judías 5:5:2). 

Para evitar problemas, Pablo debía presentarse a cumplir su voto acompañado sólo de nazareos judíos.  Además, le pidieron que él financiara ese sacrificio, el cual era muy costoso (Num. 6:13-21). 
(Hechos 21:26)  Entonces Pablo tomó consigo a aquellos hombres, y al día siguiente, habiéndose purificado con ellos, entró en el templo, para anunciar el cumplimiento de los días de la purificación, cuando había de presentarse la ofrenda por cada uno de ellos. 

Aunque trataron de evitar problemas, no pudieron pasar desapercibidos porque entre la multitud aparecieron unos enemigos de Pablo que venían de Éfeso…
(Hechos 21:27-29) Pero cuando estaban para cumplirse los siete días, unos judíos de Asia, al verle en el templo, alborotaron a toda la multitud y le echaron mano, (28) dando voces: ¡Varones israelitas, ayudad!  Este es el hombre que por todas partes enseña a todos contra el pueblo, la ley y este lugar; y además de esto, ha metido a griegos en el templo, y ha profanado este santo lugar. (29) Porque antes habían visto con él en la ciudad a Trófimo, de Efeso, a quien pensaban que Pablo había metido en el templo.

Pablo sólo había entrado al área del Templo con los nazareos judíos, pero lo vieron en el atrio exterior con los gentiles.  Pudo haber sido un malentendido, pero nadie le dio tiempo de explicarse.  También puede ser que hayan provocado el conflicto a propósito, ya que probablemente esos judíos eran los que habían perseguido a Pablo en Asia Menor.

Como hemos visto en otras ocasiones, la reacción de las masas puede fácilmente salirse de control.  Probablemente la turba hubiera matado a Pablo de no ser por la llegada de los soldados romanos. 
(Hechos 21:30-33) Así que toda la ciudad se conmovió, y se agolpó el pueblo; y apoderándose de Pablo, le arrastraron fuera del templo, e inmediatamente cerraron las puertas. (31) Y procurando ellos matarle, se le avisó al tribuno de la compañía, que toda la ciudad de Jerusalén estaba alborotada. (32) Este, tomando luego soldados y centuriones, corrió a ellos. Y cuando ellos vieron al tribuno y a los soldados, dejaron de golpear a Pablo. (33) Entonces, llegando el tribuno, le prendió y le mandó atar con dos cadenas, y preguntó quién era y qué había hecho.

Los soldados romanos no sabían la razón del alboroto.  Lo apresaron en parte para protegerlo, pero también para calmar al pueblo.  Algo que los romanos trataban de evitar a toda costa eran los alborotos públicos dada la inestabilidad que provocaba. 
(Hechos 21:34-36)  Pero entre la multitud, unos gritaban una cosa, y otros otra; y como no podía entender nada de cierto a causa del alboroto, le mandó llevar a la fortaleza.  (35) Al llegar a las gradas, aconteció que era llevado en peso por los soldados a causa de la violencia de la multitud; (36) porque la muchedumbre del pueblo venía detrás, gritando: ¡Muera! 

A partir de este momento hasta el final de Hechos, veremos a Pablo preso.  Ya no será puesto en libertad hasta su muerte.  ¿Cómo pudo Dios permitir esto? Muchas veces nos cuesta comprender la voluntad de Dios, en términos humanos.  Lo que debemos saber es que si Dios permite algo, es para bien.  En ese tiempo en que estuvo preso, Pablo no se quedó sin hacer nada, sino que aprovechó esos momentos para escribir muchas de las epístolas que hoy leemos.

Los últimos versículos de este capítulo los veremos en la próxima entrada porque van conectados temáticamente con el próximo capítulo…



martes, 5 de agosto de 2014

HECHOS 20. Final del Tercer Viaje


Luego de haber permanecido en Éfeso por más de dos años, Pablo decidió seguir su camino y avanzar en su Tercer Viaje.  Tal como tenía planeado, se dirigió a Macedonia y Grecia (Hechos 19:21).
(Hechos 20:1-2) Después que cesó el alboroto, llamó Pablo a los discípulos,  y habiéndolos exhortado y abrazado, se despidió y salió para ir a Macedonia. (2) Y después de recorrer aquellas regiones, y de exhortarles con abundancia de palabras, llegó a Grecia.

Pablo permaneció tres meses en Grecia.  Durante su estadía en Corinto, él escribió la carta a los Romanos. Al final de su carta, Pablo cuenta que se hospedó en casa de Gayo.
(Rom. 16:23)  Gayo, hospedador mío y de toda la iglesia, os saluda. Erasto, el tesorero de la ciudad, os saluda, y el hermano Cuarto.

Después de su tiempo en Grecia, Pablo siguió su travesía.  Aunque su plan era regresar a Antioquía por la vía marítima, tuvo que cambiar de planes porque se enteraron que sus enemigos lo querían atrapar en el puerto. 
(Hechos 20:3-6) Después de haber estado allí tres meses, y siéndole puestas asechanzas por los judíos para cuando se embarcase para Siria, tomó la decisión de volver por Macedonia. (4) Y le acompañaron hasta Asia, Sópater de Berea, Aristarco y Segundo de Tesalónica, Gayo de Derbe, y Timoteo; y de Asia, Tíquico y Trófimo. (5) Estos, habiéndose adelantado, nos esperaron en Troas.  (6)  Y nosotros, pasados los días de los panes sin levadura, navegamos de Filipos, y en cinco días nos reunimos con ellos en Troas, donde nos quedamos siete días. 

Pablo regresó a pie a través de Macedonia; luego tomó un barco hacia Asia Menor.  Pero en Asia no se detuvo mas que en dos lugares: Troas y Mileto…

REUNIÓN Y MILAGRO EN TROAS
En Troas, Pablo se reunió con varios líderes de congregaciones de la región (de Berea, Tesalónica, Derbe, Asia Menor). 
(Hechos 20:7) El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche.

Algunos comentaristas toman este versículo (20:17) para aducir que los apóstoles cambiaron el día de reunirse del sábado al domingo (primer día de la semana).  Pero esa conclusión es resultado de la ignorancia de cómo funcionaba las congregaciones en esos tiempos.  La realidad es que Pablo se reunió con sus discípulos como solía hacerlo todas las semanas: el sábado, es decir, Shabat, el día de reposo determinado por Dios (Lev. 23:1-3).  La reunión del Shabat comienza el sábado por la mañana, y generalmente termina por la tarde, cuando los que se congregan compartían una comida.  Así cerraban el Shabat (que en hebreo se conoce como “Havdala”), marcando así el inicio del primer día de la semana (domingo), ya que el día hebreo comienza a las 6pm. 

Pablo no cambió el día dedicado al Señor.  Simplemente continuó la reunión, ya que quería aprovechar al máximo su visita en Troas.  Luego de cerrar el Shabat, él siguió enseñando a sus discípulos en la tarde y noche (que ya era considerado bíblicamente el primer día de la semana). 

Pablo estaba partido porque sentía premura por seguir su viaje, pero por otro lado quería tener tiempo para compartir con los creyentes en Troas.  Así que decidió enseñar durante toda la noche.  Los discípulos de Pablo no querían perderse ningún minuto disponible para aprender a los pies del maestro. 

En medio de la vigilia de enseñanza en Troas, sucedió un accidente.  Entre la audiencia había un jovencito que no pudo vencer el sueño…
(Hechos 20:8-9) Y había muchas lámparas en el aposento alto donde estaban reunidos; (9) y un joven llamado Eutico, que estaba sentado en la ventana, rendido de un sueño profundo, por cuanto Pablo disertaba largamente, vencido del sueño cayó del tercer piso abajo, y fue levantado muerto.

Esta fue una terrible tragedia.  Pero en lugar de un entierro, todos fueron testigos de un gran milagro…
(Hechos 20:10-12) Entonces descendió Pablo y se echó sobre él, y abrazándole, dijo: No os alarméis, pues está vivo. (11) Después de haber subido, y partido el pan y comido, habló largamente hasta el alba; y así salió. (12) Y llevaron al joven vivo, y fueron grandemente consolados.

Después del milagro, comieron a media noche para recuperar las fuerzas.  Luego Pablo siguió enseñando, pues todos querían aprovechar la visita del apóstol hasta el último momento. 

VIAJE POR LA COSTA
Llegada la mañana, Pablo salió de Troas y siguió su camino.  Pero en esta ocasión no hizo su viaje a pie sino en barco, por la costa de Asia Menor (hoy, Turquía). 
Su trayectoria fue la siguiente:
Troas > Asón > Mitilene > Quío > Samos > Trogilio > Mileto 
(Hechos 20:13-15) Nosotros, adelantándonos a embarcarnos, navegamos a Asón para recoger allí a Pablo, ya que así lo había determinado, queriendo él ir por tierra. (14) Cuando se reunió con nosotros en Asón, tomándole a bordo, vinimos a Mitilene. (15) Navegando de allí, al día siguiente llegamos delante de Quío, y al otro día tomamos puerto en Samos; y habiendo hecho escala en Trogilio, al día siguiente llegamos a Mileto.

De nuevo, Pablo decidió no detenerse en Éfeso, ya que iba contra el tiempo…
(Hechos 20:16) Porque Pablo se había propuesto pasar de largo a Efeso, para no detenerse en Asia, pues se apresuraba por estar el día de Pentecostés, si le fuese posible, en Jerusalén.

Pablo había pasado la Pascua en Macedonia (20:6), pero se propuso pasar la fiesta de Pentecostés en Jerusalén.  Sin embargo, aprovechando que estaba cerca de Efeso, mandó a llamar a los líderes de la iglesia para que se reunieran con él en Mileto, la ciudad portuaria donde había desembarcado, ya que tenía algo importante que decirles…



DESPEDIDA DE PABLO
En Mileto, Pablo organizó una reunión con los líderes de las iglesias de la región.
(Hechos 20:17) Enviando, pues, desde Mileto a Efeso, hizo llamar a los ancianos de la iglesia.

Los reunió porque tenía un mensaje importante que transmitirles…
(Hechos 20:18-21) Cuando vinieron a él, les dijo: Vosotros sabéis cómo me he comportado entre vosotros todo el tiempo, desde el primer día que entré en Asia, (19) sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas, y pruebas que me han venido por las asechanzas de los judíos; (20) y cómo nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas, (21) testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo.

En la introducción de su discurso, Pablo habla del tipo de relación que él ha tenido con los creyentes en la Diáspora; él ha dado desinteresadamente, sin esperar recibir nada de ellos.

Luego, Pablo les cuenta hacia donde se dirige en ese momento: Jerusalén.  Pero también les menciona la razón por la que los llamó: despedirse de ellos, porque presentía que no les vería más (…y así fue).
(Hechos 20:22-24) Ahora, he aquí, ligado yo en espíritu, voy a Jerusalén, sin saber lo que allá me ha de acontecer; (23) salvo que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio, diciendo que me esperan prisiones y tribulaciones.  (24) Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.

El Señor le había revelado a Pablo que él sería objeto de más persecución.  Para entonces, él había llegado a un estado de aceptación porque sabía que Dios lo estaba permitiendo por un propósito divino. 
(Hechos 20:25-27) Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro. (26) Por tanto, yo os protesto en el día de hoy, que estoy limpio de la sangre de todos; (27) porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios.

Muchas veces nos cuesta entender por qué Dios permite que “cosas malas” le sucedan a buenas personas, pero si uno conoce bien a Dios sabe que Él es bueno, Él es justo y pase lo que pase Dios está en control.  A veces Él permite cosas que no entendemos con un propósito. 

A la vez que Pablo se despedía sus discípulos, él también les estaba encargando a estos líderes que se ocuparan de las ovejas, y cuidaran de los creyentes en la región.
(Hechos 20:28-31)  Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. (29) Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. (30) Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos. (31) Por tanto, velad, acordándoos que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno. 

Tanto Jesús como Pedro también advirtieron sobre estos lobos vestidos de ovejas…
(2 Pedro 2:1-3)  Pero se levantaron falsos profetas entre el pueblo, así como habrá también falsos maestros entre vosotros, los cuales encubiertamente introducirán herejías destructoras, negando incluso al Señor que los compró, trayendo sobre sí una destrucción repentina.  (2)  Muchos seguirán su sensualidad, y por causa de ellos, el camino de la verdad será blasfemado;  (3)  y en su avaricia os explotarán con palabras falsas. El juicio de ellos, desde hace mucho tiempo no está ocioso, ni su perdición dormida.

(Juan 10:7-16)  Entonces Jesús les dijo de nuevo: En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas.  (8)  Todos los que vinieron antes de mí son ladrones y salteadores, pero las ovejas no les hicieron caso.  (9)  Yo soy la puerta; si alguno entra por mí, será salvo; y entrará y saldrá y hallará pasto.  (10)  El ladrón sólo viene para robar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.  (11)  Yo soy el buen pastor; el buen pastor da su vida por las ovejas.  (12)  Pero el que es un asalariado y no un pastor, que no es el dueño de las ovejas, ve venir al lobo, y abandona las ovejas y huye, y el lobo las arrebata y las dispersa.  (13)  El huye porque sólo trabaja por el pago y no le importan las ovejas.  (14)  Yo soy el buen pastor, y conozco mis ovejas y las mías me conocen,  (15)  de igual manera que el Padre me conoce y yo conozco al Padre, y doy mi vida por las ovejas.  (16)  Tengo otras ovejas que no son de este redil; a ésas también me es necesario traerlas, y oirán mi voz, y serán un rebaño con un solo pastor.

Pablo les encargó que cultivaran su relación con Dios y siguieran estudiando la Palabra para continuar edificando sus vidas.
(Hechos 20:32) Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados.

Pablo había sido un gran ejemplo para ellos, y ahora pedía que hicieran lo mismo con los creyentes que les seguían. 
(Hechos 20:33-35)  Ni plata ni oro ni vestido de nadie he codiciado. (34) Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario a mí y a los que están conmigo, estas manos me han servido. (35) En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir.

Este es un mensaje importante, no sólo para estos líderes en Asia Menor, sino para todo líder cristiano (Num. 16:15; 1 Sam. 12:3-5; 1 Cor. 9:12,15; 2 Cor. 11:9; 2 Cor. 12:14,17; 1 Pedro 5:2).

Al final de su discurso de despedida, Pablo oró por ellos, y se despidió por última vez.
(Hechos 20:36-38) Cuando hubo dicho estas cosas, se puso de rodillas, y oró con todos ellos. (37) Entonces hubo gran llanto de todos;  y echándose al cuello de Pablo, le besaban, (38) doliéndose en gran manera por la palabra que dijo, de que no verían más su rostro. Y le acompañaron al barco.



sábado, 26 de julio de 2014

Hechos 19. Tercer Viaje @ Efeso


Luego de permanecer un corto tiempo en Antioquía, Pablo inició su tercer viaje.  El propósito de este viaje no era tanto “evangelizar”, sino consolidar las congregaciones de creyentes que habían sido establecidas en el primer y segundo viaje. 
(Hechos 18:23)  Y después de estar allí algún tiempo, salió, recorriendo por orden la región de Galacia y de Frigia, confirmando a todos los discípulos.

VISTA A EFESO
En el segundo viaje, Pablo se detuvo en Éfeso, pero sólo brevemente.  El dijo que regresaría pronto, si Dios se lo permitía (Hechos 18:19-21)—y así fue…
(Hechos 19:1a) Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto,  Pablo,  después de recorrer las regiones superiores, vino a Efeso…

Al final del capítulo 18, vimos que mientras Pablo regresaba a Jerusalén y Antioquía, otro personaje apareció en Éfeso: Él era un creyente llamado Apolos.  El creía en Yeshua (gr. Jesús), pero aun no había tenido su experiencia con el Espíritu Santo.  Aquilas y Priscila se dieron cuenta que Apolos todavía le faltaba aprender muchas cosas.  A Pablo también se le hizo evidente, porque cuando llegó a Efeso, se dio cuenta que los creyentes allí les faltaba dar pasos importantes de fe…
(Hechos 19:1ª-5) … y hallando a ciertos discípulos, (2) les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis?  Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo.  (3) Entonces dijo: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados?  Ellos dijeron: En el bautismo de Juan.  (4) Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo.  (5) Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. 

Tal como explicó Pablo, el bautismo de Juan consistía en llamar al arrepentimiento al pueblo de Dios.  Arrepentirse en hebreo es teshuva, y significa: regresar, retornar.  Es el reconocimiento que uno se ha desviado del camino de Dios, pero en ese momento se toma la decisión de volver a hacer las cosas como Dios manda. 

Por otro lado, el bautismo en el Nombre de Yeshua es la señal externa de una confesión de fe, de parte de aquellos que han creído que Yeshua es el Mesías, nuestro Salvador, y el hijo de Dios.

A los discípulos de Éfeso sólo se les habían enseñado acerca del bautismo de Juan, pero no del segundo.  Creían en el Mesías, pero no lo conocían por nombre.  Así que, por instancia de Pablo, se bautizaron en el Nombre del Yehová, y luego también recibieron el bautismo del Espíritu Santo.
(Hechos 19:6-7) Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban.  (7)  Eran por todos unos doce hombres. 

Pablo vio la necesidad de quedarse en Efeso por un tiempo, enseñando en la sinagoga.
(Hechos 19:8)  Y entrando Pablo en la sinagoga, habló con denuedo por espacio de tres meses, discutiendo y persuadiendo acerca del reino de Dios. 

Como hemos visto en todos los lugares, unos recibieron bien el mensaje, pero otros lo rechazaron…
(Hechos 19:9)  Pero endureciéndose algunos y no creyendo, maldiciendo el Camino delante de la multitud, se apartó Pablo de ellos y separó a los discípulos, discutiendo cada día en la escuela de uno llamado Tiranno. 

Mientras que le dieron el espacio en la sinagoga, Pablo compartió allí.  Pero cuando el rechazo llegó al colmo de maldecir “el Camino” (es decir, la fe en Yeshua como el único camino que nos lleva a Dios), entonces Pablo salió de allí.  Salió de la sinagoga, pero no de la ciudad.  Lucas cuenta que Pablo enseñaba en “la escuela de Tiranno”.  Algunos comentaristas dicen que ésa era una escuela durante el día; por las tardes quedaba vacía, así que Pablo aprovechó el local para enseñar allí a sus discípulos. 

Pablo permaneció en Éfeso enseñando a los creyentes por un tiempo largo. El fruto de esa prolongada estadía fue muy grande…
(Hechos 19:10)  Así continuó por espacio de dos años, de manera que todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús. 

Los estudiantes (heb. talmidim) de Pablo en Éfeso multiplicaron el mensaje del Evangelio, llevándolo a todas las ciudades de la región de Asia Menor, como una especie de “misioneros”.  En el tiempo en que Pablo enseñó en Efeso, se abrieron iglesias en Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis y Filadelfia.  El mensaje también se propagó a otras ciudades en la región, y se fundaron iglesias en Colosas, Laodicea, Hierópolis.

Éfeso se convirtió en un centro cristiano muy importante.  También Timoteo y Juan pasaron tiempo allí como líderes de la iglesia local.

Durante su estadía en Éfeso, Pablo escribió la Primera Carta a los Corintios.
En su carta, reconoció el valor de su estadía en Éfeso. 
(1 Corintios 16:8-9)  Pero me quedaré en Efeso hasta Pentecostés;  (9)  porque se me ha abierto una puerta grande para el servicio eficaz, y hay muchos adversarios.
  

MILAGROS
El mensaje de Pablo se multiplicó no sólo porque sus palabras eran convincentes, sino por los milagros que rodeaban su vida. 
(Hechos 19:11-12)  Y hacía Dios milagros extraordinarios por mano de Pablo,  (12)  de tal manera que aun se llevaban a los enfermos los paños o delantales de su cuerpo, y las enfermedades se iban de ellos, y los espíritus malos salían. 


Como hemos visto desde el principio de Hechos, los milagros juegan un rol importante en convencer a la gente.
(Juan 20:30-31Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. (31) Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.

Unos exorcistas se admiraron de los milagros que Pablo hacía en el Nombre de Jesús.  Trataron de hacer lo mismo, pero no por fe, sino para su propio beneficio…y no les funcionó:
(Hechos 19:13-14)  Pero algunos de los judíos, exorcistas ambulantes, intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: Os conjuro por Jesús, el que predica Pablo. (14) Había siete hijos de un tal Esceva, judío, jefe de los sacerdotes, que hacían esto. 

Resulta ser que estos exorcistas eran judíos; no sólo eso, sino que era de linaje sacerdotal.  La pregunta que nos hacemos es: ¿Qué hacían ellos en Éfeso, una ciudad que se caracterizaba por la idolatría y la magia?  Seguramente estaban fuera de lugar, tratando de lucrar de sus conocimientos espirituales.  

Por su educación levita, era evidente que ellos conocían ciertos secretos del ámbito espiritual.  Probablemente conocían el poder del santo Nombre de Yehová…pero no conocían a Yeshua, e hicieron mal uso de Su Nombre…
(Hechos 19:15-16)  Pero respondiendo el espíritu malo, dijo: A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois?  (16) Y el hombre en quien estaba el espíritu malo, saltando sobre ellos y dominándolos, pudo más que ellos, de tal manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos.

Esta experiencia, aunque no era correcta, dejó una gran lección para todos…
(Hechos 19:17-20) Y esto fue notorio a todos los que habitaban en Efeso, así judíos como griegos; y tuvieron temor todos ellos, y era magnificado el nombre del Señor Jesús. (18) Y muchos de los que habían creído venían, confesando y dando cuenta de sus hechos.  (19) Asimismo muchos de los que habían practicado la magia trajeron los libros y los quemaron delante de todos; y hecha la cuenta de su precio, hallaron que era cincuenta mil piezas de plata*. (20) Así crecía y prevalecía poderosamente la palabra del Yehová.

* 50,000 piezas de plata era equivalente aproximadamente a 5 millones de dólares. Una pieza de plata equivalía al pago de un día de trabajo.

Muchos creyeron en Yeshua, tanto judíos como gentiles, incluyendo a hombres que se habían dedicado a la magia.  

PLANES DE PABLO
Luego de pasar un tiempo prolongado en Efeso, Pablo comenzó a considerar seguir su camino.  Su intención era regresar a Jerusalén, pero antes quería aprovechar a visitar las  congregaciones que se habían formado en Macedonia y Grecia. 
(Hechos 19:21) Pasadas estas cosas, Pablo se propuso en espíritu ir a Jerusalén, después de recorrer Macedonia y Acaya, diciendo: Después que haya estado allí, me será necesario ver también a Roma. 

Antes de tomar camino, Pablo envió a emisarios, posiblemente para que le reportaran si valía la pena hacer el viaje. 
(Hechos 19:22) Y enviando a Macedonia a dos de los que le ayudaban, Timoteo y Erasto, él se quedó por algún tiempo en Asia.

Pero en ese tiempo de espera, sucedió algo en Éfeso…

DISTURBIO EN ÉFESO
No todos en Éfeso estaban contentos con el efecto que la enseñanza de Pablo había tenido en lo comunidad de la ciudad y de toda la región…
(Hechos 19:23) Hubo por aquel tiempo un disturbio no pequeño acerca del Camino. (24) Porque un platero llamado Demetrio, que hacía de plata templecillos de Diana, daba no poca ganancia a los artífices; (25) a los cuales, reunidos con los obreros del mismo oficio, dijo: Varones, sabéis que de este oficio obtenemos nuestra riqueza; (26) pero veis y oís que este Pablo, no solamente en Efeso, sino en casi toda Asia, ha apartado a muchas gentes con persuasión, diciendo que no son dioses los que se hacen con las manos. (27) Y no solamente hay peligro de que este nuestro negocio venga a desacreditarse, sino también que el templo de la gran diosa Diana sea estimado en nada, y comience a ser destruida la majestad de aquella a quien venera toda Asia, y el mundo entero. 

Éfeso era una importante ciudad comercial de Asia Menor.  Además, se caracterizaba por ser el centro de adoración a la diosa Diana.  Pero la idolatría había disminuido considerablemente como resultado de la predicación de Pablo en la ciudad, ya que muchos habían creído en Yehová, Dios de Israel.  Aunque ese cambio fue excelente espiritualmente, sin embargo afectó el comercio, pues ya no se vendían mucho los productos relacionados con la diosa local.   Esto llevó a los comerciantes a protestar…
(Hechos 19:28-29)  Cuando oyeron estas cosas, se llenaron de ira, y gritaron, diciendo: ¡Grande es Diana de los efesios! (29) Y la ciudad se llenó de confusión, y a una se lanzaron al teatro, arrebatando a Gayo y a Aristarco, macedonios, compañeros de Pablo.

El primer impulso de Pablo fue salir a la calle y dar la cara, pues no tenía nada que esconder…
(Hechos 19:30-31) Y queriendo Pablo salir al pueblo, los discípulos no le dejaron. (31) También algunas de las autoridades de Asia, que eran sus amigos, le enviaron recado, rogándole que no se presentase en el teatro.

El caos en las calles era grande, y no convenía que Pablo se presentara ante la turba…
(Hechos 19:32-34) Unos, pues, gritaban una cosa, y otros otra; porque la concurrencia estaba confusa, y los más no sabían por qué se habían reunido.  (33) Y sacaron de entre la multitud a Alejandro, empujándole los judíos.  Entonces Alejandro, pedido silencio con la mano, quería hablar en su defensa ante el pueblo. (34) Pero cuando le conocieron que era judío, todos a una voz gritaron casi por dos horas: ¡Grande es Diana de los efesios!

Aquí comenzó a salir el tema étnico y religioso.  Comenzaron a ver a Pablo y sus seguidores judíos como extranjeros que habían llegado a “hacer daño” a su ciudad. 

Felizmente se apareció un oficial civil (el escribano), quien trató de calmar al pueblo, ya que las masas se pueden encender con cualquier fuego.  Según algunos comentarios, este escribano podría haber sido el oficial romano encargado del orden civil.  Los argumentos del oficial para calmar a la gente fueron los siguientes:

a.  Pablo y sus seguidores no han hablado “en contra” de la diosa, sino sólo sobre el Dios de Israel.
(Hechos 19:35-37) Entonces el escribano, cuando había apaciguado a la multitud, dijo: Varones efesios, ¿y quién es el hombre que no sabe que la ciudad de los efesios es guardiana del templo de la gran diosa Diana, y de la imagen venida de Júpiter? (36) Puesto que esto no puede contradecirse, es necesario que os apacigüéis, y que nada hagáis precipitadamente.  (37) Porque habéis traído a estos hombres, sin ser sacrílegos ni blasfemadores de vuestra diosa.

b.  Si hay una queja, debe hacerse por la vía legal, y no tomar la justicia en manos propias.
(Hechos 19:38-41) Que si Demetrio y los artífices que están con él tienen pleito contra alguno, audiencias se conceden, y procónsules hay; acúsense los unos a los otros. (39) Y si demandáis alguna otra cosa, en legítima asamblea se puede decidir. (40) Porque peligro hay de que seamos acusados de sedición por esto de hoy, no habiendo ninguna causa por la cual podamos dar razón de este concurso.  (41) Y habiendo dicho esto, despidió la asamblea.

Finalmente lograron calmar a la multitud en Éfeso, y no pasó ninguna tragedia.