miércoles, 2 de abril de 2014

HECHOS 7:38-60. Discurso y Muerte de Esteban




En la entrada anterior vimos que a Esteban lo acusaron ante el Concilio de ir en contra de Dios, de la Ley (Moisés) y del Templo.  Ya comenzamos a ver la defensa de Esteban, y ahora seguimos leyendo su respuesta…

REFERENCIA AL PROFETA
Tanto Pedro como Esteban mencionaron al profeta que Moisés había dicho que debía venir después de él…
(Hechos 7:37)  Este es el mismo Moisés que dijo a los hijos de Israel: "Dios os levantará un profeta como yo de entre vuestros hermanos." 

Esteban señaló que Jesús era ese profeta.  Usando el ejemplo de los antepasados, les exhortó que no cometieran el mismo error de rechazar al ungido de Dios.
(Hechos 7:38-43)  Este es el que estaba en la congregación en el desierto junto con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres, y el que recibió palabras de vida para transmitirlas a vosotros; (39)  al cual nuestros padres no quisieron obedecer, sino que lo repudiaron, y en sus corazones regresaron a Egipto,  (40)  Diciendo a Aarón: "Haznos dioses que vayan delante de nosotros, porque a este Moisés que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos lo que le haya pasado."  (41)  En aquellos días hicieron un becerro y ofrecieron sacrificio al ídolo, y se regocijaban en las obras de sus manos.  (42)  Pero Dios se apartó de ellos y los entregó para que sirvieran al ejército del cielo, como está escrito en el libro de los profetas: ¿Acaso fue a mi a quien ofrecisteis víctimas y sacrificios en el desierto por cuarenta años, Casa de Israel?  (43)  También llevasteis el tabernáculo del Moloc y la estrella de Renfan, las imágenes que hicisteis para adorarlas.  Yo también os deportaré más alla de Babilonia. 

La razón por la que Dios permitió la destrucción del Primer Templo y el exilio a Babilonia fue porque el pueblo de Dios cayó en idolatría. El colmo llegó cuando comenzaron a adorar a Moloc, cuyo rito de adoración era el sacrificio de los hijos (Jer. 32:33-35; Sal. 106:37-38; Lev. 20:1-5).  A pesar de esas aberraciones, ellos creían estar a salvo por el simple hecho que en Jerusalén estaba el Templo.  Ellos pensaron que Dios nunca permitiría su destrucción.  Además, el pueblo no sólo adoraba a dioses paganos, sino que iban a adorar al Templo de Dios.  Así ellos se engañaban creyendo que estaban “sirviendo a Dios”. 

Pero más que importarle una construcción, al Señor le importa nuestro corazón.  Después de mandar a profetas para llamar al arrepentimiento a lo largo de cien años, Dios permitió que los enemigos tomaran Jerusalén para hacer reaccionar a Su pueblo.  Muchas veces la gente no entiende por las buenas, sino lamentablemente aprenden por las malas.

Esteban mencionó esto al Concilio para hacerlos reaccionar, ya que la historia parecía estarse repitiendo, ya que había mucha corrupción en el sistema religioso de su tiempo.  Entre muchas cosas, estaba la “compra” del puesto de Sumo Sacerdote para obtener poder, además del lucro por la venta de animales para el sacrificio y por el cambio de monedas extranjeras.  Por eso Jesús se levantó a “limpiar el Templo” ya que lo habían convertido en mercado.
(Mateo 21:12-13)  Y entró Jesús en el templo y echó fuera a todos los que compraban y vendían en el templo, y volcó las mesas de los cambistas y los asientos de los que vendían las palomas.  (13)  Y les dijo: Escrito está: "Mi casa será llamada casa de oración", pero vosotros la estáis haciendo cueva de ladrones.

Jesús estaba citando a Jeremías, quien profetizó a la última generación del Primer Templo, cuyo pecado llevó a la destrucción de Jerusalén.  Leamos lo que profetizó Jeremías para entender por qué Jesús lo citó…
(Jeremías 7:8-15)  He aquí, vosotros confiáis en palabras engañosas que no aprovechan,  (9)  para robar, matar, cometer adulterio, jurar falsamente, ofrecer sacrificios a Baal y andar en pos de otros dioses que no habíais conocido.  (10)  ¿Vendréis luego y os pondréis delante de mí en esta casa, que es llamada por mi nombre, y diréis: "Ya estamos salvos"; para luego seguir haciendo todas estas abominaciones?  (11)  ¿Se ha convertido esta casa, que es llamada por mi nombre, en cueva de ladrones delante de vuestros ojos? He aquí, yo mismo lo he visto--declara el SEÑOR.  (12)  Ahora pues, id a mi lugar en Silo, donde al principio hice morar mi nombre, y ved lo que hice con él a causa de la maldad de mi pueblo Israel.  (13)  Y ahora, por cuanto habéis hecho todas estas obras—declara el SEÑOR— y a pesar de que os hablé desde temprano y hablando sin cesar, no oísteis; os llamé, pero no respondisteis,  (14)  haré con la casa que es llamada por mi nombre, en la cual confiáis, y al lugar que di a vosotros y a vuestros padres, como hice con Silo.  (15)  Y os echaré de mi presencia, como eché a todos vuestros hermanos, a toda la descendencia de Efraín.

La generación del segundo Templo estaba cometiendo una falta similar a los antepasados.  Estaban cayendo en religiosidad e hipocresía, creyendo que cumplían con Dios al hacer los rituales en el Templo, pero cuando salían vivían como ellos querían.  Limpiaban su conciencia con buenas obras y cumpliendo con rituales de hombres, pero vivían en pecado. 

EL CASO DEL TEMPLO
A Esteban lo estaba acusando de querer destruir el Templo, pero eso no era cierto.  Lo que él estaba haciendo era advertir que si esa generación no se arrepentía de su pecado, el Señor les quitaría su protección y los entregaría a los enemigos, quienes destruirían el Templo.  [Eso fue exactamente lo que ocurrió—aprox. 40 años después de la muerte de Jesús, el Templo fue destruido por los romanos, exactamente en la misma fecha bíblica en que cayó el primer Templo en manos de los babilonios: el 9 de Av, el quinto mes bíblico.]

De nuevo, la defensa de Esteban comenzó presentando la historia del Tabernáculo  y el Templo…
(Hechos 7:44-50)  Nuestros padres tuvieron el tabernáculo del testimonio en el desierto, tal como le había ordenado que lo hiciera Aquél que habló a Moisés, conforme al modelo que había visto.  (45)  A su vez, habiéndolo recibido, nuestros padres lo introdujeron con Josué al tomar posesión de las naciones que Dios arrojó de delante de nuestros padres, hasta los días de David.  (46)  Y David halló gracia delante de Dios, y pidió el favor de hallar una morada para el Dios de Jacob.  (47)  Pero fue Salomón quien le edificó una casa.  (48)  Sin embargo, el Altísimo no habita en casas hechas por manos de hombres; como dice el profeta: (49)  El cielo es mi trono, y la Tierra el estrado de mis pies; ¿qué casa me edificaréis?—dice el Señor—¿o cuál es el lugar de mi reposo?  (50)  ¿No fue mi mano la que hizo todas estas cosas? 

Por muy especial y lindo que sea el Templo en Jerusalén, éste no es lo más importante, sino que lo es Dios.  Los líderes religiosos se estaban concentrando en los ritos, pero no conectaban con Dios ni buscaban Su Voluntad.  Lo que el Señor quiere no son sacrificios, sino obediencia (1 Samuel 15:22-23; Isaías 1:11-28).  Esto fue lo que argumentó Esteban en relación al Templo.

El discurso de Esteban no estaba enfocado en defenderse a sí mismo para no morir, sino en mostrar al Concilio que estaban cometiendo el mismo error que sus antepasados, cubriendo su injusticia con religiosidad.
(Hechos 7:51)  Vosotros, que sois duros de cerviz e incircuncisos de corazón y de oídos, resistís siempre al Espíritu Santo; como hicieron vuestros padres, así también hacéis vosotros.  (52)  ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Ellos mataron a los que antes habían anunciado la venida del Justo, del cual ahora vosotros os hicisteis traidores y asesinos;  (53)  vosotros que recibisteis la ley por disposición de ángeles y sin embargo no la guardasteis. 

Así como los antepasados rechazaron a los profetas que Dios envió, matando a algunos de ellos, esa nueva generación también había rechazado a Jesús como el Mesías y habían buscado su muerte.  Ahora perseguían a sus seguidores.   

REACCIÓN DEL CONCILIO
Los miembros del Concilio se molestaron mucho al oír el discurso de Esteban…
(Hechos 7:54)  Al oír esto, se sintieron profundamente ofendidos, y crujían los dientes contra él. 

Todo lo que dijo Esteban era cierto, y ellos lo sabían.  Pero lo que les molestó en gran manera es que los acusara de ser rebeldes como lo habían sido los antiguos israelitas que mataron a los profetas.  Esta acusación era muy fuerte, porque lo estaba haciendo delante de todo el Concilio, que eran los mismos que habían buscado la muerte de Jesús.  Pero Esteban era valiente…y no sólo eso, sino que estaba ungido por el Espíritu de Dios.
(Hechos 7:55-56)  Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, fijos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la diestra de Dios;  (56)  y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre de pie a la diestra de Dios. 

Un momento de “cielos abiertos” es cuando el Cielo se une con la Tierra.  Desde el Cielo, Dios ve con gracia y favor lo que sucede en la Tierra.  Y cuando hay favor divino, el Señor manda a sus ejércitos para ejecutar Su propósito entre nosotros (Juan 1:51; Apoc. 19:11).  Cuando hay cielos abiertos, Dios manda revelación (Apoc. 4:1; Hechos 10:11), y también bendición y provisión—aun cuando parezca imposible (Sal. 78-19-25; Mal. 3:10).  

A oídos de nosotros los creyentes, esta frase de Esteban es gloriosa: “He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre de pie a la diestra de Dios” (7:56).  Pero para los religiosos de ese tiempo, estas palabras eran equivalentes a blasfemia, ya que Esteban estaba diciendo que Jesús estaba a la par de Dios, haciéndolo igual  que Él.  Por eso ellos reaccionaron fuerte a sus palabras…
(Hechos 7:57-58)  Entonces ellos gritaron a gran voz, y tapándose los oídos arremetieron a una contra él.  (58)  Y echándolo fuera de la ciudad, comenzaron a apedrearle; y los testigos pusieron sus mantos a los pies de un joven llamado Saulo. 

Esta es la primera vez que aparece Pablo en las Escrituras, con el nombre de Saulo.  Él estaba entre los que apedrearon a Esteban, y él fue uno de los que persiguieron a los creyentes hasta la muerte.  Algunos los persiguieron para defender su fe, y otros para defender su posición de poder.



Lo más impresionante de todo este capítulo es la forma en que Esteban murió.  El fue lapidado, muerto a pedradas, lo cual es una muerte lenta, como una especie de tortura.  Pero en el proceso vemos cómo el Señor nunca lo abandonó y le dio una gracia especial aun en esa muerte tan trágica…
(Hechos 7:59-60)  Y mientras apedreaban a Esteban, él invocaba al Señor  y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu.  (60)  Y cayendo de rodillas, clamó en alta voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Habiendo dicho esto, durmió.

Esteban no pidió venganza por la injusticia que se estaba haciendo al matar a alguien que era inocente ante Dios.  Más bien, él pidió misericordia, pues sabía que ellos no entendían lo que estaban haciendo.

Esta misma actitud la tuvo Jesús en su muerte en la cruz.
(Lucas 23:34-46)  Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y echaron suertes, repartiéndose entre sí sus vestidos.  (35)  Y el pueblo estaba allí mirando; y aun los gobernantes se mofaban de El, diciendo: A otros salvó; que se salve a sí mismo si este es el Cristo de Dios, su Escogido.  (36)  Los soldados también se burlaban de El, acercándose y ofreciéndole vinagre,  (37)  y diciendo: Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo.  (38)  Había también una inscripción sobre El, que decía: Este es el rey de los judíos.  (39)  Y uno de los malhechores que estaban colgados allí le lanzaba insultos, diciendo: ¿No eres tú el Cristo? ¡Sálvate a ti mismo y a nosotros!  (40)  Pero el otro le contestó, y reprendiéndole, dijo: ¿Ni siquiera temes tú a Dios a pesar de que estás bajo la misma condena?  (41)  Y nosotros a la verdad, justamente, porque recibimos lo que merecemos por nuestros hechos; pero éste nada malo ha hecho.  (42)  Y decía: Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.  (43)  Entonces El le dijo: En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso.  (44)  Era ya como la hora sexta, cuando descendieron tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena  (45)  al eclipsarse el sol. El velo del templo se rasgó en dos.  (46)  Y Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró.

Qué gran ejemplo nos dan Esteban y Jesús.  Tal vez nosotros también hemos sido perseguidos por nuestra fe, por lo que creemos, ya que a veces lo que Dios nos muestra no es popular con los hombres (y aun con los religiosos).  En lugar de buscar “nuestra justificación ante los hombres”, debemos tener misericordia, sabiendo que no todos han recibido la revelación de lo que Dios nos ha dado.

Del otro lado de la moneda, también debemos considerar que tal vez nosotros hemos juzgado mal a otros hermanos porque no entendemos lo que Dios les ha revelado a ellos. Aquí hay una gran lección: debemos tener cuidado de estar del lado de Dios, pues podemos “lapidar” a profetas sin saberlo.  Cuando nos veamos en una posición de juzgar a alguien, no lo hagamos basados en nuestras “tradiciones o costumbres”, sino en base a la Palabra de Dios y a la revelación del Espíritu Santo.  Un buen ejemplo a seguir es Gamaliel, quien aconsejó no matar a los apóstoles sino dejarlos en libertad, pues el tiempo probaría si eran de Dios o no (Hechos 5:34-39).


jueves, 27 de marzo de 2014

HECHOS 7:1-37. Defensa de Esteban



En el capítulo anterior vimos que entre los diáconos elegidos para apoyar a los apóstoles se encontraba un hombre llamado Esteban, quien estaba lleno de sabiduría y del Espíritu Santo.  A él lo llevaron ante el Concilio con acusaciones falsas. 
(Hechos 6:11-14)  Entonces, en secreto persuadieron a algunos hombres para que dijeran: Le hemos oído hablar palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios.  (12)  Y alborotaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas, y cayendo sobre él, lo arrebataron y lo trajeron en presencia del concilio.  (13)  Y presentaron testigos falsos que dijeron: Este hombre continuamente habla en contra de este lugar santo y de la ley;  (14)  porque le hemos oído decir que este nazareno, Jesús, destruirá este lugar, y cambiará las tradiciones que Moisés nos legó.

Se le acusaba de hablar y enseñar cosas ofensivas en contra Moisés y contra Dios.  Estas acusaciones no eran nada nuevo, ya que también a Jesús se las hicieron.  Pero la Biblia señala claramente que esas acusaciones eran falsas, tanto para Jesús como Esteban, ya que ellos no estaban en contra de la Ley de Dios ni del Templo.

Antes de entrar a ver la defensa de Esteban ante tales falacias, iremos primero a los Evangelios para ver lo que Jesús dijo sobre el Templo y sobre la Ley…

a.  Lo que Jesús dijo del Templo:
Jesús profetizó el Templo caería, pero eso no quiere decir que Él lo deseara.  Ël simplemente una profecía de lo que sucedería si no se arrepentían y no dejaban de usar el Templo como mercado. 
(Mateo 24:1-2)  Cuando salió Jesús del templo, y se iba, se le acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo.  (2)  Mas respondiendo El, les dijo: ¿Veis todo esto? En verdad os digo: no quedará aquí piedra sobre piedra que no sea derribada.

Jesús volvió a mencionar la destrucción del Templo luego de su entrada triunfal en Jerusalén, unos días antes de morir.  En ese día, algunos le dieron la bienvenida como el Mesías, pero la mayoría lo rechazaron. 
(Lucas 19:35-44)  Y lo trajeron a Jesús, y echando sus mantos sobre el pollino, pusieron a Jesús sobre él.  (36)  Y mientras El iba avanzando, tendían sus mantos por el camino.  (37)  Cuando ya se acercaba, junto a la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, regocijándose, comenzó a alabar a Dios a gran voz por todas las maravillas que habían visto,  (38)  diciendo: ¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!  (39)  Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos.  (40)  Respondiendo El, dijo: Os digo que si éstos callan, las piedras clamarán.  (41)  Cuando se acercó, al ver la ciudad, lloró sobre ella,  (42)  diciendo: ¡Si tú también hubieras sabido en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está oculto a tus ojos.  (43)  Porque sobre ti vendrán días, cuando tus enemigos echarán terraplén delante de ti, te sitiarán y te acosarán por todas partes.  (44)  Y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no conociste el tiempo de tu visitación.

Jesús no “deseaba” la destrucción del Templo, sino simplemente profetizó que ocurriría.  Si eso hubiera deseado, no lo hubiera limpiado como lo hizo acto seguido de pronunciar estar palabras, ni hubiera escogido ese lugar para enseñar (Luc. 19:45-48), tal como lo hicieron los apóstoles después de Él.

Jesús explicó que la causa de la futura destrucción del Templo y de Jerusalén (que se dio en el año 70 d.C.) fue por rechazarlo a pesar de que Él era el Mesías.  Esto es lo mismo que Esteban va a explicar en su defensa ante el Concilio.

b.  Lo que Jesús dijo de la Ley:
En cuanto a la Ley, Jesús mismo dijo que no vino a anular la Ley… 
(Mateo 5:17-19)  No penséis que he venido para abolir la ley o los profetas; no he venido para abolir, sino para cumplir.  (18)  Porque en verdad os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, no se perderá ni la letra más pequeña ni una tilde de la ley hasta que toda se cumpla.  (19)  Cualquiera, pues, que anule uno solo de estos mandamientos, aun de los más pequeños, y así lo enseñe a otros, será llamado muy pequeño en el reino de los cielos; pero cualquiera que los guarde y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos.

A veces a los religiosos les pareció que Jesús iba “en contra” de la Ley, pero no era así.  La realidad es que Él obedecía la Ley de Dios (Torá escrita), pero no se sometía a las tradiciones judías, que eran leyes de hombres.
(Lucas 11:37-52)  Cuando terminó de hablar, un fariseo le rogó que comiera con él; y Jesús entró y se sentó a la mesa.  (38)  Cuando el fariseo vio esto, se sorprendió de que Jesús no se hubiera lavado primero antes de comer, según el ritual judío.  (39)  Pero el Señor le dijo: Ahora bien, vosotros los fariseos limpiáis lo de afuera del vaso y del plato; pero por dentro estáis llenos de robo y de maldad.  (40)  Necios, el que hizo lo de afuera, ¿no hizo también lo de adentro?  (41)  Dad más bien lo que está dentro como obra de caridad, y entonces todo os será limpio.  (42)  Mas ¡ay de vosotros, fariseos!, porque pagáis el diezmo de la menta y la ruda y toda clase de hortaliza, y sin embargo pasáis por alto la justicia y el amor de Dios; pero esto es lo que debíais haber practicado sin descuidar lo otro.  (43)  ¡Ay de vosotros, fariseos!, porque amáis los primeros asientos en las sinagogas y los saludos respetuosos en las plazas.  (44)  ¡Ay de vosotros!, porque sois como sepulcros que no se ven, sobre los que andan los hombres sin saberlo.  (45)  Respondiendo uno de los intérpretes de la ley, le dijo: Maestro, cuando dices esto, también a nosotros nos insultas.  (46)  Y El dijo: ¡Ay también de vosotros, intérpretes de la ley!, porque cargáis a los hombres con cargas difíciles de llevar, y vosotros ni siquiera tocáis las cargas con uno de vuestros dedos.  (47)  ¡Ay de vosotros!, porque edificáis los sepulcros de los profetas, y fueron vuestros padres quienes los mataron.  (48)  De modo que sois testigos, y aprobáis las acciones de vuestros padres; porque ellos los mataron y vosotros edificáis sus sepulcros.  (49)  Por eso la sabiduría de Dios también dijo: "Les enviaré profetas y apóstoles, y de ellos, matarán a algunos y perseguirán a otros,  (50)  para que la sangre de todos los profetas, derramada desde la fundación del mundo, se le cargue a esta generación,  (51)  desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, que pereció entre el altar y la casa de Dios; sí, os digo que le será cargada a esta generación."  (52)  ¡Ay de vosotros, intérpretes de la ley!, porque habéis quitado la llave del conocimiento; vosotros mismos no entrasteis, y a los que estaban entrando se lo impedisteis.

Jesús y sus discípulos obedecían la Ley de Dios, pero no se sentían comprometidos a seguir las tradiciones de los hombres, y eso incomodaba a los religiosos.
(Marcos 7:5-9)  Entonces los fariseos y los escribas le preguntaron: ¿Por qué tus discípulos no andan conforme a la tradición de los ancianos, sino que comen con manos inmundas?  (6)  Y El les dijo: Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: "Este pueblo con los labios me honra, pero su corazón está muy lejos de mí.  (7)  "Mas en vano me rinden culto, enseñando como doctrinas preceptos de hombres."  (8)  Dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres.  (9)  También les decía: Astutamente violáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición.

Hay muchas tradiciones religiosas que no son malas en sí; pero el peligro de éstas es que la gente cree estar sirviendo a Dios con esos “rituales”—y no es así.  Más bien, muchas veces los rituales nos distraen de conectar con Dios, y lo que a Él más le interesa es nuestro corazón y que tengamos una relación cercana con Él.


RESPUESTA DE ESTEBAN
Esteban fue llevado ante el Concilio en Jerusalén porque estaba siendo acusado de enseñar en contra de la Ley y amenazar con destruir el Templo (Hechos 6:11-14).  Estas acusaciones eran serias, pero en esencia eran falsas.  Delante del Concilio, el Sumo Sacerdote le preguntó a Esteban si eso eran ciertas esas acusaciones, y le dieron la oportunidad de responder… 
(Hechos 7:1) Y el sumo sacerdote dijo: ¿Es esto así?

La respuesta de Esteban fue larga y extensa (Hechos 7:2-53).  Si la leemos de corrido, podría parecer que no está respondiendo a sus acusadores.  Pero al hacer un resumen de su discurso, podemos ver que él tocó los temas más importantes en su defensa: los patriarcas, Moisés, la Ley y el Templo. 

Lo interesante es que Esteban no se defendió ante los hombres, es decir, sus palabras no iban dirigidas para ser excusado por el Concilio.  Más bien, su discurso apuntaba a mostrarles que él era un verdadero judío y que respetaba a los patriarcas, a Moisés y la Ley de Dios.  Pero al final, él va a dar cara-vuelta a la historia, y los va a confrontar por rechazar al Mesías, así como los antepasados habían perseguido y matado a los profetas de antaño.

Antes de entrar a leer versículo por versículo, hagamos un resumen del discurso de Esteban:

i.  Historia de la nación de Israel, desde Abraham hasta Moisés (7:2-38):
Primero, Esteban establece una base del origen de Israel, haciendo un resumen del llamado de los patriarcas y la formación del pueblo de Israel.  Al hablar de Moisés, él quería hace evidente que no tenía nada en contra de Moisés ni la Ley de Dios, tal como le acusaban. 

ii.  Rebelión de los antepasados (7:39-43)
A Esteban lo acusaban de ir en contra de la Ley de Dios, pero no era cierto.  El puso como ejemplo a los antepasados quienes realmente se opusieron a Dios y llevaron una vida de desobediencia, a pesar de que iban al Templo.  Con osadía, luego él les señalará que están actuando como los antepasados al rechazar a Jesús.

iii. Respuesta sobre el Templo (7:44-50):
Esteban reconoce que Dios instruyó al pueblo sobre la edificación del Tabernáculo y del Templo; pero luego hace ver que estas son sólo edificaciones, y la soberanía de Dios va más allá de las cuatro paredes.

iv. Rechazo al Mesías (7:51-53)
Al final, Esteban advierte que si no aceptan a Jesús, están rechazando al Mesías que Dios tenía preparado para Israel.


EL DISCURSO DE ESTEBAN
Teniendo ya claros los temas generales del discurso de Esteban, leámoslo verso por verso…

Lo primero que Esteban hace es establecer que él está identificado con el pueblo de Dios, haciendo un recuento de sus orígenes y con el propósito por el cual Dios los eligió.
(Hechos 7:2-7) Y él dijo: Escuchadme, hermanos y padres. El Dios de gloria apareció a nuestro padre Abraham cuando estaba en Mesopotamia, antes que habitara en Harán,  (3)  y le dijo: "Sal de tu tierra y de tu parentela, y ve a la tierra que yo te mostraré."  (4)  Entonces él salió de la tierra de los caldeos y se radicó en Harán. Y de allí, después de la muerte de su padre, Dios lo trasladó a esta tierra en la cual ahora vosotros habitáis.  (5)  No le dio en ella heredad, ni siquiera la medida de la planta del pie, y sin embargo, aunque no tenía hijo, prometió que se la daría en posesión a él y a su descendencia después de él.  (6)  Y Dios dijo así: "Que sus descendientes serían extranjeros en una tierra extraña, y que serían esclavizados y maltratados por cuatrocientos años.  (7)  "Pero yo mismo juzgaré a cualquier nación de la cual sean esclavos"--dijo Dios-- "y después de eso saldrán y me servirán en este lugar." 

Luego de hablar sobre cómo Abraham llegó a la Tierra, Esteban sigue hablando de su descendencia, y la formación de una nación…
(Hechos 7:8-16)  Y Dios le dio el pacto de la circuncisión; y así Abraham vino a ser el padre de Isaac, y lo circuncidó al octavo día; e Isaac vino a ser el padre de Jacob, y Jacob de los doce patriarcas.  (9)  Y los patriarcas tuvieron envidia de José y lo vendieron para Egipto. Pero Dios estaba con él,  (10)  y lo rescató de todas sus aflicciones, y le dio gracia y sabiduría delante de Faraón, rey de Egipto, y éste lo puso por gobernador sobre Egipto y sobre toda su casa.  (11)  Entonces vino hambre sobre todo Egipto y Canaán, y con ella gran aflicción; y nuestros padres no hallaban alimentos.  (12)  Pero cuando Jacob supo que había grano en Egipto, envió a nuestros padres allá la primera vez.  (13)  En la segunda visita, José se dio a conocer a sus hermanos, y conoció Faraón el linaje de José.  (14)  Y José, enviando mensaje, mandó llamar a Jacob su padre y a toda su parentela, en total setenta y cinco personas.  (15)  Y Jacob descendió a Egipto, y allí murió él y también nuestros padres.  (16)  Y de allí fueron trasladados a Siquem, y puestos en el sepulcro que por una suma de dinero había comprado Abraham a los hijos de Hamor en Siquem. 

Luego hizo un resumen de la historia de Moisés…
(Hechos 7:17-29)  Pero a medida que se acercaba el tiempo de la promesa que Dios había confirmado a Abraham, el pueblo crecía y se multiplicaba en Egipto,  (18)  hasta que surgió otro rey en Egipto que no sabía nada de José.  (19)  Este rey, obrando con astucia contra nuestro pueblo, maltrató a nuestros padres, a fin de que expusieran a la muerte a sus niños para que no vivieran.  (20)  Fue por ese tiempo que Moisés nació. Era hermoso a la vista de Dios, y fue criado por tres meses en la casa de su padre.  (21)  Después de ser abandonado para morir, la hija de Faraón se lo llevó y lo crió como su propio hijo.  (22)  Y Moisés fue instruido en toda la sabiduría de los egipcios, y era un hombre poderoso en palabras y en hechos.  (23)  Pero cuando iba a cumplir la edad de cuarenta años, sintió en su corazón el deseo de visitar a sus hermanos, los hijos de Israel.  (24)  Y al ver que uno de ellos era tratado injustamente, lo defendió y vengó al oprimido matando al egipcio.  (25)  Pensaba que sus hermanos entendían que Dios les estaba dando libertad por medio de él, pero ellos no entendieron.  (26)  Al día siguiente se les presentó, cuando dos de ellos reñían, y trató de poner paz entre ellos, diciendo: "Varones, vosotros sois hermanos, ¿por qué os herís el uno al otro?"  (27)  Pero el que estaba hiriendo a su prójimo lo empujó, diciendo: "¿Quién te ha puesto por gobernante y juez sobre nosotros?  (28)  "¿Acaso quieres matarme como mataste ayer al egipcio?"  (29)  Al oír estas palabras, Moisés huyó y se convirtió en extranjero en la Tierra de Madián, donde fue padre de dos hijos. 

Esteban siguió hablando de Moisés, haciendo referencia a su llamado para librar a los israelitas de la esclavitud en Egipto.
(Hechos 7:30-36)  Y pasados cuarenta años, se le apareció un ángel en el desierto del Monte Sinaí, en la llama de una zarza que ardía.  (31)  Al ver esto, Moisés se maravillaba de la visión, y al acercarse para ver mejor, vino a él la voz del Señor: (32)  "Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, de Isaac, y de Jacob." Moisés temblando, no se atrevía a mirar.  (33)  Pero el Señor le dijo: "Quítate las sandalias de los pies, porque el lugar donde estás es tierra santa.  (34)  "Ciertamente he visto la opresión de mi pueblo en Egipto y he oído sus gemidos, y he descendido para librarlos; ven ahora y te enviaré a Egipto."  (35)  Este Moisés, a quien ellos rechazaron, diciendo: "¿Quién te ha puesto por gobernante y juez?" es el mismo que Dios envió para ser gobernante y libertador con la ayuda del ángel que se le apareció en la zarza.  (36)  Este hombre los sacó, haciendo prodigios y señales en la tierra de Egipto, en el mar Rojo y en el desierto por cuarenta años. 

Esteban también aprovechó a hacer referencia al profeta que Dios prometió enviar como mediador. 
(Hechos 7:37)  Este es el mismo Moisés que dijo a los hijos de Israel: "Dios os levantará un profeta como yo de entre vuestros hermanos." 

En el capítulo tres leímos que Pedro hizo la misma referencia ante el Concilio, diciendo claramente que ese enviado era Jesús.
(Hechos 3:18-23)  Pero Dios ha cumplido así lo que anunció de antemano por boca de todos los profetas: que su Cristo debería padecer.  (19)  Por tanto, arrepentíos y convertíos, para que vuestros pecados sean borrados, a fin de que tiempos de refrigerio vengan de la presencia del Señor,  (20)  y El envíe a Jesús, el Cristo designado de antemano para vosotros,  (21)  a quien el cielo debe recibir hasta el día de la restauración de todas las cosas, acerca de lo cual Dios habló por boca de sus santos profetas desde tiempos antiguos.  (22)  Moisés dijo: El Señor Dios os levantará un profeta como yo de entre vuestros hermanos; a Él prestaréis atención en todo cuanto os diga.  (23)  Y sucederá que todo el que no preste atención a aquel profeta, será totalmente destruido de entre el pueblo.

En su defensa, Esteban aclaró que no estaba en contra de la Ley ni del Templo.  Más bien, les dijo que eran ellos quienes se estaban oponiendo al Plan de Dios al rechazar al Mesías, que es Jesús.

En la siguiente entrada seguiremos leyendo sobre el discurso de Esteban…


miércoles, 19 de marzo de 2014

HECHOS 6: Organización de la Comunidad Creyente




Así como los apóstoles lo dejaron todo para seguir a Jesús, de igual manera muchos nuevos creyentes vendieron todo lo que tenían y lo entregaban a los apóstoles para ser discipulados por ellos.   

A Jesús le siguieron 12 discípulos fieles.  Ellos vivían juntos, comían y viajaban juntos.  Tenían sus bienes en común.  Luego que Jesús partió, los apóstoles comenzaron a hacer lo mismo con sus nuevos discípulos.  Pero el número de seguidores creció a tal punto que les estaba siendo difícil administrarlo todo.  Como es de sospechar, comenzaron a surgir problemas…
(Hechos 6:1)  Por aquellos días, al multiplicarse el número  de los discípulos, surgió una queja de parte de los judíos helenistas en contra de los judíos nativos, porque sus viudas eran desatendidas en la distribución diaria de los alimentos. 

Los “judíos helenistas” eran los que provenían del extranjero, específicamente las provincias griegas.  La palabra helenista viene de: Hellas, que significa Grecia.  Los “judíos nativos” eran los que habían nacido y crecido en la Tierra de Israel.  Evidentemente se les estaba dando privilegios a los nativos en contra de los extranjeros.  La queja específica era que sus viudas eran desentendidas.  Claramente eso era inaceptable. 

El dinero de la venta de propiedades no sólo era utilizada para cubrir las necesidades de los líderes y los discípulos sino también para sus familias inmediatas, si los acompañaban (Hechos 2:45; 4:35).  Pero iban más allá, ya que también ayudaban a los pobres, a las viudas y a los huérfanos, tal como lo manda la Biblia.  

AYUDA AL NECESITADO
Hoy en día la sociedad espera que el Gobierno cubra las necesidades del pueblo, pero ese no es el orden que establece la Biblia.  La ayuda debe venir del mismo pueblo de Dios. 
(Deuteronomio 15:4-8)  Y no habrá menesteroso entre vosotros, ya que el SEÑOR de cierto te bendecirá en la tierra que el SEÑOR tu Dios te da por heredad para poseerla,  (5)  si sólo escuchas fielmente la voz del SEÑOR tu Dios, para guardar cuidadosamente todo este mandamiento que te ordeno hoy.  (6)  Pues el SEÑOR tu Dios te bendecirá como te ha prometido, y tú prestarás a muchas naciones, pero tú no tomarás prestado; y tendrás dominio sobre muchas naciones, pero ellas no tendrán dominio sobre ti.  (7)  Si hay un menesteroso contigo, uno de tus hermanos, en cualquiera de tus ciudades en la tierra que el SEÑOR tu Dios te da, no endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano a tu hermano pobre,  (8)  sino que le abrirás libremente tu mano, y con generosidad le prestarás lo que le haga falta para cubrir sus necesidades.
(Deuteronomio 15:10-11)  Con generosidad le darás, y no te dolerá el corazón cuando le des, ya que el SEÑOR tu Dios te bendecirá por esto en todo tu trabajo y en todo lo que emprendas.  (11)  Porque nunca faltarán pobres en tu tierra; por eso te ordeno, diciendo: "Con liberalidad abrirás tu mano a tu hermano, al necesitado y al pobre en tu tierra."


En Hechos vemos que los apóstoles estaban ayudando a las viudas.  Hoy en día la Iglesia también debería velar por las viudas y los huérfanos.  El corazón de Dios está con ellos, no sólo por su necesidad sino por su vulnerabilidad, ya que en el mundo la gente tiende a aprovecharse de ellos en lugar de ayudarles.   La gente se aprovecha de la necesidad del prójimo, y Dios salta en defensa de ellos…
(Éxodo 22:22-25)  A la viuda y al huérfano no afligiréis.  (23)  Si lo afliges y él clama a mí, ciertamente yo escucharé su clamor,  (24)  y se encenderá mi ira y os mataré a espada, y vuestras mujeres quedarán viudas y vuestros hijos huérfanos.  (25)  Si prestas dinero a mi pueblo, a los pobres entre vosotros, no serás usurero con él; no le cobrarás interés.

(Isaías 10:1-3)  ¡Ay de los que decretan estatutos inicuos, y de los que constantemente escriben decisiones injustas,  (2)  para privar de justicia a los necesitados, para robar de sus derechos a los pobres de mi pueblo, para hacer de las viudas su botín, y despojar a los huérfanos!  (3)  ¿Y que haréis en el día del castigo, en la devastación que vendrá de lejos? ¿A quién huiréis por auxilio? ¿Y dónde dejaréis vuestra riqueza?

El corazón de Dios está con las viudas, los huérfanos y los necesitados, y el Señor se declara defensor de ellos…
(Salmo 68:5-6)  Padre de los huérfanos y defensor de las viudas es Dios en su santa morada.  (6)  Dios prepara un hogar para los solitarios; conduce a los cautivos a prosperidad; sólo los rebeldes habitan en una tierra seca.

Santiago señala que la verdadera práctica cristiana no sólo es cumplir los mandamientos sino hacer lo que está en su corazón, que incluye a los huérfanos y las viudas. 
(Santiago 1:27)  La religión pura y sin mácula delante de nuestro Dios y Padre es ésta: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y guardarse sin mancha del mundo.

REORGANIZACIÓN DE LA COMUNIDAD CREYENTE
En la comunidad de creyentes de la iglesia primitiva, no estaban velando por todas las viudas.  Pero démosles el beneficio de la duda, pues tal vez no era por mala voluntad sino por descuido o por falta de alcance. 

Se hace evidente la buena intención de los apóstoles, ya que ellos se dispusieron a cambiar la situación.  En el proceso, se dieron cuenta que su labor no se daba abasto para la necesidades que debían cubrir, por lo tanto, necesitaban de la colaboración de más hermanos…
(Hechos 6:2)  Entonces los doce convocaron a la congregación de los discípulos, y dijeron: No es conveniente que nosotros descuidemos la palabra de Dios para servir mesas. 

Hasta ese momento, los apóstoles no sólo estaban dedicados a enseñar, sino también a servir a los creyentes.  Pero se dieron cuenta que era imposible hacer ambas cosas.  Por lo tanto, decidieron elegir a otros hermanos para que se dedicaran a los asuntos administrativos, mientras que ellos servían a la comunidad con la Palabra de Dios.  
(Hechos 6:3-4)  Por tanto, hermanos, escoged de entre vosotros siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu Santo  y de sabiduría, a quienes podamos encargar esta tarea.  (4)  Y nosotros nos entregaremos a la oración y al ministerio de la palabra. 

Es interesante notar que los requisitos para estos servidores no eran sólo  materiales  sino sobre todo espirituales.  Eligieron a personas capaces para llevar la tarea física, pero asegurándose que ellos también estuvieran “llenos del Espíritu Santo y de sabiduría” (6:3).  Más importante que la capacidad natural es la voluntad de ser guiado por Dios (de lo contrario, sólo hará una obra humana). 

En la elección de los servidores participaron todos.  No se trataba de una “elección democrática” sino de una elección en la que todos dieran buen testimonio de aquellos a quienes estaban eligiendo.
(Hechos 6:5-6)  Lo propuesto tuvo la aprobación de toda la congregación, y escogieron a Esteban, un hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, y a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas y a Nicolás, un prosélito de Antioquía;  (6)  a los cuales presentaron ante los apóstoles, y después de orar, pusieron sus manos sobre ellos. 

Más adelante en la Biblia, a estos siervos colaboradores se les llama: “diáconos”.  La palabra viene del griego: Diako, que se usaba para describir a la persona que ayuda y hace los mandados.   En la carta a Timoteo, Pablo describe las cualidades básicas que debe tener un diácono:
(1 Timoteo 3:8-13)  De la misma manera, también los diáconos deben ser dignos, de una sola palabra, no dados al mucho vino, ni amantes de ganancias deshonestas,  (9)  sino guardando el misterio de la fe con limpia conciencia.  (10)  Que también éstos sean sometidos a prueba primero, y si son irreprensibles, que entonces sirvan como diáconos.  (11)  De igual manera, las mujeres deben ser dignas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo.  (12)  Que los diáconos sean maridos de una sola mujer, y que gobiernen bien sus hijos y sus propias casas.  (13)  Pues los que han servido bien como diáconos obtienen para sí una posición honrosa y gran confianza en la fe que es en Cristo Jesús.

La colaboración de los siervos o diáconos ayudó a que los apóstoles pudieran dedicarse a enseñar y discipular.
(Hechos 6:7)  Y la palabra de Dios crecía, y el número de los discípulos se multiplicaba en gran manera en Jerusalén, y muchos de los sacerdotes obedecían a la fe. 

No sólo el número de creyentes creció, sino también de discípulos, es decir, los que lo dejaban todo para seguir a los apóstoles.  Lo más sorprendente es que entre ellos se añadieron levitas.

PERSECUCIÓN CONTRA ESTEBAN
Entre los diáconos o siervos se menciona a uno es especial: Esteban, quien sobresalió de todos los demás. 
(Hechos 6:8)  Y Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo. 

Lo que lo distinguía no eran sus habilidades naturales, las cuales no se mencionan. Su ventaja comparativa es que estaba “lleno de fe y del Espíritu Santo”.  Debido a esto, el Señor lo usó poderosamente haciendo milagros a través de él.  Para ser usados por Dios, todo lo que tenemos que hacer es creer y hacer lo que Él nos indica—lo demás lo hace el Señor. 

Esteban comenzó a hacer una diferencia, y ello atrajo el antagonismo de algunos…
(Hechos 6:9)  Pero se levantaron algunos de la sinagoga llamada de los Libertos, incluyendo tanto cireneos como alejandrinos, y algunos de Cilicia y de Asia, y discutían con Esteban. 

Se cree que la “Sinagoga de los Libertos” era el lugar donde se reunían los judíos que habían caído como esclavos de los romanos en el tiempo de la invasión romana en Judea.  Pero muchos de ellos habían sido puestos en libertad, y se habían establecido en las provincias romanas.  Aparentemente la mayoría de estos ex esclavos provenían de Cirene (Libia), Alejandría (Egipto), Cilicia (sur de Turquía) y Asia Menor (el resto de Turquía). Pero algunos de ellos habían regresado a la Tierra prometida.  Sin embargo, por no ser originarios de Israel, no eran socialmente aceptados como los nativos.  Pero muchos de ellos trataban de vivir un judaísmo más ortodoxo que los demás para probar que eran judíos fieles.

Estos judíos “libertos” argumentaban con los apóstoles cuestiones de doctrina.  Pero con la sabiduría que Dios le dio a Esteban, él les ganaba en los argumentos.
(Hechos 6:10)  Pero no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba. 

Como no pudieron contra Esteban por las buenas, lo hicieron por las malas…
(Hechos 6:11-14)  Entonces, en secreto persuadieron a algunos hombres para que dijeran: Le hemos oído hablar palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios.  (12)  Y alborotaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas, y cayendo sobre él , lo arrebataron y lo trajeron en presencia del concilio.  (13)  Y presentaron testigos falsos que dijeron: Este hombre continuamente habla en contra de este lugar santo y de la ley;  (14)  porque le hemos oído decir que este nazareno, Jesús, destruirá este lugar, y cambiará las tradiciones que Moisés nos legó. 

A pesar de las falsas acusaciones, Esteban no perdió la compostura sino que estaba en paz…
(Hechos 6:15)  Y al fijar la mirada en él, todos los que estaban sentados en el concilio vieron su rostro como el rostro de un ángel.


En el próximo capítulo leeremos sobre la defensa de Esteban y lo que le sucederá después…

miércoles, 12 de marzo de 2014

HECHOS 5:12-42. Unidad y Milagros




En varias instancias, Lucas hace énfasis al hecho que los creyentes en Jesús estaban unidos (Hechos 1:14; 2:1,46; 4:32), y lo vuelve a repetir en Hechos 5…
(Hechos 5:12)  Por mano de los apóstoles se realizaban muchas señales y prodigios entre el pueblo; y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón. 

Lamentablemente esta unidad entre creyentes no permanecerá a lo largo del libro ni de la historia.  La realidad es otra, pero la Palabra lo enfatiza porque eso es lo que está en el corazón de Dios.
(Salmo 133:1)  Mirad cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos habiten juntos en armonía.

Jesús dijo que el amor entre hermanos es una señal de aquellos que están conectados con Dios.
(Juan 13:34-35)  Un mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a los otros; que como yo os he amado, así también os améis los unos a los otros.  (35)  En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros.

Cuando Jesús oró por sus discípulos también oró por nosotros, los que íbamos a creer en Él en el futuro.  Su oración estaba enfocada en la unidad entre los creyentes. 
(Juan 17:20-23)  Mas no ruego sólo por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, (21) para que todos sean uno. Como tú, oh Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste.  (22)  La gloria que me diste les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno: (23) yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfeccionados en unidad, para que el mundo sepa que tú me enviaste, y que los amaste tal como me has amado a mí.

Pablo también habló muchos sobre la unidad entre hermanos.
(1 Corintios 1:10-13)  Os ruego, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que todos os pongáis de acuerdo, y que no haya divisiones entre vosotros, sino que estéis enteramente unidos en un mismo sentir y en un mismo parecer.  (11)  Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay contiendas entre vosotros.  (12)  Me refiero a que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo, yo de Apolos, yo de Cefas, yo de Cristo.  (13)  ¿Está dividido Cristo? ¿Acaso fue Pablo crucificado por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo?

Pablo fue testigo de la división que se dio entre los creyentes, y por eso instó una y otra vez al amor y unidad entre hermanos.

UNIDAD ENTRE HERMANOS
La unidad no es lo mismo que “uniformidad”.  Debemos reconocer que no somos iguales, pues Dios nos hizo únicos y diferentes; pero a pesar de esas diferencias, debemos aprender a respetarnos y amarnos.  

De esta unidad fraternal habla Pablo cuando compara a la iglesia con el cuerpo humano, y luego da ejemplos de lo que implica el amor fraternal…
(Romanos 12:4-18)  Pues así como en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función,  (5)  así nosotros, que somos muchos, somos un cuerpo en Cristo e individualmente miembros los unos de los otros.  (6)  Pero teniendo dones que difieren, según la gracia que nos ha sido dada, usémoslos: si el de profecía, úsese en proporción a la fe;  (7)  si el de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza;  (8)  el que exhorta, en la exhortación; el que da, con liberalidad; el que dirige, con diligencia; el que muestra misericordia, con alegría.  (9)  El amor sea sin hipocresía; aborreciendo lo malo, aplicándoos a lo bueno.  (10)  Sed afectuosos unos con otros con amor fraternal; con honra, daos preferencia unos a otros;  (11)  no seáis perezosos en lo que requiere diligencia; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor,  (12)  gozándoos en la esperanza, perseverando en el sufrimiento, dedicados a la oración,  (13)  contribuyendo para las necesidades de los santos, practicando la hospitalidad.  (14)  Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis.  (15)  Gozaos con los que se gozan y llorad con los que lloran.  (16)  Tened el mismo sentir unos con otros; no seáis altivos en vuestro pensar, sino condescendiendo con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión.  (17)  Nunca paguéis a nadie mal por mal. Respetad lo bueno delante de todos los hombres.  (18)  Si es posible, en cuanto de vosotros dependa, estad en paz con todos los hombres.

[Nota: Les recomiendo leer todo el capítulo de Primera de Corintios 12, donde Pablo expande sobre este tema.]

La Biblia dice que nuestro amor a Dios se refleja en nuestro amor al prójimo…
(Juan 13:35)  En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros.

A los Hijos de Dios se les reconoce por dos cualidades:
* porque hacen las cosas como Dios manda (justicia);
* porque aman y respetan a los demás.
Así lo explica Juan en su epístola:
(1 Juan 3:10-18)  En esto se reconocen los hijos de Dios y los hijos del diablo: todo aquel que no practica la justicia, no es de Dios; tampoco aquel que no ama a su hermano.  (11)  Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: que nos amemos unos a otros;  (12)  no como Caín que era del maligno, y mató a su hermano. ¿Y por qué causa lo mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas.  (13)  Hermanos, no os maravilléis si el mundo os odia.  (14)  Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en muerte.  (15)  Todo el que aborrece a su hermano es homicida, y vosotros sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él.  (16)  En esto conocemos el amor: en que El puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.  (17)  Pero el que tiene bienes de este mundo, y ve a su hermano en necesidad y cierra su corazón contra él, ¿cómo puede morar el amor de Dios en él?  (18)  Hijos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.

(1 Juan 4:20-21)  Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; porque el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios a quien no ha visto.  (21)  Y este mandamiento tenemos de El: que el que ama a Dios, ame también a su hermano.

La unidad entre los creyentes requiere de esfuerzo (Efe. 4:3-6), pero bien vale la pena.  El amor a Dios y amor al prójimo atrajo a muchos a creer en Jesús…y también fueron atraídos por los milagros que presenciaron…

ATRAÍDOS POR LOS MILAGROS
Entre los judíos había cierto recelo en contra de los seguidores de Cristo, ya que las autoridades religiosas no los aceptaban. 
(Hechos 5:13)  Pero ninguno de los demás se atrevía a juntarse con ellos; sin embargo, el pueblo los tenía en gran estima. 

Muchos no se atrevían a seguir a los apóstoles por miedo a los líderes, pero luego muchos se convencieron al ver los milagros y señales. 
(Hechos 5:14-16)  Y más y más creyentes en el Señor, multitud de hombres y de mujeres, se añadían constantemente al número de ellos,  (15)  a tal punto que aun sacaban los enfermos a las calles y los tendían en lechos y camillas, para que al pasar Pedro, siquiera su sombra cayera sobre alguno de ellos.  (16)  También la gente de las ciudades en los alrededores de Jerusalén acudía trayendo enfermos y atormentados por espíritus inmundos, y todos eran sanados. 

Mucha gente creyó en Jesús por los milagros que vieron hacer en Su Nombre.  En su Evangelio, Juan explica que los milagros sirven para que la gente abra los ojos y reconozcan que Jesús es Dios.
(Juan 20:30-31)  Y muchas otras señales hizo también Jesús en presencia de sus discípulos, que no están escritas en este libro;  (31)  pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que al creer, tengáis vida en su nombre.

A pesar de los milagros, los religiosos se voltearon en contra de Jesús y lo persiguieron, porque sus hechos amenazaban la autoridad de ellos.  Lo mismo sucedió con los apóstoles…

DE NUEVO, PERSECUCIÓN
No todo fue gloria para los apóstoles, ya que a la par de los milagros sufrieron persecución.  Ellos estaban amenazando el status quo, y los líderes religiosos no se quedaron con los brazos cruzados…
(Hechos 5:17-18)  Pero levantándose el sumo sacerdote, y todos los que estaban con él (es decir, la secta de los saduceos), se llenaron de celo,  (18)  y echaron mano a los apóstoles y los pusieron en una cárcel pública. 

Aunque los saduceos estaban en puestos de autoridad en ese tiempo y tenían en sus manos el poder para apresar y aun matar a sus enemigos, la realidad es que hay alguien que está sobre ellos: Dios.  El Sumo Sacerdote encarceló a Pedro, pero el Señor lo liberó porque él tenía un propósito que cumplir…
(Hechos 5:19-20)  Pero un ángel del Señor, durante la noche, abrió las puertas de la cárcel, y sacándolos, dijo: (20)  Id, y puestos de pie en el templo, hablad al pueblo todo el mensaje de esta Vida. 

Dios no los liberó de la cárcel simplemente para ser libres, pues de haber sido así hubieran huido y se hubieran escondido.  Pero el Señor les instruyó ir al lugar más público: a la entrada del Templo, para hablar la verdad.   En ese lugar volvían a estar en riesgo de ser nuevamente apresados…
(Hechos 5:21)  Habiendo oído esto, entraron al amanecer en el templo y enseñaban. Cuando llegaron el sumo sacerdote y los que estaban con él, convocaron al concilio, es decir, a todo el senado de los hijos de Israel, y enviaron órdenes a la cárcel para que los trajeran. 

Lo interesante es que nadie en la cárcel se había dado cuenta que los apóstoles ya no estaban allí…hasta que los fueron a buscar para llevarlos al juicio…
(Hechos 5:22)  Pero los alguaciles que fueron no los encontraron en la cárcel; volvieron, pues, e informaron,  (23)  diciendo: Encontramos la cárcel cerrada con toda seguridad y los guardias de pie a las puertas; pero cuando abrimos, a nadie hallamos dentro.  (24) Cuando oyeron estas palabras, el capitán de la guardia del templo y los principales sacerdotes se quedaron muy perplejos a causa de ellos, pensando en qué terminaría aquello. 

Como mencionamos anteriormente, Pedro no aprovechó su libertad para huir, sino que fue a cumplir el propósito que Dios le encomendó: “hablar el mensaje en el Templo” (5:20).  Ellos no estaban escondidos, sino delante del pueblo…
(Hechos 5:25-26)  Pero alguien se presentó y les informó: Mirad, los hombres que pusisteis en la cárcel están en el templo enseñando al pueblo.  (26)  Entonces el capitán fue con los alguaciles y los trajo sin violencia (porque temían al pueblo, no fuera que los apedrearan). 

Para entonces, el pueblo ya estaba del lado de Pedro y los apóstoles, por el testimonio que daban, en palabra y hechos.

Pero, en cuanto a los líderes religiosos, ellos querían hacerlos callar y deshacerse de ellos.  Por eso los volvieron a agarrar para llevarlos a un juicio religioso…
(Hechos 5:27-28)  Cuando los trajeron, los pusieron ante el concilio, y el sumo sacerdote los interrogó,  (28)  diciendo: Os dimos órdenes estrictas de no continuar enseñando en este nombre, y he aquí, habéis llenado a Jerusalén con vuestras enseñanzas, y queréis traer sobre nosotros la sangre de este hombre. 

Los religiosos querían que los apóstoles dejaran de hablar de Jesús, pero Pedro les dijo que no podían dejar de hablar lo que creían…
(Hechos 5:29-32)  Mas respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Debemos obedecer a Dios antes que a los hombres.  (30)  El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros habíais matado colgándole en una cruz.  (31)  A éste Dios exaltó a su diestra como Príncipe y Salvador, para dar arrepentimiento a Israel, y perdón de pecados.  (32)  Y nosotros somos testigos de estas cosas; y también el Espíritu Santo, el cual Dios ha dado a los que le obedecen. 

Recordemos que la mayoría de los líderes religiosos eran saduceos, y no creían en la resurrección.  Pero Pedro les estaba diciendo que Jesús había resucitado, y no sólo eso, sino que Él era el Mesías. 
(Hechos 5:33)  Cuando ellos oyeron esto, se sintieron profundamente ofendidos y querían matarlos. 

Ya que las amenazas para hacerlos callar no estaban funcionando, comenzaron a contemplar la idea de matarlos, tal como habían hecho con Jesús.  Pero un hombre sabio entre ellos les aconsejó que tuvieran cuidado con lo que iban a hacer…


 CONSEJO DE GAMALIEL
Antes que pudieran matar a Pedro y a Juan, un hombre de concilio intervino…
(Hechos 5:34-39)  Pero cierto fariseo llamado Gamaliel, maestro de la ley, respetado por todo el pueblo, se levantó en el concilio y ordenó que sacaran fuera a los hombres por un momento.  (35)  Y les dijo: Varones de Israel, tened cuidado de lo que vais a hacer con estos hombres.  (36)  Porque hace algún tiempo Teudas se levantó pretendiendo ser alguien; y un grupo como de cuatrocientos hombres se unió a él. Y fue muerto, y todos los que lo seguían fueron dispersos y reducidos a nada.  (37)  Después de él, se levantó Judas de Galilea en los días del censo, y llevó mucha gente tras sí; él también pereció, y todos los que lo seguían se dispersaron.  (38)  Por tanto, en este caso os digo: no tengáis nada que ver con estos hombres y dejadlos en paz, porque si este plan o acción es de los hombres, perecerá;  (39)  pero si es de Dios, no podréis destruirlos; no sea que os halléis luchando contra Dios. 

Los líderes religiosos supuestamente estaban defendiendo su fe.  Pero Gamaliel los hizo recapacitar, y los llevó a considerar que tal vez no estaban peleando contra esos hombres sino contra Dios.  Para Gamaliel y para todos los líderes religiosos no les hacía sentido lo que los seguidores de Jesús predicaban; pero Gamaliel tuvo la sabiduría de considerar que ese nuevo movimiento podía ser de Dios.  Si era de Dios, iba a permanecer; pero si no lo era, se apagaría por sí solo. 

Este pensamiento sabio de Gamaliel no sólo aplicaba a ese momento, ya que también podemos aplicarlo para el día de hoy.  A lo largo de la historia de la Iglesia, el Espíritu se ha manifestado en nuevos movimientos que amenazan el status quo de la iglesia.  Los que han sido de Dios, dan fruto y permaneces; los que no son de Dios, simplemente desaparecen.  Nuestra actitud debe ser no de “crítica a lo nuevo”, sino de atención y expectativa para ver si el movimiento es de Dios o no.

¿Quién era Gamaliel?
Lucas señala que era un maestro de la Ley…pero no era un simple maestro, sino un maestro de maestros.  Le llamaban “Raban”, gran maestro.  Gamaliel era uno de los principales discípulos de Hilel, líder de una de las dos principales escuelas religiosas judías (la otra escuela era de Shamai).   Pablo fue discípulo de Gamaliel (Hechos 22:3).

Según la Mishna (escrito judío), cuando Gamaliel murió, con él se fue lo último de la reverencia por la Ley y la pureza. 

Aunque Gamaliel era fariseo, él era muy respetado por todos, incluyendo los saduceos.  Por ello, cuando dio su consejo, el Concilio atendió sus palabras y no mataron a los apóstoles.  Sin embargo, sí los castigaron y volvieron a amenazarlos.
(Hechos 5:40)  Ellos aceptaron su consejo, y después de llamar a los apóstoles, los azotaron y les ordenaron que no hablaran en el nombre de Jesús y los soltaron. 

Pero ni el castigo ni las amenazas lograron intimidar a los apóstoles, porque ellos siguieron haciendo lo que Dios les había encomendado…
(Hechos 5:41-42)  Ellos, pues, salieron de la presencia del concilio, regocijándose de que hubieran sido tenidos por dignos de padecer afrenta por su Nombre.  (42)  Y todos los días, en el templo y de casa en casa, no cesaban de enseñar y predicar a Jesús como el Cristo.

Jesús les había dicho a los apóstoles que iban a ser perseguidos por su fe, así que no fue una sorpresa sino que lo esperaban, y genuinamente se regocijaron como dijo el Señor…
(Mateo 5:10-12)  Bienaventurados aquellos que han sido perseguidos por causa de la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos.  (11)  Bienaventurados seréis cuando os insulten y persigan, y digan todo género de mal contra vosotros falsamente, por causa de mí.  (12)  Regocijaos y alegraos, porque vuestra recompensa en los cielos es grande, porque así persiguieron a los profetas que fueron antes que vosotros.



miércoles, 5 de marzo de 2014

HECHOS 5:1-11. Comunidad de Creyentes




Al final del capítulo cuatro de Hechos, Lucas vuelve a sacar a luz el hecho de que todos estaban unidos…
(Hechos 4:32)  La congregación de los que creyeron era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo lo que poseía, sino que todas las cosas eran de propiedad común. 

El amor a Dios hizo crecer el amor al prójimo.  Este amor se vio reflejado en la unidad entre los hermanos, el compañerismo y la ayuda mutua.  Puestos los ojos en el Cielo, dejaron de enfocarse en las cosas de este mundo.  Se desapegaron de los bienes materiales y compartían lo que tenían…
(Hechos 4:34-35)  No había, pues, ningún necesitado entre ellos, porque todos los que poseían tierras o casas las vendían, traían el precio de lo vendido,  (35)  y lo depositaban a los pies de los apóstoles, y se distribuía a cada uno según su necesidad. 

Esto es lo contrario de lo que enseña el mundo, que es la avaricia y la acumulación de bienes.  La Biblia enseña que quien no trabaja no come, pero también nos enseña a compartir con aquellos que pasan por momentos de necesidad. Si se cumplieran estos dos principios, no habría necesidad en la sociedad.
(Deuteronomio 15:4-8)  Y no habrá menesteroso entre vosotros, ya que el SEÑOR de cierto te bendecirá en la tierra que el SEÑOR tu Dios te da por heredad para poseerla,  (5)  si sólo escuchas fielmente la voz del SEÑOR tu Dios, para guardar cuidadosamente todo este mandamiento que te ordeno hoy.  (6)  Pues el SEÑOR tu Dios te bendecirá como te ha prometido, y tú prestarás a muchas naciones, pero tú no tomarás prestado; y tendrás dominio sobre muchas naciones, pero ellas no tendrán dominio sobre ti. 

Dios quiere bendecirnos, pero esa abundancia no es para “acumularla”, sino para disfrutarla y compartirla, pues así se multiplica. (Por ejemplo: en lugar de amasar grandes cantidades de dinero en el banco “para tener seguridad financiera”, podemos usarlo para invertir, lo cual promueve más prosperidad en la sociedad). 

Luego de hablar del deseo de Dios para prosperarnos, la Biblia nos llama a que ayudemos a quien esté pasando por necesidad…
(Deuteronomio 15:7-8)  Si hay un menesteroso contigo, uno de tus hermanos, en cualquiera de tus ciudades en la tierra que el SEÑOR tu Dios te da, no endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano a tu hermano pobre,  (8)  sino que le abrirás libremente tu mano, y con generosidad le prestarás lo que le haga falta para cubrir sus necesidades.

Aun la gente que es trabajadora a veces pasa por momentos de necesidad.  La Biblia enseña que en esos momentos, los hermanos deben salir en apoyo de los necesitados, para ayudarles a salir adelante.
(1 Timoteo 6:17-19)  A los ricos en este mundo, enséñales que no sean altaneros ni pongan su esperanza en la incertidumbre de las riquezas, sino en Dios, el cual nos da abundantemente todas las cosas para que las disfrutemos.  (18)  Enséñales que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, generosos y prontos a compartir,  (19)  acumulando para sí el tesoro de un buen fundamento para el futuro, para que puedan echar mano de lo que en verdad es vida.
(Santiago 2:15-16)  Si un hermano o una hermana no tienen ropa y carecen del sustento diario,  (16)  y uno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais lo necesario para su cuerpo, ¿de qué sirve?
(1 Juan 3:17-18)  Pero el que tiene bienes de este mundo, y ve a su hermano en necesidad y cierra su corazón contra él, ¿cómo puede morar el amor de Dios en él?  (18)  Hijos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.

Contrario a lo que algunos creen, la Biblia no está en contra de las riquezas.  Una y otra vez el Señor dice a Su pueblo que quiere bendecirlos, pero no sólo materialmente sino sobre todo en lo espiritual.
(3 Juan 1:2)  Amado, ruego que seas prosperado en todo así como prospera tu alma, y que tengas buena salud.


ALGUNOS SE APROVECHARON
En tiempo de los apóstoles, algunas personas se aprovecharon de la generosidad de los creyentes, y se volvieron “vividores” (gente que vive de los demás, como parásitos).  Pablo tuvo que tratar este tema en una de sus cartas:
(2 Tesalonicenses 3:6-16)  Ahora bien, hermanos, os mandamos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y no según la doctrina que recibisteis de nosotros.  (7)  Pues vosotros mismos sabéis cómo debéis seguir nuestro ejemplo, porque no obramos de manera indisciplinada entre vosotros,  (8)  ni comimos de balde el pan de nadie, sino que con trabajo y fatiga trabajamos día y noche a fin de no ser carga a ninguno de vosotros;  (9)  no porque no tengamos derecho a ello , sino para ofrecernos como modelo a vosotros a fin de que sigáis nuestro ejemplo.  (10)  Porque aun cuando estábamos con vosotros os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma.  (11)  Porque oímos que algunos entre vosotros andan desordenadamente, sin trabajar, pero andan metiéndose en todo.  (12)  A tales personas les ordenamos y exhortamos en el Señor Jesucristo, que trabajando tranquilamente, coman su propio pan.  (13)  Pero vosotros, hermanos, no os canséis de hacer el bien.  (14)  Y si alguno no obedece nuestra enseñanza en esta carta, señalad al tal y no os asociéis con él, para que se avergüence.  (15)  Sin embargo, no lo tengáis por enemigo, sino amonestadle como a un hermano.  (16)  Y que el mismo Señor de paz siempre os conceda paz en todas las circunstancias. El Señor sea con todos vosotros.


VIDA EN COMÚN
Luego del avivamiento de Pentecostés, muchos creyeron en Jesús.  Entre ellos, nació el deseo de dejarlo todo para seguir a los apóstoles.  Este deseo los llevó a vender lo que tenían y unirse a los apóstoles.
(Hechos 2:41-47)  Entonces los que habían recibido su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil almas.  (42)  Y se dedicaban continuamente a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión, al partimiento del pan y a la oración.  (43)  Sobrevino temor a toda persona; y muchos prodigios y señales eran hechas por los apóstoles.  (44)  Todos los que habían creído estaban juntos y tenían todas las cosas en común;  (45)  vendían todas sus propiedades y sus bienes y los compartían con todos, según la necesidad de cada uno.  (46)  Día tras día continuaban unánimes en el templo y partiendo el pan en los hogares, comían juntos con alegría y sencillez de corazón,  (47)  alabando a Dios y hallando favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día al número de ellos los que iban siendo salvos.

Así como los discípulos de Jesús lo dejaron todo para seguirle, así muchos creyentes estaban dispuestos a dejarlo todo para seguir a los apóstoles.  Ellos vendían lo que tenían, y se lo daban a los apóstoles, quienes administraban lo que recibían para cubrir las necesidades de la comunidad de creyentes que se formó. 
(Hechos 4:32)  La congregación de los que creyeron era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo lo que poseía, sino que todas las cosas eran de propiedad común. 



Lucas menciona en particular a un hombre que se despojó de sus bienes…
(Hechos 4:36)  Y José, un levita natural de Chipre, a quien también los apóstoles llamaban Bernabé (que traducido significa hijo de consolación),  (37)  poseía un campo y lo vendió, y trajo el dinero y lo depositó a los pies de los apóstoles.

Más adelante, en Hechos, veremos que Bernabé lo vendió todo para dedicarse a servir a Dios, y lo veremos ministrando junto a Pablo. 
[Nota: Es curioso que él, siendo levita, poseyera un campo, ya que los levitas en Israel no tenían propiedad de tierras (Num. 35:1-7; Num. 19:20-24; ).  Tal vez el campo que tenía como propiedad era en Chipre, donde él había nacido, lo cual también era algo inusual.  ¿Qué hacía un levita en Chipre, una nación gentil y comerciante?]. 

FALSA GENEROSIDAD
Muchos siguieron el ejemplo de Bernabé, vendiendo sus propiedades y llevando el dinero a los apóstoles, incluyendo a una pareja:
(Hechos 5:1-2)  Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una propiedad,  (2)  y se quedó con parte del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo la otra parte, la puso a los pies de los apóstoles. 

Ananías y Safira también vendieron una propiedad para contribuir a la comunidad…pero no lo dieron todo. 

En realidad, nadie obligaba a los creyentes a vender las pertenencias y darlo todo.  Es algo que se dio naturalmente.  Lo malo de Ananías y Safira fue la farsa, pues fingieron darlo todo, cuando en realidad sólo entregaron parte.  Si no lo querían dar todo, sólo tenían que decirlo.  Pero ellos querían llevarse la fama de generosos cuando no lo eran.  Tal vez pudieron haber engañado a los hombres—pero no a Dios.  El Señor le reveló a Pedro lo que estaba sucediendo, y él lo confrontó…
(Hechos 5:3-4)  Mas Pedro dijo: Ananías, ¿por qué ha llenado Satanás tu corazón para mentir al Espíritu Santo, y quedarte con parte del precio del terreno?  (4)  Mientras estaba sin venderse, ¿no te pertenecía? Y después de vendida, ¿no estaba bajo tu poder? ¿Por qué concebiste este asunto en tu corazón? No has mentido a los hombres sino a Dios. 

Pedro confrontó a Ananías, pero fue Dios mismo quien trajo juicio…
(Hechos 5:5-6)  Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró; y vino un gran temor sobre todos los que lo supieron.  (6)  Y los jóvenes se levantaron y lo cubrieron, y sacándolo, le dieron sepultura. 

Luego se hizo evidente que la mujer de Ananías también era parte de complot…
(Hechos 5:7-10)  Después de un lapso como de tres horas entró su mujer, no sabiendo lo que había sucedido.  (8)  Y Pedro le preguntó: Dime, ¿vendisteis el terreno en tanto? Y ella dijo: Sí, ése fue el precio.  (9)  Entonces Pedro le dijo: ¿Por qué os pusisteis de acuerdo para poner a prueba al Espíritu del Señor? Mira, los pies de los que sepultaron a tu marido están a la puerta, y te sacarán también a ti.  (10)  Al instante ella cayó a los pies de él, y expiró. Al entrar los jóvenes, la hallaron muerta, y la sacaron y le dieron sepultura junto a su marido. 

¿Por qué Dios hizo esto?  Seguramente fue para que la gente supiera que nadie puede burlarse de Él. 
(Hechos 5:11)  Y vino un gran temor sobre toda la iglesia, y sobre todos los que supieron estas cosas. 

En la próxima entrada terminaremos de estudiar el capítulo cinco…


jueves, 27 de febrero de 2014

HECHOS 4: Persecución



Cuando el mundo nos persigue por nuestra fe, tal vez no nos extraña ya que hay un choque de pensamientos; pero cuando esa persecución viene de otros creyentes o de líderes religiosos, eso podría sorprendernos.  Eso fue lo que le pasó a Pedro…
(Hechos 4:1-3)  Mientras ellos hablaban al pueblo, se les echaron encima los sacerdotes, el capitán de la guardia del templo, y los saduceos,  (2)  indignados porque enseñaban al pueblo, y anunciaban en Jesús la resurrección de entre los muertos.  (3)  Les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente, pues ya era tarde. 

Tal vez a Pedro no le sorprendió tanto esa persecución religiosa ya que Jesús también había sido víctima de ella.  Los principales enemigos de Jesús no eran los gobernantes romanos sino los líderes religiosos.  ¿Por qué?  Por la simple razón de hablar la verdad.  La verdad de Dios sacó a luz la falacia de las doctrinas religiosas, e hizo tambalear las estructuras de sus instituciones humanas.

Jesús nos advirtió que vamos a ser perseguidos por creer en Él y por vivir como Él manda.
(Juan 15:18-21)  Si el mundo os odia, sabéis que me ha odiado a mí antes que a vosotros.  (19)  Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero como no sois del mundo, sino que yo os escogí de entre el mundo, por eso el mundo os odia.  (20)  Acordaos de la palabra que yo os dije: "Un siervo no es mayor que su señor." Si me persiguieron a mí, también os perseguirán a vosotros; si guardaron mi palabra, también guardarán la vuestra.  (21)  Pero todo esto os harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió.

Pablo fue también perseguido, y escribió:
(2 Timoteo 3:12)  Y en verdad, todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús, serán perseguidos.

Jesús fue más allá y dijo que somos dichosos si nos persiguen por Él…
(Mateo 5:10-12)  Bienaventurados aquellos que han sido perseguidos por causa de la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos.  (11)  Bienaventurados seréis cuando os insulten y persigan, y digan todo género de mal contra vosotros falsamente, por causa de mí.  (12)  Regocijaos y alegraos, porque vuestra recompensa en los cielos es grande, porque así persiguieron a los profetas que fueron antes que vosotros.

[Para más información sobre el tema de la persecución, pueden leer estos dos estudios: Perseguidos por causa de la justicia; Por causa de Su Nombre ]


EL TEMA DE LA RESURRECCIÓN
De todo el discurso de Pedro, lo que más ofendió a los religiosos fue el tema de la resurrección.  Algunos judíos sí creían en la resurrección, pero los saduceos no—por eso ellos son mencionados acá como los principales interesados en callar a Pedro. 

Al final de Hechos, veremos que este tema controversial volverá a salir a luz con Pablo.  Allí, Lucas explica la raíz del conflicto: 
(Hechos 23:6-8)  Entonces Pablo, dándose cuenta de que una parte eran saduceos y otra fariseos, alzó la voz en el concilio: Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseos; se me juzga a causa de la esperanza de la resurrección de los muertos.  (7)  Cuando dijo esto, se produjo un altercado entre los fariseos y los saduceos, y la asamblea se dividió.  (8)  Porque los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu, mas los fariseos creen todo esto.

El tema de la resurrección es controversial…¡aún a la fecha!  Hoy en día hay “saduceos modernos” que no creen en la resurrección de Jesús, incluyendo muchos teólogos y líderes religiosos.  Pero no creer en ello es igual a no creer en el Evangelio completo.  Pablo lo dijo de la siguiente manera: “vana es vuestra fe”…
(1 Corintios 15:12-14)  Ahora bien, si se predica que Cristo ha resucitado de entre los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos?  (13)  Y si no hay resurrección de muertos, entonces ni siquiera Cristo ha resucitado;  (14)  y si Cristo no ha resucitado, vana es entonces nuestra predicación, y vana también vuestra fe.

Pablo sigue explicando por qué dice esto…
(1 Corintios 15:12-19)   Pues si los muertos no resucitan, entonces ni siquiera Cristo ha resucitado;  (17)  y si Cristo no ha resucitado, vuestra fe es falsa; todavía estáis en vuestros pecados.  (18)  Entonces también los que han dormido en Cristo han perecido.  (19)  Si hemos esperado en Cristo para esta vida solamente, somos, de todos los hombres, los más dignos de lástima.

Pablo explica la importancia de creer en la resurrección:
(1 Corintios 15:20-26)  Mas ahora Cristo ha resucitado de entre los muertos, primicias de los que durmieron.  (21)  Porque ya que la muerte entró por un hombre, también por un hombre vino la resurrección de los muertos.  (22)  Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.  (23)  Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo en su venida;  (24)  entonces vendrá el fin, cuando El entregue el reino al Dios y Padre, después que haya abolido todo dominio y toda autoridad y poder.  (25)  Pues Cristo debe reinar hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies.  (26)  Y el último enemigo que será abolido es la muerte.

Creer en la resurrección es crucial en la fe cristiana.  Es creer que hay una vida eterna, después de la vida en este mundo. 

En el contexto de la resurrección de Lázaro, Jesús dijo lo siguiente:
(Juan 11:25-26)  Jesús le dijo: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá,  (26)  y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?




PEDRO ANTE EL CONCILIO
En el tiempo de Hechos, los principales líderes religiosos del momento eran saduceos.  Como vimos, ellos no creían en la resurrección, por lo tanto se sintieron especialmente ofendidos por el discurso de Pedro.  Para hacerlos callar, los tomaron presos, con el fin de llevarlos ante el Concilio:
(Hechos 4:5-7)  Y sucedió que al día siguiente se reunieron en Jerusalén sus gobernantes, ancianos y escribas;  (6)  estaban allí el sumo sacerdote Anás, Caifás, Juan y Alejandro, y todos los que eran del linaje de los sumos sacerdotes.  (7)  Y habiéndolos puesto en medio de ellos, les interrogaban: ¿Con qué poder, o en qué nombre, habéis hecho esto? 

Los líderes estaban preguntando con qué autoridad habían sanado al cojo.  Es curioso que en lugar de alegrarse por el milagro, ellos se hubieran “ofendido”.  Esa reacción se debía a ellos claramente señalaron que la sanidad fue en nombre de Jesús, quien murió y resucitó—y esto último iba en contra de sus creencias.

Humanamente, tal vez Pedro se hubiera intimidado ante el cuestionamiento de los líderes religiosos…pero ahora estaba lleno del Espíritu de Dios, y pudo hablar con denuedo.  Ante la pregunta que le hicieron, Pedro respondió y confirmó que el cojo había sido sanado en nombre de Jesús:
(Hechos 4:8-10)  Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: Gobernantes y ancianos del pueblo,  (9)  si se nos está interrogando hoy por causa del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera éste ha sido sanado,  (10)  sabed todos vosotros, y todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos, por El, este hombre se halla aquí sano delante de vosotros.

CITA DE ISAÍAS Y LOS SALMOS
En su respuesta al Concilio, Pedro citó Isaías y los Salmos:
(Hechos 4:11-12)  Este Jesús es la Piedra desechada por vosotros los constructores, pero que ha venido a ser la piedra angular.  (12)  Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos. 

David profetizó acerca de la Roca (que es Cristo, 1 Cor. 10:4), que trae salvación, pero que muchos rechazarán.
(Salmos 118:21-26)  Te daré gracias porque me has respondido, y has sido mi salvación.  (22)  La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser la piedra principal del ángulo.  (23)  Obra del SEÑOR es esto; admirable a nuestros ojos.  (24)  Este es el día que el SEÑOR ha hecho; regocijémonos y alegrémonos en él.  (25)  Te rogamos, oh SEÑOR: sálvanos  ahora; te rogamos, oh SEÑOR: prospéranos  ahora.  (26)  Bendito el que viene en el nombre del SEÑOR; desde la casa del SEÑOR os bendecimos.

Aún más fuerte es la cita de Isaías, la cual hace referencia a los líderes en Jerusalén que se defienden con mentiras…
(Isaías 28:14-18)  Por tanto, oíd la palabra del SEÑOR, oh escarnecedores, gobernantes de este pueblo que está en Jerusalén.  (15)  Porque habéis dicho: Hemos hecho un pacto con la muerte, hemos hecho un convenio con el Seol; cuando pase el azote abrumador, no nos alcanzará, porque hemos hecho de la mentira nuestro refugio y en el engaño nos hemos escondido.  (16)  Por tanto, así dice el Señor DIOS: He aquí, pongo por fundamento en Sion una piedra, una piedra probada, angular, preciosa, fundamental, bien colocada. El que crea en ella no será perturbado.  (17)  Pondré el juicio por medida, y la justicia por nivel; el granizo barrerá el refugio de la mentira, y las aguas cubrirán el escondite.  (18)  Y será abolido vuestro pacto con la muerte, vuestro convenio con el Seol no quedará en pie; cuando pase el azote abrumador, seréis su holladero.

Los líderes religiosos de ese tiempo usaron la mentira y el engaño para defender su posición.  Por estar afanados defendiendo sus intereses, no abrieron los ojos para ver la verdad que estaba delante de sus ojos: el Mesías había llegado trayendo salvación.  ¡Pero ellos lo rechazaron!  En cuanto a lo que querían, aun eso lo perdieron…y más, porque treinta años después (en el año 70 d.C.), Jerusalén y el Templo fueron destruidos—y junto con ellos su posición. 

A lo largo del Nuevo Testamento, podemos ver que los apóstoles citaban mucho las Escrituras.  Ellos no hablaban con argumentos propios sino con la autoridad de la Palabra de Dios. 
(Hechos 4:13-14)  Al ver la confianza de Pedro y de Juan, y dándose cuenta de que eran hombres sin letras y sin preparación, se maravillaban, y reconocían que ellos habían estado con Jesús.  (14)  Y viendo junto a ellos de pie al hombre que había sido sanado, no tenían nada que decir en contra. 

AMENAZA E INTIMIDACIÓN
Los acusadores de Pedro y Juan se quedaron sin argumento, pues no podían ir en contra de la Palabra de Dios ni hacer caso omiso de los hechos. 
(Hechos 4:15-16)  Pero habiéndoles ordenado salir fuera del concilio, deliberaban entre sí,  (16)  diciendo: ¿Qué haremos con estos hombres? Porque el hecho de que un milagro notable ha sido realizado por medio de ellos es evidente a todos los que viven en Jerusalén, y no podemos negarlo. 

Como no pudieron callarlos por las buenas, trataron de hacerlo con amenazas…
(Hechos 4:17)  Mas a fin de que no se divulgue más entre el pueblo, amenacémoslos para que no hablen más a hombre alguno en este nombre. 

Esta no era la primera vez que los principales religiosos querían encubrir la realidad de la resurrección de Jesús.  Primero, ellos se aseguraron de poner guardias para evitar que los discípulos se robaran el cuerpo y luego dijeran que había resucitado  (Mat 27:59-66).  Esto lo hicieron porque no creían en la resurrección.  Pero cuando efectivamente resucitó, y los guardias les informaron de lo que había sucedido, ellos compraron su silencio; pero no sólo eso, sino que les pagaron para que ellos mintieran diciendo que los discípulos habían robado el cuerpo de Jesús (Mat 28:1-15).  Todo esto lo hicieron para defender su doctrina, en lugar de aceptar la verdad. 

Los líderes religiosos querían seguir encubriendo la verdad haciendo callar a Pedro y Juan…pero ellos no se prestaron a su manipulación. 
(Hechos 4:18-20)  Cuando los llamaron, les ordenaron no hablar ni enseñar en el nombre de Jesús.  (19)  Mas respondiendo Pedro y Juan, les dijeron: Vosotros mismos juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios;  (20)  porque nosotros no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído. 

La Biblia nos llama a respetar y obedecer a las autoridades (Rom. 13:1-7); pero cuando lo que dice la autoridad va en contra de Dios, entonces debemos obedecer a Dios antes que a nadie más. 

Así como Pedro, también nosotros debemos tener el valor de dar testimonio de lo que Dios ha hecho en nuestras vidas, y no quedarnos callados por temor de los hombres.

MUCHOS CREYERON
A pesar de las mentiras que los líderes religiosos propagaron, muchos creyeron en el testimonio de los discípulos de Jesús…
(Hechos 4:21-22)  Y ellos, después de amenazarlos otra vez, los dejaron ir (no hallando la manera de castigarlos) por causa del pueblo, porque todos glorificaban a Dios por lo que había acontecido;  (22)  porque el hombre en quien se había realizado este milagro de sanidad tenía más de cuarenta años. 

Al principio del capítulo vemos que el número de los creyentes fue creciendo…
(Hechos 4:4)  Pero muchos de los que habían oído el mensaje creyeron, llegando el número de los hombres como a cinco mil. 


EN LIBERTAD
A los líderes religiosos no les quedó otra que dejar ir a Pedro y a Juan, porque no tenían derecho legal para retenerlos.
(Hechos 4:23)  Cuando quedaron en libertad, fueron a los suyos y les contaron todo lo que los principales sacerdotes y los ancianos les habían dicho. 

Pedro y Juan reconocieron que estaban libres gracias a Dios…
(Hechos 4:24)  Al oír ellos esto, unánimes alzaron la voz a Dios y dijeron: Oh, Señor, tú eres el que hiciste el Cielo y la Tierra, el mar y todo lo que en ellos hay, 

Ellos reconocieron que Dios estaba en control de todo.  De nuevo, citaron la Biblia:
(Nehemías 9:6)  Sólo tú eres el SEÑOR. Tú hiciste los cielos, los cielos de los cielos con todo su ejército, la tierra y todo lo que en ella hay, los mares y todo lo que en ellos hay. Tú das vida a todos ellos y el ejército de los cielos se postra ante ti.

Para ellos era importante saber que Dios estaba en control, no sólo de lo que había pasado sino de lo que iba a suceder después, pues sabían que la amenaza y los conflictos continuarían. 

Esto es algo que todo creyente debe saber: Podemos estar seguros que Dios está en control, pero eso no quiere decir que no vamos a tener que enfrentar problemas.  Vamos a tener oposición, pero al final el Señor triunfará.  Por eso Pedro citó el Salmo 2 a continuación…
(Hechos 4:25-26)  el que por el Espíritu Santo, por boca de nuestro padre David, tu siervo, dijiste: ¿Por qué se enfurecieron los gentiles, y los pueblos tramaron cosas vanas?  (26)  Se presentaron los reyes de la tierra, y los gobernantes se juntaron a una contra el Señor y contra su Cristo. 

Así como Jesús fue perseguido, ellos sabían que también tendrían que enfrentar oposición.  Pero Dios hará que se cumpla Su propósito al final…
(Hechos 4:27-28)  Porque en verdad, en esta ciudad se unieron tanto Herodes como Poncio Pilato, juntamente con los gentiles y los pueblos de Israel, contra tu santo siervo Jesús, a quien tú ungiste,  (28)  para hacer cuanto tu mano y tu propósito habían predestinado que sucediera. 

Así como el Padre estuvo con Jesús, ahora pedían que estuviera con ellos…
(Hechos 4:29-30)  Y ahora, Señor, considera sus amenazas, y permite que tus siervos hablen tu palabra con toda confianza,  (30)  mientras extiendes tu mano para que se hagan curaciones, señales y prodigios mediante el nombre de tu santo siervo Jesús. 

Ellos sabían que lo que iban a hacer en el futuro no dependía de ellos sino de Dios. 

LLENOS DEL ESPÍRITU
De nuevo, el Espíritu Santo se manifestó en medio de los apóstoles…
(Hechos 4:31)  Después que oraron, el lugar donde estaban reunidos tembló, y todos fueron llenos del Espíritu Santo y hablaban la palabra de Dios con valor. 

Ellos reconocieron que el valor y el poder de convicción no venían de ellos sino que provenía del Espíritu de Dios…
(Hechos 4:33)  Con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia había sobre todos ellos. 

Los últimos versículos de este capítulo los analizaremos junto con el capítulo siguiente (cap. 5), debido a la conexión temática…