sábado, 22 de noviembre de 2014

HECHOS 28: Pablo en Roma


En el camino a Roma, Pablo sufrió un naufragio, pero Dios lo salvó a él y a todos los que iban en la embarcación. Pero no sólo los salvó de morir en el mar, sino puso en su camino a gente que les ayudaron a recuperarse (a quienes después les llegó la oportunidad de salvación espiritual)…
(Hechos 28:1-2) Estando ya a salvo, supimos que la isla se llamaba Malta. (2) Y los naturales nos trataron con no poca humanidad; porque encendiendo un fuego, nos recibieron a todos, a causa de la lluvia que caía, y del frío.

Seguramente Pablo estaba pensando que ya lo peor había pasado, pero ocurrió algo más…  
(Hechos 28:3-4) Entonces, habiendo recogido Pablo algunas ramas secas, las echó al fuego; y una víbora, huyendo del calor, se le prendió en la mano. (4) Cuando los naturales vieron la víbora colgando de su mano, se decían unos a otros: Ciertamente este hombre es homicida, a quien, escapado del mar, la justicia no deja vivir.

La gente local seguramente reconoció el tipo de serpiente que mordió a Pablo, y sabían que iba a morir.  Les pareció irónico que él se hubiera salvado del naufragio sólo para morir por la mordida de una serpiente.  Atribuyeron esa “mala suerte” a algo malo que él había hecho.  Pero Pablo se quedó tranquilo, no sólo porque tenía limpia su conciencia sino porque sabía que él todavía tenía un propósito que cumplir en Roma.  Así como Dios lo había salvado del naufragio y del intento de asesinato en Jerusalén, Pablo sabía que Dios lo libraría del veneno de la serpiente.

Lo que al principio parecía una tragedia luego se tornó en un milagro.  Dios permitió que el suceso con la serpiente sirviera como testimonio para todos los presentes:
(Hechos 28:5-6) Pero él, sacudiendo la víbora en el fuego, ningún daño padeció. (6) Ellos estaban esperando que él se hinchase, o cayese muerto de repente; mas habiendo esperado mucho, y viendo que ningún mal le venía, cambiaron de parecer y dijeron que era un dios.

Pero ese no fue el único milagro que presenciaron…
(Hechos 28:7-10) En aquellos lugares había propiedades del hombre principal de la isla, llamado Publio, quien nos recibió y hospedó solícitamente tres días. (8) Y aconteció que el padre de Publio estaba en cama, enfermo de fiebre y de disentería; y entró Pablo a verle, y después de haber orado, le impuso las manos, y le sanó. (9) Hecho esto, también los otros que en la isla tenían enfermedades, venían, y eran sanados; (10) los cuales también nos honraron con muchas atenciones; y cuando zarpamos, nos cargaron de las cosas necesarias.

La estadía en Malta cumplió un propósito.  No sólo los maltenses ayudaron a Pablo, sino que también él los ayudó, y más importante aún, les dejó el Evangelio.  Los tres meses que tuvieron que invernar en la isla no se desperdiciaron, sino que dejaron en la isla el testimonio de quién es el Dios verdadero. 

Cuando pasó el invierno, los náufragos tomaron otro barco que los llevaría a Roma…
(Hechos 28:11-14) Pasados tres meses, nos hicimos a la vela en una nave alejandrina que había invernado en la isla, la cual tenía por enseña a Cástor y Pólux. (12) Y llegados a Siracusa, estuvimos allí tres días. (13) De allí, costeando alrededor, llegamos a Regio; y otro día después, soplando el viento sur, llegamos al segundo día a Puteoli. (14) donde habiendo hallado hermanos, nos rogaron que nos quedásemos con ellos siete días; y luego fuimos a Roma.

Lo curioso es que cuando Pablo arribó a Italia, no se presentó de inmediato ante el emperador, sino que primero se encontró con los hermanos de la fe.

Probablemente Pablo se preguntaba cómo lo iban a recibir los hermanos, luego de haber leído la carta que les había enviado tres años atrás (Epístola a los Romanos). Pero no tenía de qué preocuparse, porque los creyentes de Roma lo recibieron bien, y esto lo animó mucho. 
(Hechos 28:15) de donde, oyendo de nosotros los hermanos, salieron a recibirnos hasta el Foro de Apio y las Tres Tabernas; y al verlos, Pablo dio gracias a Dios y cobró aliento.

Un grupo de creyentes llegaron a encontrarse con Pablo antes de que llegara a la ciudad (aproximadamente a una distancia de 25 kms).  Era evidente que Dios iba delante de Pablo preparándole camino, pues encontraba gracia dondequiera que iba.  Aun el centurión que guardaba a Pablo no se opuso a que éste hiciera estas paradas en el camino; no sería de extrañar que el centurión llegara a creer en Dios por todo lo que vio en el camino (Fil. 1:12-13). 

Eventualmente llegó el momento en que el centurión tuvo que llevar a Pablo ante las autoridades.
(Hechos 28:16) Cuando llegamos a Roma, el centurión entregó los presos al prefecto militar, pero a Pablo se le permitió vivir aparte, con un soldado que le custodiase.

Aun estando bajo custodia, Pablo encontró favor ante los hombres, y le permitieron estar bajo arresto domiciliario en lugar de la cárcel común.  Aunque no podía salir ni visitar la sinagoga local, él llamó a los líderes judíos para hablarles, tal como lo había hecho en todas las ciudades a las que visitaba. 
(Hechos 28:17-20) Aconteció que tres días después, Pablo convocó a los principales de los judíos, a los cuales, luego que estuvieron reunidos, les dijo: Yo, varones hermanos, no habiendo hecho nada contra el pueblo, ni contra las costumbres de nuestros padres, he sido entregado preso desde Jerusalén en manos de los romanos; (18) los cuales, habiéndome examinado, me querían soltar, por no haber en mí ninguna causa de muerte. (19) Pero oponiéndose los judíos, me vi obligado a apelar a César; no porque tenga de qué acusar a mi nación. (20) Así que por esta causa os he llamado para veros y hablaros; porque por la esperanza de Israel estoy sujeto con esta cadena.

Pablo les explicó que la razón de su prisión era básicamente religiosa, pero en realidad él no había faltado en nada a Dios, ni la Torá.  Explicó que los romanos lo pusieron en prisión para protegerlo, pero aún ellos lo encontraron sin culpa.  La razón por la que estaba allí era porque tuvo que apelar al César para evitar que sus enemigos judíos lo mataran.

La reacción de los judíos en Roma fue la siguiente:
(Hechos 28:21-22) Entonces ellos le dijeron: Nosotros ni hemos recibido de Judea cartas acerca de ti, ni ha venido alguno de los hermanos que haya denunciado o hablado algún mal de ti. (22) Pero querríamos oír de ti lo que piensas; porque de esta secta nos es notorio que en todas partes se habla contra ella.

Sabiendo que Pablo era creyente en Jesús, los judíos en Roma querían saber lo que él pensaba de esa nueva secta: “el Camino”, es decir, los que creían que Jesús era el Mesías. 

Años atrás los judíos romanos habían tenido problemas por una controversia relacionada con el Camino.  Hubo división entre los que creían en Cristo y los que se oponían, y el conflicto llegó a ser tal que se llegaron a pelear en las calles.  Debido a estos disturbios, el emperador Claudio tomó la decisión de expulsar a todos los judíos de Roma en el año 49.  No fue sino hasta diez años después que se les permitió a los judíos regresar a Roma.  Para entonces, la comunidad judía contaba con una benefactora: la esposa de Nerón, quien se había convertido al judaísmo.

La reunión de Pablo con los líderes judíos de Roma no fue la última.  Siguió reuniéndose con ellos y con otros creyentes.
(Hechos 28:23) Y habiéndole señalado un día, vinieron a él muchos a la posada, a los cuales les declaraba y les testificaba el reino de Dios desde la mañana hasta la tarde, persuadiéndoles acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los profetas.

Los judíos en Roma reaccionaron como en todos los lugares—unos creyeron, y otros no.
(Hechos 28:24) Y algunos asentían a lo que se decía, pero otros no creían.

Tal vez a Pablo no le extrañó las diferentes reacciones a su mensaje, pues lo había visto en casi todos los lugares.  Entendió que el corazón es duro, y no todos buscan la verdad ni quieren entender, tal como lo expresó el profeta Isaías:
(Hechos 28:25-27) Y como no estuviesen de acuerdo entre sí, al retirarse, les dijo Pablo esta palabra: Bien habló el Espíritu Santo por medio del profeta Isaías a nuestros padres, diciendo: (26) Ve a este pueblo, y diles:  De oído oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no percibiréis; (27) Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, y con los oídos oyeron pesadamente, y sus ojos han cerrado, para que no vean con los ojos, y oigan con los oídos, y entiendan de corazón, y se conviertan, y yo los sane.

La reacción de quien “oye espiritualmente” es el arrepentimiento, que lleva a la obediencia, y luego restauración.  La palabra hebrea para “oír” es: Shema, que implica: escuchar + hacer (una va con la otra, y no pueden desligarse).  “Oír—Shema” lleva a hacer y obedecer; de lo contrario, “no se escuchó”. 

Pablo lamentó que muchos del pueblo judío no habían “oído (heb. Shemá)”.  Pero el mensaje seguiría su curso, y ahora llegaría a los gentiles.
(Hechos 28:28-29) Sabed, pues, que a los gentiles es enviada esta salvación de Dios; y ellos oirán. (29) Y cuando hubo dicho esto, los judíos se fueron, teniendo gran discusión entre sí.

DOS AÑOS EN ROMA
El Libro de los Hechos termina diciendo que Pablo permaneció dos años en Roma, en arresto domiciliario.  Pero aún desde allí, él siguió compartiendo acerca de Jesús. 
(Hechos 28:30-31) Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, (31) predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento.

Sin duda, la narrativa parece inconclusa.  Puede ser que Lucas ya no quiso escribir sobre el final de Pablo, o tal vez ya no estuvo presente.  Lo que se sabe del final de Pablo es por tradición…

PABLO ANTE NERON
La tradición cuenta que Pablo fue decapitado en Roma por orden del emperador Nerón.  Algunos dicen que Pablo murió luego de los dos años de arresto en Roma. Otros dicen que en este primer juicio, Pablo fue encontrado inocente y fue puesto en libertad.  En ese tiempo fue a España; pero al regresar, volvió a ser apresado, y en esa ocasión sí lo condenaron. 

Pero la muerte no tomó a Pablo por sorpresa.  En una de sus últimas epístolas, Pablo escribió a Timoteo, y se despidió de su discípulo porque sabía que ya le había llegado su hora.  Ya había cumplido su misión, y ya estaba listo para reunirse con el Señor, lo cual él deseaba sobre todas las cosas (Fil. 1:21-23). 
(2 Timoteo 4:5-8)  Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio. (6) Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. (7) He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.  (8) Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.

No se sabe a ciencia cierta lo que pasó con Pablo en sus últimos días, pero lo que sí sabemos es que él vivió para el Señor.  El dedicó su vida a llevar el Evangelio tanto a judíos como a gentiles, y sus cartas han servido a los creyentes de todos los tiempos y lugares desde entonces hasta la actualidad.  Así como Pablo imitó a Cristo, nosotros somos invitados a imitarle para traer la luz de Dios a este mundo. Amén.



jueves, 13 de noviembre de 2014

HECHOS 27: Rumbo a Roma




Dado que en su juicio Pablo apeló al César, él fue enviado a Roma…
(Hechos 27:1-2) Cuando se decidió que habíamos de navegar para Italia, entregaron a Pablo y a algunos otros presos a un centurión llamado Julio, de la compañía Augusta. (2) Y embarcándonos en una nave adramitena que iba a tocar los puertos de Asia, zarpamos, estando con nosotros Aristarco, macedonio de Tesalónica.

Pablo iba bajo custodia de un centurión romano, pero en el barco también iban varios discípulos de Pablo, incluyendo a Aristarco y Lucas (quien narra la historia de los Hechos—1:1; Luc. 1:3).

A Pablo se le dio un trato preferencial, en comparación a otros prisioneros.  Él fue enviado por vía marítima, no terrestre, la cual es más expedita.  Sin embargo, no era un viaje directo a Roma, sino que hicieron varias paradas, pues iban en una embarcación comercial.  La primera parada la hicieron en Sidón…
(Hechos 27:3)  Al otro día llegamos a Sidón; y Julio, tratando humanamente a Pablo, le permitió que fuese a los amigos, para ser atendido por ellos.

Sidón queda al norte de Cesarea (hoy Saida, en Líbano, al sur de Beirut, y al oeste de Damasco).  Ese era uno de los puertos más importantes de la región.  Allí les permitieron a los amigos de Pablo no sólo que lo visitaran sino que lo atendieran.  De nuevo vemos que Pablo halló gracia a los ojos de los demás.

La ruta que siguieron fue la siguiente: Cesarea > Sidón > Chipre > Mira…
(Hechos 27:4-5) Y haciéndonos a la vela desde allí, navegamos a sotavento de Chipre, porque los vientos eran contrarios. (5) Habiendo atravesado el mar frente a Cilicia y Panfilia, arribamos a Mira, ciudad de Licia.

Estando en Mira, cambiaron de embarcación, a otra que no haría tantas paradas.  Ese barco transportaba trigo proveniente de Egipto, con destino a Roma.  Además del trigo, también llevarían presos, uno de los cuales era Pablo.  Aunque la ruta de ese barco era más directa, se encontraron con un obstáculo natural: el viento.
(Hechos 27:6-8) Y hallando allí el centurión una nave alejandrina que zarpaba para Italia, nos embarcó en ella. (7) Navegando muchos días despacio, y llegando a duras penas frente a Gnido, porque nos impedía el viento, navegamos a sotavento de Creta, frente a Salmón. (8) Y costeándola con dificultad, llegamos a un lugar que llaman Buenos Puertos, cerca del cual estaba la ciudad de Lasea.

Algunos comentaristas señalan que ellos estaban viajando en el séptimo mes bíblico, por la referencia al ayuno (del Día de Expiación, 10 de Tishri) que hace Pablo.  A esas alturas del año no era propicio viajar por mar abierto, ya que se acercaba el invierno y en ese tiempo era peligroso viajar por mar debido a las tormentas que se formaban (más adelante se mencionan ese fenómeno atmosférico por nombre: Euroclidon, hechos 27:14).
(Hechos 27:9-10) Y habiendo pasado mucho tiempo, y siendo ya peligrosa la navegación, por haber pasado ya el ayuno, Pablo les amonestaba, (10) diciéndoles: Varones, veo que la navegación va a ser con perjuicio y mucha pérdida, no sólo del cargamento y de la nave, sino también de nuestras personas.

El viento estaba haciendo casi imposible avanzar al barco. Pablo se dio cuenta que era mejor detenerse que seguir avanzando.  Esto no lo sabía porque él fuera capitán de barco, sino por experiencia.  En su segunda carta a los Corintios menciona haber pasado por varios naufragios en sus travesías llevando el Evangelio…
(2 Corintios 11:25-28) Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado;  tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; (26) en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos;  (27) en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez; (28) y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias.

Pablo recomendó al centurión que se quedaran anclados mientras la tormenta pasaba, pero el capitán y el dueño del barco no pensaban lo mismo…
(Hechos 27:11-13) Pero el centurión daba más crédito al piloto y al patrón de la nave, que a lo que Pablo decía. (12) Y siendo incómodo el puerto para invernar, la mayoría acordó zarpar también de allí, por si puediesen arribar a Fenice, puerto de Creta que mira al nordeste y sudeste, e invernar allí. (13) Y soplando una brisa del sur, pareciéndoles que ya tenían lo que deseaban, levaron anclas e iban costeando Creta.

Lamentablemente el viento a favor no duró mucho…
(Hechos 27:14-17) Pero no mucho después dio contra la nave un viento huracanado llamado Euroclidón. (15) Y siendo arrebatada la nave, y no pudiendo poner proa al viento, nos abandonamos a él y nos dejamos llevar. (16) Y habiendo corrido a sotavento de una pequeña isla llamada Clauda, con dificultad pudimos recoger el esquife. (17) Y una vez subido a bordo, usaron de refuerzos para ceñir la nave; y teniendo temor de dar en la Sirte, arriaron las velas y quedaron a la deriva.




Esta tempestad no duró sólo un día sino varios…
(Hechos 27:18-20) Pero siendo combatidos por una furiosa tempestad, al siguiente día empezaron a alijar, (19) y al tercer día con nuestras propias manos arrojamos los aparejos de la nave. (20) Y no apareciendo ni sol ni estrellas por muchos días, y acosados por una tempestad no pequeña, ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos.

Todos se estaban dando por vencidos…menos Pablo.  El sabía que su vida no podía acabar allí porque todavía tenía un propósito que cumplir.  No sólo eso, sino que sabía que todas las personas se salvarían, porque así se lo había revelado el Señor.
(Hechos 27:21-25) Entonces Pablo, como hacía ya mucho que no comíamos, puesto en pie en medio de ellos, dijo: Habría sido por cierto conveniente, oh varones, haberme oído, y no zarpar de Creta tan sólo para recibir este perjuicio y pérdida. (22) Pero ahora os exhorto a tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente de la nave. (23) Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo, (24) diciendo: Pablo, no temas; es necesario que comparezcas ante César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo. (25) Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho.

Pablo tenía completa fe en Dios; si Él había dicho algo, lo cumpliría.  El Señor había dicho que todas las personas en el barco se salvarían…pero no todos creyeron.
(Hechos 27:27-32) Venida la decimacuarta noche, y siendo llevados a través del mar Adriático, a la medianoche los marineros sospecharon que estaban cerca de tierra; (28) y echando la sonda, hallaron veinte brazas; y pasando un poco más adelante, volviendo a echar la sonda, hallaron quince brazas. (29) Y temiendo dar en escollos, echaron cuatro anclas por la popa, y ansiaban que se hiciese de día. (30) Entonces los marineros procuraron huir de la nave, y echando el esquife al mar, aparentaban como que querían largar las anclas de proa. (31) Pero Pablo dijo al centurión y a los soldados: Si éstos no permanecen en la nave, vosotros no podéis salvaros. (32) Entonces los soldados cortaron las amarras del esquife y lo dejaron perderse.

Algunos se iban a escapar en la embarcación pequeña de emergencia, pero Pablo los denunció.  Detuvieron a los desertores, y dejaron caer el barquito al mar, no sólo para prevenir una fuga sino también para alivianar aún más la carga del barco.
(Hechos 27:33-38) Cuando comenzó a amanecer, Pablo exhortaba a todos que comiesen, diciendo: Este es el decimocuarto día que veláis y permanecéis en ayunas, sin comer nada. (34) Por tanto, os ruego que comáis por vuestra salud; pues ni aun un cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecerá. (35) Y habiendo dicho esto, tomó el pan y dio gracias a Dios en presencia de todos, y partiéndolo, comenzó a comer. (36) Entonces todos, teniendo ya mejor ánimo, comieron también. (37) Y éramos todas las personas en la nave doscientas setenta y seis. (38) Y ya satisfechos, aligeraron la nave, echando el trigo al mar.

Luego de comer, aligeraron aún más el barco.  Lanzaron al mar toda la carga de trigo, lo cual implicaba una pérdida completa para el dueño del barco; pero por lo menos salvarían la vida de las personas.  Todo esto pasó de noche, y al llegar el día pudieron apreciar mejor la situación en la que se encontraban…
(Hechos 27:39-41) Cuando se hizo de día, no reconocían la tierra, pero veían una ensenada que tenía playa, en la cual acordaron varar, si pudiesen, la nave. (40) Cortando, pues, las anclas, las dejaron en el mar, largando también las amarras del timón; e izada al viento la vela de proa, enfilaron hacia la playa. (41) Pero dando en un lugar de dos aguas, hicieron encallar la nave; y la proa, hincada, quedó inmóvil, y la popa se abría con la violencia del mar.

El barco se encalló, pero por lo menos podrían bajar a tierra firme.  El problema es que en el barco iban también presos.  Los soldados que los custodiaban temían que se fugaran.  Si eso sucedía, les cobrarían a ellos con sus vidas.  Para evitar eso, decidieron matarlo, pero el centurión intervino para proteger la vida de Pablo—pues gracias a él todos estaban vivos.
(Hechos 27:42) Entonces los soldados acordaron matar a los presos, para que ninguno se fugase nadando. (43) Pero el centurión, queriendo salvar a Pablo, les impidió este intento, y mandó que los que pudiesen nadar se echasen los primeros, y saliesen a tierra; (44) y los demás, parte en tablas, parte en cosas de la nave. Y así aconteció que todos se salvaron saliendo a tierra.

Hay peores naufragios que los de un barco. Pablo habló de ello a Timoteo:
(1 Timoteo 1:18-19)  Este mandamiento, hijo Timoteo, te encargo, para que conforme a las profecías pasadas acerca de ti, milites por ellas buena milicia;  (19)  reteniendo la fe y buena conciencia, la cual echando de sí algunos, hicieron naufragio en la fe.

En el siguiente capítulo veremos lo que sucede en Malta, y finalmente la llegada de Pablo a Roma…





sábado, 8 de noviembre de 2014

HECHOS 26: Testimonio ante Agripa



De nuevo, Pablo tuvo la oportunidad de dar su testimonio delante de reyes, gobernantes y otros líderes. Esto no sólo le pasó a Pablo, sino podría pasarle a cualquier seguidor de Jesús. El Señor dijo lo siguiente a sus discípulos:
(Mateo 10:16-20) He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas. (17) Y guardaos de los hombres, porque os entregarán a los concilios, y en sus sinagogas os azotarán; (18) y aun ante gobernadores y reyes seréis llevados por causa de mí, para testimonio a ellos y a los gentiles. (19) Mas cuando os entreguen, no os preocupéis por cómo o qué hablaréis; porque en aquella hora os será dado lo que habéis de hablar. (20) Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros.

En esta ocasión, Pablo tuvo la oportunidad de hablar delante de un rey: Herodes Agripa II…
(Hechos 26:1-3) Entonces Agripa dijo a Pablo: Se te permite hablar por ti mismo. Pablo entonces, extendiendo la mano, comenzó así su defensa: (2) Me tengo por dichoso, oh rey Agripa, de que haya de defenderme hoy delante de ti de todas las cosas de que soy acusado por los judíos. (3) Mayormente porque tú conoces todas las costumbres y cuestiones que hay entre los judíos; por lo cual te ruego que me oigas con paciencia.

EL REY AGRIPA
Agripa era judío, pero era rey porque así lo habían permitido los romanos. Ni Agripa ni sus antecesores eran del linaje de David; más bien, venían de Idumea y eran descendientes de Esaú (también llamado Edom—Gen. 25:30; 36:1).  

El gobernador Agripa era también conocido como Herodes Agripa II; él era hijo de Herodes Agripa I, y nieto de Herodes el Grande. Por varias generaciones los Herodes habían sido reyes de Judea, bajo el auspicio de los romanos. En las provincias del imperio romano había presencia del gobierno de César (tribunos, gobernadores y ejército); pero los romanos asignaban gobernantes locales que les ayudaban a guardar la paz y el orden en las distintas regiones, teniendo estos líderes locales mejor entendimiento de las poblaciones.  Uno de estos líderes locales era Agripa, y los demás Herodes.

Dado que Agripa era judío, Pablo estaba contento de poder exponer su caso ante él, porque sabía que él entendería mejor lo que iba a decir…
(Hechos 26:4-5) Mi vida, pues, desde mi juventud, la cual desde el principio pasé en mi nación, en Jerusalén, la conocen todos los judíos; (5) los cuales también saben que yo desde el principio, si quieren testificarlo, conforme a la más rigurosa secta de nuestra religión, viví fariseo.

Pablo se presentó como alguien cumplidor de la Ley de Dios. Lo único de lo cual le podían acusar, en un sentido religioso, es por creer en Jesús y la resurrección. 
(Hechos 26:6-8) Y ahora, por la esperanza de la promesa que hizo Dios a nuestros padres soy llamado a juicio; (7) promesa cuyo cumplimiento esperan que han de alcanzar nuestras doce tribus, sirviendo constantemente a Dios de día y de noche. Por esta esperanza, oh rey Agripa, soy acusado por los judíos. (8) ¡Qué! ¿Se juzga entre vosotros cosa increíble que Dios resucite a los muertos?

Luego Pablo dio su testimonio de cómo conoció a Jesús, confesando que antes había perseguido a los creyentes…
(Hechos 26:9-15) Yo ciertamente había creído mi deber hacer muchas cosas contra el nombre de Jesús de Nazaret; (10) lo cual también hice en Jerusalén. Yo encerré en cárceles a muchos de los santos, habiendo recibido poderes de los principales sacerdotes; y cuando los mataron, yo di mi voto. (11) Y muchas veces, castigándolos en todas las sinagogas, los forcé a blasfemar; y enfurecido sobremanera contra ellos, los perseguí hasta en las ciudades extranjeras. (12) Ocupado en esto, iba yo a Damasco con poderes y en comisión de los principales sacerdotes, (13) cuando a mediodía, oh rey, yendo por el camino, vi una luz del cielo que sobrepasaba el resplandor del sol, la cual me rodeó a mí y a los que iban conmigo. (14) Y habiendo caído todos nosotros en tierra, oí una voz que me hablaba, y decía en lengua hebrea: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón. (15) Yo entonces dije: ¿Quién eres, Señor? Y el Señor dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues.

Después de explicar cómo había llegado a creer en Jesús, Pablo prosiguió a explicar el llamado que Dios le encomendó para llevar las Buenas Nuevas aún a los gentiles.
(Hechos 26:16-20) Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti, (17) librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío, (18) para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados. (19) Por lo cual, oh rey Agripa, no fui rebelde a la visión celestial, (20) sino que anuncié primeramente a los que están en Damasco, y Jerusalén, y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento.

Pablo explicó que ésta era la verdadera razón por la cual los líderes religiosos lo perseguían y deseaban su muerte.
(Hechos 26:21-23) Por causa de esto los judíos, prendiéndome en el templo, intentaron matarme. (22) Pero habiendo obtenido auxilio de Dios, persevero hasta el día de hoy, dando testimonio a pequeños y a grandes, no diciendo nada fuera de las cosas que los profetas y Moisés dijeron que habían de suceder: (23) Que el Cristo había de padecer, y ser el primero de la resurrección de los muertos, para anunciar luz al pueblo y a los gentiles.

Pablo no había explicado tan claramente las cosas ante las otras autoridades romanas como lo hizo en ese momento, ya que sabía que ellos no entenderían todo. Eso se hizo evidente en la reacción que tuvo Festo ante esta explicación…
(Hechos 26:24-25) Diciendo él estas cosas en su defensa, Festo a gran voz dijo: Estás loco, Pablo; las muchas letras te vuelven loco. (25) Mas él dijo: No estoy loco, excelentísimo Festo, sino que hablo palabras de verdad y de cordura.

Ciertamente el gobernador romano no podía entender estos argumentos que eran espirituales, pero Pablo sabía que Agripa sí lo comprendería porque era judío.
(Hechos 26:26-27) Pues el rey sabe estas cosas, delante de quien también hablo con toda confianza. Porque no pienso que ignora nada de esto; pues no se ha hecho esto en algún rincón. (27) ¿Crees, oh rey Agripa, a los profetas? Yo sé que crees.

La reacción de Agripa a estas palabras de Pablo es sorprendente…
(Hechos 26:28) Entonces Agripa dijo a Pablo: Por poco me persuades a ser cristiano.

Otra versión traduce este versículo de la siguiente manera:
(LBLA, Hechos 26:28)  Y Agripa respondió a Pablo: En poco tiempo me persuadirás a que me haga cristiano.

El rey tuvo la oportunidad de oír el Evangelio, y pudo haber creído en Jesús…lamentablemente no lo hizo.  Esa elección la tiene todo ser humano.
(Hechos 26:29) Y Pablo dijo: ¡Quisiera Dios que por poco o por mucho, no solamente tú, sino también todos los que hoy me oyen, fueseis hechos tales cual yo soy, excepto estas cadenas!

Al final, el rey Agripa lo declaró inocente. A lo largo de todo el juicio contra Pablo, ninguna de las autoridades pudo encontrar nada mal en Pablo, ni nada que justificara su muerte ni su prisión.
(Hechos 26:30) Cuando había dicho estas cosas, se levantó el rey, y el gobernador, y Berenice, y los que se habían sentado con ellos; (31) y cuando se retiraron aparte, hablaban entre sí, diciendo: Ninguna cosa digna ni de muerte ni de prisión ha hecho este hombre.

Al final, Agripa dijo algo que podría sorprendernos:
(Hechos 25:32) Y Agripa dijo a Festo: Podía este hombre ser puesto en libertad, si no hubiera apelado a César.

Tal vez si Pablo hubiera apelado al rey Agripa, en lugar de a César, él hubiera sido puesto en libertad en ese momento. ¿Se lamentó Pablo de haber dicho eso? En realidad no había nada de que lamentarse ya que el propósito de Dios para Pablo es que él fuera a Roma.  La meta no es ser “libre” o “próspero” o hacer lo que queremos; nuestra verdadera meta debe ser cumplir la voluntad de Dios y unirnos a Su propósito.   

En el siguiente capítulo veremos lo que pasa en el camino hacia Roma…


miércoles, 5 de noviembre de 2014

HECHOS 25: Pablo ante Festo y Agripa




El gobernador Félix mantuvo el caso de Pablo en suspenso durante dos años.  Pero cuando llegó el nuevo gobernador (Festo), volvió a salir a luz. 
(Hechos 25:1) Llegado, pues, Festo a la provincia, subió de Cesarea a Jerusalén tres días después.  (2) Y los principales sacerdotes y los más influyentes de los judíos se presentaron ante él contra Pablo, y le rogaron,  (3) pidiendo contra él,  como gracia, que le hiciese traer a Jerusalén; preparando ellos una celada para matarle en el camino. 

Los enemigos de Pablo no se habían dado por vencido en su misión de matarlo.  Pero no podían hacerlo mientras él estuviera bajo la custodia de los romanos en Cesarea.  Por eso pidieron que fuera transferido a Jerusalén. 

Como nuevo gobernador, Festo pudo haber cedido a la petición de los líderes religiosos, para quedar bien con ellos; sin embargo, no lo hizo.
(Hechos 25:4-5) Pero Festo respondió que Pablo estaba custodiado en Cesarea, adonde él mismo partiría en breve.  (5) Los que de vosotros puedan, dijo, desciendan conmigo, y si hay algún crimen en este hombre, acúsenle. 

¿QUIÉN ERA FESTO?
Según datos históricos, Porcio Festo asumió su puesto como gobernador de Judea en el año 60 d.C.  Luego de la corrupción y la tiranía de su predecesor, Festo trajo un respiro a la región.  Sin embargo, aunque él fue un mejor gobernante, se dedicó a enfrentar muchas crisis que dejó Félix.  Para entonces se habían levantado muchos grupos de zelotes cuya misión era rebelarse y librarse de la opresión romana. 

En su primera visita oficial, Festo se dirigió a Jerusalén, la ciudad principal de los judíos, aunque la sede del gobierno romano se encontraba en Cesarea.  En Jerusalén se reunió con los principales líderes religiosos.  Para su sorpresa, de todo lo que le pudieron solicitar en esa primera visita, los religiosos le pidieron que les entregaran a Pablo.  ¿Por qué era tan importante?  Él lo iba a averiguar…
(Hechos 25:6-8) Y deteniéndose entre ellos no más de ocho o diez días, venido a Cesarea, al siguiente día se sentó en el tribunal, y mandó que fuese traído Pablo.  (7) Cuando éste llegó, lo rodearon los judíos que habían venido de Jerusalén, presentando contra él muchas y graves acusaciones, las cuales no podían probar;  (8) alegando Pablo en su defensa: Ni contra la ley de los judíos, ni contra el templo, ni contra César he pecado en nada. 

De nuevo, Pablo se defendió, diciendo que no había hecho nada malo, ni contra el orden de Roma ni contra la Ley de  Dios.  Luego de escucharlo, se hizo evidente que las acusaciones en contra de Pablo eran de índole religioso.  Por eso, Festo propuso que Pablo regresara a la corte de Jerusalén.  Pero Pablo no aceptó, y como ciudadano romano apeló a una autoridad superior.
(Hechos 25:9-11)  Pero Festo, queriendo congraciarse con los judíos, respondiendo a Pablo dijo: ¿Quieres subir a Jerusalén, y allá ser juzgado de estas cosas delante de mí?  (10) Pablo dijo: Ante el tribunal de César estoy, donde debo ser juzgado.  A los judíos no les he hecho ningún agravio, como tú sabes muy bien. (11) Porque si algún agravio, o cosa alguna digna de muerte he hecho, no rehúso morir; pero si nada hay de las cosas de que éstos me acusan, nadie puede entregarme a ellos.  A César apelo. 

Pablo jugó su última carta legal: apeló al César, la máxima autoridad en el Imperio Romano.  
(Hechos 25:12) Entonces Festo, habiendo hablado con el consejo, respondió: A César has apelado; a César irás. 

Esta apelación era uno de los derechos más antiguos con los que contaban los ciudadanos romanos, desde los tiempos de la República romana (509 a.C.).  Al gobernador no le quedó otra que seguir con el procedimiento, porque Pablo era un ciudadano romano.

El único problema con que se quedó Festo es que, al enviar a Pablo a Roma, él debía escribir un sumario del juicio, al igual que la descripción del cargo por el cual se le había detenido.   Pero, a la fecha, no se le había acusado de nada que pudiera ser probado (25:26-27).  ¿Qué iba a enviar por escrito a Roma? 

ANTE EL REY AGRIPA
Festo aprovechó la visita del rey Agripa para dilucidar el caso de Pablo…
(Hechos 25:13-21) Pasados algunos días, el rey Agripa y Berenice vinieron a Cesarea para saludar a Festo.  (14)  Y como estuvieron allí muchos días, Festo expuso al rey la causa de Pablo, diciendo: Un hombre ha sido dejado preso por Félix, (15) respecto al cual, cuando fui a Jerusalén, se me presentaron los principales sacerdotes y los ancianos de los judíos, pidiendo condenación contra él.  (16) A éstos respondí que no es costumbre de los romanos entregar alguno a la muerte antes que el acusado tenga delante a sus acusadores, y pueda defenderse de la acusación.  (17) Así que, habiendo venido ellos juntos acá, sin ninguna dilación, al día siguiente, sentado en el tribunal, mandé traer al hombre.  (18) Y estando presentes los acusadores, ningún cargo presentaron de los que yo sospechaba,  (19) sino que tenían contra él ciertas cuestiones acerca de su religión, y de un cierto Jesús, ya muerto, el que Pablo afirmaba estar vivo.  (20)  Yo, dudando en cuestión semejante, le pregunté si quería ir a Jerusalén y allá ser juzgado de estas cosas.  (21) Mas como Pablo apeló para que se le reservase para el conocimiento de Augusto, mandé que le custodiasen hasta que le enviara yo a César. 

En lugar de darle su opinión, Agripa pidió ver a Pablo en persona.
(Hechos 25:22)  Entonces Agripa dijo a Festo: Yo también quisiera oír a ese hombre. Y él le dijo: Mañana le oirás. 

De nuevo se abre la oportunidad para que Pablo comparta con reyes y gobernadores, tal como Dios lo había revelado con anterioridad (Hechos 9:13-16).  Esta audiencia con Pablo no iba a ser un asunto privado sino que lo hicieron público.
(Hechos 25:23-27) Al otro día, viniendo Agripa y Berenice con mucha pompa, y entrando en la audiencia con los tribunos y principales hombres de la ciudad, por mandato de Festo fue traído Pablo.  (24) Entonces Festo dijo: Rey Agripa, y todos los varones que estáis aquí juntos con nosotros, aquí tenéis a este hombre,  respecto del cual toda la multitud de los judíos me ha demandado en Jerusalén y aquí, dando voces que no debe vivir más.  (25) Pero yo, hallando que ninguna cosa digna de muerte ha hecho, y como él mismo apeló a Augusto, he determinado enviarle a él.  (26) Como no tengo cosa cierta que escribir a mi señor,  le he traído ante vosotros, y mayormente ante ti, oh rey Agripa, para que después de examinarle, tenga yo qué escribir.  (27) Porque me parece fuera de razón enviar un preso, y no informar de los cargos que haya en su contra.

De nuevo, otra autoridad encuentra inocente a Pablo, haciendo evidente que las acusaciones en su contra son falsas, motivadas por otros intereses.

En el siguiente capítulo, Pablo tendrá la oportunidad de compartir su testimonio ante el rey Agripa…pero antes veamos quiénes eran estos personajes importantes: Agripa II y Berenice:

¿QUIÉNES ERAN AGRIPA Y BERENICE?
Berenice era hermana de Drusila, casada con Félix. Ambas eran hijas de Herodes Agripa I.  Berenice se casó con Herodes de Calcis, hermano de Agripa I, quien era su tío (los matrimonios entre parientes cercanos eran aceptados entre los romanos). 

Cuando el esposo (tío) de Berenice murió (48 d.C.), ella se fue a vivir con su hermano Agripa II, con quien se cree que mantuvo una relación incestuosa.  De esta forma, se aseguraron que el reino le quedaría a él.  Agripa II heredó los territorios de su padre, al igual que los que habían estado bajo su tío abuelo, Herodes de Filipo, que incluían parte de Galilea.  La ciudad principal era Tiberias, pero él estableció el centro de su gobierno  en Cesarea de Filipo (cuyo nombre cambió a Neronías, en honor al emperador Nerón).  Además, le fue dada cierta autoridad sobre un territorio muy significativo: el Monte del Templo en Jerusalén.  Esto le daba el poder de nombrar y remover al sumo sacerdote.

Históricamente, a Agripas II se le recuerda más por su resistencia a las revueltas de los judíos, principalmente los zelotes.  Siempre se mantuvo del lado de los romanos, y por eso los romanos lo premiaron con más territorios bajo su autoridad.  Durante la estadía del general Tito en la región para apagar la revuelta judía, se cree que Berenice sostuvo una aventura con él.  El quería llevarla con él Roma como su novia, pero al final desistió ya que ella era judía, y no sería bien aceptada en Roma por la rebelión judía.  Más tarde, él llegó a convertirse en César.  

En tiempos de Pablo, Herodes Agripas II era el rey de los judíos.  Ante él Pablo dará su testimonio, como veremos en el siguiente capítulo...