domingo, 26 de julio de 2015

DEVARIM 15: Deudas y el Primogénito animal

(Deuteronomio)

En el capítulo 15 de Deuteronomio (heb. Devarim) se tocan dos temas principales:
a. el perdón de las deudas en el año séptimo (heb. Shemitá)
b. la consagración del primogénito entre el ganado

SHEMITÁ: Reposo de la Tierra
La palabra de Dios instruye que cada siete años en Israel se haga un reposo para la Tierra, y esto se conoce en hebreo como “Shemitá”.  La primera vez que aparece el mandamiento del Shemitá en la Biblia es en Levítico (cap. 25).  Lo leeremos porque allí se mencionan otros aspectos que no se tocan en Devarim 15.
(Levítico 25:1-5)  Jehová habló a Moisés en el monte de Sinaí, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra que yo os doy, la tierra guardará reposo para Jehová.  Seis años sembrarás tu tierra, y seis años podarás tu viña y recogerás sus frutos.  Pero el séptimo año la tierra tendrá descanso, reposo para Jehová; no sembrarás tu tierra, ni podarás tu viña.  Lo que de suyo naciere en tu tierra segada, no lo segarás, y las uvas de tu viñedo no vendimiarás; año de reposo será para la tierra. 

Si los israelitas no podían cultivar la tierra, ¿de qué vivirían todo ese año?  Lo explica a continuación…
(Levítico 25:6-7) Mas el descanso de la tierra te dará para comer a ti, a tu siervo, a tu sierva, a tu criado, y a tu extranjero que morare contigo; y a tu animal, y a la bestia que hubiere en tu tierra, será todo el fruto de ella para comer.

En ese séptimo año, los israelitas no trabajaban sus cultivos, pero podían comer del fruto que quedaba aún en los árboles y los campos (sólo para consumo, pero no para venderlo).  El excedente de los frutos del campo entonces caía en tierra, y eso ayudaba a abonar y revitalizar los terrenos.

SHEMITÁ: Perdón de las deudas
Además de esta limpieza de la tierra, Dios también planificó para ese año séptimo una limpieza de la economía…
(Deu. 15:1-2) Cada siete años harás remisión. Y esta es la manera de la remisión: perdonará a su deudor todo aquel que hizo empréstito de su mano, con el cual obligó a su prójimo; no lo demandará más a su prójimo, o a su hermano, porque es pregonada la remisión de Jehová. 

Shemitá literalmente significa: remisión.  La definición de “remisión” es: el perdón de una culpa o condena que priva de libertad a una persona.  En el concepto bíblico, se refiere al perdón de una deuda que ha privado de libertad económica al deudor.

En ese séptimo año, todas las deudas quedaban a cero.  Todas las deudas eran perdonadas en Israel, y ya nadie debía más—con la excepción del extranjero.
(Deu. 15:3-5)  Del extranjero demandarás el reintegro; pero lo que tu hermano tuviere tuyo, lo perdonará tu mano, para que así no haya en medio de ti mendigo;  porque Jehová te bendecirá con abundancia en la tierra que Jehová tu Dios te da por heredad para que la tomes en posesión, si escuchares fielmente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y cumplir todos estos mandamientos que yo te ordeno hoy. 

Si alguien no había podido pagar una deuda es porque realmente estaba en un estado de mucha necesidad.  Y este perdón de deuda era una forma de ayuda social para los más necesitados, al igual que para sanear la economía nacional. 

En los tiempos bíblicos, cuando alguien pedía prestado era porque no sólo no tenía dinero en efectivo sino que ya había llegado a vender todo lo que tenía.  Pedir prestado era la última opción antes de ofrecerse como esclavo. Cuando alguien incurría en una deuda, era bajo el entendido que si no lo podía pagar, se comprometería a pagar su deuda con obra de mano, ya sea volviéndose siervo del acreedor o enviando a sus hijos como esclavos hasta cubrir la deuda.  Así es como se podía caer en esclavitud en Israel. 

Hoy en día los préstamos son muy comunes, y la gente los hace no sólo por necesidad sino para satisfacer deseos y gustos (tal como extra-financiamiento para viajes y entretenimiento).  Aunque hoy la deuda sea popular, desde la perspectiva bíblica se considera indeseable. 
(Proverbios 22:7)  El rico se enseñorea de los pobres, y el que toma prestado es siervo del que presta.

En la cultura bíblica, la deuda era básicamente por necesidad, y no por gusto. 
Lo ideal es estar en la posición de prestar, y eso es considerado una bendición. 
(Deu. 15:6)  Ya que Jehová tu Dios te habrá bendecido, como te ha dicho, prestarás entonces a muchas naciones, mas tú no tomarás prestado; tendrás dominio sobre muchas naciones, pero sobre ti no tendrán dominio. 

En lugar de pedir préstamos y hacer fianzas (Prov. 22:26-27; Prov. 6:1-5), lo que la Biblia nos enseña es a ahorrar (Prov. 6:6-8). En el Reino de Dios, el préstamo no debe ser la norma sino la excepción; y si se da es porque hay una gran necesidad.  El mandamiento de perdonar la deuda cada siete años ayuda a aliviar las penas económicas de los más necesitados, al igual que a sanear la economía a nivel nacional. 

NO CIERRES TU MANO
La ley de remisión de deudas podría llevar a algunos a no querer dar préstamos, ya que cada siete años deben perdonar las deudas.  Por eso, la Biblia dice lo siguiente:
(Deu. 15:7-11)  Cuando haya en medio de ti menesteroso de alguno de tus hermanos en alguna de tus ciudades, en la tierra que Jehová tu Dios te da, no endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano contra tu hermano pobre, sino abrirás a él tu mano liberalmente, y en efecto le prestarás lo que necesite. Guárdate de tener en tu corazón pensamiento perverso, diciendo: Cerca está el año séptimo, el de la remisión, y mires con malos ojos a tu hermano menesteroso para no darle; porque él podrá clamar contra ti a Jehová, y se te contará por pecado. Sin falta le darás, y no serás de mezquino corazón cuando le des; porque por ello te bendecirá Jehová tu Dios en todos tus hechos, y en todo lo que emprendas. Porque no faltarán menesterosos en medio de la tierra; por eso yo te mando, diciendo: Abrirás tu mano a tu hermano, al pobre y al menesteroso en tu tierra. 

Jesús dijo en el Sermón del monte:
(Mateo 5:42)  Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses.

La necesidad puede venirle a cualquier persona en cualquier momento, y no siempre se debe a malos manejos de las finanzas.  Si vemos a un hermano en necesidad, debemos echarle una mano para ayudarle a levantarse. A su vez, quien recibe el favor, debe ser agradecido y retribuir a quienes le ayudaron tan pronto como pueda. 

Si se aplicarán estos principios en nuestras familias y comunidades, la economía de nuestras naciones sería más sana.

En algunas sociedades, en lugar de ayudar al necesitado, se aprovechan de él.  Pero Dios hace ver claramente que Él defenderá su causa.
(Proverbios 14:31)  El que oprime al pobre afrenta a su Hacedor; mas el que tiene misericordia del pobre, lo honra.

(Proverbios 22:22-23)  No robes al pobre, porque es pobre, ni quebrantes en la puerta al afligido; porque Jehová juzgará la causa de ellos, y despojará el alma de aquellos que los despojaren.

LIBERTAD DE ESCLAVITUD
Al perdonarse las deudas en el año séptimo, también se dejaba en libertad a aquellos que hubieran caído en servidumbre o esclavitud a causa de la deuda. En Israel no se fomentaba la esclavitud como en las otras naciones.  Si alguien caía en servidumbre era porque ellos mismos se vendieron a causa de su propia necesidad.  Esto solía suceder cuando un israelita pedía un préstamo, y parte del pago de la deuda era el trabajo como esclavo, ya sea de él o de sus hijos.

Pero Dios instituyó que en Israel estos “esclavos por deuda” serían liberados cada siete años.  
(Deu. 15:12)  Si se vendiere a ti tu hermano hebreo o hebrea, y te hubiere servido seis años, al séptimo le despedirás libre. 

Al liberar al hermano endeudado, se le ayudaba también…
(Deu. 15:13-14) Y cuando lo despidieres libre, no le enviarás con las manos vacías.  Le abastecerás liberalmente de tus ovejas, de tu era y de tu lagar; le darás de aquello en que Jehová te hubiere bendecido. 

Esta ayuda para el deudor liberado era para que él y su familia pudieran levantar cabeza.  Si habían llegado al punto de servidumbre por deuda es porque ya no tenían absolutamente nada.  Se les ayudaba para que pudieran salir adelante en esa nueva etapa. 

Esta liberación de la deuda podría sonar injusta para el acreedor, pero hay varios detalles que servían como consuelo:
(Deu. 15:18)  No te parezca duro cuando le enviares libre, pues por la mitad del costo de un jornalero te sirvió seis años; y Jehová tu Dios te bendecirá en todo cuanto hicieres. 

1.    El pago de un esclavo era menor al de un jornalero
2.    El Señor bendecirá a quien obedezca esta ley.

Y también lo siguiente:
3.    Todos hemos sido beneficiarios de la remisión de Dios; por lo tanto, si Dios nos pide hacer esto, debemos hacerlo como muestra de agradecimiento a Él.

(Deu. 15:15) Y te acordarás de que fuiste siervo en la tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te rescató; por tanto yo te mando esto hoy. 

ESCLAVITUD VOLUNTARIA
Al momento de dejar libres a los esclavos por deuda, podía darse el caso que alguien prefiriera quedarse viviendo como esclavo en lugar del riesgo que implica la libertad.  Si alguien optaba por esa opción, debía hacerlo bajo el entendido que era una decisión permanente y no temporal. 
(Deu. 15:16-17) Si él te dijere: No te dejaré; porque te ama a ti y a tu casa, y porque le va bien contigo; entonces tomarás una lesna, y horadarás su oreja contra la puerta, y será tu siervo para siempre; así también harás a tu criada. 

PARABOLA SOBRE EL PERDÓN DE DEUDAS
El concepto bíblico de “perdón de deudas” está vinculado al principio de “perdón de faltas”.  Dios mismo nos ha dado el ejemplo de remisión al perdonarnos nuestros pecados.  Este mismo principio debemos aprender a aplicarlo hacia el prójimo.  Para ilustrar esto, Jesús narró una parábola que nos enseña sobre la perspectiva divina del perdón de deudas…
(Mat 18:23-35)  Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos.  Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos.  A éste, como no pudo pagar,  ordenó su señor venderle,  y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda.  Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.  El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda.  Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba,  diciendo: Págame lo que me debes.  Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda.  Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo que había pasado.  Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste.  ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?  Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía.  Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.
 
CONSAGRACIÓN DEL PRIMOGÉNITO
La última parte del capítulo 15 habla sobre lo que se debe hacer con todo primogénito del ganado…
(Deu. 15:19)  Consagrarás a Jehová tu Dios todo primogénito macho de tus vacas y de tus ovejas; no te servirás del primogénito de tus vacas, ni trasquilarás el primogénito de tus ovejas. 

La forma de consagrar al primogénito era ofrecerlo en el Templo, y luego comerlo…
(Deu.  15:20)  Delante de Jehová tu Dios los comerás cada año, tú y tu familia, en el lugar que Jehová escogiere. 

Como ya mencionamos, “el lugar que Dios escogió” es Jerusalén.  Allí debía ser llevado el primer nacido de las vacas y ovejas.  Esta ofrenda de lo primero está vinculada con el principio de poner a Dios primero en todo. 

¿Qué pasa si ese primer nacido de vaca y oveja tenía algún defecto?—ya que no podía ofrecerse en el Templo algo que tuviere alguna falta (Lev. 22:20; Deu. 17:1; Mal 1:8).  En ese caso, se debe hacer lo siguiente:
(Deu. 15:21-22)  Y si hubiere en él defecto, si fuere ciego, o cojo, o hubiere en él cualquier falta, no lo sacrificarás a Jehová tu Dios.  En tus poblaciones lo comerás;  el inmundo lo mismo que el limpio comerán de él, como de una gacela o de un ciervo. 

También el primogénito defectuoso se va a comer, pero no debe llevarse al Templo.  Ese se comerá localmente.  Aquí se vuelve a recordar que se puede comer la carne—pero SIN sangre…
(Deu. 15:23)  Solamente que no comas su sangre;  sobre la tierra la derramarás como agua.

Más lecciones de Deuteronomio @   Devarim (Deut.)

Audio de la clase de Biblia Devarim 15 :





domingo, 19 de julio de 2015

DEVARIM 14: Dieta y Diezmo

(Deuteronomio 14)

El capítulo 14 de Devarim toca dos grandes temas:
a.  dieta alimentaria
b.  diezmo

Pero antes de tocar esos dos temas, el capítulo comienza con la siguiente instrucción:
(Deu. 14:1)  Hijos sois de Jehová vuestro Dios; no os sajaréis, ni os raparéis a causa de muerto. 

A CAUSA DE MUERTO
En los tiempos bíblicos, la gente solía sajarse la piel como señal de luto, cuando moría un ser querido.  La definición de “sajar” es hacer un corte o tajo en la carne como forma de curación; y en este caso se refiere a una curación emocional por la muerte de alguien cercano.  Al cortarse la piel, sale sangre, lo cual se creía que servía para alimentar a los que habían muerto.   Por otro lado, la gente también solía arrancarse los cabellos o raparse la cabeza en señal de duelo.  Aunque ésa era la costumbre entre las naciones gentiles, el Señor instruye a Su Pueblo a no hacer lo mismo, porque…
(Deu. 14:2)  Porque eres pueblo santo a Jehová tu Dios, y Jehová te ha escogido para que le seas un pueblo único de entre todos los pueblos que están sobre la tierra. 

En lugar de estas costumbres paganas, los israelitas solían expresar su luto de dos formas:
1. rasgando sus vestiduras (Gen. 37:34)
2. vistiendo cilicio, que era una tela gruesa de pelo de cabra que pica al estar en contacto con la piel (Joel 1:13; 2 Samuel 3:31)
3.  echarse ceniza o polvo sobre la cabeza (Josué 7:6)

CARNE PROHIBIDA
Algo que también era común (y aún lo es) entre las naciones gentiles es comer de todo tipo de carne animal, pero no es igual para el Pueblo de Dios.  En la Torá, el Señor enseña que comer algunos animales se consideran como una “abominación” (heb. Toveva).   No es que los animales en sí sean abominables, pues Dios los creó, pero lo que es abominable es comerlos pues no fueron creados para ello.

En Devarim cap. 14 se nos enseña cuáles animales es permitido comer y cuáles no:
(Deu. 14:3-5)  Nada abominable comerás.  Estos son los animales que podréis comer: el buey, la oveja, la cabra, el ciervo, la gacela, el corzo, la cabra montés, el íbice, el antílope y el carnero montés. 

A continuación, la Biblia nos enseña cómo reconocer a estos animales permitidos:
Rumiante + pezuña hendida
(Deu. 14:6)  Y todo animal de pezuñas, que tiene hendidura de dos uñas, y que rumiare entre los animales, ése podréis comer.

Los animales que sólo rumian o sólo tienen la pezuña hendida, ésos están prohibidos:
(Deu. 14:7-8)  Pero estos no comeréis, entre los que rumian o entre los que tienen pezuña hendida: camello, liebre y conejo; porque rumian, mas no tienen pezuña hendida, serán inmundos; ni cerdo, porque tiene pezuña hendida, mas no rumia; os será inmundo. De la carne de éstos no comeréis, ni tocaréis sus cuerpos muertos. 

Aunque no se mencionan directamente, queda sobreentendido que no se puede comer cualquier otro animal terrestre que no rumie ni tenga la pezuña hendida.  Entre ellos están los reptiles, los cuales se mencionan directamente en Levítico…
(Lev. 11:43-44)  No hagáis abominables vuestras personas con ningún animal que se arrastra,  ni os contaminéis con ellos,  ni seáis inmundos por ellos.  (44)  Porque yo soy Jehová vuestro Dios;  vosotros por tanto os santificaréis,  y seréis santos,  porque yo soy santo;  así que no contaminéis vuestras personas con ningún animal que se arrastre sobre la tierra.

En cuanto a los peces, los que se permiten comer son aquellos: con aleta + escama
(Deu. 14:9)  De todo lo que está en el agua, de estos podréis comer: todo lo que tiene aleta y escama. 

Bajo ese entendido, queda claro que se prohíbe comer todos los animales acuáticos sin aleta ni escama:
(Deu. 14:10)  Mas todo lo que no tiene aleta y escama, no comeréis; inmundo será. 

Sobre las aves, se instruye lo siguiente:
(Deu. 14:11) Toda ave limpia podréis comer. 

Entre las aves limpias está: la gallina, las palomas, las codornices, el pato. 

A continuación hace una lista de aves prohibidas, la mayoría de las cuales son aves rapaces.
(Deu. 14:12-17)  Y estas son de las que no podréis comer: el águila, el quebrantahuesos, el azor, el gallinazo, el milano según su especie, todo cuervo según su especie, el avestruz, la lechuza, la gaviota y el gavilán según sus especies, el búho, el ibis, el calamón, el pelícano, el buitre, el somormujo, la cigüeña, la garza según su especie, la abubilla y el murciélago. 

También instruye sobre los insectos:
(Deu. 14:19)  Todo insecto alado será inmundo; no se comerá. 

Algunos permitidos son los saltamontes o langostas.

Aún dentro de los animales permitidos para comer, la Biblia señala que no se debe comer si se encuentran muertos en el camino o en el campo.  
(Deu. 14:21)  Ninguna cosa mortecina comeréis; al extranjero que está en tus poblaciones la darás, y él podrá comerla; o véndela a un extranjero, porque tú eres pueblo santo a Jehová tu Dios…

Además de los aspectos de higiene, esta instrucción probablemente está relacionada con las visitas al Templo, ya que los israelitas no podían entrar si recientemente estuvieron en contacto con cadáveres.  Pero la prohibición no aplica a los extranjeros porque a ellos no les era permitido entrar al Templo.

La última instrucción sobre lo que está prohibido comer se encuentra al final del versículo 21: “No cocerás el cabrito en la leche de la madre”.  Tradicionalmente los rabinos interpretaron este mandato como la prohibición de mezclar carne y productos lácteos.  Sin embargo, hay otra explicación más directa, que está vinculada con una tradición pagana: en la antigüedad los cananeos solían cocer un cabrito en la leche de su madre, el cual lo comían después y la leche era vertida en los campos como un ritual de fertilidad.  Esta es la explicación más clara de este mandato.

Aunque no podamos entender a fondo las razones de todas estas prohibiciones alimenticias, sin duda hay una razón divina.  Lo que la Biblia deja claro es que es un asunto de santidad
(Levítico 20:25-26)  Por tanto, vosotros haréis diferencia entre animal limpio e inmundo, y entre ave inmunda y limpia; y no contaminéis vuestras personas con los animales, ni con las aves, ni con nada que se arrastra sobre la tierra, los cuales os he apartado por inmundos.  Habéis, pues, de serme santos, porque yo Jehová soy santo, y os he apartado de los pueblos para que seáis míos.

Nota: Algunos creen que Dios “cambió” su Ley en la época de los apóstoles, basados en la visión que Pedro tuvo en Hechos 10.  Pero si leemos todo el texto queda claro que la visión tenía como propósito enseñar a Pedro que Dios había abierto una puerta para los gentiles.  A los gentiles creyentes (como Cornelio) no se les debía considerar como “impuros”.
(Hechos 10:28-29)  Y les dijo: Vosotros sabéis cuán abominable es para un varón judío juntarse o acercarse a un extranjero; pero a mí me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo;  por lo cual, al ser llamado, vine sin replicar.  Así que pregunto: ¿Por qué causa me habéis hecho venir?
(Hechos 10:34-35)  Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia.

[Para más información sobre este tema, pueden leer el estudio de: Hechos 10]


DIEZMO
El segundo tema principal de este capítulo es sobre el diezmo:
(Deu. 14:22)  Indefectiblemente diezmarás todo el producto del grano que rindiere tu campo cada año. 

“Indefectiblemente” quiere decir: sin falta, que no pude dejar de hacerse.
En hebreo el verbo “diezmar” está escrito doble, lo cual implica que es algo firme y determinante. 

Por definición, el “Diezmo” es la décima parte de algo.  En este capítulo se refiere a la décima parte de la cosecha del campo, ya que ésa era la principal fuente de producción de los israelitas en tiempos bíblicos.

En la Biblia se mencionan dos diezmos principales:

1.  PRIMER DIEZMO (heb. Maaser Rishon)
De toda la producción agrícola o ganadera, los israelitas debían apartar el diez por ciento (diezmo: 10%) para dedicarlo a Dios.
(Levítico 27:30) Y el diezmo de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, de Jehová es; es cosa dedicada a Jehová. 

El diezmo se entregaba en forma de producto.  En caso que el oferente quisiera quedarse con el producto y pagar el diezmo en moneda, podía hacerlo pero debía pagar un precio de redención…
(Levítico 27:31-32) Y si alguno quisiere rescatar algo del diezmo, añadirá la quinta parte de su precio por ello. Y todo diezmo de vacas o de ovejas, de todo lo que pasa bajo la vara, el diezmo será consagrado a Jehová.

Los israelitas debían entregar el diezmo a los levitas…
(Números 18:21) Y he aquí yo he dado a los hijos de Leví todos los diezmos  en Israel por heredad, por su ministerio, por cuanto ellos sirven en el ministerio del tabernáculo de reunión.
(Num. 18:24) Porque a los levitas he dado por heredad los diezmos de los hijos de Israel, que ofrecerán a Jehová en ofrenda; por lo cual les he dicho: Entre los hijos de Israel no poseerán heredad.

Los israelitas solían hacer la entrega del diezmo durante la fiesta, cuando subían a Jerusalén para celebrar.   
(Deu. 16:16-17)  Tres veces cada año aparecerá todo varón tuyo delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere: en la fiesta solemne de los panes sin levadura, y en la fiesta solemne de las semanas, y en la fiesta solemne de los tabernáculos. Y ninguno se presentará delante de Jehová con las manos vacías; cada uno con la ofrenda de su mano, conforme a la bendición que Jehová tu Dios te hubiere dado.

Tradicionalmente, los israelitas solían llevar el Primer Diezmo a Jerusalén durante la Fiesta de Semanas (luego de la cosecha de cebada y trigo, Deu. 16:10), y el Segundo Diezmo se llevaba en el contexto de la Fiesta de Tabernáculo (en el tiempo de la cosecha de los últimos frutos). 

2. SEGUNDO DIEZMO (heb. Maaser Sheni)
Este diezmo tiene la peculiaridad que no se entrega a los levitas, sino que se aparta para ciertos propósitos familiares y sociales que se definen en este capítulo (Devarim 14). 

a.  2° Diezmo “Maaser Sheni”: para celebrar la fiesta en familia en Jerusalén
b.  2° Diezmo “Maaser Aní”: para que los levitas, extranjeros, viudas y huérfanos celebren localmente

La asignación de este diezmo dependerá del año en cuestión, siguiendo el ciclo de siete años.  En Israel la producción agrícola se dividía en períodos de siete años.  El año séptimo era de reposo de la tierra (heb. Shmitá), por lo tanto no había diezmo.  Pero en los otros seis años, el Segundo Diezmo se manejaba de la siguiente manera:

Año
Diezmo
Para celebrar:
1
Maaser Sheni
En Jerusalén
2
Maaser Sheni
En Jerusalén
3
Maaser Aní
En la localidad, compartiéndolo con otros
4
Maaser Sheni
En Jerusalén
5
Maaser Sheni
En Jerusalén
6
Maaser Aní
En la localidad, compartiéndolo con otros
7
Shmitá
Año de reposo para la tierra

Ya sabiendo el tiempo de asignación para este segundo diezmo, leamos ahora lo que dice de cada uno…

a.  MAASER SHENI (para celebrar en Jerusalén)
El propósito principal de este diezmo era apartar dinero para celebrar en familia en Jerusalén. 
(Deu. 14:23)  Y comerás delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere para poner allí su nombre, el diezmo de tu grano, de tu vino y de tu aceite, y las primicias de tus manadas y de tus ganados, para que aprendas a temer a Jehová tu Dios todos los días. 

Como ya vimos, Jerusalén es “el lugar que Dios escogió para poner allí Su Nombre”.  Allí se debía llevar este “Segundo Diezmo”.  Ya estando en Jerusalén, se usaban los frutos y los animales para hacer un banquete y disfrutarlo en familia, delante de Dios. 
(Deu. 12:5-7) sino que el lugar que Jehová vuestro Dios escogiere de entre todas vuestras tribus, para poner allí su nombre para su habitación, ése buscaréis, y allá iréis. Y allí llevaréis vuestros holocaustos, vuestros sacrificios, vuestros diezmos, y la ofrenda elevada de vuestras manos, vuestros votos, vuestras ofrendas voluntarias, y las primicias de vuestras vacas y de vuestras ovejas; y comeréis allí delante de Jehová vuestro Dios, y os alegraréis, vosotros y vuestras familias, en toda obra de vuestras manos en la cual Jehová tu Dios te hubiere bendecido.

Para aquellos que vivieran lejos de Jerusalén, y se les dificultara el transporte del diezmo de la cosecha y del ganado, la Torá contempla otra opción:
(Deu. 14:24-26) Y si el camino fuere tan largo que no puedas llevarlo, por estar lejos de ti el lugar que Jehová tu Dios hubiere escogido para poner en él su nombre, cuando Jehová tu Dios te bendijere, entonces lo venderás y guardarás el dinero en tu mano, y vendrás al lugar que Jehová tu Dios escogiere; y darás el dinero por todo lo que deseas, por vacas, por ovejas, por vino, por sidra, o por cualquier cosa que tú deseares; y comerás allí delante de Jehová tu Dios, y te alegrarás tú y tu familia. 

Tradicionalmente, la celebración con el diezmo segundo lo hacían en el contexto de la Fiesta de Tabernáculos (heb. Sucot). Y esto no sólo fue en el pasado, sino también será en el futuro; Zacarías profetizó que en el Milenio las naciones tendrán la obligación de ir a Jerusalén a adorar al Señor (Zac. 14:16-17).

Además de celebrar con el segundo diezmo en familia, también debían invitar a levitas, pues ellos se dedicaban a Dios y por ello no contaban con bienes agrícolas para celebrar.
(Deu. 14:27) Y no desampararás al levita que habitare en tus poblaciones;  porque no tiene parte ni heredad contigo. 

b.  MAASER ANI (para compartir en la comunidad local)
Cada tres años, este segundo diezmo debía ser apartado para compartirlo localmente con ciertas personas en especial:
(Deu. 14:28-29)  Al fin de cada tres años sacarás todo el diezmo de tus productos de aquel año, y lo guardarás en tus ciudades. Y vendrá el levita, que no tiene parte ni heredad contigo, y el extranjero, el huérfano y la viuda que hubiere en tus poblaciones, y comerán y serán saciados; para que Jehová tu Dios te bendiga en toda obra que tus manos hicieren.

El diezmo de cada tres años era apartado para aquellos que generalmente no trabajaban la tierra, por lo tanto no disfrutaban de su fruto.  Entre ellos estaba el levita, las viudas, los huérfanos y los extranjeros (éstos últimos porque no podían poseer tierras). 
(Deu. 26:12) Cuando acabes de diezmar todo el diezmo de tus frutos en el año tercero, el año del diezmo, darás también al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda; y comerán en tus aldeas, y se saciarán.

Este segundo diezmo no iba para la celebración en Jerusalén, sino para permitir que los levitas, extranjeros, viudas y huérfanos pudieran celebrar cada tres años en sus localidades.

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Audio de la clase de Biblia Devarim 14 :



lunes, 13 de julio de 2015

DEVARIM 13: Malas influencias

Desde el capítulo anterior (cap. 12), comenzamos la sección en Devarim que consiste en “estatutos y decretos” (heb. Jukim v’mispatim), los cuales regulan la relación con el prójimo. 

En este capítulo se toca un tema muy serio: el peligro de las malas influencias que nos inducen a la idolatría.  Ya habíamos visto con anterioridad la prohibición de tener otros ídolos (Deu. 5:7-8; 7:4; 8:19-20), pero ahora se hablará de lo que se debe hacer con alguien que quiera inducir a los demás a caer en tal pecado…

Las advertencias se relacionan a tres grupos:
1.  profetas
2.  familiares
3.  ciudades

1. Primera advertencia: Referente a personas con don profético. 
(Deu. 13:1-3) Cuando se levantare en medio de ti profeta, o soñador de sueños, y te anunciare señal o prodigios, y si se cumpliere la señal o prodigio que él te anunció, diciendo: Vamos en pos de dioses ajenos, que no conociste, y sirvámosles; no darás oído a las palabras de tal profeta, ni al tal soñador de sueños; porque Jehová vuestro Dios os está probando, para saber si amáis a Jehová vuestro Dios con todo vuestro corazón, y con toda vuestra alma. 

Mucha gente se deja impresionar demasiado por los profetas.  Ciertamente es un don impresionante, pero los profetas siguen siendo seres humanos y pueden equivocarse.  Aunque una persona sea un profeta verdadero, no debemos dejarnos llevar por “cualquier cosa” que diga.  Más bien, debemos tener discernimiento sobre lo que se profetiza, siempre matizándolo y midiéndolo a la luz de las Escrituras.  Si debemos obedecer a alguien, es a Dios y no al profeta.
(Deu. 13:4) En pos de Jehová vuestro Dios andaréis; a él temeréis, guardaréis sus mandamientos y escucharéis su voz, a él serviréis, y a él seguiréis. 

La incitación a la idolatría tiene serias consecuencias…
(Deu. 13:5)  Tal profeta o soñador de sueños ha de ser muerto, por cuanto aconsejó rebelión contra Jehová vuestro Dios que te sacó de tierra de Egipto y te rescató de casa de servidumbre, y trató de apartarte del camino por el cual Jehová tu Dios te mandó que anduvieses; y así quitarás el mal de en medio de ti. 

La idolatría es tomada muy en serio en la Biblia, ya que las consecuencias implican desviar al pueblo y alejarlo de Dios.  Por ello, el castigo por este pecado es tan fuerte.

La advertencia no es sólo contra los líderes proféticos sino también contra personas más cercanas a uno, quienes tienen nuestro oído todo el tiempo…

2.  Segunda advertencia: En contra de los parientes cercanos que quieran hacernos tropezar.
(Deu. 13:6-7)  Si te incitare tu hermano, hijo de tu madre, o tu hijo, tu hija, tu mujer o tu amigo íntimo, diciendo en secreto: Vamos y sirvamos a dioses ajenos, que ni tú ni tus padres conocisteis, de los dioses de los pueblos que están en vuestros alrededores, cerca de ti o lejos de ti, desde un extremo de la tierra hasta el otro extremo de ella… 

Noten que esta invitación a la idolatría se hace “en secreto”, en el ámbito de la intimidad de la casa.  Nadie más se enteraría, pero Dios sí. 
¿Cuál debe ser nuestra reacción ante tal propuesta del pariente cercano?
(Deu. 13:8)  no consentirás con él,  ni le prestarás oído;  ni tu ojo le compadecerá,  ni le tendrás misericordia,  ni lo encubrirás, 

Pero no basta con “no prestarle atención”.  La Biblia dice que esa persona debe ser eliminada de entre el pueblo por la amenaza que implica a la comunidad.
(Deu. 13:9-11)  sino que lo matarás; tu mano se alzará primero sobre él para matarle, y después la mano de todo el pueblo.  Le apedrearás hasta que muera,  por cuanto procuró apartarte de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto,  de casa de servidumbre; para que todo Israel oiga, y tema, y no vuelva a hacer en medio de ti cosa semejante a esta. 

Suena demasiado drástico, pero es porque la amenaza es muy seria.  La idolatría es una amenaza que lleva a la destrucción, y por eso debe eliminarse de raíz, de forma similar al cáncer.  El cáncer no puede dejarse en el cuerpo porque se corre con el riesgo real de que la enfermedad se extienda a los órganos sanos.  Así como se debe extirpar el cáncer, de igual manera se debe eliminar la idolatría dentro del pueblo de Dios, y lo mismo debe hacerme con aquellos que lo incitan.

Anteriormente vimos que Dios prohibió a los israelitas unirse con los idólatras de Canaán.  Les prohibió entrar en alianzas con ellos y en matrimonio, no porque los israelitas fueran “mejores personas” sino porque existía el peligro de que los israelitas cayeran en idolatría por asociarse con esos pueblos paganos (Deu. 7:1-6).  Si los israelitas se comportan como los idólatras cananeos, a ellos les irá igual…
(Deu. 8:19)  Mas si llegares a olvidarte de Jehová tu Dios y anduvieres en pos de dioses ajenos, y les sirvieres y a ellos te inclinares, yo lo afirmo hoy contra vosotros, que de cierto pereceréis.

Debemos entender que Dios no quiere la muerte de nadie…
(Ezequiel 18:32)  Porque no quiero la muerte del que muere, dice Jehová el Señor;  convertíos, pues, y viviréis.

En última instancia, la decisión es de cada uno (Deu. 30:15-20).  Si otros escogen la muerte, es su problema; pero uno debe escoger la vida, y esto incluye mantener la comunidad limpia de cualquier idolatría.  En este capítulo (Devarim 13), el Señor invita a los israelitas a unirse a su plan de limpieza de Israel.

3.  Tercera advertencia: Está relacionada a ciudades enteras que han caído en idolatría…
(Deu. 13:12-13) Si oyeres que se dice de alguna de tus ciudades que Jehová tu Dios te da para vivir en ellas, que han salido de en medio de ti hombres impíos que han instigado a los moradores de su ciudad, diciendo: Vamos y sirvamos a dioses ajenos, que vosotros no conocisteis…

El texto hace referencia a unos individuos que los describe como “hombres impíos”.  En hebreo es: Bnei Belial, que literalmente significa “hijos de Belial”. Belial se traduce como alguien malvado, “bueno para nada”.  La Septuaginta lo traduce como “hombres sin ley”.  La Biblia los define como: hombres que no conocen realmente a Dios (1 Sam. 2:12).

Pablo hace referencia al concepto de Belial en su carta a los corintios:
(2 Corintios 6:14-18)  No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque  ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré, y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso.

Aquí habla Pablo del principio de separarse de “los hijos de Belial”, los que han rechazado a Dios y no se quieren someter a Él.  De ellos debemos separarnos.

Pero en la Tierra Prometida, Dios pide un estándar más alto, que no sólo es en sentido espiritual sino literal.  Si hay “hombres impíos” en una ciudad, y ellos están incitando al pueblo a servir a otros dioses, entonces tendrán el Señor instruye que se haga lo siguiente:
 (Deu. 13:14-15) …tú inquirirás, y buscarás y preguntarás con diligencia; y si pareciere verdad, cosa cierta, que tal abominación se hizo en medio de ti, irremisiblemente herirás a filo de espada a los moradores de aquella ciudad, destruyéndola con todo lo que en ella hubiere, y también matarás sus ganados a filo de espada. 

Este mandato suena muy drástico, pero a la luz de la Biblia es completamente necesario.  Si un pueblo entero no eliminó a los idólatras entre ellos es porque les encubrieron o porque ellos mismos están en lo mismo.  Cuando la idolatría logra propagarse en una ciudad, es porque ese cáncer espiritual ya llegó a contaminar a toda la comunidad.  Por lo tanto, Dios ordena que sea eliminado todo el mal.  Es necesario resaltar que se llegará a esta conclusión luego de una exhaustiva investigación y de haber pasado por todas las instancias legales.  El dictamen para matar a otro debe provenir sólo de las cortes de justicia, nunca de un individuo ni por “revancha popular”.

NO SE QUEDARÁN CON NADA
El castigo por la idolatría en una ciudad no implica solamente la muerte de los habitantes, sino la destrucción de todo.  
(Deu. 13:16)  Y juntarás todo su botín en medio de la plaza, y consumirás con fuego la ciudad y todo su botín, todo ello, como holocausto a Jehová tu Dios, y llegará a ser un montón de ruinas para siempre; nunca más será edificada. 

Los israelitas no se debían quedar con NADA de la ciudad idólatra, para evitar contaminación. 
(Deu. 13:17-18)  Y no se pegará a tu mano nada del anatema, para que Jehová se aparte del ardor de su ira, y tenga de ti misericordia, y tenga compasión de ti, y te multiplique, como lo juró a tus padres, cuando obedecieres a la voz de Jehová tu Dios, guardando todos sus mandamientos que yo te mando hoy, para hacer lo recto ante los ojos de Jehová tu Dios.

APLICACIÓN HOY
¿Cómo puede aplicarse esto al día de hoy?  El apóstol Pablo nos enseña una forma de aplicar este principio hoy en día.  Luego de hablar sobre un caso que se dio en una congregación en Corinto (1 Cor. 5:1-8), Pablo explicó lo siguiente:
(1 Corintios 5:9-13) Os he escrito por carta, que no os juntéis con los fornicarios;  no absolutamente con los fornicarios de este mundo, o con los avaros, o con los ladrones, o con los idólatras; pues en tal caso os sería necesario salir del mundo.  Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis.  Porque ¿qué razón tendría yo para juzgar a los que están fuera? ¿No juzgáis vosotros a los que están dentro?  Porque a los que están fuera, Dios juzgará. Quitad, pues, a ese perverso de entre vosotros.

Definitivamente no nos compete a nosotros “eliminar” a todo idólatra del mundo; pero lo que sí debemos cuidar es de mantener nuestras casas e iglesias libres de idolatría y de malas influencias.  Si alguien en la iglesia está haciendo algo incorrecto que podría contaminar a la congregación, entonces debe ser confrontado (siguiendo el orden que Jesús enseñó en Mateo 18:15-17).  En caso que no quiera arrepentirse, debe ser expulsado de la congregación, y debemos apartarnos de ese individuo.
(2 Tes. 3:6)  Pero os ordenamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y no según la enseñanza que recibisteis de nosotros.

Tanto en tiempos de Moisés como en los días de Pablo, el principio es el mismo, al igual que lo es el día de hoy: destruyamos toda idolatría entre nosotros, y apartémonos de toda mala influencia que pudiera inducirnos a pecar contra Dios. 


Más lecciones de Deuteronomio @   Devarim (Deut.)

Audio de la clase de Biblia Devarim 13 :