martes, 15 de julio de 2014

HECHOS 18. Pablo en Corinto


Luego de estar en Atenas por un corto tiempo, Pablo se dirigió a la ciudad de Corinto...



Corinto es una ciudad portuaria situada en el istmo que une a Grecia con la península del Peloponeso.  Esta ciudad tiene acceso a dos mares (Iónico y Egeo), los cuales están unidos por un canal (al estilo del canal de Panamá y el Canal de Suez).  Por ello, Corinto era un importante centro comercial.


Cerca de la ciudad hay un lugar alto que se conocía como Acrócorintos.  Era la acrópolis de Corinto.  La Acrópolis era el lugar más alto y mejor fortificado de las ciudades griegas de la antigüedad, donde se situaban los principales templos y edificios públicos.  En el punto más alto del Acrocorintos estaba el Templo a Venus, la diosa de la fertilidad.  Su adoración iba acompañada de actos sexuales.  Sus sacerdotisas se considerarían hoy como prostitutas.  En Corinto había más templos a otras deidades paganas, pero el templo de Venus predominaba, y eso se reflejaba en el estilo de vida de la ciudad que se caracterizaba por una gran inmoralidad. En esos tiempos, la palabra “corintio” era sinónimo de prostitución y fornicación. 

Ante esto, tal vez nos sorprenda ver a Pablo en medio de esa cultura.  Pero era una ciudad al estilo de las metrópolis del día de hoy donde encontramos de todo—lo bueno a la par de lo malo.  En Corinto había sinagogas y también gente temerosa de Dios.  Allí conoció a una pareja de judíos que se dedicaban al mismo oficio que él. 
(Hechos 18:1-3)  Después de estas cosas,  Pablo salió de Atenas y fue a Corinto.  (2)  Y halló a un judío llamado Aquila, natural del Ponto,  recién venido de Italia con Priscila su mujer, por cuanto Claudio había mandado que todos los judíos saliesen de Roma.  Fue a ellos, (3)  y como era del mismo oficio, se quedó con ellos, y trabajaban juntos, pues el oficio de ellos era hacer tiendas. 

La región de donde Pablo provenía era conocida por una tela de pelo de cabra conocida como “cilicio”.  En la Biblia se menciona mucho, y era usaban como manto para hacer luto y lamentación.  Pero ese no era su único uso.  El cilicio era una tela gruesa y durable que era resistente al agua; era utilizada para hacer capas, cortinas y también tiendas de campaña.

Como vimos en la entrada pasada, Pablo trabajaba para no ser carga a las congregaciones a donde iba.  Ese fue el caso de Corintio también.  Él no sólo trabajó allí, sino que también recibió ofrenda de los hermanos de Macedonia, y con esa colaboración pudo dedicar más tiempo a compartir el Evangelio, y no sólo a trabajar. Esto lo menciona en la segunda carta a los corintios:
(2 Corintios 11:6-9)  Pues aunque sea tosco en la palabra,  no lo soy en el conocimiento;  en todo y por todo os lo hemos demostrado.  (7)  ¿Pequé yo humillándome a mí mismo,  para que vosotros fueseis enaltecidos,  por cuanto os he predicado el evangelio de Dios de balde?  (8)  He despojado a otras iglesias,  recibiendo salario para serviros a vosotros.  (9)  Y cuando estaba entre vosotros y tuve necesidad,  a ninguno fui carga,  pues lo que me faltaba,  lo suplieron los hermanos que vinieron de Macedonia,  y en todo me guardé y me guardaré de seros gravoso.

EXPULSIÓN DE ROMA
En Hechos 18, Lucas menciona que los judíos fueron expulsados de Roma en ese tiempo, por orden del emperador Claudio. ¿Cuál fue la razón de la expulsión?  Según la historia, en ese tiempo en Roma había aproximadamente 13 sinagogas.  Cuando llegó el mensaje de los cristianos, quienes creían que Jesús es el Mesías (gr. Kristos), los judíos se dividieron pues unos creyeron y otros no.  La tensión entre los dos grupos fue creciendo, hasta culminar en confrontaciones violentas entre sinagogas.  La reacción de las autoridades romanas a este conflicto fue la expulsión de los 45 mil judíos aproximadamente que vivían en Roma.  Entre los expulsados estaban Aquila y Priscila, quienes se dirigieron a Corinto.  Allí se encontraron con Pablo.  A los judíos no se les permitió regresar a Roma sino hasta cinco años después, al inicio del reinado de Nerón, en 54 d.C.

PABLO EN CORINTO
Al llegar Pablo a Corinto, como solía hacerlo, se dirigió a la sinagoga en el día de reposo (heb. Shabat, sábado), donde los judíos se reunían cada semana para leer la Torá, aprender y compartir. 
(Hechos 18:4-5)  Y discutía en la sinagoga todos los días de reposo, y persuadía a judíos y a griegos. (5) Y cuando Silas y Timoteo vinieron de Macedonia, Pablo estaba entregado por entero a la predicación de la palabra, testificando a los judíos que Jesús era el Cristo. 

Así como en Jerusalén y casi en todos los lugares a donde Pablo iba, vemos que algunos recibían su mensaje, pero no todos… 
(Hechos 18:6)  Pero oponiéndose y blasfemando éstos, les dijo, sacudiéndose los vestidos: Vuestra sangre sea sobre vuestra propia cabeza; yo, limpio; desde ahora me iré a los gentiles. 

En este momento, Pablo reaccionó al rechazo de sus hermanos judíos.  Decepcionado, se propuso dirigirse a los gentiles, lo cual hizo de inmediato.
(Hechos 18:7)  Y saliendo de allí, se fue a la casa de uno llamado Justo, temeroso de Dios, la cual estaba junto a la sinagoga. 

Aunque la reacción de Pablo es comprensible, la realidad es que no todos los judíos rechazaron el mensaje.  Aunque pocos, algunos sí lo recibieron y creyeron; entre ellos estaba uno que era un personaje importante en la comunidad judía de la ciudad… 
(Hechos 18:8)  Y Crispo, el principal de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su casa; y muchos de los corintios, oyendo, creían y eran bautizados. 

Dondequiera que iba, Pablo recibía tanto aceptación como rechazo.   Pero tal vez su corazón se estaba desanimando por estos contrastes, y por ello el Señor lo animó con la siguiente revelación:
(Hechos 18:9-10)  Entonces el Señor dijo a Pablo en visión de noche: No temas, sino habla, y no calles;  (10)  porque yo estoy contigo, y ninguno pondrá sobre ti la mano para hacerte mal, porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad. 

Luego de recibir este mensaje de Dios, Pablo decidió quedarse allí por más tiempo…
(Hechos 18:11) Y se detuvo allí un año y seis meses, enseñándoles la palabra de Dios. 

Fue durante este tiempo que Pablo escribió las dos cartas a los Tesalonicenses.

LA OPOSICIÓN SE LEVANTA DE NUEVO
Luego de pasar un tiempo en Corinto, la oposición se volvió a levantar en contra de Pablo.  De nuevo, los enemigos lo acusaron ante las autoridades romanas. (Hechos 18:12-13)  Pero siendo Galión procónsul de Acaya, los judíos se levantaron de común acuerdo contra Pablo, y le llevaron al tribunal,  (13)  diciendo: Este persuade a los hombres a honrar a Dios contra la ley. 

Pero cuando Pablo fue llevado ante las autoridades para ser juzgado, se hizo evidente que la oposición se debía a razones religiosas y no políticas.
(Hechos 18:14-16)  Y al comenzar Pablo a hablar, Galión dijo a los judíos: Si fuera algún agravio o algún crimen enorme, oh judíos, conforme a derecho yo os toleraría.  (15) Pero si son cuestiones de palabras, y de nombres, y de vuestra ley, vedlo vosotros; porque yo no quiero ser juez de estas cosas.  (16) Y los echó del tribunal. 

Se sabe por datos históricos que Galión fue el procurador romano en Corinto en el período de 52-23 d.C.  Galio era hermano del famoso filósofo Séneca, quien escribió: “No hay mortal más agradable hacia todos que Galión”.  Era evidente que era justo porque no se dejó manipular por el líder de la sinagoga.  Más bien, el tiro les salió por la culata a los enemigos de Pablo…
(Hechos 18:17) Entonces todos los griegos, apoderándose de Sóstenes, principal de la sinagoga, le golpeaban delante del tribunal; pero a Galión nada se le daba de ello. 

Según la historia, tanto Galio y Séneca, al igual que Pablo, todos murieron por capricho del emperador Nerón en el año 65 d.C.

CAMINO DE REGRESO
Pablo se quedó en Corinto mucho tiempo.  Cuando cumplió su misión allí, siguió su camino de regreso a casa, de donde había partido mucho tiempo atrás.  En esta ocasión, sus nuevos amigos Aquilas y Priscila le acompañaron en su viaje. 
(Hechos 18:18)  Mas Pablo, habiéndose detenido aún muchos días allí, después se despidió de los hermanos y navegó a Siria, y con él Priscila y Aquila, habiéndose rapado la cabeza en Cencrea, porque tenía hecho voto. 

El destino final de Pablo iba a ser Siria, pero antes debía hacer otra parada, ya que tenía una misión que cumplir en Jerusalén.  Lucas señala que Pablo se rapó la cabeza por un voto.  Seguramente se refiere a un voto nazareo (Números 6). Veamos en qué consiste éste…

VOTO NAZAREO
El voto nazareo es la oportunidad que se les da a los israelitas de cualquier tribu para dedicarse a Dios como si fueran levitas, por un tiempo determinado.  Este voto voluntario está descrito en el libro de Números:
(Números 6:1-7)  Habló Jehová a Moisés,  diciendo: (2) Habla a los hijos de Israel y diles: El hombre o la mujer que se apartare haciendo voto de nazareo,  para dedicarse a Jehová, (3) se abstendrá de vino y de sidra; no beberá vinagre de vino, ni vinagre de sidra, ni beberá ningún licor de uvas, ni tampoco comerá uvas frescas ni secas.  (4)  Todo el tiempo de su nazareato, de todo lo que se hace de la vid, desde los granillos hasta el hollejo, no comerá.  (5)  Todo el tiempo del voto de su nazareato no pasará navaja sobre su cabeza; hasta que sean cumplidos los días de su apartamiento a Jehová, será santo; dejará crecer su cabello.  (6) Todo el tiempo que se aparte para Jehová,  no se acercará a persona muerta. (7) Ni aun por su padre ni por su madre, ni por su hermano ni por su hermana, podrá contaminarse cuando mueran; porque la consagración de su Dios tiene sobre su cabeza.

En el período en que el israelita cumplía su voto nazareo, no se debían cortar el cabello.  Pero al final, cuando cumplían el tiempo de su voto, se debían rapar la cabeza y ofrecer una ofrenda de paz en el Templo de Jerusalén.
(Números 6:13-21)  Esta es, pues, la ley del nazareo el día que se cumpliere el tiempo de su nazareato: Vendrá a la puerta del tabernáculo de reunión, (14)  y ofrecerá su ofrenda a Jehová, un cordero de un año sin tacha en holocausto,  y una cordera de un año sin defecto en expiación, y un carnero sin defecto por ofrenda de paz. (15)  Además un canastillo de tortas sin levadura,  de flor de harina amasada con aceite, y hojaldres sin levadura untadas con aceite, y su ofrenda y sus libaciones. (16) el sacerdote lo ofrecerá delante de Jehová, y hará su expiación y su holocausto; (17) y ofrecerá el carnero en ofrenda de paz a Jehová, con el canastillo de los panes sin levadura; ofrecerá asimismo el sacerdote su ofrenda y sus libaciones. (18) Entonces el nazareo raerá a la puerta del tabernáculo de reunión su cabeza consagrada, y tomará los cabellos de su cabeza consagrada y los pondrá sobre el fuego que está debajo de la ofrenda de paz. (19) Después tomará el sacerdote la espaldilla cocida del carnero, una torta sin levadura del canastillo, y una hojaldre sin levadura, y las pondrá sobre las manos del nazareo, después que fuere raída su cabeza consagrada; (20) y el sacerdote mecerá aquello como ofrenda mecida delante de Jehová, lo cual será cosa santa del sacerdote, además del pecho mecido y de la espaldilla separada;  después el nazareo podrá beber vino.  (21)  Esta es la ley del nazareo que hiciere voto de su ofrenda a Jehová por su nazareato, además de lo que sus recursos le permitieren; según el voto que hiciere, así hará, conforme a la ley de su nazareato.

La rapada de cabello se hacía al final del voto, pero algunos comentaristas señalan que también lo hacían al principio, para que el largo del cabello representara el tiempo del voto. 

No sabemos exactamente si Pablo se rapó la cabeza porque comenzaba su voto o porque lo había terminado.  Lo que sí sabemos es que comenzó su camino a Jerusalén para sellar en el Templo su voto con la ofrenda del sacrificio de paz (heb. Shelamim; Lev. 22:21; Lev. 3:1-17)

PASO POR EFESO
En su camino de regreso, Pablo pasó por Éfeso.  Este era el lugar donde Pablo tenía planeado pasar al principio de su travesía, pero el Espíritu Santo los desvió a Macedonia.  Éfeso era la ciudad más importante de la provincia de Asia.  Allí se encontraba el principal centro de adoración a la diosa Diana (Artemis), cuyo templo se consideraba como una de las siete maravillas del mundo romano antiguo. 

La congregación de judíos en Efeso le pidieron a Pablo que se quedara, pero no aceptó en ese momento porque ya tenía planes.
(Hechos 18:19-21) Y llegó a Éfeso, y los dejó allí; y entrando en la sinagoga, discutía con los judíos, (20) los cuales le rogaban que se quedase con ellos por más tiempo; mas no accedió, (21) sino que se despidió de ellos, diciendo: Es necesario que en todo caso yo guarde en Jerusalén la fiesta que viene; pero otra vez volveré a vosotros, si Dios quiere. Y zarpó de Éfeso. 

En el capítulo 19 veremos que Pablo regresará a Éfeso, tal como había dicho—.  Mientras tanto, él dejó allí a Aquila y Priscila para discipular a la comunidad de creyentes en Éfeso.

DE REGRESO
El siguiente tramo de viaje lo hizo por mar, de Éfeso a Cesarea.  Lucas dice que habiendo llegado a Israel, fue a saludar a la iglesia.  Algunos creen que saludó a los creyentes en Cesarea, pero es lo más posible es que haya ido a Jerusalén, ya que ese era su destino propuesto.  Un indicio de esto es que el texto dice que “subió”, lo cual en la Biblia se refiere casi siempre a Jerusalén.  Noten que cuando menciona a Antioquía, dice que “descendió”, a pesar que dicha ciudad está al norte de Israel.
(Hechos 18:22)  Habiendo arribado a Cesarea, subió para saludar a la iglesia,  y luego descendió a Antioquía. 

Pablo se quedó un tiempo en Siria, pero no pasó mucho tiempo antes que comenzara a viajar de nuevo.
(Hechos 18:23)  Y después de estar allí algún tiempo, salió, recorriendo por orden la región de Galacia y de Frigia, confirmando a todos los discípulos. 

El propósito de los viajes frecuentes de Pablo era dar seguimiento a las iglesias de creyentes que se iban estableciendo en sus visitas por las diferentes ciudades y regiones.

APOLOS
Al final del capítulo 18, Lucas menciona a un nuevo personaje que dejará su huella en el mundo cristiano…
(Hechos 18:24-25)  Llegó entonces a Éfeso un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras.  (25)  Este había sido instruido en el camino del Señor; y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor, aunque solamente conocía el bautismo de Juan. 

Este joven judío llamado Apolos nos recuerda a Timoteo.  Pero, aunque tenía mucho fervor, todavía carecía de conocimiento de la fe cristiana.  Parece que Apolos era un discípulo de Juan el Bautista, o de alguno de sus seguidores cercanos, pero no se mantuvo en contacto con los apóstoles.  Por eso Priscila y Aquila decidieron hablarle y discipularlo. 
(Hechos 18:26)  Y comenzó a hablar con denuedo en la sinagoga;  pero cuando le oyeron Priscila y Aquila, le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios.

Aparentemente Apolos tenía un gran don de persuasión, y sirvió mucho para la evangelización de la región. 
(Hechos 18:27-28) Y queriendo él pasar a Acaya, los hermanos le animaron,  y escribieron a los discípulos que le recibiesen; y llegado él allá, fue de gran provecho a los que por la gracia habían creído; (28) porque con gran vehemencia refutaba públicamente a los judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo.


sábado, 12 de julio de 2014

HECHOS 17. De Macedonia a Atenas




En el capítulo 17 de Hechos, seguimos el recorrido del Segundo Viaje Misionero de Pablo.  Como vimos, él iba acompañado de Silas, y también se les unió Timoteo en el camino.  Al salir de Macedonia, la ruta que siguieron fue la siguiente:  Macedonia * Anfípolis * Apolonia * Tesalónica

Aunque Anfípolis y Apolonia eran ciudades de considerable tamaño, no se detuvieron allí, sino que siguieron hasta Tesalónica, donde había una sinagoga.  Pablo fue llamado a ser apóstol de los gentiles, pero siempre le daba prioridad a sus hermanos judíos (Rom 2:9-19; Rom. 1:16).
(Hechos 17:1)  Pasando por Anfípolis y Apolonia, llegaron a Tesalónica, donde había una sinagoga de los judíos. 

Como solía hacerlo, Pablo se dirigió a la sinagoga en el día de reposo (heb. Shabat)…
(Hechos 17:2-3)  Y Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de reposo discutió con ellos, (3)  declarando y exponiendo por medio de las Escrituras, que era necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos; y que Jesús, a quien yo os anuncio, decía él, es el Cristo. 

Pablo se quedó en Tesalónica casi un mes, compartiendo el mensaje que llevaba.
Pero no sólo se quedó compartiendo, sino también trabajando, tal como podemos leer en su carta a los Tesalonicenses…
(1 Tes. 2:5-9) Porque nunca usamos de palabras lisonjeras,  como sabéis,  ni encubrimos avaricia;  Dios es testigo;  (6)  ni buscamos gloria de los hombres;  ni de vosotros,  ni de otros,  aunque podíamos seros carga como apóstoles de Cristo.  (7)  Antes fuimos tiernos entre vosotros,  como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos.  (8)  Tan grande es nuestro afecto por vosotros,  que hubiéramos querido entregaros no sólo el evangelio de Dios,  sino también nuestras propias vidas;  porque habéis llegado a sernos muy queridos.  (9)  Porque os acordáis,  hermanos,  de nuestro trabajo y fatiga;  cómo trabajando de noche y de día,  para no ser gravosos a ninguno de vosotros,  os predicamos el evangelio de Dios.

(2 Tes. 3:7-10)  Porque vosotros mismos sabéis de qué manera debéis imitarnos;  pues nosotros no anduvimos desordenadamente entre vosotros,  (8)  ni comimos de balde el pan de nadie,  sino que trabajamos con afán y fatiga día y noche,  para no ser gravosos a ninguno de vosotros;  (9)  no porque no tuviésemos derecho,  sino por daros nosotros mismos un ejemplo para que nos imitaseis.  (10)  Porque también cuando estábamos con vosotros,  os ordenábamos esto:  Si alguno no quiere trabajar,  tampoco coma.  (11)  Porque oímos que algunos de entre vosotros andan desordenadamente,  no trabajando en nada,  sino entremetiéndose en lo ajeno.  (12)  A los tales mandamos y exhortamos por nuestro Señor Jesucristo,  que trabajando sosegadamente,  coman su propio pan.  (13)  Y vosotros,  hermanos,  no os canséis de hacer bien.

En el próximo capítulo veremos que Pablo trabajaba en el oficio de hacer tiendas (Hechos 18:3).  Aunque en ocasiones los hermanos apoyaban económicamente a Pablo, él no quería ser carga para ellos, y él trabajaba para mantenerse.  

En Tesalónica, muchos judíos creyeron en Jesús, no sólo por el testimonio de Pablo sino por lo que decían las Escrituras.  También creyeron muchos griegos temerosos de Dios.
(Hechos 17:4)  Y algunos de ellos creyeron, y se juntaron con Pablo y con Silas; y de los griegos piadosos gran número, y mujeres nobles no pocas. 

Pero no todos los judíos recibieron bien el mensaje de Pablo.  Los que no creyeron buscaron la forma de deshacerse de Pablo.
(Hechos 17:5)  Entonces los judíos que no creían, teniendo celos, tomaron consigo a algunos ociosos, hombres malos, y juntando una turba, alborotaron la ciudad; y asaltando la casa de Jasón, procuraban sacarlos al pueblo. 

No sólo en Tesalónica sino en otros lugares hemos visto lo mismo: los enemigos de Pablo lo acusan falsamente de causar alboroto, con el fin de que las autoridades locales traten con ellos, y finalmente se deshagan de ellos.  Por ser extranjeros y visitantes a quienes nadie conoce, es fácil crear conjeturas en torno a ellos. 

Los enemigos de Pablo fueron a buscarlo a la casa de Jasón, pues allí se estaba hospedando (17:7).  Lucas no menciona quien era Jasón, pero en una de las cartas de Pablo lo presenta como pariente suyo.
(Romanos 16:21)  Os saludan Timoteo mi colaborador,  y Lucio,  Jasón y Sosípater, mis parientes.

Como no encontraron a Pablo, se llevaron a Jasón para acusarlos ante las autoridades…
(Hechos 17:6-8) Pero no hallándolos, trajeron a Jasón y a algunos hermanos ante las autoridades de la ciudad, gritando: Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá;  (7) a los cuales Jasón ha recibido; y todos éstos contravienen los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús.  (8) Y alborotaron al pueblo y a las autoridades de la ciudad, oyendo estas cosas.

Aunque es cierto que los creyentes consideran que Jesús será rey sobre toda la Tierra, es más una profecía que una “amenaza contra el César”.  Pero los enemigos usaron ese argumento porque sabían qué palabras harían reaccionar a los romanos. Felizmente no encontraron a Pablo sino sólo a Jasón, quien era conocido por las autoridades ya que vivía allí.  A él lo dejaron libre al final…
(Hechos 17:9) Pero obtenida fianza de Jasón y de los demás, los soltaron. 

Para proteger a Pablo y a Silas, los enviaron a un pueblo vecino…
(Hechos 17:10) Inmediatamente, los hermanos enviaron de noche a Pablo y a Silas hasta Berea. Y ellos, habiendo llegado, entraron en la sinagoga de los judíos. 

De nuevo, vemos que ellos se dirigieron inmediatamente a la sinagoga.  En esta ocasión, los recibieron mejor…
(Hechos 17:11) Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica,  pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así.

Los creyentes de Berea son un buen ejemplo a todos, pues ellos no sólo escucharon respetuosamente el mensaje de Pablo, y sin prejuicio, sino que filtraron su mensaje a través del filtro de la Palabra de Dios.  Eso deberíamos hacer todos. 
(1 Tesalonicenses 5:21)  Examinadlo todo;  retened lo bueno.

Muchos judíos en Berea creyeron en Jesús por el testimonio de Pablo, y porque confirmaron su mensaje en las Escrituras.  Pero no sólo ellos creyeron, sino también griegos. 
(Hechos 17:12)  Así que creyeron muchos de ellos, y mujeres griegas de distinción, y no pocos hombres. 

Pero a los judíos de Tesalónica les llegó la noticia que Pablo estaba en la ciudad vecina, y lo persigueron hasta allí…
(Hechos 17:13)  Cuando los judíos de Tesalónica supieron que también en Berea era anunciada la palabra de Dios por Pablo, fueron allá, y también alborotaron a las multitudes. 

Ante esto, los hermanos decidieron mandar lejos a Pablo para protegerlo. 
(Hechos 17:14)  Pero inmediatamente los hermanos enviaron a Pablo que fuese hacia el mar; y Silas y Timoteo se quedaron allí. 

Aparentemente, ellos pidieron que Timoteo y Silas se quedaran allí para seguir compartiendo con los creyentes…pero no fue por mucho tiempo, porque Pablo los mandó a llamar. 
(Hechos 17:15)  Y los que se habían encargado de conducir a Pablo le llevaron a Atenas; y habiendo recibido orden para Silas y Timoteo, de que viniesen a él lo más pronto que pudiesen, salieron. 

PABLO EN ATENAS
Mientras que esperaba a sus compañeros, Pablo no se quedó escondido sino que salió a dar una vuelta por Atenas y se dirigió a la sinagoga de la ciudad.
(Hechos 17:16-17)  Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu se enardecía viendo la ciudad entregada a la idolatría.  (17)  Así que discutía en la sinagoga con los judíos y piadosos, y en la plaza cada día con los que concurrían. 

Hasta ahora, Pablo había compartido principalmente entre los judíos, y también con los gentiles temerosos de Dios que iban allí.  Pero en esta ocasión salió a la calle.  En Atenas, los filósofos se reunían en las plazas para exponer sus pensamientos, y allí Pablo decidió compartir lo que creía…
(Hechos 17:18-21)  Y algunos filósofos de los epicúreos y de los estoicos disputaban con él; y unos decían: ¿Qué querrá decir este palabrero? Y otros: Parece que es predicador de nuevos dioses; porque les predicaba el evangelio de Jesús, y de la resurrección.  (19)  Y tomándole, le trajeron al Areópago, diciendo: ¿Podremos saber qué es esta nueva enseñanza de que hablas?  (20)  Pues traes a nuestros oídos cosas extrañas.  Queremos, pues, saber qué quiere decir esto.  (21)  (Porque todos los atenienses y los extranjeros residentes allí, en ninguna otra cosa se interesaban sino en decir o en oír algo nuevo.) 

Los filósofos que Lucas menciona son de dos corrientes de pensamiento:
a.  Epicúreos: filosofía que promueve la búsqueda del placer sobre todas las cosas.  No creen en la vida eterna, sino sólo en la vida temporal, por lo tanto deben disfrutarla tanto como puedan. 
b.  Estoicos: A diferencia de los epicúreos, los estoicos exaltaban el domino del alma y las pasiones, pues creían que la verdad y el bien se encuentra a través de la razón.

La curiosidad de los griegos no era tanto espiritual como filosófica.  Simplemente quieren saber por amor al conocimiento, no tanto amor por la verdad ni amor a Dios.  Dado que los atenienses no conocían al Dios de Israel, Yehová, entonces les habló en forma que ellos pudieran entenderle…
(Hechos 17:22-28) Entonces Pablo, puesto en pie en medio del Areópago, dijo: Varones atenienses, en todo observo que sois muy religiosos; (23) porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: Al Dios no conocido.  Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio.  (24)  El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, (25) ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas.  (26) Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación;  (27)  para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros.  (28)  Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos. 

Pablo también aprovechó a hablar en contra de la idolatría, que tanto le había chocado en su paseo por la ciudad…
(Hechos 17:29) Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres. 

También aprovechó a hacer un llamado al arrepentimiento…
(Hechos 17:30-31)  Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan;  (31)  por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos. 

Este mensaje ya no les gustó a los atenienses, y dejaron de escucharlo. 
(Hechos 17:32)  Pero cuando oyeron lo de la resurrección de los muertos, unos se burlaban, y otros decían: Ya te oiremos acerca de esto otra vez. 

Pero el discurso no fue completamente en vano, pues algunos creyeron.
(Hechos 17:33-34)  Y así Pablo salió de en medio de ellos.  (34)  Mas algunos creyeron,  juntándose con él; entre los cuales estaba Dionisio el areopagita, una mujer llamada Dámaris, y otros con ellos.

El mensaje del Evangelio es tanto para judíos como para gentiles, pero no siempre se comparte de igual forma.  Los judíos ya creen en Yehová, y por eso Pablo les habla con ellos directamente sobre el Mesías.  Pero los gentiles no conocen al único Dios, ya que ellos están expuestos a muchos dioses falsos.  Por lo tanto, el mensaje a los gentiles debe comenzar con presentar a Dios, y luego al Mesías y su plan de salvación.



martes, 8 de julio de 2014

HECHOS 16:4-40. Continúa el Segundo Viaje

A Pablo y a Silas se les unió Timoteo, y siguieron su viaje.  Dondequiera que iban, entregaban las cartas con las conclusiones del Concilio de Jerusalén. 
(Hechos 16:4-5)  Y conforme pasaban por las ciudades, entregaban los acuerdos tomados por los apóstoles y los ancianos que estaban en Jerusalén, para que los observaran.  (5)  Así que las iglesias eran confirmadas en la fe, y diariamente crecían en número. 

Nótese que el crecimiento de las iglesias o congregaciones de creyentes no era sólo en número sino en calidad (“confirmadas” en la fe, del griego Stereoo: afirmar, solidificar).



LLAMADO A MACEDONIA
Pablo tenía la intención de pasar por muchas ciudades, pero el Espíritu de Dios lo guió a evitar ciertas ciudades.
(Hechos 16:6-8)  Pasaron por la región de Frigia y Galacia, habiendo sido impedidos por el Espíritu Santo de hablar la palabra en Asia,  (7)  y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu de Jesús no se lo permitió.  (8)  Y pasando por Misia, descendieron a Troas. 

Es importante que busquemos continuamente la dirección del Señor para ver donde Él quiere que vayamos.  A veces el Señor cierra algunas puertas porque está a punto de abrir otra…
(Hechos 16:9-10)  Por la noche se le mostró a Pablo una visión: un hombre de Macedonia estaba de pie, suplicándole y diciendo: Pasa a Macedonia y ayúdanos.  (10)  Cuando tuvo la visión, enseguida procuramos ir a Macedonia, persuadidos de que Dios nos había llamado para anunciarles el evangelio. 

Pablo respondió de inmediato, y se dirigió a Macedonia, al lugar donde el Señor los estaba enviando. 
Troas > Samatrocia > Neápolis > Filipos
(Hechos 16:11-12)  Así que, zarpando de Troas, navegamos con rumbo directo a Samotracia, y al día siguiente a Neápolis, (12) y de allí a Filipos, que es una ciudad principal de la provincia de Macedonia, una colonia romana; en esta ciudad nos quedamos por varios días. 

Posiblemente Pablo y sus compañeros no sabían exactamente cuál era el propósito y misión del viaje a macedonia; pero ellos se posicionaron obedientemente en el lugar al que el Señor los había enviado.  Macedonia queda al norte de Grecia.  Es la región de donde venía Alejando el Magno.  Pero en ese tiempo era una colonia romana.  Allí no habían muchos judíos, por lo tanto no fueron a la sinagoga en el día de reposo.  Pero salieron a las afueras de la ciudad para estudiar la Palabra y compartir. 
(Hechos 16:13)  Y en el día de reposo salimos fuera de la puerta, a la orilla de un río, donde pensábamos que habría un lugar de oración; nos sentamos y comenzamos a hablar a las mujeres que se habían reunido. 

No sólo Pablo y sus compañeros se reunieron en ese día, sino que se les unieron más personas que querían escuchar su mensaje.  Se menciona en particular a una mujer que tenía hambre de Dios…
(Hechos 16:14-15)  Y estaba escuchando cierta mujer llamada Lidia, de la ciudad de Tiatira, vendedora de telas de púrpura, que adoraba a Dios; y el Señor abrió su corazón para que recibiera lo que Pablo decía.  (15) Cuando ella y su familia se bautizaron, nos rogó, diciendo: Si juzgáis que soy fiel al Señor, venid a mi casa y quedaos en ella. Y nos persuadió a ir. 

El Señor estaba tocando corazones de gentiles y judíos, de pobres y ricos, pues el Señor no hace acepción de personas.  Lidia era una comerciante que era  rica, ya que las telas de púrpura eran muy costosas y finas.  Evidentemente tenía una casa grande, pues los invitó a quedarse con ellos.

En camino a la casa de Lidia, se les apareció otra mujer que tenía un espíritu malo…
(Hechos 16:16-17) Y sucedió que mientras íbamos al lugar de oración, nos salió al encuentro una muchacha esclava que tenía espíritu de adivinación, la cual daba grandes ganancias a sus amos, adivinando.  (17)  Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, gritaba diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os proclaman el camino de salvación. 

Lo que decía la adivina era cierto: ellos eran siervos de Dios, y hablan las buenas nuevas de salvación.  Pero, aunque era cierto, era incómoda la forma en la que lo hacía.  Por lo tanto, Pablo actuó…
(Hechos 16:18)  Y esto lo hacía por muchos días; mas desagradando esto a Pablo, se volvió y dijo al espíritu: ¡Te ordeno, en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella! Y salió en aquel mismo momento. 

La mujer fue liberada del espíritu de adivinación.  Esto fue bueno para ella, pero molestó a otros…
(Hechos 16:19-21)  Pero cuando sus amos vieron que se les había ido la esperanza de su ganancia, prendieron a Pablo y a Silas, y los arrastraron hasta la plaza, ante las autoridades;  (20)  y después de haberlos presentado a los magistrados superiores, dijeron: Estos hombres, siendo judíos, alborotan nuestra ciudad,  (21)  y proclaman costumbres que no nos es lícito aceptar ni observar, puesto que somos romanos. 

Los amos de la muchacha se molestaron porque ya no podían usarla para adivinar, lo cual era un negocio para ellos.  Para deshacerse de Pablo y sus compañeros, comenzaron a provocar animadversión en contra de los visitantes.  Tanto el pueblo como las autoridades se levantaron en contra de ellos.
(Hechos 16:22-24)  La multitud se levantó a una contra ellos, y los magistrados superiores, rasgándoles sus ropas, ordenaron que los azotaran con varas.  (23)  Y después de darles muchos azotes, los echaron en la cárcel, ordenando al carcelero que los guardara con seguridad;  (24)  el cual, habiendo recibido esa orden, los echó en el calabozo interior y les aseguró los pies en el cepo. 

EN LA PRISIÓN
Ciertamente no es agradable ser acusados falsamente, azotados y encarcelados…pero la persecución no bajó el ánimo de Pablo y Silas. 
(Hechos 16:25)  Como a medianoche, Pablo y Silas oraban y cantaban himnos a Dios, y los presos los escuchaban. 

Las autoridades humanas encarcelaron a Pablo y Silas, pero quien realmente está en control es Dios…y lo mostró con unas señales.
(Hechos 16:26-27)  De repente se produjo un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel fueron sacudidos; al instante se abrieron todas las puertas y las cadenas de todos se soltaron.  (27)  Al despertar el carcelero y ver abiertas todas las puertas de la cárcel, sacó su espada y se iba a matar, creyendo que los prisioneros se habían escapado. 

El carcelero era responsable de los prisioneros.  Pero al ver las puertas abiertas, supuso que todos habían huido…pero no fue así.
(Hechos 16:28)  Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí. 

Podemos imaginarnos el alivio que sintió el carcelero.
(Hechos 16:29)  Entonces él pidió luz y se precipitó adentro, y temblando, se postró ante Pablo y Silas. 



El carcelero no sólo se sintió aliviado, sino que su corazón fue tocado, y creyó en Jesús. 
(Hechos 16:30-33)  y después de sacarlos, dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?  (31)  Ellos respondieron: Cree en el Señor Jesús, y serás salvo, tú y toda tu casa.  (32)  Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa.  (33)  Y él los tomó en aquella misma hora de la noche, y les lavó las heridas; enseguida fue bautizado, él y todos los suyos. 

En Hechos vemos mucho los contrastes en la forma en que la gente recibe o rechaza a los que llevan el mensaje del Evangelio.  Unos los persiguen y los lastiman, mientras que otros les agradecen y los reciben con mucha hospitalidad. 
(Hechos 16:34)  Llevándolos a su hogar, les dio de comer, y se regocijó grandemente por haber creído en Dios con todos los suyos. 

Cuando las autoridades locales se enteraron de lo que había pasado durante la noche, decidieron liberarlos. 
(Hechos 16:35-36)  Cuando se hizo de día, los magistrados superiores enviaron a sus oficiales, diciendo: Suelta a esos hombres.  (36)  El carcelero comunicó a Pablo estas palabras, diciendo: Los magistrados superiores han dado orden de que se os suelte. Así que, salid ahora e id en paz. 

Seguramente Pablo estaba agradecido de que le permitieran irse en paz.  Pero no se fue sin antes confrontarlos, pues los habían atacado como extranjeros, pero en ese momento se identificó como romano (pues él contaba con esa ciudadanía).  
(Hechos 16:37-39)  Mas Pablo les dijo: Aunque somos ciudadanos romanos, nos han azotado públicamente sin hacernos juicio y nos han echado a la cárcel; ¿y ahora nos sueltan en secreto? ¡De ninguna manera! Que ellos mismos vengan a sacarnos.  (38)  Y los oficiales informaron esto a los magistrados superiores, y al saber que eran romanos, tuvieron temor.  (39)  Entonces vinieron, y les suplicaron, y después de sacarlos, les rogaban que salieran de la ciudad. 

Al ser liberados, regresaron a casa de Lidia. 
(Hechos 16:40)  Cuando salieron de la cárcel, fueron a casa de Lidia, y al ver a los hermanos, los consolaron y partieron.

E el próximo capítulo veremos la continuación de este Segundo Viaje Misionero de Pablo…