jueves, 13 de noviembre de 2014

HECHOS 27: Rumbo a Roma




Dado que en su juicio Pablo apeló al César, él fue enviado a Roma…
(Hechos 27:1-2) Cuando se decidió que habíamos de navegar para Italia, entregaron a Pablo y a algunos otros presos a un centurión llamado Julio, de la compañía Augusta. (2) Y embarcándonos en una nave adramitena que iba a tocar los puertos de Asia, zarpamos, estando con nosotros Aristarco, macedonio de Tesalónica.

Pablo iba bajo custodia de un centurión romano, pero en el barco también iban varios discípulos de Pablo, incluyendo a Aristarco y Lucas (quien narra la historia de los Hechos—1:1; Luc. 1:3).

A Pablo se le dio un trato preferencial, en comparación a otros prisioneros.  Él fue enviado por vía marítima, no terrestre, la cual es más expedita.  Sin embargo, no era un viaje directo a Roma, sino que hicieron varias paradas, pues iban en una embarcación comercial.  La primera parada la hicieron en Sidón…
(Hechos 27:3)  Al otro día llegamos a Sidón; y Julio, tratando humanamente a Pablo, le permitió que fuese a los amigos, para ser atendido por ellos.

Sidón queda al norte de Cesarea (hoy Saida, en Líbano, al sur de Beirut, y al oeste de Damasco).  Ese era uno de los puertos más importantes de la región.  Allí les permitieron a los amigos de Pablo no sólo que lo visitaran sino que lo atendieran.  De nuevo vemos que Pablo halló gracia a los ojos de los demás.

La ruta que siguieron fue la siguiente: Cesarea > Sidón > Chipre > Mira…
(Hechos 27:4-5) Y haciéndonos a la vela desde allí, navegamos a sotavento de Chipre, porque los vientos eran contrarios. (5) Habiendo atravesado el mar frente a Cilicia y Panfilia, arribamos a Mira, ciudad de Licia.

Estando en Mira, cambiaron de embarcación, a otra que no haría tantas paradas.  Ese barco transportaba trigo proveniente de Egipto, con destino a Roma.  Además del trigo, también llevarían presos, uno de los cuales era Pablo.  Aunque la ruta de ese barco era más directa, se encontraron con un obstáculo natural: el viento.
(Hechos 27:6-8) Y hallando allí el centurión una nave alejandrina que zarpaba para Italia, nos embarcó en ella. (7) Navegando muchos días despacio, y llegando a duras penas frente a Gnido, porque nos impedía el viento, navegamos a sotavento de Creta, frente a Salmón. (8) Y costeándola con dificultad, llegamos a un lugar que llaman Buenos Puertos, cerca del cual estaba la ciudad de Lasea.

Algunos comentaristas señalan que ellos estaban viajando en el séptimo mes bíblico, por la referencia al ayuno (del Día de Expiación, 10 de Tishri) que hace Pablo.  A esas alturas del año no era propicio viajar por mar abierto, ya que se acercaba el invierno y en ese tiempo era peligroso viajar por mar debido a las tormentas que se formaban (más adelante se mencionan ese fenómeno atmosférico por nombre: Euroclidon, hechos 27:14).
(Hechos 27:9-10) Y habiendo pasado mucho tiempo, y siendo ya peligrosa la navegación, por haber pasado ya el ayuno, Pablo les amonestaba, (10) diciéndoles: Varones, veo que la navegación va a ser con perjuicio y mucha pérdida, no sólo del cargamento y de la nave, sino también de nuestras personas.

El viento estaba haciendo casi imposible avanzar al barco. Pablo se dio cuenta que era mejor detenerse que seguir avanzando.  Esto no lo sabía porque él fuera capitán de barco, sino por experiencia.  En su segunda carta a los Corintios menciona haber pasado por varios naufragios en sus travesías llevando el Evangelio…
(2 Corintios 11:25-28) Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado;  tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; (26) en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos;  (27) en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez; (28) y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias.

Pablo recomendó al centurión que se quedaran anclados mientras la tormenta pasaba, pero el capitán y el dueño del barco no pensaban lo mismo…
(Hechos 27:11-13) Pero el centurión daba más crédito al piloto y al patrón de la nave, que a lo que Pablo decía. (12) Y siendo incómodo el puerto para invernar, la mayoría acordó zarpar también de allí, por si puediesen arribar a Fenice, puerto de Creta que mira al nordeste y sudeste, e invernar allí. (13) Y soplando una brisa del sur, pareciéndoles que ya tenían lo que deseaban, levaron anclas e iban costeando Creta.

Lamentablemente el viento a favor no duró mucho…
(Hechos 27:14-17) Pero no mucho después dio contra la nave un viento huracanado llamado Euroclidón. (15) Y siendo arrebatada la nave, y no pudiendo poner proa al viento, nos abandonamos a él y nos dejamos llevar. (16) Y habiendo corrido a sotavento de una pequeña isla llamada Clauda, con dificultad pudimos recoger el esquife. (17) Y una vez subido a bordo, usaron de refuerzos para ceñir la nave; y teniendo temor de dar en la Sirte, arriaron las velas y quedaron a la deriva.




Esta tempestad no duró sólo un día sino varios…
(Hechos 27:18-20) Pero siendo combatidos por una furiosa tempestad, al siguiente día empezaron a alijar, (19) y al tercer día con nuestras propias manos arrojamos los aparejos de la nave. (20) Y no apareciendo ni sol ni estrellas por muchos días, y acosados por una tempestad no pequeña, ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos.

Todos se estaban dando por vencidos…menos Pablo.  El sabía que su vida no podía acabar allí porque todavía tenía un propósito que cumplir.  No sólo eso, sino que sabía que todas las personas se salvarían, porque así se lo había revelado el Señor.
(Hechos 27:21-25) Entonces Pablo, como hacía ya mucho que no comíamos, puesto en pie en medio de ellos, dijo: Habría sido por cierto conveniente, oh varones, haberme oído, y no zarpar de Creta tan sólo para recibir este perjuicio y pérdida. (22) Pero ahora os exhorto a tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente de la nave. (23) Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo, (24) diciendo: Pablo, no temas; es necesario que comparezcas ante César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo. (25) Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho.

Pablo tenía completa fe en Dios; si Él había dicho algo, lo cumpliría.  El Señor había dicho que todas las personas en el barco se salvarían…pero no todos creyeron.
(Hechos 27:27-32) Venida la decimacuarta noche, y siendo llevados a través del mar Adriático, a la medianoche los marineros sospecharon que estaban cerca de tierra; (28) y echando la sonda, hallaron veinte brazas; y pasando un poco más adelante, volviendo a echar la sonda, hallaron quince brazas. (29) Y temiendo dar en escollos, echaron cuatro anclas por la popa, y ansiaban que se hiciese de día. (30) Entonces los marineros procuraron huir de la nave, y echando el esquife al mar, aparentaban como que querían largar las anclas de proa. (31) Pero Pablo dijo al centurión y a los soldados: Si éstos no permanecen en la nave, vosotros no podéis salvaros. (32) Entonces los soldados cortaron las amarras del esquife y lo dejaron perderse.

Algunos se iban a escapar en la embarcación pequeña de emergencia, pero Pablo los denunció.  Detuvieron a los desertores, y dejaron caer el barquito al mar, no sólo para prevenir una fuga sino también para alivianar aún más la carga del barco.
(Hechos 27:33-38) Cuando comenzó a amanecer, Pablo exhortaba a todos que comiesen, diciendo: Este es el decimocuarto día que veláis y permanecéis en ayunas, sin comer nada. (34) Por tanto, os ruego que comáis por vuestra salud; pues ni aun un cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecerá. (35) Y habiendo dicho esto, tomó el pan y dio gracias a Dios en presencia de todos, y partiéndolo, comenzó a comer. (36) Entonces todos, teniendo ya mejor ánimo, comieron también. (37) Y éramos todas las personas en la nave doscientas setenta y seis. (38) Y ya satisfechos, aligeraron la nave, echando el trigo al mar.

Luego de comer, aligeraron aún más el barco.  Lanzaron al mar toda la carga de trigo, lo cual implicaba una pérdida completa para el dueño del barco; pero por lo menos salvarían la vida de las personas.  Todo esto pasó de noche, y al llegar el día pudieron apreciar mejor la situación en la que se encontraban…
(Hechos 27:39-41) Cuando se hizo de día, no reconocían la tierra, pero veían una ensenada que tenía playa, en la cual acordaron varar, si pudiesen, la nave. (40) Cortando, pues, las anclas, las dejaron en el mar, largando también las amarras del timón; e izada al viento la vela de proa, enfilaron hacia la playa. (41) Pero dando en un lugar de dos aguas, hicieron encallar la nave; y la proa, hincada, quedó inmóvil, y la popa se abría con la violencia del mar.

El barco se encalló, pero por lo menos podrían bajar a tierra firme.  El problema es que en el barco iban también presos.  Los soldados que los custodiaban temían que se fugaran.  Si eso sucedía, les cobrarían a ellos con sus vidas.  Para evitar eso, decidieron matarlo, pero el centurión intervino para proteger la vida de Pablo—pues gracias a él todos estaban vivos.
(Hechos 27:42) Entonces los soldados acordaron matar a los presos, para que ninguno se fugase nadando. (43) Pero el centurión, queriendo salvar a Pablo, les impidió este intento, y mandó que los que pudiesen nadar se echasen los primeros, y saliesen a tierra; (44) y los demás, parte en tablas, parte en cosas de la nave. Y así aconteció que todos se salvaron saliendo a tierra.

Hay peores naufragios que los de un barco. Pablo habló de ello a Timoteo:
(1 Timoteo 1:18-19)  Este mandamiento, hijo Timoteo, te encargo, para que conforme a las profecías pasadas acerca de ti, milites por ellas buena milicia;  (19)  reteniendo la fe y buena conciencia, la cual echando de sí algunos, hicieron naufragio en la fe.

En el siguiente capítulo veremos lo que sucede en Malta, y finalmente la llegada de Pablo a Roma…





sábado, 8 de noviembre de 2014

HECHOS 26: Testimonio ante Agripa



De nuevo, Pablo tuvo la oportunidad de dar su testimonio delante de reyes, gobernantes y otros líderes. Esto no sólo le pasó a Pablo, sino podría pasarle a cualquier seguidor de Jesús. El Señor dijo lo siguiente a sus discípulos:
(Mateo 10:16-20) He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas. (17) Y guardaos de los hombres, porque os entregarán a los concilios, y en sus sinagogas os azotarán; (18) y aun ante gobernadores y reyes seréis llevados por causa de mí, para testimonio a ellos y a los gentiles. (19) Mas cuando os entreguen, no os preocupéis por cómo o qué hablaréis; porque en aquella hora os será dado lo que habéis de hablar. (20) Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros.

En esta ocasión, Pablo tuvo la oportunidad de hablar delante de un rey: Herodes Agripa II…
(Hechos 26:1-3) Entonces Agripa dijo a Pablo: Se te permite hablar por ti mismo. Pablo entonces, extendiendo la mano, comenzó así su defensa: (2) Me tengo por dichoso, oh rey Agripa, de que haya de defenderme hoy delante de ti de todas las cosas de que soy acusado por los judíos. (3) Mayormente porque tú conoces todas las costumbres y cuestiones que hay entre los judíos; por lo cual te ruego que me oigas con paciencia.

EL REY AGRIPA
Agripa era judío, pero era rey porque así lo habían permitido los romanos. Ni Agripa ni sus antecesores eran del linaje de David; más bien, venían de Idumea y eran descendientes de Esaú (también llamado Edom—Gen. 25:30; 36:1).  

El gobernador Agripa era también conocido como Herodes Agripa II; él era hijo de Herodes Agripa I, y nieto de Herodes el Grande. Por varias generaciones los Herodes habían sido reyes de Judea, bajo el auspicio de los romanos. En las provincias del imperio romano había presencia del gobierno de César (tribunos, gobernadores y ejército); pero los romanos asignaban gobernantes locales que les ayudaban a guardar la paz y el orden en las distintas regiones, teniendo estos líderes locales mejor entendimiento de las poblaciones.  Uno de estos líderes locales era Agripa, y los demás Herodes.

Dado que Agripa era judío, Pablo estaba contento de poder exponer su caso ante él, porque sabía que él entendería mejor lo que iba a decir…
(Hechos 26:4-5) Mi vida, pues, desde mi juventud, la cual desde el principio pasé en mi nación, en Jerusalén, la conocen todos los judíos; (5) los cuales también saben que yo desde el principio, si quieren testificarlo, conforme a la más rigurosa secta de nuestra religión, viví fariseo.

Pablo se presentó como alguien cumplidor de la Ley de Dios. Lo único de lo cual le podían acusar, en un sentido religioso, es por creer en Jesús y la resurrección. 
(Hechos 26:6-8) Y ahora, por la esperanza de la promesa que hizo Dios a nuestros padres soy llamado a juicio; (7) promesa cuyo cumplimiento esperan que han de alcanzar nuestras doce tribus, sirviendo constantemente a Dios de día y de noche. Por esta esperanza, oh rey Agripa, soy acusado por los judíos. (8) ¡Qué! ¿Se juzga entre vosotros cosa increíble que Dios resucite a los muertos?

Luego Pablo dio su testimonio de cómo conoció a Jesús, confesando que antes había perseguido a los creyentes…
(Hechos 26:9-15) Yo ciertamente había creído mi deber hacer muchas cosas contra el nombre de Jesús de Nazaret; (10) lo cual también hice en Jerusalén. Yo encerré en cárceles a muchos de los santos, habiendo recibido poderes de los principales sacerdotes; y cuando los mataron, yo di mi voto. (11) Y muchas veces, castigándolos en todas las sinagogas, los forcé a blasfemar; y enfurecido sobremanera contra ellos, los perseguí hasta en las ciudades extranjeras. (12) Ocupado en esto, iba yo a Damasco con poderes y en comisión de los principales sacerdotes, (13) cuando a mediodía, oh rey, yendo por el camino, vi una luz del cielo que sobrepasaba el resplandor del sol, la cual me rodeó a mí y a los que iban conmigo. (14) Y habiendo caído todos nosotros en tierra, oí una voz que me hablaba, y decía en lengua hebrea: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón. (15) Yo entonces dije: ¿Quién eres, Señor? Y el Señor dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues.

Después de explicar cómo había llegado a creer en Jesús, Pablo prosiguió a explicar el llamado que Dios le encomendó para llevar las Buenas Nuevas aún a los gentiles.
(Hechos 26:16-20) Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti, (17) librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío, (18) para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados. (19) Por lo cual, oh rey Agripa, no fui rebelde a la visión celestial, (20) sino que anuncié primeramente a los que están en Damasco, y Jerusalén, y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento.

Pablo explicó que ésta era la verdadera razón por la cual los líderes religiosos lo perseguían y deseaban su muerte.
(Hechos 26:21-23) Por causa de esto los judíos, prendiéndome en el templo, intentaron matarme. (22) Pero habiendo obtenido auxilio de Dios, persevero hasta el día de hoy, dando testimonio a pequeños y a grandes, no diciendo nada fuera de las cosas que los profetas y Moisés dijeron que habían de suceder: (23) Que el Cristo había de padecer, y ser el primero de la resurrección de los muertos, para anunciar luz al pueblo y a los gentiles.

Pablo no había explicado tan claramente las cosas ante las otras autoridades romanas como lo hizo en ese momento, ya que sabía que ellos no entenderían todo. Eso se hizo evidente en la reacción que tuvo Festo ante esta explicación…
(Hechos 26:24-25) Diciendo él estas cosas en su defensa, Festo a gran voz dijo: Estás loco, Pablo; las muchas letras te vuelven loco. (25) Mas él dijo: No estoy loco, excelentísimo Festo, sino que hablo palabras de verdad y de cordura.

Ciertamente el gobernador romano no podía entender estos argumentos que eran espirituales, pero Pablo sabía que Agripa sí lo comprendería porque era judío.
(Hechos 26:26-27) Pues el rey sabe estas cosas, delante de quien también hablo con toda confianza. Porque no pienso que ignora nada de esto; pues no se ha hecho esto en algún rincón. (27) ¿Crees, oh rey Agripa, a los profetas? Yo sé que crees.

La reacción de Agripa a estas palabras de Pablo es sorprendente…
(Hechos 26:28) Entonces Agripa dijo a Pablo: Por poco me persuades a ser cristiano.

Otra versión traduce este versículo de la siguiente manera:
(LBLA, Hechos 26:28)  Y Agripa respondió a Pablo: En poco tiempo me persuadirás a que me haga cristiano.

El rey tuvo la oportunidad de oír el Evangelio, y pudo haber creído en Jesús…lamentablemente no lo hizo.  Esa elección la tiene todo ser humano.
(Hechos 26:29) Y Pablo dijo: ¡Quisiera Dios que por poco o por mucho, no solamente tú, sino también todos los que hoy me oyen, fueseis hechos tales cual yo soy, excepto estas cadenas!

Al final, el rey Agripa lo declaró inocente. A lo largo de todo el juicio contra Pablo, ninguna de las autoridades pudo encontrar nada mal en Pablo, ni nada que justificara su muerte ni su prisión.
(Hechos 26:30) Cuando había dicho estas cosas, se levantó el rey, y el gobernador, y Berenice, y los que se habían sentado con ellos; (31) y cuando se retiraron aparte, hablaban entre sí, diciendo: Ninguna cosa digna ni de muerte ni de prisión ha hecho este hombre.

Al final, Agripa dijo algo que podría sorprendernos:
(Hechos 25:32) Y Agripa dijo a Festo: Podía este hombre ser puesto en libertad, si no hubiera apelado a César.

Tal vez si Pablo hubiera apelado al rey Agripa, en lugar de a César, él hubiera sido puesto en libertad en ese momento. ¿Se lamentó Pablo de haber dicho eso? En realidad no había nada de que lamentarse ya que el propósito de Dios para Pablo es que él fuera a Roma.  La meta no es ser “libre” o “próspero” o hacer lo que queremos; nuestra verdadera meta debe ser cumplir la voluntad de Dios y unirnos a Su propósito.   

En el siguiente capítulo veremos lo que pasa en el camino hacia Roma…


miércoles, 5 de noviembre de 2014

HECHOS 25: Pablo ante Festo y Agripa




El gobernador Félix mantuvo el caso de Pablo en suspenso durante dos años.  Pero cuando llegó el nuevo gobernador (Festo), volvió a salir a luz. 
(Hechos 25:1) Llegado, pues, Festo a la provincia, subió de Cesarea a Jerusalén tres días después.  (2) Y los principales sacerdotes y los más influyentes de los judíos se presentaron ante él contra Pablo, y le rogaron,  (3) pidiendo contra él,  como gracia, que le hiciese traer a Jerusalén; preparando ellos una celada para matarle en el camino. 

Los enemigos de Pablo no se habían dado por vencido en su misión de matarlo.  Pero no podían hacerlo mientras él estuviera bajo la custodia de los romanos en Cesarea.  Por eso pidieron que fuera transferido a Jerusalén. 

Como nuevo gobernador, Festo pudo haber cedido a la petición de los líderes religiosos, para quedar bien con ellos; sin embargo, no lo hizo.
(Hechos 25:4-5) Pero Festo respondió que Pablo estaba custodiado en Cesarea, adonde él mismo partiría en breve.  (5) Los que de vosotros puedan, dijo, desciendan conmigo, y si hay algún crimen en este hombre, acúsenle. 

¿QUIÉN ERA FESTO?
Según datos históricos, Porcio Festo asumió su puesto como gobernador de Judea en el año 60 d.C.  Luego de la corrupción y la tiranía de su predecesor, Festo trajo un respiro a la región.  Sin embargo, aunque él fue un mejor gobernante, se dedicó a enfrentar muchas crisis que dejó Félix.  Para entonces se habían levantado muchos grupos de zelotes cuya misión era rebelarse y librarse de la opresión romana. 

En su primera visita oficial, Festo se dirigió a Jerusalén, la ciudad principal de los judíos, aunque la sede del gobierno romano se encontraba en Cesarea.  En Jerusalén se reunió con los principales líderes religiosos.  Para su sorpresa, de todo lo que le pudieron solicitar en esa primera visita, los religiosos le pidieron que les entregaran a Pablo.  ¿Por qué era tan importante?  Él lo iba a averiguar…
(Hechos 25:6-8) Y deteniéndose entre ellos no más de ocho o diez días, venido a Cesarea, al siguiente día se sentó en el tribunal, y mandó que fuese traído Pablo.  (7) Cuando éste llegó, lo rodearon los judíos que habían venido de Jerusalén, presentando contra él muchas y graves acusaciones, las cuales no podían probar;  (8) alegando Pablo en su defensa: Ni contra la ley de los judíos, ni contra el templo, ni contra César he pecado en nada. 

De nuevo, Pablo se defendió, diciendo que no había hecho nada malo, ni contra el orden de Roma ni contra la Ley de  Dios.  Luego de escucharlo, se hizo evidente que las acusaciones en contra de Pablo eran de índole religioso.  Por eso, Festo propuso que Pablo regresara a la corte de Jerusalén.  Pero Pablo no aceptó, y como ciudadano romano apeló a una autoridad superior.
(Hechos 25:9-11)  Pero Festo, queriendo congraciarse con los judíos, respondiendo a Pablo dijo: ¿Quieres subir a Jerusalén, y allá ser juzgado de estas cosas delante de mí?  (10) Pablo dijo: Ante el tribunal de César estoy, donde debo ser juzgado.  A los judíos no les he hecho ningún agravio, como tú sabes muy bien. (11) Porque si algún agravio, o cosa alguna digna de muerte he hecho, no rehúso morir; pero si nada hay de las cosas de que éstos me acusan, nadie puede entregarme a ellos.  A César apelo. 

Pablo jugó su última carta legal: apeló al César, la máxima autoridad en el Imperio Romano.  
(Hechos 25:12) Entonces Festo, habiendo hablado con el consejo, respondió: A César has apelado; a César irás. 

Esta apelación era uno de los derechos más antiguos con los que contaban los ciudadanos romanos, desde los tiempos de la República romana (509 a.C.).  Al gobernador no le quedó otra que seguir con el procedimiento, porque Pablo era un ciudadano romano.

El único problema con que se quedó Festo es que, al enviar a Pablo a Roma, él debía escribir un sumario del juicio, al igual que la descripción del cargo por el cual se le había detenido.   Pero, a la fecha, no se le había acusado de nada que pudiera ser probado (25:26-27).  ¿Qué iba a enviar por escrito a Roma? 

ANTE EL REY AGRIPA
Festo aprovechó la visita del rey Agripa para dilucidar el caso de Pablo…
(Hechos 25:13-21) Pasados algunos días, el rey Agripa y Berenice vinieron a Cesarea para saludar a Festo.  (14)  Y como estuvieron allí muchos días, Festo expuso al rey la causa de Pablo, diciendo: Un hombre ha sido dejado preso por Félix, (15) respecto al cual, cuando fui a Jerusalén, se me presentaron los principales sacerdotes y los ancianos de los judíos, pidiendo condenación contra él.  (16) A éstos respondí que no es costumbre de los romanos entregar alguno a la muerte antes que el acusado tenga delante a sus acusadores, y pueda defenderse de la acusación.  (17) Así que, habiendo venido ellos juntos acá, sin ninguna dilación, al día siguiente, sentado en el tribunal, mandé traer al hombre.  (18) Y estando presentes los acusadores, ningún cargo presentaron de los que yo sospechaba,  (19) sino que tenían contra él ciertas cuestiones acerca de su religión, y de un cierto Jesús, ya muerto, el que Pablo afirmaba estar vivo.  (20)  Yo, dudando en cuestión semejante, le pregunté si quería ir a Jerusalén y allá ser juzgado de estas cosas.  (21) Mas como Pablo apeló para que se le reservase para el conocimiento de Augusto, mandé que le custodiasen hasta que le enviara yo a César. 

En lugar de darle su opinión, Agripa pidió ver a Pablo en persona.
(Hechos 25:22)  Entonces Agripa dijo a Festo: Yo también quisiera oír a ese hombre. Y él le dijo: Mañana le oirás. 

De nuevo se abre la oportunidad para que Pablo comparta con reyes y gobernadores, tal como Dios lo había revelado con anterioridad (Hechos 9:13-16).  Esta audiencia con Pablo no iba a ser un asunto privado sino que lo hicieron público.
(Hechos 25:23-27) Al otro día, viniendo Agripa y Berenice con mucha pompa, y entrando en la audiencia con los tribunos y principales hombres de la ciudad, por mandato de Festo fue traído Pablo.  (24) Entonces Festo dijo: Rey Agripa, y todos los varones que estáis aquí juntos con nosotros, aquí tenéis a este hombre,  respecto del cual toda la multitud de los judíos me ha demandado en Jerusalén y aquí, dando voces que no debe vivir más.  (25) Pero yo, hallando que ninguna cosa digna de muerte ha hecho, y como él mismo apeló a Augusto, he determinado enviarle a él.  (26) Como no tengo cosa cierta que escribir a mi señor,  le he traído ante vosotros, y mayormente ante ti, oh rey Agripa, para que después de examinarle, tenga yo qué escribir.  (27) Porque me parece fuera de razón enviar un preso, y no informar de los cargos que haya en su contra.

De nuevo, otra autoridad encuentra inocente a Pablo, haciendo evidente que las acusaciones en su contra son falsas, motivadas por otros intereses.

En el siguiente capítulo, Pablo tendrá la oportunidad de compartir su testimonio ante el rey Agripa…pero antes veamos quiénes eran estos personajes importantes: Agripa II y Berenice:

¿QUIÉNES ERAN AGRIPA Y BERENICE?
Berenice era hermana de Drusila, casada con Félix. Ambas eran hijas de Herodes Agripa I.  Berenice se casó con Herodes de Calcis, hermano de Agripa I, quien era su tío (los matrimonios entre parientes cercanos eran aceptados entre los romanos). 

Cuando el esposo (tío) de Berenice murió (48 d.C.), ella se fue a vivir con su hermano Agripa II, con quien se cree que mantuvo una relación incestuosa.  De esta forma, se aseguraron que el reino le quedaría a él.  Agripa II heredó los territorios de su padre, al igual que los que habían estado bajo su tío abuelo, Herodes de Filipo, que incluían parte de Galilea.  La ciudad principal era Tiberias, pero él estableció el centro de su gobierno  en Cesarea de Filipo (cuyo nombre cambió a Neronías, en honor al emperador Nerón).  Además, le fue dada cierta autoridad sobre un territorio muy significativo: el Monte del Templo en Jerusalén.  Esto le daba el poder de nombrar y remover al sumo sacerdote.

Históricamente, a Agripas II se le recuerda más por su resistencia a las revueltas de los judíos, principalmente los zelotes.  Siempre se mantuvo del lado de los romanos, y por eso los romanos lo premiaron con más territorios bajo su autoridad.  Durante la estadía del general Tito en la región para apagar la revuelta judía, se cree que Berenice sostuvo una aventura con él.  El quería llevarla con él Roma como su novia, pero al final desistió ya que ella era judía, y no sería bien aceptada en Roma por la rebelión judía.  Más tarde, él llegó a convertirse en César.  

En tiempos de Pablo, Herodes Agripas II era el rey de los judíos.  Ante él Pablo dará su testimonio, como veremos en el siguiente capítulo...




viernes, 31 de octubre de 2014

HECHOS 24: Ante el Gobernador Félix


Como vimos al final del capítulo 23, el tribuno de Jerusalén transfirió el caso de Pablo al gobernador Félix, que se encontraba en Cesarea.  Pero antes de tratar el caso de Pablo, el gobernador quería que sus acusadores tuvieran también la oportunidad de expresarse.
(Hechos 23:32-35)  Y al día siguiente regresaron al cuartel dejando que los de a caballo siguieran con él,  (33)  los cuales, después de llegar a Cesarea y de entregar la carta al gobernador, le presentaron también a Pablo.  (34)  Cuando el gobernador la leyó, preguntó de qué provincia era; y al enterarse de que era de Cilicia,  (35)  dijo: Te oiré cuando estén presentes también tus acusadores. Y mandó que lo guardaran en el Pretorio de Herodes.

El gobernador no se dispuso a esperar a los acusadores porque eso era lo correcto y justo; como veremos más adelante, él lo hizo para cuidarse sus espaldas, y también para ver qué beneficio podía obtener en el proceso…

¿QUIÉN ERA FÉLIX?
Félix era el gobernador de Judea en el tiempo en que Pablo fue aprisionado en Jerusalén.  Para entonces Félix ya llevaba diez años en ese puesto público, y ya conocía bien la región y sus idiosincrasias.  Seguramente el liderazgo religioso lo conocían bien a él también, y sabían que era corrupto y tiránico.  Se cree que él mandó a matar a un sumo sacerdote que se le opuso, al igual que a Santiago, el hermano de Jesús.  El historiador Tácito lo describe como alguien que “ejercía su autoridad como rey, pero con la disposición de un esclavo”. 

Félix se casó con Drusila, que era la hija menor de Herodes Agripa I, quien aparece en Hechos 12.  Herodes Agripa II era hermano de Drusila, ambos nietos de Herodes el Grande.   Félix fue nombrado como gobernante por el emperador Claudio. 

Ante este gobernador Félix llevaron a Pablo para ser juzgado…

LOS ACUSADORES DE PABLO
Los acusadores de Pablo no pudieron llegar a Cesarea sino hasta casi una semana después.  Y la comitiva que se presentó era importante…
(Hechos 24:1) Cinco días después, descendió el sumo sacerdote Ananías con algunos de los ancianos y un cierto orador llamado Tértulo, y comparecieron ante el gobernador contra Pablo. 

Quien tomó la palabra fue el orador (Tértulo), a quien usaron como abogado por su don de palabra.  Él comenzó elogiando al gobernador, para ganarse su favor.  
(Hechos 24:2-8) Y cuando éste fue llamado, Tértulo comenzó a acusarle, diciendo: Como debido a ti gozamos de gran paz, y muchas cosas son bien gobernadas en el pueblo por tu prudencia, (3) oh excelentísimo Félix, lo recibimos en todo tiempo y en todo lugar con toda gratitud.  (4) Pero por no molestarte más largamente, te ruego que nos oigas brevemente conforme a tu equidad.  (5) Porque hemos hallado que este hombre es una plaga, y promotor de sediciones entre todos los judíos por todo el mundo, y cabecilla de la secta de los nazarenos.  (6) Intentó también profanar el templo; y prendiéndole, quisimos juzgarle conforme a nuestra ley.  (7) Pero interviniendo el tribuno Lisias, con gran violencia le quitó de nuestras manos, (8) mandando a sus acusadores que viniesen a ti.  Tú mismo, pues, al juzgarle, podrás informarte de todas estas cosas de que le acusamos.  (9) Los judíos también confirmaban, diciendo ser así todo. 

A Pablo lo acusaban de lo siguiente:
* ser una “plaga” social, promoviendo sedición entre los judíos;
* ser cabecilla de la secta de los nazarenos (judíos seguidores de Jesús);
* profanar el Templo.

Todas estas acusaciones tenían más que ver con “temas judíos” que con asuntos romanos; pero la razón por la que las autoridades romanos lo apresaron fue porque su presencia era causa de malestar entre los judíos y provocaba que reaccionaran violentamente, causando así desorden público.  Lo que más les importaba a los romanos era mantener el orden social en todas las provincias del imperio, a toda costa. 

Luego de adular al gobernador, el orador trató de convencer al gobernador que dejara el asunto de Pablo en manos judías, en lugar de tratarlo en cortes romanas…Pero Dios tenía otros planes, y Él quería llevar a Pablo a Roma.

DEFENSA DE PABLO
Luego de escuchar a los acusadores, le llegó el turno a Pablo:
(Hechos 24:10-13) Habiéndole hecho señal el gobernador a Pablo para que hablase, éste respondió: Porque sé que desde hace muchos años eres juez de esta nación, con buen ánimo haré mi defensa.  (11) Como tú puedes cerciorarte, no hace más de doce días que subí a adorar a Jerusalén; (12) y no me hallaron disputando con ninguno, ni amotinando a la multitud; ni en el templo, ni en las sinagogas ni en la ciudad; (13) ni te pueden probar las cosas de que ahora me acusan. 

Pablo comenzó su defensa aclarando que el propósito de su visita a Jerusalén fue para adorar a Dios en el Templo.  Él nunca buscó causar ningún conflicto ni disputa.  De todo lo que le acusaban, lo único que podrían señalarle es ser parte “del Camino”, la secta de judíos que creían en Yeshua.  Pablo aclaró que él seguía siendo judío, cumpliendo con la Ley de Dios; la única diferencia es que él creía que Jesús era el Mesías.  Esto explicó a continuación…
(Hechos 24:14-16) Pero esto te confieso, que según el Camino que ellos llaman herejía, así sirvo al Dios de mis padres, creyendo todas las cosas que en la ley y en los profetas están escritas;  (15) teniendo esperanza en Dios, la cual ellos también abrigan, de que ha de haber resurrección de los muertos, así de justos como de injustos.  (16) Y por esto procuro tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres. 

Luego de explicar su postura religiosa, Pablo explicó lo que había llegado a hacer a Jerusalén…
(Hechos 24:17-21) Pero pasados algunos años, vine a hacer limosnas a mi nación y presentar ofrendas. (18) Estaba en ello, cuando unos judíos de Asia me hallaron purificado en el templo, no con multitud ni con alboroto.  (19) Ellos debieran comparecer ante ti y acusarme, si contra mí tienen algo.  (20) O digan éstos mismos si hallaron en mí alguna cosa mal hecha, cuando comparecí ante el concilio, (21) a no ser que estando entre ellos prorrumpí en alta voz: Acerca de la resurrección de los muertos soy juzgado hoy por vosotros. 

Lejos de buscar conflicto, Pablo quería ayudar a los hermanos en Jerusalén.  Él aclaró que no había hecho absolutamente nada malo ni incorrecto.  Si lo acusaban de algo era falso, y no podrían probarlo.  Al final, Pablo sacó de nuevo el tema de la resurrección de los muertos, que había sido el tema de controversia cuando lo llevaron ante el Concilio en Jerusalén. 

El gobernador Félix llevaba el tiempo suficiente en su puesto para conocer los asuntos de los judíos, pero antes de dar su veredicto final, él quería escuchar todavía a un testigo más…
(Hechos 24:22)  Entonces Félix, oídas estas cosas, estando bien informado de este Camino, les aplazó, diciendo: Cuando descendiere el tribuno Lisias, acabaré de conocer de vuestro asunto. 

Aunque Pablo tendría que quedarse bajo custodia, no se le quitaría completa libertad. 
(Hechos 24:23) Y mandó al centurión que se custodiase a Pablo, pero que se le concediese alguna libertad, y que no impidiese a ninguno de los suyos servirle o venir a él. 

CITA PRIVADA
Félix pudo haberse desentendido de Pablo, pero algo lo intrigó—o por lo menos a su esposa.  Por eso, después del juicio formal, lo llamaron para una entrevista privada.
(Hechos 24:24)  Algunos días después, viniendo Félix con Drusila su mujer, que era judía, llamó a Pablo, y le oyó acerca de la fe en Jesucristo. 

A partir de este momento comenzó a cumplirse la última parte del llamado de Pablo, tal como Dios se lo reveló al profeta Ananías.
(Hechos 9:13-16)  Entonces Ananías respondió: Señor, he oído a muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén; (14) y aun aquí tiene facultad de los príncipes de los sacerdotes de prender a todos los que invocan tu Nombre.  (15) Y le dijo el Señor: Ve, porque vaso escogido me es éste, para que lleve mi Nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; (16) porque yo le mostraré cuánto le conviene que padezca por mi Nombre.

En los últimos años de su vida Pablo estuvo preso.  Aunque eso suene como algo malo, en realidad era parte del plan de Dios ya que eso fue lo que le permitió presentarse delante de gobernantes y reyes.  Si hubiera esta en libertad, lo más probable es que Pablo nunca hubiera podido tener acceso a ellos.  Pero esa no fue la única ventaja de estar bajo arresto.  En este período de su vida, Pablo tuvo el tiempo de escribir cartas que han beneficiado a todos los creyentes…hasta el día de hoy.  Además, su situación sirvió de ejemplo a los creyentes, dándoles ánimo y valor para compartir el evangelio.
(Filipenses 1:12-14)  Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han sucedido, han redundado más bien para el progreso del evangelio, (13) de tal manera que mis prisiones se han hecho patentes en Cristo en todo el pretorio, y a todos los demás.  (14) Y la mayoría de los hermanos, cobrando ánimo en el Señor con mis prisiones, se atreven mucho más a hablar la palabra sin temor.

Félix y su esposa escucharon con atención e interés a Pablo hablar sobre Jesús; pero hubo ciertos puntos en su discurso que incomodaron al gobernador.  
(Hechos 24:25) Pero al disertar Pablo acerca de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero, Félix se espantó, y dijo: Ahora vete; pero cuando tenga oportunidad te llamaré. 

Félix no se caracterizaba por ser justo ni por tener dominio propio; por lo tanto, es natural que él se sintiera incomodo al escuchar hablar de esos temas.  El gobernador no tenía la conciencia limpia. Además, había otra oscura motivación en el corazón del gobernador que lo llevó a buscar a Pablo en privado…
(Hechos 24:26) Esperaba también con esto, que Pablo le diera dinero para que le soltase; por lo cual muchas veces lo hacía venir y hablaba con él. 

El gobernador estaba acostumbrado a la corrupción, y por ello estaba esperando a que Pablo o sus amigos le pagaran algo para liberarlo…pero esto nunca ocurrió.  No sabemos a exactitud, pero podría ser que sus enemigos sí lo hicieron porque Félix trató de quedar bien con ellos…
(Hechos 24:27) Pero al cabo de dos años recibió Félix por sucesor a Porcio Festo; y queriendo Félix congraciarse con los judíos, dejó preso a Pablo.


Durante dos años estuvo preso Pablo en Cesarea, y Félix no resolvió su caso.  Pero hubo un cambio de gobierno.  En el próximo capítulo veremos lo que el nuevo gobernador resolverá sobre el caso de Pablo…