miércoles, 2 de septiembre de 2015

DEVARIM 20: Leyes de la Guerra


LEYES DE LA GUERRA
El capítulo 20 de Devarim habla sobre las Leyes de la Guerra…

LEY ESPIRITUAL
Lo que primero se menciona en el tema de la guerra es sobre una de las más poderosas armas espirituales: la fe...
(Deu. 20:1) Cuando salgas a la guerra contra tus enemigos, si vieres caballos y carros, y un pueblo más grande que tú, no tengas temor de ellos, porque Jehová tu Dios está contigo, el cual te sacó de tierra de Egipto. 

Israel debe saber que la victoria sobre sus enemigos no dependerá del tamaño ni la capacidad de su ejército (fig. caballos y carros), sino del poder de Dios, quien es Su Defensor. 
(Isaías 41:12-14)  Buscarás a los que tienen contienda contigo, y no los hallarás;  serán como nada, y como cosa que no es, aquellos que te hacen la guerra. Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo.  No temas, gusano de Jacob, oh vosotros los pocos de Israel; yo soy tu socorro, dice Jehová; el Santo de Israel es tu Redentor.

Sabiendo esto, el pueblo de Dios no debería tener miedo.  El problema es que la gente se deja impresionar por lo que ve con sus ojos naturales, en lugar de guiarse por la realidad espiritual.  Por ello, si un israelita sintiere miedo al ver el ejército poderoso del enemigo, entonces debe pensar en Dios Todopoderoso. 

El arma más poderosa para vencer el miedo es la fe.  Pablo señala que la fe es una de las piezas esenciales de la armadura de Dios…
(Efesios 6:16) Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.

Aunque los levitas no servían en el ejército como todas las demás tribus, ellos jugaban un papel importante en las guerras…
(Deu. 20:2-4)  Y cuando os acerquéis para combatir, se pondrá en pie el sacerdote y hablará al pueblo, y les dirá: Oye, Israel, vosotros os juntáis hoy en batalla contra vuestros enemigos; no desmaye vuestro corazón, no temáis, ni os azoréis, ni tampoco os desalentéis delante de ellos; porque Jehová vuestro Dios va con vosotros, para pelear por vosotros contra vuestros enemigos, para salvaros. 

Antes de la guerra, el sacerdote no sólo daba ánimo al pueblo sino que los llevaba a poner los ojos en Dios, de quien viene la victoria.   

La Torá enseña que antes de la guerra física, se realiza una guerra espiritual.  Como veremos a continuación, la verdadera guerra se lleva a cabo en la mente y el corazón, ya que el principal enemigo es el miedo…

QUIEN NO DEBE PARTICIPAR
A continuación, la Torá hace una lista de las personas que no deben participar en la guerra.  La característica común de todos ellos es que no tienen el ánimo completo en la misión que tienen por delante. 

a.  por una casa nueva
(Deu. 20:5)  Y los oficiales hablarán al pueblo, diciendo: ¿Quién ha edificado casa nueva, y no la ha estrenado? Vaya, y vuélvase a su casa, no sea que muera en la batalla, y algún otro la estrene. 

b. por una viña nueva
(Deu. 20:6) ¿Y quién ha plantado viña, y no ha disfrutado de ella? Vaya, y vuélvase a su casa, no sea que muera en la batalla, y algún otro la disfrute. 

c. por compromiso a casarse
(Deu. 20:7) ¿Y quién se ha desposado con mujer, y no la ha tomado? Vaya, y vuélvase a su casa, no sea que muera en la batalla, y algún otro la tome. 

d.  por miedo
(Deu. 20:8) Y volverán los oficiales a hablar al pueblo, y dirán: ¿Quién es hombre medroso y pusilánime? Vaya, y vuélvase a su casa, y no apoque el corazón de sus hermanos, como el corazón suyo. 

Si alguien tiene miedo o tiene su mente en otro lado, es mejor que no pelee porque minará el ánimo de sus compañeros del ejército.  El miedo es contagioso, como se ve en la historia de los espías (Deu. 2:28; Num. 13:31-33; Num. 32:9). 
  
A LA VANGUARDIA
En la batalla, los jefes del ejército no se esconden detrás de los soldados sino van al frente, dando el ejemplo.
(Deu. 20:9)  Y cuando los oficiales acaben de hablar al pueblo, entonces los capitanes del ejército tomarán el mando a la cabeza del pueblo. 


ACUERDOS DE PAZ
Antes de atacar a un pueblo, el Señor instruyó a los israelitas que primer deben “invitar a la paz”…
(Deu. 20:10)  Cuando te acerques a una ciudad para combatirla, le intimarás la paz. 

Esta no es una invitación a comenzar “diálogos de paz” en los que amabas partes ceden en algo.  Más bien, es dar la oportunidad a que se sometan en paz, sin necesidad de entrar en batalla.  Nadie tiene que morir si se someten.
(Deu. 20:11) Y si respondiere: Paz, y te abriere, todo el pueblo que en ella fuere hallado te será tributario, y te servirá. 

La definición de paz en la Biblia es: todos someterse al orden de Dios.  Esa es la forma en que se logra una paz verdadera.  Esa fue la paz que David logró, luego de derrotar a los enemigos que se le opusieron.
(1 Crónicas 22:18)  ¿No está con vosotros Jehová vuestro Dios, el cual os ha dado paz por todas partes?  Porque él ha entregado en mi mano a los moradores de la tierra, y la tierra ha sido sometida delante de Jehová, y delante de su pueblo.

Estas palabras las dijo David al final de su reinado, cuando ya había conquistado todo territorio de la Tierra Prometida (ya que en la conquista dejaron algunos sitios sin conquistar, y algunos enemigos aún vivían entre ellos—Jos. 11:19-20; Jue. 1).

SI EL ENEMIGO NO SE SOMETE
¿Qué pasa si el enemigo no acepta someterse?
(Deu. 20:12) Mas si no hiciere paz contigo, y emprendiere guerra contigo, entonces la sitiarás.

Sitiar es rodear una ciudad con el propósito de capturarla hasta que se rinda o sea vencida.  Una vez sometida la ciudad, ¿qué debe hacerse con la población y todo lo que encuentren allí?
(Deu. 20:13-14)  Luego que Jehová tu Dios la entregue en tu mano, herirás a todo varón suyo a filo de espada.  Solamente las mujeres y los niños, y los animales, y todo lo que haya en la ciudad, todo su botín tomarás para ti; y comerás del botín de tus enemigos, los cuales Jehová tu Dios te entregó. 

Esto aplica sólo a las ciudades que están fuera del territorio de la Tierra Prometida (Deu. 20:15), ya que todos los poblados dentro del territorio de Israel, el Señor instruye no dejar ni un alma con vida…
(Deu. 20:16) Pero de las ciudades de estos pueblos que Jehová tu Dios te da por heredad, ninguna persona dejarás con vida, sino que los destruirás por completo: al heteo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo, como Jehová tu Dios te ha mandado. 

¿Por qué ese trato tan severo con los cananeos?  Por el simple hecho que si ellos no los eliminan, los israelitas morirán eventualmente por la mala influencia que ellos representan…
(Deu. 20:18)  para que no os enseñen a hacer según todas sus abominaciones que ellos han hecho para sus dioses,  y pequéis contra Jehová vuestro Dios. 

Si se hubieran sometido a Dios, se hubieran salvado.  Pero en su corazón no estaba eso.  La historia muestra que ninguno de los pueblos cananeos aceptó la paz, sólo los de la ciudad de Gabaón.
(Josué 11:19-20) No hubo ciudad que hiciese paz con los hijos de Israel, salvo los heveos que moraban en Gabaón; todo lo tomaron en guerra. Porque esto vino de Jehová, que endurecía el corazón de ellos para que resistiesen con guerra a Israel, para destruirlos, y que no les fuese hecha misericordia, sino que fuesen desarraigados, como Jehová lo había mandado a Moisés.

Aunque los gabaonitas hicieron la paz por engaño, ellos finalmente se sometieron a Israel y sirvieron como cargadores de agua y leña para el Templo (Josué 9).

ÁRBOLES
La Torá también instruye a los israelitas que, en el proceso de la guerra, se cuiden de no destruir los árboles…
(Deu. 20:19)  Cuando sities a alguna ciudad, peleando contra ella muchos días para tomarla, no destruirás sus árboles metiendo hacha en ellos, porque de ellos podrás comer; y no los talarás, porque el árbol del campo no es hombre para venir contra ti en el sitio. 

No deben destruir los árboles porque les servirán para alimento.  El único tipo de árbol que les es autorizado cortar es el que no produce fruto.  Su madera puede ser utilizada para propósitos de construcción.
(Deu. 20:20)  Mas el árbol que sepas que no lleva fruto, podrás destruirlo y talarlo,  para construir baluarte contra la ciudad que te hace la guerra, hasta sojuzgarla.

ESCLAVOS DE GUERRA
Otra ley de guerra se encuentra en el capítulo 21, y aprovecharemos a verlo…

En las guerras antiguas, parte del botín para el vencedor era quedarse con la gente, sometiéndola a esclavitud.  En el caso de las mujeres, las usaban como esclavas sexuales.  Pero la Biblia aclara que los israelitas no deben comportarse de esa forma. 

Si un israelita quiere a una mujer, debe tomarla como pareja, y no sólo usarla para su placer.
(Deu. 21:10-13)  Cuando salieres a la guerra contra tus enemigos, y Jehová tu Dios los entregare en tu mano, y tomares de ellos cautivos, y vieres entre los cautivos a alguna mujer hermosa, y la codiciares, y la tomares para ti por mujer, la meterás en tu casa; y ella rapará su cabeza, y cortará sus uñas, y se quitará el vestido de su cautiverio, y se quedará en tu casa; y llorará a su padre y a su madre un mes entero; y después podrás llegarte a ella, y tú serás su marido, y ella será tu mujer. 


En todas las guerras suele haber mucho abuso y violación.  Pero Dios exige un más alto nivel de su pueblo. No se permite que los israelitas tengan relaciones íntimas con una mujer a menos que sea su esposa. 


Más lecciones de Deuteronomio @   Devarim (Deut.)

Audio de la clase de Biblia Devarim 20:


domingo, 30 de agosto de 2015

DEVARIM 19: Ciudad de Refugio y Testigo Falso



CIUDADES DE REFUGIO
El capítulo 19 de Devarim (Deuteronomio) comienza hablando de unas ciudades especiales en la Tierra Prometida…
(Deu. 19:1-2)  Cuando Jehová tu Dios destruya a las naciones cuya tierra Jehová tu Dios te da a ti, y tú las heredes, y habites en sus ciudades, y en sus casas; te apartarás tres ciudades en medio de la tierra que Jehová tu Dios te da para que la poseas. 

Estas ciudades debían estar ubicadas en lugares estratégicos y céntricos.  Pero, ¿con qué propósito?
(Deu. 19:3)  Arreglarás los caminos, y dividirás en tres partes la tierra que Jehová tu Dios te dará en heredad, y será para que todo homicida huya allí. 

¿Por qué la Biblia contempla un lugar de refugio para un homicida?  Aunque parezca extraño a primera vista, veremos que no se trata de “cualquier homicida”…
(Deu. 19:4-5) Este es el caso del homicida que huirá allí, y vivirá: aquel que hiriere a su prójimo sin intención y sin haber tenido enemistad con él anteriormente; como el que fuere con su prójimo al monte a cortar leña, y al dar su mano el golpe con el hacha para cortar algún leño, saltare el hierro del cabo, y diere contra su prójimo y éste muriere; aquél huirá a una de estas ciudades, y vivirá; 

La protección es para aquellos que están involucrados sólo en muertes accidentales, lo cual debe ser probado en las cortes de justicia.  Leamos lo que está escrito en Números para entender lo que procede en este tipo de muertes…
(Números 35:10-12)  Habla a los hijos de Israel, y diles: Cuando hayáis pasado al otro lado del Jordán a la tierra de Canaán, os señalaréis ciudades, ciudades de refugio tendréis, donde huya el homicida que hiriere a alguno de muerte sin intención.  Y os serán aquellas ciudades para refugiarse del vengador, y no morirá el homicida hasta que entre en juicio delante de la congregación.


PARIENTE VENGADOR
La Biblia contempla no sólo al homicida accidental, sino también a los parientes del que murió.  En caso que el homicidio no haya sido accidental sino premeditado, entonces se le da la oportunidad a un pariente del occiso participar en el proceso de justicia.  A este se le conoce como “el vengador de la sangre”.
(Números 35:19-21)  El vengador de la sangre, él dará muerte al homicida;  cuando lo encontrare, él lo matará.  Y si por odio lo empujó, o echó sobre él alguna cosa por asechanzas, y muere; o por enemistad lo hirió con su mano, y murió, el heridor morirá; es homicida; el vengador de la sangre matará al homicida cuando lo encontrare.

Dado que el pariente vengador tiene este derecho, se le da la oportunidad a los homicidas a huir a una ciudad de refugio, las cuales eran ciudades levitas, donde será juzgado su caso. 

Si se prueba su inocencia se le perdonará la vida; no obstante, él no podrá irse libre sino tendrá que quedarse en la ciudad de refugio por un largo tiempo (posiblemente toda su vida)—como un tipo de arresto domiciliario.  Allí será protegido del pariente vengador. 
(Num. 35:22-25)  Mas si casualmente lo empujó sin enemistades, o echó sobre él cualquier instrumento sin asechanzas, o bien, sin verlo hizo caer sobre él alguna piedra que pudo matarlo, y muriere, y él no era su enemigo, ni procuraba su mal; entonces la congregación juzgará entre el que causó la muerte y el vengador de la sangre conforme a estas leyes;  y la congregación librará al homicida de mano del vengador de la sangre, y la congregación lo hará volver a su ciudad de refugio, en la cual se había refugiado; y morará en ella hasta que muera el sumo sacerdote, el cual fue ungido con el aceite santo.

Por eso en Devarim está escrito que el homicida involuntario debe esconderse en una ciudad de refugio para salvarse de la mano del vengador…
(Deu. 19:6) no sea que el vengador de la sangre, enfurecido, persiga al homicida, y le alcance por ser largo el camino, y le hiera de muerte, no debiendo ser condenado a muerte por cuanto no tenía enemistad con su prójimo anteriormente. 

La ciudad de refugio sirve para proteger a aquellos que se vieron involucrados en un accidente mortal; pero también contempla el dolor de los parientes de quien murió accidentalmente.  Por ello existen esas “ciudades de refugio”.  Tres de estas ciudades se localizan en la Tierra de Canaán, y otras tres en el territorio israelita al otro lado del Río Jordán (Num. 35:14-15).
(Deu. 19:7-10)  Por tanto yo te mando, diciendo: Separarás tres ciudades.  Y si Jehová tu Dios ensanchare tu territorio, como lo juró a tus padres,  y te diere toda la tierra que prometió dar a tus padres, siempre y cuando guardares todos estos mandamientos que yo te prescribo hoy, para ponerlos por obra; que ames a Jehová tu Dios y andes en sus caminos todos los días; entonces añadirás tres ciudades más a estas tres, para que no sea derramada sangre inocente en medio de la tierra que Jehová tu Dios te da por heredad, y no seas culpado de derramamiento de sangre. 

ENCONTRADO CULPABLE
¿Qué pasa si el homicida es encontrado culpable?  En ese caso no podrá refugiarse, sino tendrá que enfrentar las consecuencias de sus actos.  La Biblia es clara en cuanto a lo que procede con alguien que ha cometido asesinato…
(Deu. 19:11-13)  Pero si hubiere alguno que aborreciere a su prójimo y lo acechare, y se levantare contra él y lo hiriere de muerte, y muriere; si huyere a alguna de estas ciudades, entonces los ancianos de su ciudad enviarán y lo sacarán de allí, y lo entregarán en mano del vengador de la sangre para que muera.  No le compadecerás; y quitarás de Israel la sangre inocente, y te irá bien.

En términos de la justicia bíblica, si alguien mata a otra persona, la pena del homicida es la muerte.  Pero recordemos que cuando se trata de una pena de muerte, debe contarse con dos o más testigos para que cobrar su vida (Deu. 17:6).  Por eso aquí se vuelve a mencionar el tema de los testigos…


TESTIGOS
(Deu. 19:15)  No se tomará en cuenta a un solo testigo contra ninguno en cualquier delito ni en cualquier pecado, en relación con cualquiera ofensa cometida.  Sólo por el testimonio de dos o tres testigos se mantendrá la acusación. 

Aquí la Biblia aclara que se requiere de dos o más testigos para cualquier condena sobre cualquier ofensa.  El testimonio de un solo testigo no es completamente fiable.

Hablando de testigos, la Torá también habla del caso de los testigos falsos… 
(Deu. 19:16-17)  Cuando se levantare testigo falso contra alguno,  para testificar contra él,  entonces los dos litigantes se presentarán delante de Jehová, y delante de los sacerdotes y de los jueces que hubiere en aquellos días. 

Si hay sospechas que un testimonio es falso, los jueces deben inquirir para descubrir la verdad.
(Deu. 19:18) Y los jueces inquirirán bien; y si aquel testigo resultare falso, y hubiere acusado falsamente a su hermano, 

Si se llega a probar que un testimonio fue falso, la Torá determina la pena que se le debe dar al testigo falso…
(Deu. 19:19-21) entonces haréis a él como él pensó hacer a su hermano; y quitarás el mal de en medio de ti.  Y los que quedaren oirán y temerán, y no volverán a hacer más una maldad semejante en medio de ti. Y no le compadecerás; vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie.

El testigo falso recibirá la misma medida de la pena que hubiera recibido aquel a quien acusó falsamente.


RESPETO A LA PROPIEDAD
La Torá contempla el respeto a la propiedad privada…
(Deu. 19:14)  En la heredad que poseas en la tierra que Jehová tu Dios te da, no reducirás los límites de la propiedad de tu prójimo, que fijaron los antiguos. 

Por lo general, los límites de las propiedades se marcaban con majanos, que consisten de una pila de piedras pesadas.  El problema es que estas marcas podían ser movidas a propósito.  La Biblia condena que no se respeten los límites de la propiedad privada.


Esta ley se presenta a la par de los falsos testigos, porque los litigios de tierra pueden llegar a reducirse a un conflicto de testimonio. 

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Audio de la clase de Biblia Devarim 19:



jueves, 20 de agosto de 2015

DEVARIM 18: Levitas y Profetas

(Deuteronomio)

LA HEREDAD DE LOS LEVITAS
Todas las tribus de Israel recibieron territorio como heredad.  Las tierras no sólo les servían como lugar donde habitar, sino que también como fuente de sustento al trabajarla.  Sin embargo, una de las tribus no recibió tierras como heredad…
(Deu. 18:1-2)  Los sacerdotes levitas, es decir, toda la tribu de Leví, no tendrán parte ni heredad en Israel; de las ofrendas quemadas a Jehová y de la heredad de él comerán.  No tendrán, pues, heredad entre sus hermanos; Jehová es su heredad, como él les ha dicho. 

Ya se había mencionado el rol especial que cumplirían los levitas en el cap. 10...
(Deu. 10:8-9)  En aquel tiempo apartó Jehová la tribu de Leví  para que llevase el arca del pacto de Jehová, para que estuviese delante de Jehová para servirle, y para bendecir en su nombre, hasta hoy, por lo cual Leví no tuvo parte ni heredad con sus hermanos; Jehová es su heredad, como Jehová tu Dios le dijo.

Si no tenían tierras para producir, ¿de qué vivirían los levitas?  El Señor les dio una provisión especial: a ellos les sería dado el diezmo y las primicias de la producción de las demás tribus de Israel, además de los alimentos provenientes de los sacrificios y ofrendas animales y vegetales.
(Deu. 18:3-5)  Y este será el derecho de los sacerdotes de parte del pueblo, de los que ofrecieren en sacrificio buey o cordero: darán al sacerdote la espaldilla, las quijadas y el cuajar.  Las primicias de tu grano, de tu vino y de tu aceite, y las primicias de la lana de tus ovejas le darás; porque le ha escogido Jehová tu Dios de entre todas tus tribus, para que esté para administrar en el nombre de Jehová,  él y sus hijos para siempre. 

También en el libro Números se habla de esta porción especial para los levitas…
(Num. 18:20-21)  Jehová dijo a Aarón: De la tierra de ellos no tendrás heredad, ni entre ellos tendrás parte. Yo soy tu parte y tu heredad en medio de los hijos de Israel.  Y he aquí yo he dado a los hijos de Leví todos los diezmos en Israel por heredad, por su ministerio, por cuanto ellos sirven en el ministerio del tabernáculo de reunión.

Pablo hizo referencia a la porción de los ministros de Dios en el Templo, y explicó que su servicio era equivalente al de los ministros creyentes en su tiempo.
(1 Corintios 9:13-14) ¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del templo, y que los que sirven al altar, del altar participan?  Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio.

La mayoría de los levitas no vivían en Jerusalén, sino en las 48 ciudades levitas repartidas en todo el territorio de Israel (Num 35:7-8).  Eran ciudades de habitación con ejidos alrededor para cultivos de subsistencia.  En esas ciudades, los levitas servían al pueblo local como jueces y maestros de la Ley (heb. Torá); pero su principal trabajo era servir a Dios en el Templo en Jerusalén. 
(Deu. 18:6-7) Y cuando saliere un levita de alguna de tus ciudades de entre todo Israel, donde hubiere vivido, y viniere con todo el deseo de su alma al lugar que Jehová escogiere, ministrará en el nombre de Jehová su Dios como todos sus hermanos los levitas que estuvieren allí delante de Jehová. 

Aunque los levitas no recibieron heredad en tierras, ellos se quedaron con la mejor porción: servir al Señor. El servicio de los levitas en el Templo se repartía entre 24 grupos, cada uno de los cuales servían dos semanas al año (1 Crónicas 24:4-18).  En Jerusalén se le daba posada y alimento a los levitas que llegaran a servir a Dios (Deu. 18:8).


NO IMITARÁN LAS ABOMINACIONES
Cuando los israelitas entraran a la Tierra Prometida, ellos no iban a encontrar una tierra desierta, sino habitada.  Una y otra vez, la Torá les advierte que deben limpiar el territorio de la idolatría y de todas las abominaciones de los pueblos anteriores.
(Deu. 18:9-12)  Cuando entres a la tierra que Jehová tu Dios te da,  no aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas naciones.  No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos.  Porque es abominación para con Jehová cualquiera que hace estas cosas, y por estas abominaciones Jehová tu Dios echa estas naciones de delante de ti.

La definición de estas abominaciones es la siguiente:
·         Pasar a los hijos por fuego: esta práctica estaba asociada a la adoración al dios pagano Moloc, quien  demandaba el sacrificio de un hijo.
·         Adivinación: es buscar conocer el futuro por medio de la magia u otros medios que no tienen que ver con la ciencia ni la razón.
·         Agorero: que presagia males o desgracias
·         Sortilegio: adivinación que no se basa en la ciencia o en la razón, sino en la magia.
·         Hechicería: poderes mágicos y maléficos que se usan para dominar la voluntad de una persona o controlar el curso de los acontecimientos.
·         Encantamientos: pronunciar ciertas palabras con poder mágico para cambiar las cosas a su favor
·         Magia: ciencia oculta que pretende producir efectos sorprendentes con la ayuda de fuerzas secretas de la naturaleza
a.    magia blanca”: uso de medios naturales que parecen sobrenaturales
b.    magia negra”: hacer cosas extraordinarias con ayuda de un demonio
·         Consulta de muertos o nigromancia: adivinación del futuro por medio de la invocación al espíritu de los muertos

Las naciones cananeas solían practicar esas abominaciones, pero la Torá advierte claramente a Israel que no imiten esas malas costumbres.
(Deu. 18:14)  Porque estas naciones que vas a heredar, a agoreros y a adivinos oyen;  mas a ti no te ha permitido esto Jehová tu Dios. 


PERFECTO
En contraste con las costumbres paganas de las demás naciones, la Biblia dice que Israel está llamado a ser “perfecto”…
(Deu. 18:13)  Perfecto serás delante de Jehová tu Dios. 

¿A qué se refiere con “ser perfecto”? 
Evidentemente no se refiere a “no tener defectos”, pues ningún ser humano es perfecto.  Más bien se refiere a ser íntegro y recto.  La palabra que se traduce como “perfecto” en hebreo es: Tamim, que también puede traducirse como: íntegro (o entero), recto, verdadero, sincero.

Una persona íntegra es la que actúa con rectitud.  Busca en todo momento hacer las cosas como Dios manda; y en caso que se equivocara, rectifica.  Esto es lo que se consideraría como alguien “perfecto” o íntegro en el concepto bíblico (heb. Tamim).

El llamado a “ser perfecto” o íntegro se remonta a Abraham…
(Génesis 17:1)  Era Abram de edad de noventa y nueve años, cuando le apareció Jehová y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto.

En el Sermón del Monte, Jesús también nos llamó a ser perfectos… 
(Mateo 5:48)  Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.

Ser prefecto está relacionado con imitar a Dios. 
(Lucas 6:40)  El discípulo no es superior a su maestro; mas todo el que fuere perfeccionado, será como su maestro.

El perfeccionamiento debe ser la meta de los creyentes (2 Cor. 7:1), y es un proceso que dura toda la vida.  Pablo es un ejemplo de ello…
(Filipenses 3:12-15)  No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús.  Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante,  prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.  Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios.

Todo creyente debe apuntar a ser perfecto.  Cada uno debe dar lo mejor de sí, y el Señor hará el resto (Col. 1:28-29).

Lo contrario a buscar ser perfecto sería ser de “doble ánimo”, y de esto habla Santiago:
(Santiago 1:8)  El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.

La persona de “doble ánimo” a veces es buena, y otras veces actúa mal sin arrepentimiento.  Suele juzgar a los demás con dureza, pero con él mismo es clemente.  El doble ánimo es una cuestión del corazón que se refleja en las acciones.  Por eso Santiago dice:
(Santiago 4:8)  Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros.  Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones.

La Biblia menciona el concepto de integridad (“ser perfecto” heb. Tamim) en contraposición con las abominaciones que hacen las demás naciones.  Dios llama a su pueblo Israel a ser diferente, apartado…a ser santo como Dios es santo (Lev. 20:23-27)


PROFETA EN MEDIO DE TI
En contraste con las artes mágicas, la Biblia presenta la figura del profeta…  

Algunos tal vez tengan la tentación de ver al “profeta” como la versión bíblica del mago o hechicero, pero nada puede estar más lejos de la realidad.  Mientras que los magos buscan manipular el presente y futuro a su antojo, el profeta bíblico nos lleva a someternos a la voluntad de Dios.

El profeta bíblico es simplemente una voz que Dios usa para revelarnos Su voluntad.  Muchos identifican al profeta con el concepto de “predecir el futuro”, pero esa no es la esencia de su propósito.  En realidad el profeta es aquel que habla lo que Dios quiere decir a Su pueblo, ya sea con respecto al futuro, al presente y aún en relación al pasado. Profeta en hebreo es: Navi, que viene del verbo “Navá” que significa: hablar por inspiración (o profetizar). 

Veamos ahora lo que la Biblia dice con respecto al profeta en Devarim 18…
(Deu. 18:15-18)  Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis; conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera. Y Jehová me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho.  Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare. 

El profeta es un intermediario entre Dios y Su pueblo.  Lo que él habla es porque Dios se lo dijo, y por ello debemos atender lo que el profeta dice.
(Deu. 18:19)  Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta. 

El pueblo debe obedecer al profeta.  Pero, ¿aplica esto a todos los profetas?  Mientras que el profeta hable de parte de Dios, sí debemos atender a sus palabras; pero la Biblia también nos advierte que tengamos cuidado de los profetas falsos…

PROFETAS FALSOS
La Biblia define al “profeta falso” como aquel que habla algo que Dios no le ha dicho.  Y la consecuencia de tal falta es muy seria…
(Deu. 18:20)  El profeta que tuviere la presunción de hablar palabra en mi nombre,  a quien yo no le haya mandado hablar, o que hablare en nombre de dioses ajenos,  el tal profeta morirá. 

La pena es severa porque el peligro es muy serio, ya que puede desviar al pueblo de Dios.  Lo difícil es distinguir quién es un profeta falso o uno verdadero. La Torá nos enseña una forma de determinarlo…
(Deu. 18:21)  Y si dijeres en tu corazón: ¿Cómo conoceremos la palabra que Jehová no ha hablado?  Si el profeta hablare en nombre de Jehová, y no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere, es palabra que Jehová no ha hablado; con presunción la habló el tal profeta; no tengas temor de él.

LEVANTARÉ UN PROFETA
La descripción del profeta de Dios en este capítulo tiene escondida una profecía mesiánica. 
(Deu. 18:15-18)  Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis…

Dando testimonio de Jesús como Mesías, Pedro señaló que él era el profeta prometido en Devarim…
(Hechos 3:22-23)  Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable;  y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo.

Jesucristo (en hebreo, Yeshua HaMashiaj) es el profeta enviado, que nos habla lo que Dios Padre ha dicho, y a Él debemos obedecer. 

(Juan 12:49-50)  Porque yo no he hablado de mí mismo; mas el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar.  Y sé que su mandamiento es vida eterna; así que, lo que yo hablo, como el Padre me lo ha dicho, así hablo.


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miércoles, 12 de agosto de 2015

DEVARIM 17: Sacrificios, Ídolos y Reyes en Israel

(Deuteronomio)

SACRIFICIOS SIN DEFECTO
El capítulo 17 comienza con un versículo aislado que hace referencia a la calidad de los sacrificios que son ofrecidos a Dios en el Templo…
(Deu. 17:1)  No ofrecerás en sacrificio a Jehová tu Dios, buey o cordero en el cual haya falta o alguna cosa mala, pues es abominación a Jehová tu Dios. 



Este concepto ya se había mencionado en relación a la consagración de los animales primogénitos (Deu. 15:21).  En Levítico 22 se define lo que se considera como defecto en un animal para sacrificio…
(Levítico 22:20-22)  Ninguna cosa en que haya defecto ofreceréis, porque no será acepto por vosotros.  Asimismo, cuando alguno ofreciere sacrificio en ofrenda de paz a Jehová para cumplir un voto, o como ofrenda voluntaria, sea de vacas o de ovejas, para que sea aceptado será sin defecto.  Ciego, perniquebrado, mutilado,  verrugoso, sarnoso o roñoso, no ofreceréis éstos a Jehová, ni de ellos pondréis ofrenda encendida sobre el altar de Jehová. 

Si un israelita va a ofrecer algo a Dios, debe ser sin defecto, porque el Señor merece lo mejor.


El resto del capítulo (17) cubre dos temas principales:
1.  Cómo tratar con la idolatría en Israel
2.  Expectativas para un rey en Israel


LOS IDÓLATRAS EN MEDIO ISRAEL
La idolatría es un pecado muy serio en el Reino de Dios.  De hecho, es el segundo mandamiento que viene después de reconocer a Jehová como Dios…
(Deu. 5:6-8)  Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de tierra de Egipto, de casa de servidumbre.  No tendrás dioses ajenos delante de mí.  No harás para ti escultura, ni imagen alguna de cosa que está arriba en los cielos, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.

La tentación a la idolatría no sólo se da entre los pueblos paganos, sino que también puede surgir entre el pueblo de Dios y por ello la Torá trate el tema y lo prohíbe. 

La pregunta que se responde en este capítulo es: ¿qué se debe hacer cuando un israelita cae en idolatría?
(Deu. 17:2-5)  Cuando se hallare en medio de ti, en alguna de tus ciudades que Jehová tu Dios te da, hombre o mujer que haya hecho mal ante los ojos de Jehová tu Dios traspasando su pacto, que hubiere ido y servido a dioses ajenos, y se hubiere inclinado a ellos, ya sea al sol, o a la luna, o a todo el ejército del cielo, lo cual yo he prohibido; y te fuere dado aviso, y después que oyeres y hubieres indagado bien, la cosa pareciere de verdad cierta, que tal abominación ha sido hecha en Israel; entonces sacarás a tus puertas al hombre o a la mujer que hubiere hecho esta mala cosa, sea hombre o mujer, y los apedrearás, y así morirán.

Si un israelita está cometiendo idolatría, los testigos deben llevarlo a la puerta de la ciudad, donde se encuentran los jueces.  El juicio y condena de un idólatra no se hace en las calles ni lo hace el pueblo, sino se deja el asunto en manos de los jueces.  Dado que la consecuencia es muy seria, el juez debe asegurarse bien si el israelita ha cometido tal pecado. 

Para condenar a muerte alguien en Israel, se debía contar con el testimonio de dos o más testigos, quienes confirmarían que la persona ha hecho tal mal y merece la pena de muerte.  Si no había testigos, no se aplicaba la pena capital.
(Deu. 17:6)  Por dicho de dos o de tres testigos morirá el que hubiere de morir;  no morirá por el dicho de un solo testigo. 

El rol de los testigos no es sólo dar testimonio, sino que ellos participaban en la condena…
(Deu. 17:7)  La mano de los testigos caerá primero sobre él para matarlo, y después la mano de todo el pueblo; así quitarás el mal de en medio de ti. 


ÁRBOL DE ASERA
Hablando sobre el tema de la idolatría, regresaremos a los últimos versículos del capítulo anterior, los cuales hablan de este tema…
(Deu. 16:21-22)  No plantarás ningún árbol para Asera cerca del altar de Jehová tu Dios, que tú te habrás hecho, ni te levantarás estatua, lo cual aborrece Jehová tu Dios.

Aquí se hace mención específica del ídolo de Asera, el cual se representaba en forma de un palo o de un árbol, como símbolo de fertilidad.  Los árboles dedicados a Asera se plantaban a la par de los altares paganos en los lugares altos. 

La Torá prohíbe explícitamente que los israelitas imiten esas malas costumbres de los cananeos. 
(Levítico 26:1)  No haréis para vosotros ídolos, ni escultura, ni os levantaréis estatua, ni pondréis en vuestra tierra piedra pintada para inclinaros a ella; porque yo soy Jehová vuestro Dios.


REYES EN ISRAEL
El segundo tema principal de este capítulo trata sobre los reyes en Israel. Éste es un tema controversial al principio de la historia de Israel ya que en teoría Dios era rey sobre Israel.  Él es la máxima autoridad y de quien emana la legislación.  Sin embargo, Dios sabía que iba a llegar el día en que el pueblo iba a pedir “un rey como las demás naciones” (ya sea porque quieren tener a un líder visible, o porque desean ser como las demás naciones).
(Deu. 17:14-15) Cuando hayas entrado en la tierra que Jehová tu Dios te da, y tomes posesión de ella y la habites, y digas: Pondré un rey sobre mí, como todas las naciones que están en mis alrededores; ciertamente pondrás por rey sobre ti al que Jehová tu Dios escogiere; de entre tus hermanos pondrás rey sobre ti; no podrás poner sobre ti a hombre extranjero, que no sea tu hermano. 

Dios deja claro que Él sigue siendo el Soberano Supremo, ya que aunque hay un rey humano en Israel, el Señor será quien lo elija.  No se trata de una democracia (cuyo líder es elegido por el pueblo), ni una monarquía absoluta (cuyo rey dicta las leyes); más bien se trata de una monarquía constitucional, teniendo la Torá como el marco legal y un rey que se somete a Dios.

Hasta ahora, los requistos para el rey de Israel son:
a.  Un rey elegido por Dios
b.  Debe ser israelita, nunca un extranjero.

Los demás requisitos para un rey en Israel son los siguientes:
c. No aumentará sus caballos
d. No tomará muchas mujeres
e. No amontonará riquezas en abundancia
f.  Escribirá una copia de la Torá, y la leerá todos los días

Veamos estos últimos requisitos uno por uno…

c. No aumentará sus caballos
(Deu. 17:16)  Pero él no aumentará para sí caballos, ni hará volver al pueblo a Egipto con el fin de aumentar caballos; porque Jehová os ha dicho: No volváis nunca por este camino. 

Los caballos no sólo eran símbolos de poder militar.  Los ejércitos que contaran con una caballería tenían una ventaja comparativa sobre aquellos cuyos soldados que luchaban a pie. 
El rey de Israel debe tener la confianza puesta en Dios, no es su poderío militar.
(Salmo 20:7)  Algunos confían en carros, y otros en caballos; mas nosotros en el nombre de Jehová nuestro Dios confiaremos.

Más adelante veremos este principio repetido (Deu. 20:1). 
(Deu. 20:1) Cuando salgas a la batalla contra tus enemigos y veas caballos y carros, y pueblo más numeroso que tú, no tengas temor de ellos; porque Jehová tu Dios que te sacó de la tierra de Egipto está contigo.

d. No tomará muchas mujeres
e. No amontonará riquezas en abundancia
(Deu. 17:17)  Ni tomará para sí muchas mujeres,  para que su corazón no se desvíe;  ni plata ni oro amontonará para sí en abundancia. 

Esto es lo contrario a lo que hizo Salomón (1 Reyes 10:26; 1 Reyes 11:1-13).

f.  Escribirá una copia de la Torá, y la leerá todos los días
(Deu. 17:18-20) Y cuando se siente sobre el trono de su reino, entonces escribirá para sí en un libro una copia de esta ley, del original que está al cuidado de los sacerdotes levitas; y lo tendrá consigo, y leerá en él todos los días de su vida, para que aprenda a temer a Jehová su Dios, para guardar todas las palabras de esta ley y estos estatutos, para ponerlos por obra; para que no se eleve su corazón sobre sus hermanos, ni se aparte del mandamiento a diestra ni a siniestra; a fin de que prolongue sus días en su reino, él y sus hijos, en medio de Israel.

Este requisito era uno de los más importantes porque ponía al rey debajo de Dios, quien es el verdadero Rey de Israel.  Por otro lado, el conocer la Ley le ayudaría a ser un mejor líder.

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