miércoles, 22 de octubre de 2014

HECHOS 23: Pablo ante el Concilio


Como vimos al final del capítulo 22…El tribuno romano no sabía qué hacer con Pablo.  Por un lado, él sabía que los ciudadanos romanos tenían derechos especiales en todas las provincias que ocupaba el Imperio Romano.  Teniendo Pablo ciudadanía romana, le debía dar un trato preferencial.  Por otro lado tenía a una gran multitud de judíos que estaban esperando ver que castigaran a Pablo, a quien consideraban un traidor. Este caso era un asunto que mezclaba política con religión; pero el tribuno sabía poco o nada de los asuntos judíos.  Para resolver el problema, el tribuno decidió llamar a los líderes religiosos entre los judíos.  
(Hechos 22:30) Al día siguiente, queriendo saber de cierto la causa por la cual le acusaban los judíos, le soltó de las cadenas, y mandó venir a los principales sacerdotes y a todo el concilio, y sacando a Pablo, le presentó ante ellos.

Esta es la segunda de siete defensas que Pablo hará ante diferentes audiencias para defender su caso:

Primera defensa
Ante el pueblo de Jerusalén
Hechos 22
Segunda defensa
Ante el Concilio (Sanedrín)
Hechos 23
Tercera defensa
Ante Félix
Hechos 24
Cuarta defensa
Ante Festo
Hechos 25:1-12
Quinta defensa
Ante Agripa
Hechos 25:13-14
Sexta defensa
Ante los líderes judíos en Roma
Hechos 28
Séptima defensa
Ante Nerón
(después de Hechos)




AUDIENCIA ANTE EL CONCILIO EN JERUSALÉN
En el capítulo 22 leímos sobre la defensa de Pablo ante los ciudadanos de Jerusalén.  En el capítulo 23, Pablo es llevado ante los líderes religiosos…
(Hechos 23:1) Entonces Pablo, mirando fijamente al concilio, dijo: Varones hermanos, yo con toda buena conciencia he vivido delante de Dios hasta el día de hoy. 

Pablo sabía que él no había hecho nada incorrecto a los ojos de Dios; pero los líderes religiosos no pensaban lo mismo… 
(Hechos 23:2) El sumo sacerdote Ananías ordenó entonces a los que estaban junto a él, que le golpeasen en la boca.

¿Por qué le molestó el sumo sacerdote por lo que dijo Pablo?  Para entenderlo debemos conocer un poco de su historia.
Ananías fue sumo sacerdote en los años 47 al 58 d.C. Seguramente él compró esa posición, como sucedía en esos tiempos.  [Nota: Durante los 420 años que estuvo de pie el 2° Templo, hubo 300 sumos sacerdotes, lo cual es un número exorbitante ya que ese puesto debía ser vitalicio.]  Ananías era conocido por su avaricia.  Josefo cuenta que él se apropiaba de los diezmos que el pueblo dejaba para todos los sacerdotes.  No sólo eso era injusto, sino que usaba ese dinero para pagar favores y corrupción.  Por su propio beneficio, Ananías se puso del lado de los romanos, y por ello llegaron a odiarlo los judíos nacionalistas. 

Es muy probable que Ananías se ofendió al oír a Pablo decir que él vivía como Dios manda.  Tal vez lo tomó como un insulto personal, y por eso mandó a abofetearlo.

REACCIÓN DE PABLO
Pablo no reaccionó bien a la bofetada, pues no lo merecía, y seguramente lo tomó por sorpresa.
(Hechos 23:3) Entonces Pablo le dijo: ¡Dios te golpeará a ti, pared blanqueada! ¿Estás tú sentado para juzgarme conforme a la ley, y quebrantando la ley me mandas golpear? 

Lo que Pablo no sabía era que le estaba respondiendo así al sumo sacerdote. 
(Hechos 23:4) Los que estaban presentes dijeron: ¿Al sumo sacerdote de Dios injurias?  (5)  Pablo dijo: No sabía, hermanos, que era el sumo sacerdote; pues escrito está: No maldecirás a un príncipe de tu pueblo. 

Todo había comenzado mal en el interrogatorio.  Pablo sabía de antemano que no iban a ser justos con él en el juicio, por lo tanto se propuso crear un distractor…
(Hechos 23:6) Entonces Pablo, notando que una parte era de saduceos y otra de fariseos, alzó la voz en el concilio: Varones hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo; acerca de la esperanza y de la resurrección de los muertos se me juzga.

Sólo tenía que mencionar la palabra “resurrección” para crear controversia… 
(Hechos 23:7) Cuando dijo esto, se produjo disensión entre los fariseos y los saduceos, y la asamblea se dividió.  (8) Porque los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu; pero los fariseos afirman estas cosas.  (9) Y hubo un gran vocerío; y levantándose los escribas de la parte de los fariseos, contendían, diciendo: Ningún mal hallamos en este hombre; que si un espíritu le ha hablado, o un ángel, no resistamos a Dios. 

El tema controversial que había llevado a Pablo a estar bajo la custodia de los romanos era la inclusión de los gentiles en el pueblo de Dios.  Pero ese tema ni se llegó a tocar porque Pablo tuvo la astucia de mencionar otro tema controversial: la resurrección.  El concilio estaba partido sobre este tema: los fariseos sí creían, mientras que los saduceos no.  El conflicto entre ambos bandos era tan fuerte que a la sola mención provocó un caos en el salón.  
(Hechos 23:10) Y habiendo grande disensión, el tribuno, teniendo temor de que Pablo fuese despedazado por ellos, mandó que bajasen soldados y le arrebatasen de en medio de ellos, y le llevasen a la fortaleza. 

Al final, el Sanhedrín ya no juzgó el caso de Pablo.  Pero esa era la voluntad de Dios, porque el Señor tenía otros planes para Pablo.
(Hechos 23:11) A la noche siguiente se le presentó el Señor y le dijo: Ten ánimo, Pablo, pues como has testificado de mí en Jerusalén, así es necesario que testifiques también en Roma. 

Pablo tenía una misión que cumplir en Roma.  Pero no es de extrañar que el enemigo tratara de impedirlo…

COMPLOT CONTRA PABLO 
Pablo logró salir ileso de la confrontación en el Sanedrín, pero sus enemigos no se dieron por vencido.  Estaban determinados no sólo a detener a Pablo sino que querían callarlo para siempre.   
(Hechos 23:12-15) Venido el día, algunos de los judíos tramaron un complot y se juramentaron bajo maldición, diciendo que no comerían ni beberían hasta que hubiesen dado muerte a Pablo.  (13) Eran más de cuarenta los que habían hecho esta conjuración, (14) los cuales fueron a los principales sacerdotes y a los ancianos y dijeron: Nosotros nos hemos juramentado bajo maldición, a no gustar nada hasta que hayamos dado muerte a Pablo.  (15) Ahora pues, vosotros, con el concilio, requerid al tribuno que le traiga mañana ante vosotros, como que queréis indagar alguna cosa más cierta acerca de él; y nosotros estaremos listos para matarle antes que llegue. 

Aunque el enemigo se proponga a destruir a un hijo de Dios, ése no podrá hacerle daño ni tocarlo si no es la voluntad de Dios. 

De esto escribió David en los Salmos:
(Salmo 64:1-10) Escucha, oh Dios, la voz de mi queja; guarda mi vida del temor del enemigo.  (2) Escóndeme del consejo secreto de los malignos, de la conspiración de los que hacen iniquidad, (3) Que afilan como espada su lengua; lanzan cual saeta suya, palabra amarga, (4) Para asaetear a escondidas al íntegro; de repente lo asaetean, y no temen. (5) Obstinados en su inicuo designio, tratan de esconder los lazos, y dicen: ¿Quién los ha de ver?  (6) Inquieren iniquidades, hacen una investigación exacta; y el íntimo pensamiento de cada uno de ellos, así como su corazón, es profundo.  (7) Mas Dios los herirá con saeta; de repente serán sus plagas.  (8) Sus propias lenguas los harán caer; se espantarán todos los que los vean.  (9) Entonces temerán todos los hombres, y anunciarán la obra de Dios, y entenderán sus hechos.  (10) Se alegrará el justo en Jehová,  y confiará en él; y se gloriarán todos los rectos de corazón.

El plan de Dios era que Pablo fuera a Roma, y para que se cumpliera el Señor movió las piezas necesarias…
(Hechos 23:16-22) Mas el hijo de la hermana de Pablo, oyendo hablar de la celada, fue y entró en la fortaleza, y dio aviso a Pablo.  (17) Pablo, llamando a uno de los centuriones, dijo: Lleva a este joven ante el tribuno, porque tiene cierto aviso que darle.  (18) El entonces tomándole, le llevó al tribuno, y dijo: El preso Pablo me llamó y me rogó que trajese ante ti a este joven, que tiene algo que hablarte.  (19) El tribuno, tomándole de la mano y retirándose aparte, le preguntó: ¿Qué es lo que tienes que decirme?  (20) El le dijo: Los judíos han convenido en rogarte que mañana lleves a Pablo ante el concilio, como que van a inquirir alguna cosa más cierta acerca de él.  (21) Pero tú no les creas; porque más de cuarenta hombres de ellos le acechan, los cuales se han juramentado bajo maldición, a no comer ni beber hasta que le hayan dado muerte;  y ahora están listos esperando tu promesa.  (22)  Entonces el tribuno despidió al joven, mandándole que a nadie dijese que le había dado aviso de esto. 

El tribuno pudo haberse puesto del lado de los judíos a quienes gobernaba.  Al contrario, se dispuso proteger a Pablo. 
(Hechos 23:23-24)  Y llamando a dos centuriones, mandó que preparasen para la hora tercera de la noche doscientos soldados, setenta jinetes y doscientos lanceros, para que fuesen hasta Cesarea; (24) y que preparasen cabalgaduras en que poniendo a Pablo, le llevasen en salvo a Félix el gobernador. 

El tribuno movió a mucha gente para proteger a Pablo, y esto lo propició Dios para que Su propósito se cumpliera.

El tribuno también involucró al gobernador Félix para que ayudara a proteger a Pablo, quien se había identificado como ciudadano romano.
(Hechos 23:25-30)  Y escribió una carta en estos términos: (26) Claudio Lisias al excelentísimo gobernador Félix: Salud.  (27) A este hombre, aprehendido por los judíos, y que iban ellos a matar, lo libré yo acudiendo con la tropa, habiendo sabido que era ciudadano romano.  (28) Y queriendo saber la causa por qué le acusaban, le llevé al concilio de ellos;  (29) y hallé que le acusaban por cuestiones de la ley de ellos, pero que ningún delito tenía digno de muerte o de prisión.  (30)  Pero al ser avisado de asechanzas que los judíos habían tendido contra este hombre, al punto le he enviado a ti, intimando también a los acusadores que traten delante de ti lo que tengan contra él. Pásalo bien. 

El tribuno Claudio le trasfirió al gobernador Félix el caso de Pablo, no sin antes aclararle que no había hecho nada malo en términos de la ley romana. 
(Hechos 23:31-35) Y los soldados, tomando a Pablo como se les ordenó, le llevaron de noche a Antípatris.  (32) Y al día siguiente, dejando a los jinetes que fuesen con él, volvieron a la fortaleza.  (33) Cuando aquéllos llegaron a Cesarea, y dieron la carta al gobernador, presentaron también a Pablo delante de él.  (34)  Y el gobernador, leída la carta, preguntó de qué provincia era; y habiendo entendido que era de Cilicia, (35) le dijo: Te oiré cuando vengan tus acusadores.  Y mandó que le custodiasen en el pretorio de Herodes.

Pablo no se había librado aún de sus enemigos, pero por lo menos estaba más lejos de la esfera de control de los que le deseaban mal. 

En el siguiente capítulo veremos la audiencia que el gobernador dará a los acusadores de Pablo antes de tomar una decisión sobre su caso.


domingo, 24 de agosto de 2014

Invitación a estudio del Salmo 119


Durante las próximas seis semanas estaremos haciendo una pausa en el progreso del libro de Hechos, ya que estaremos concentrados en un estudio de 40 días en el blog Cita Divina, del 27 de Agosto al 4 de Octubre 2014.

El tema del estudio será el SALMO 119.


Todos están cordialmente invitados a participar.
Para más información, visiten: Estudio 2014 en Cita Divina.
http://www.citadivina.blogspot.com/2014/08/estudio-especial-teshuva-2014.html






miércoles, 20 de agosto de 2014

HECHOS 22: Testimonio de Pablo


Al final del capítulo 21 de Hechos, vimos que Pablo estaba siendo linchado por acusaciones falsas.  La multitud no se detuvo a preguntar si era cierto lo que decían los enemigos de Pablo, sino sólo se dejaron ir en su contra.  Los soldados romanos llegaron a tiempo para salvarle la vida.   Allí Pablo pudo comenzar a explicar quién era y qué estaba pasando…
(Hechos 21:37-38) Cuando comenzaron a meter a Pablo en la fortaleza,  dijo al tribuno: ¿Se me permite decirte algo?  Y él dijo: ¿Sabes griego?  (38)  ¿No eres tú aquel egipcio que levantó una sedición antes de estos días,  y sacó al desierto los cuatro mil sicarios? 

Dado el escándalo que se formó alrededor de Pablo, los romanos creyeron que se trataba de un egipcio que había causado conflicto anteriormente.  Según la historia, en ese tiempo un egipcio llegó a Jerusalén diciendo que era profeta. El dijo que si le acompañaban al Monte de los Olivos, verían como los muros de Jerusalén caían ante sus palabras.  Muchas personas lo acompañaron.  Pero cuando la guardia romana se enteró del gran movimiento de gente, fueron a dispersar a la multitud, porque querían evitar problemas.  La multitud se resistió; ante esto, los romanos comenzaron a matar a unos, mientras que se dejaron llevar presos.  Sin embargo, el egipcio logró escapar, y ya no se supo más de él (ref. Josefo, Antigüedades). 

Pablo explicó que él no era ese egipcio revoltoso.  Aclaró que él era judío, y hablaba griego porque había vivido en Tarso.
(Hechos 21:39)  Entonces dijo Pablo: Yo de cierto soy hombre judío de Tarso, ciudadano de una ciudad no insignificante de Cilicia; pero te ruego que me permitas hablar al pueblo. 

Pablo estaba a salvo con los romanos, pero él quería que se le diera la oportunidad de aclarar las cosas con el pueblo de Jerusalén. 
(Hechos 21:40) Y cuando él se lo permitió, Pablo, estando en pie en las gradas,  hizo señal con la mano al pueblo.  Y hecho gran silencio, habló en lengua hebrea,  diciendo:


DISCURSO DE PABLO
En el capítulo 22 leemos el discurso que Pablo dio en su defensa:
(Hechos 22:1-3) Varones hermanos y padres, oíd ahora mi defensa ante vosotros.  (2) Y al oír que les hablaba en lengua hebrea, guardaron más silencio. Y él les dijo:  (3) Yo de cierto soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero criado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel, estrictamente conforme a la ley de nuestros padres, celoso de Dios, como hoy lo sois todos vosotros. 

De entrada, Pablo no sólo se identificó sino que aclaró que él conocía la ley de Dios, pues la estudió con Gamaliel, a quien todos respetaban y admiraban.  Y aclaró que no sólo conocía la ley, sino que la cumplía.  Luego explicó que él era un judío tan celoso que él mismo persiguió a los judíos que creían en Jesús.
(Hechos 22:4-5)  Perseguía yo este Camino hasta la muerte, prendiendo y entregando en cárceles a hombres y mujeres; (5) como el sumo sacerdote también me es testigo,  y todos los ancianos,  de quienes también recibí cartas para los hermanos,  y fui a Damasco para traer presos a Jerusalén también a los que estuviesen allí,  para que fuesen castigados. 

Luego les explicó por qué él cambió de opinión con respecto a Jesús y a sus seguidores.  Esta fue una excelente oportunidad para dar su testimonio en público, en Jerusalén. 
(Hechos 22:6-11) Pero aconteció que yendo yo, al llegar cerca de Damasco, como a mediodía, de repente me rodeó mucha luz del cielo; (7) y caí al suelo, y oí una voz que me decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? (8) Yo entonces respondí: ¿Quién eres, Señor? Y me dijo: Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues. (9) Y los que estaban conmigo vieron a la verdad la luz, y se espantaron; pero no entendieron la voz del que hablaba conmigo. (10) Y dije:  ¿Qué haré, Señor? Y el Señor me dijo: Levántate, y ve a Damasco, y allí se te dirá todo lo que está ordenado que hagas. (11) Y como yo no veía a causa de la gloria de la luz, llevado de la mano por los que estaban conmigo, llegué a Damasco.

Luego, Pablo les narró lo que sucedió después del encuentro, estando en Damasco.
(Hechos 22:12-16) Entonces uno llamado Ananías, varón piadoso según la ley, que tenía buen testimonio de todos los judíos que allí moraban, (13) vino a mí, y acercándose, me dijo: Hermano Saulo, recibe la vista. Y yo en aquella misma hora recobré la vista y lo miré.  (14) Y él dijo: El Dios de nuestros padres te ha escogido para que conozcas su voluntad, y veas al Justo, y oigas la voz de su boca.  (15) Porque serás testigo suyo a todos los hombres, de lo que has visto y oído.  (16) Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre. 

Pablo les dio su testimonio de cómo llegó a convencerse de que Jesús era el Mesías.  No fue por algo que oyó, sino por lo que vivió.  Desde ese momento, su vida cambió, y el Señor lo llamó para dar testimonio de Él.  Pero no todos lo han recibido bien…
(Hechos 22:17-20)  Y me aconteció, vuelto a Jerusalén, que orando en el templo me sobrevino un éxtasis.  (18) Y le vi que me decía: Date prisa, y sal prontamente de Jerusalén; porque no recibirán tu testimonio acerca de mí.  (19) Yo dije: Señor,  ellos saben que yo encarcelaba y azotaba en todas las sinagogas a los que creían en ti;  (20) y cuando se derramaba la sangre de Esteban tu testigo, yo mismo también estaba presente, y consentía en su muerte, y guardaba las ropas de los que le mataban.

Hasta este punto, la multitud estaba absorta, escuchando el testimonio de Pablo.  Pero cuando mencionó su llamado a los gentiles, la multitud reaccionó…
(Hechos 22:21-22)  Pero me dijo: Ve, porque yo te enviaré lejos a los gentiles. (22) Y le oyeron hasta esta palabra; entonces alzaron la voz, diciendo: Quita de la tierra a tal hombre, porque no conviene que viva. 

El tema de la inclusión de los gentiles en el pueblo de Dios ha sido un tema difícil de procesar para los judíos.  Les cuesta verlo y aceptarlo.  Sin embargo, no debería ser tan difícil de aceptar, ya que no era algo nuevo que Dios dispuso en el Nuevo Testamento.  Es parte del plan de Dios desde el principio…
Cuando el Señor llamó a los patriarcas para formar la nación de Israel, Él contempló la eventual invitación a todas las naciones de la Tierra.
(Génesis 12:1-3)  Y el SEÑOR dijo a Abram: Vete de tu tierra, de entre tus parientes y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré.  (2)  Haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.  (3)  Bendeciré a los que te bendigan, y al que te maldiga, maldeciré. Y en ti serán benditas todas las familias de la tierra.

El Señor confirmó esta promesa a Isaac, Jacob y a todos los hijos de Israel (Gen. 22:18; Gen. 26:4; Gen. 28:14). Dios primero iba a formar un pueblo, Israel, a través del cual vendría la simiente (Cristo) para traer salvación espiritual.  Luego abriría esta bendición a todas las naciones del mundo.  Este es el proceso que vemos suceder en Hechos. 

Pablo lo explica claramente en su carta a los Gálatas:
(Gal. 3:7-9)  Por consiguiente, sabed que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham.  (8) Y la Escritura, previendo que Dios justificaría a los gentiles por la fe, anunció de antemano las buenas nuevas a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones. (9) Así que, los que son de fe son bendecidos con Abraham, el creyente.

Los judíos que creyeron en Jesús lo llegaron a entender, aunque les costó al principio.  Pero los que rechazaron a Jesús también rechazaron la inclusión de los gentiles en el pueblo de Dios, porque la entrada era por fe y no por obras.

Volviendo a Hechos, cuando Pablo tocó el tema de los gentiles, los judíos reaccionaron…
(Hechos 22:23-24) Y como ellos gritaban y arrojaban sus ropas y lanzaban polvo al aire, (24) mandó el tribuno que le metiesen en la fortaleza, y ordenó que fuese examinado con azotes, para saber por qué causa clamaban así contra él. 

A los romanos no les gustaban los alborotos, y castigaban a cualquiera que los provocara.  Por eso se dispusieron a azotar a Pablo.  Pero en esta ocasión, Pablo se identificó como ciudadano romano, lo cual cambiaba la forma del castigo.
(Hechos 22:25-29) Pero cuando le ataron con correas, Pablo dijo al centurión que estaba presente: ¿Os es lícito azotar a un ciudadano romano sin haber sido condenado?  (26) Cuando el centurión oyó esto, fue y dio aviso al tribuno, diciendo: ¿Qué vas a hacer? Porque este hombre es ciudadano romano.  (27)  Vino el tribuno y le dijo: Dime, ¿eres tú ciudadano romano?  El dijo: Sí.  (28)  Respondió el tribuno: Yo con una gran suma adquirí esta ciudadanía.  Entonces Pablo dijo: Pero yo lo soy de nacimiento.  (29)  Así que, luego se apartaron de él los que le iban a dar tormento; y aun el tribuno, al saber que era ciudadano romano, también tuvo temor por haberle atado. 

El tribuno romano no sabía qué hacer con Pablo.  Por un lado, él sabía que los  ciudadanos romanos tenían derechos especiales en todas las provincias que ocupaba el Imperio Romano.  Teniendo Pablo ciudadanía romana, le debía dar un trato preferencial.  Por otro lado tenía a una gran multitud de judíos que estaban esperando ver que castigaran a Pablo, a quien consideraban un traidor. Este caso era un asunto que mezclaba política con religión; pero el tribuno sabía poco o nada de los asuntos judíos.  Para resolver el problema, el tribuno decidió llamar a los líderes religiosos entre los judíos.  
(Hechos 22:30) Al día siguiente, queriendo saber de cierto la causa por la cual le acusaban los judíos, le soltó de las cadenas, y mandó venir a los principales sacerdotes y a todo el concilio, y sacando a Pablo, le presentó ante ellos.

En el capítulo siguiente veremos lo que pasó en esta audiencia…






lunes, 18 de agosto de 2014

HECHOS 21: Pablo Sube a Jerusalén


Después de despedirse de sus discípulos en Asia Menor, Pablo siguió su camino de regreso a Siria, de donde había salido en su tercer viaje misionero tres años atrás.  Esta parte del trayecto lo hizo en barco. 
Trayectoria: Mileto > Cos > Rodas > Pátara > Tiro (Siria)
(Hechos 21:1-3) Después de separarnos de ellos, zarpamos y fuimos con rumbo directo a Cos, y al día siguiente a Rodas, y de allí a Pátara.  (2) Y hallando un barco que pasaba a Fenicia, nos embarcamos, y zarpamos.  (3) Al avistar Chipre,  dejándola a mano izquierda, navegamos a Siria, y arribamos a Tiro, porque el barco había de descargar allí. 

Cuando Pablo llegó a la costa de Siria, salieron a encontrarle sus discípulos de Antioquía.  Ellos llegaron allí porque Pablo ya no iba a pasar por Antioquía, ya que su destino era Jerusalén, donde quería pasar la Fiesta de Pentecostés (heb. Shavuot).  Sus discípulos trataron de convencerlo que no fuera a Jerusalén, porque sentían que iba a encontrar oposición allá. 
(Hechos 21:4-6) Y hallados los discípulos, nos quedamos allí siete días; y ellos decían a Pablo por el Espíritu, que no subiese a Jerusalén. (5) Cumplidos aquellos días, salimos, acompañándonos todos, con sus mujeres e hijos, hasta fuera de la ciudad; y puestos de rodillas en la playa, oramos.  (6) Y abrazándonos los unos a los otros, subimos al barco y ellos se volvieron a sus casas.

Pablo no se dejó disuadir por sus amigos de Siria, pues sabía que debía ir a Jerusalén.  Pero en el camino se encontró a otros creyentes que también trataron de convencerlo que no subiera a Jerusalén.
(Hechos 21:7-12) Y nosotros completamos la navegación, saliendo de Tiro y arribando a Tolemaida; y habiendo saludado a los hermanos, nos quedamos con ellos un día. (8) Al otro día, saliendo Pablo y los que con él estábamos, fuimos a Cesarea; y entrando en casa de Felipe el evangelista, que era uno de los siete, posamos con él. (9) Este tenía cuatro hijas doncellas que profetizaban. (10) Y permaneciendo nosotros allí algunos días, descendió de Judea un profeta llamado Agabo, (11) quien viniendo a vernos, tomó el cinto de Pablo, y atándose los pies y las manos, dijo: Esto dice el Espíritu Santo: Así atarán los judíos en Jerusalén al varón de quien es este cinto, y le entregarán en manos de los gentiles. (12) Al oír esto, le rogamos nosotros y los de aquel lugar, que no subiese a Jerusalén.

Agabo no era un falso profeta; él estaba diciendo la verdad, revelando lo que efectivamente iba a suceder.  Agabo ya había profetizado antes en Antioquía, y se había cumplido (Hechos 11:27-28).  Ante esta profecía y las demás advertencias, la gente supuso que Dios les estaba enviando un mensaje para que no fueran a Jerusalén…pero Pablo sabía que no era así.  Él sabía que tenía que ir a Jerusalén, y el Espíritu ya le había advertido que iba a ser perseguido allí.
(Hechos 20:22-24)  Y ahora, he aquí que yo, atado en espíritu, voy a Jerusalén sin saber lo que allá me sucederá,  (23)  salvo que el Espíritu Santo solemnemente me da testimonio en cada ciudad, diciendo que me esperan cadenas y aflicciones.  (24)  Pero en ninguna manera estimo mi vida como valiosa para mí mismo, a fin de poder terminar mi carrera y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio solemnemente del evangelio de la gracia de Dios.

Las profecías eran ciertas, pero el Señor estaba poniendo a prueba a Pablo para ver si él iba a ir a dónde Dios lo mandara, a pesar de saber que al final iba a ser apresado.

PUESTO A PRUEBA
La prueba de Pablo fue similar a la que Jesús pasó antes de su muerte.  Jesús sabía que tenía la oportunidad de hacerse a un lado y no morir, pero al final dijo: “No se haga mi voluntad, sino la Tuya”.  En sus últimas horas de libertad, Jesús pasó por esta prueba y la superó…
(Lucas 22:39-46)  Y saliendo, se encaminó, como de costumbre, hacia el monte de los Olivos; y los discípulos también le siguieron. (40) Cuando llegó al lugar, les dijo: Orad para que no entréis en tentación. (41) Y se apartó de ellos como a un tiro de piedra, y poniéndose de rodillas, oraba, (42) diciendo: Padre, si es tu voluntad, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. (43)  Entonces se le apareció un ángel del cielo, fortaleciéndole.  (44) Y estando en agonía, oraba con mucho fervor; y su sudor se volvió como gruesas gotas de sangre, que caían sobre la tierra. (45) Cuando se levantó de orar, fue a los discípulos y los halló dormidos a causa de la tristeza, (46) y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos y orad para que no entréis en tentación.

También trataron de convencer a Jesús de evadir la persecución y la muerte.  A pesar de estar bien intencionado, el Señor vio ese consejo como una tentación…
(Mateo 16:21-26)  Desde entonces Jesucristo comenzó a declarar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén y sufrir muchas cosas de parte de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas, y ser muerto, y resucitar al tercer día.  (22) Y tomándole aparte, Pedro comenzó a reprenderle, diciendo: ¡No lo permita Dios, Señor! Eso nunca te acontecerá.  (23) Pero volviéndose El, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás! Me eres piedra de tropiezo; porque no estás pensando en las cosas de Dios, sino en las de los hombres. (24)  Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. (25) Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. (26) Pues ¿qué provecho obtendrá un hombre si gana el mundo entero, pero pierde su alma? O ¿qué dará un hombre a cambio de su alma?

Pablo estaba pasando por esta misma tentación o prueba, pero no cedió ante ella. 
(Hechos 21:13-14)  Entonces Pablo respondió: ¿Qué hacéis llorando y quebrantándome el corazón? Porque yo estoy dispuesto no sólo a ser atado, mas aun a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús.  (14) Y como no le pudimos persuadir, desistimos, diciendo: Hágase la voluntad del Señor. 

La intención de los amigos de Pablo era “buena”, en un sentido humano; pero la verdad es que estaban yendo en contra de la Voluntad de Dios.  Al final lo reconocieron.  ¿Cuántas veces no nos pasa lo mismo?  Tomamos decisiones basadas en el corazón y no en el espíritu, sin sospechar que estamos yendo en contra de la Voluntad de Dios.  Como dice el refrán: “De buenas intenciones está empedrado en camino al infierno”.  Tengamos cuidado de no caer en este error. 

Pablo superó la prueba, porque no se dejó disuadir de lo que sabía era la voluntad de Dios. 

Otra razón por la que el Señor envió al profeta Agabo fue para beneficio de los  discípulos de Pablo.  En su gracia, el Señor les advirtió sobre lo que le pasaría a Pablo, para que cuando sucediera no lo tomaran a mal.

EN JERUSALÉN
Finalmente llegó el día, y Pablo subió a Jerusalén.  Pero no lo hizo solo, pues varios discípulos le acompañaron…
(Hechos 21:15-16) Después de esos días, hechos ya los preparativos, subimos a Jerusalén.  (16) Y vinieron también con nosotros de Cesarea algunos de los discípulos, trayendo consigo a uno llamado Mnasón, de Chipre, discípulo antiguo, con quien nos hospedaríamos.

Al principio, la visita a Jerusalén fue positiva, ya que los hermanos creyentes los recibieron con brazos abiertos.
(Hechos 21:17-19) Cuando llegamos a Jerusalén, los hermanos nos recibieron con gozo.  (18) Y al día siguiente Pablo entró con nosotros a ver a Jacobo, y se hallaban reunidos todos los ancianos;  (19) a los cuales, después de haberles saludado, les contó una por una las cosas que Dios había hecho entre los gentiles por su ministerio.  (20) Cuando ellos lo oyeron, glorificaron a Dios, y le dijeron: Ya ves, hermano, cuántos millares de judíos hay que han creído; y todos son celosos por la ley.

Los judíos creyentes en Jerusalén se admiraban de lo que el Señor estaba haciendo a través de Pablo en lugares lejanos.  Pero sabían que los judíos no creyentes no lo iban a recibir tan bien, ya que habían llegado a Jerusalén los rumores de lo que estaba enseñando en sinagogas de otras regiones. 
(Hechos 21:21)  Pero se les ha informado en cuanto a ti, que enseñas a todos los judíos que están entre los gentiles a apostatar de Moisés, diciéndoles que no circunciden a sus hijos, ni observen las costumbres. 

Los creyentes en Jerusalén sabían que Pablo no enseñaba en contra de la Ley de Dios, pero sabían que los líderes religiosos no iban a entender.  Por lo tanto, le aconsejaron a Pablo hacer lo siguiente…
(Hechos 21:22-25) ¿Qué hay, pues? La multitud se reunirá de cierto, porque oirán que has venido. (23) Haz, pues, esto que te decimos: Hay entre nosotros cuatro hombres que tienen obligación de cumplir voto. (24) Tómalos contigo, purifícate con ellos, y paga sus gastos para que se rasuren la cabeza; y todos comprenderán que no hay nada de lo que se les informó acerca de ti, sino que tú también andas ordenadamente, guardando la ley. (25) Pero en cuanto a los gentiles que han creído, nosotros les hemos escrito determinando que no guarden nada de esto; solamente que se abstengan de lo sacrificado a los ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación.

Pablo había llegado a Jerusalén con creyentes gentiles, pero los apóstoles le aconsejaron que no entrara con ellos en el Templo, ya que la tradición judía no lo permitía.  En el complejo del Templo había un patio en el que todos podían entrar, el cual se conocía como “Atrio de los Gentiles”.  Este patio estaba separado del área del Templo en sí por un muro divisorio.  Josefo describe en sus escritos este muro como una partición de piedra, con columnas que tenían mensajes en latín y griego prohibiendo la entrada a cualquier extranjero, bajo pena de muerte (Antigüedades 15:11:5; Guerras Judías 5:5:2). 

Para evitar problemas, Pablo debía presentarse a cumplir su voto acompañado sólo de nazareos judíos.  Además, le pidieron que él financiara ese sacrificio, el cual era muy costoso (Num. 6:13-21). 
(Hechos 21:26)  Entonces Pablo tomó consigo a aquellos hombres, y al día siguiente, habiéndose purificado con ellos, entró en el templo, para anunciar el cumplimiento de los días de la purificación, cuando había de presentarse la ofrenda por cada uno de ellos. 

Aunque trataron de evitar problemas, no pudieron pasar desapercibidos porque entre la multitud aparecieron unos enemigos de Pablo que venían de Éfeso…
(Hechos 21:27-29) Pero cuando estaban para cumplirse los siete días, unos judíos de Asia, al verle en el templo, alborotaron a toda la multitud y le echaron mano, (28) dando voces: ¡Varones israelitas, ayudad!  Este es el hombre que por todas partes enseña a todos contra el pueblo, la ley y este lugar; y además de esto, ha metido a griegos en el templo, y ha profanado este santo lugar. (29) Porque antes habían visto con él en la ciudad a Trófimo, de Efeso, a quien pensaban que Pablo había metido en el templo.

Pablo sólo había entrado al área del Templo con los nazareos judíos, pero lo vieron en el atrio exterior con los gentiles.  Pudo haber sido un malentendido, pero nadie le dio tiempo de explicarse.  También puede ser que hayan provocado el conflicto a propósito, ya que probablemente esos judíos eran los que habían perseguido a Pablo en Asia Menor.

Como hemos visto en otras ocasiones, la reacción de las masas puede fácilmente salirse de control.  Probablemente la turba hubiera matado a Pablo de no ser por la llegada de los soldados romanos. 
(Hechos 21:30-33) Así que toda la ciudad se conmovió, y se agolpó el pueblo; y apoderándose de Pablo, le arrastraron fuera del templo, e inmediatamente cerraron las puertas. (31) Y procurando ellos matarle, se le avisó al tribuno de la compañía, que toda la ciudad de Jerusalén estaba alborotada. (32) Este, tomando luego soldados y centuriones, corrió a ellos. Y cuando ellos vieron al tribuno y a los soldados, dejaron de golpear a Pablo. (33) Entonces, llegando el tribuno, le prendió y le mandó atar con dos cadenas, y preguntó quién era y qué había hecho.

Los soldados romanos no sabían la razón del alboroto.  Lo apresaron en parte para protegerlo, pero también para calmar al pueblo.  Algo que los romanos trataban de evitar a toda costa eran los alborotos públicos dada la inestabilidad que provocaba. 
(Hechos 21:34-36)  Pero entre la multitud, unos gritaban una cosa, y otros otra; y como no podía entender nada de cierto a causa del alboroto, le mandó llevar a la fortaleza.  (35) Al llegar a las gradas, aconteció que era llevado en peso por los soldados a causa de la violencia de la multitud; (36) porque la muchedumbre del pueblo venía detrás, gritando: ¡Muera! 

A partir de este momento hasta el final de Hechos, veremos a Pablo preso.  Ya no será puesto en libertad hasta su muerte.  ¿Cómo pudo Dios permitir esto? Muchas veces nos cuesta comprender la voluntad de Dios, en términos humanos.  Lo que debemos saber es que si Dios permite algo, es para bien.  En ese tiempo en que estuvo preso, Pablo no se quedó sin hacer nada, sino que aprovechó esos momentos para escribir muchas de las epístolas que hoy leemos.

Los últimos versículos de este capítulo los veremos en la próxima entrada porque van conectados temáticamente con el próximo capítulo…



martes, 5 de agosto de 2014

HECHOS 20. Final del Tercer Viaje


Luego de haber permanecido en Éfeso por más de dos años, Pablo decidió seguir su camino y avanzar en su Tercer Viaje.  Tal como tenía planeado, se dirigió a Macedonia y Grecia (Hechos 19:21).
(Hechos 20:1-2) Después que cesó el alboroto, llamó Pablo a los discípulos,  y habiéndolos exhortado y abrazado, se despidió y salió para ir a Macedonia. (2) Y después de recorrer aquellas regiones, y de exhortarles con abundancia de palabras, llegó a Grecia.

Pablo permaneció tres meses en Grecia.  Durante su estadía en Corinto, él escribió la carta a los Romanos. Al final de su carta, Pablo cuenta que se hospedó en casa de Gayo.
(Rom. 16:23)  Gayo, hospedador mío y de toda la iglesia, os saluda. Erasto, el tesorero de la ciudad, os saluda, y el hermano Cuarto.

Después de su tiempo en Grecia, Pablo siguió su travesía.  Aunque su plan era regresar a Antioquía por la vía marítima, tuvo que cambiar de planes porque se enteraron que sus enemigos lo querían atrapar en el puerto. 
(Hechos 20:3-6) Después de haber estado allí tres meses, y siéndole puestas asechanzas por los judíos para cuando se embarcase para Siria, tomó la decisión de volver por Macedonia. (4) Y le acompañaron hasta Asia, Sópater de Berea, Aristarco y Segundo de Tesalónica, Gayo de Derbe, y Timoteo; y de Asia, Tíquico y Trófimo. (5) Estos, habiéndose adelantado, nos esperaron en Troas.  (6)  Y nosotros, pasados los días de los panes sin levadura, navegamos de Filipos, y en cinco días nos reunimos con ellos en Troas, donde nos quedamos siete días. 

Pablo regresó a pie a través de Macedonia; luego tomó un barco hacia Asia Menor.  Pero en Asia no se detuvo mas que en dos lugares: Troas y Mileto…

REUNIÓN Y MILAGRO EN TROAS
En Troas, Pablo se reunió con varios líderes de congregaciones de la región (de Berea, Tesalónica, Derbe, Asia Menor). 
(Hechos 20:7) El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche.

Algunos comentaristas toman este versículo (20:17) para aducir que los apóstoles cambiaron el día de reunirse del sábado al domingo (primer día de la semana).  Pero esa conclusión es resultado de la ignorancia de cómo funcionaba las congregaciones en esos tiempos.  La realidad es que Pablo se reunió con sus discípulos como solía hacerlo todas las semanas: el sábado, es decir, Shabat, el día de reposo determinado por Dios (Lev. 23:1-3).  La reunión del Shabat comienza el sábado por la mañana, y generalmente termina por la tarde, cuando los que se congregan compartían una comida.  Así cerraban el Shabat (que en hebreo se conoce como “Havdala”), marcando así el inicio del primer día de la semana (domingo), ya que el día hebreo comienza a las 6pm. 

Pablo no cambió el día dedicado al Señor.  Simplemente continuó la reunión, ya que quería aprovechar al máximo su visita en Troas.  Luego de cerrar el Shabat, él siguió enseñando a sus discípulos en la tarde y noche (que ya era considerado bíblicamente el primer día de la semana). 

Pablo estaba partido porque sentía premura por seguir su viaje, pero por otro lado quería tener tiempo para compartir con los creyentes en Troas.  Así que decidió enseñar durante toda la noche.  Los discípulos de Pablo no querían perderse ningún minuto disponible para aprender a los pies del maestro. 

En medio de la vigilia de enseñanza en Troas, sucedió un accidente.  Entre la audiencia había un jovencito que no pudo vencer el sueño…
(Hechos 20:8-9) Y había muchas lámparas en el aposento alto donde estaban reunidos; (9) y un joven llamado Eutico, que estaba sentado en la ventana, rendido de un sueño profundo, por cuanto Pablo disertaba largamente, vencido del sueño cayó del tercer piso abajo, y fue levantado muerto.

Esta fue una terrible tragedia.  Pero en lugar de un entierro, todos fueron testigos de un gran milagro…
(Hechos 20:10-12) Entonces descendió Pablo y se echó sobre él, y abrazándole, dijo: No os alarméis, pues está vivo. (11) Después de haber subido, y partido el pan y comido, habló largamente hasta el alba; y así salió. (12) Y llevaron al joven vivo, y fueron grandemente consolados.

Después del milagro, comieron a media noche para recuperar las fuerzas.  Luego Pablo siguió enseñando, pues todos querían aprovechar la visita del apóstol hasta el último momento. 

VIAJE POR LA COSTA
Llegada la mañana, Pablo salió de Troas y siguió su camino.  Pero en esta ocasión no hizo su viaje a pie sino en barco, por la costa de Asia Menor (hoy, Turquía). 
Su trayectoria fue la siguiente:
Troas > Asón > Mitilene > Quío > Samos > Trogilio > Mileto 
(Hechos 20:13-15) Nosotros, adelantándonos a embarcarnos, navegamos a Asón para recoger allí a Pablo, ya que así lo había determinado, queriendo él ir por tierra. (14) Cuando se reunió con nosotros en Asón, tomándole a bordo, vinimos a Mitilene. (15) Navegando de allí, al día siguiente llegamos delante de Quío, y al otro día tomamos puerto en Samos; y habiendo hecho escala en Trogilio, al día siguiente llegamos a Mileto.

De nuevo, Pablo decidió no detenerse en Éfeso, ya que iba contra el tiempo…
(Hechos 20:16) Porque Pablo se había propuesto pasar de largo a Efeso, para no detenerse en Asia, pues se apresuraba por estar el día de Pentecostés, si le fuese posible, en Jerusalén.

Pablo había pasado la Pascua en Macedonia (20:6), pero se propuso pasar la fiesta de Pentecostés en Jerusalén.  Sin embargo, aprovechando que estaba cerca de Efeso, mandó a llamar a los líderes de la iglesia para que se reunieran con él en Mileto, la ciudad portuaria donde había desembarcado, ya que tenía algo importante que decirles…



DESPEDIDA DE PABLO
En Mileto, Pablo organizó una reunión con los líderes de las iglesias de la región.
(Hechos 20:17) Enviando, pues, desde Mileto a Efeso, hizo llamar a los ancianos de la iglesia.

Los reunió porque tenía un mensaje importante que transmitirles…
(Hechos 20:18-21) Cuando vinieron a él, les dijo: Vosotros sabéis cómo me he comportado entre vosotros todo el tiempo, desde el primer día que entré en Asia, (19) sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas, y pruebas que me han venido por las asechanzas de los judíos; (20) y cómo nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas, (21) testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo.

En la introducción de su discurso, Pablo habla del tipo de relación que él ha tenido con los creyentes en la Diáspora; él ha dado desinteresadamente, sin esperar recibir nada de ellos.

Luego, Pablo les cuenta hacia donde se dirige en ese momento: Jerusalén.  Pero también les menciona la razón por la que los llamó: despedirse de ellos, porque presentía que no les vería más (…y así fue).
(Hechos 20:22-24) Ahora, he aquí, ligado yo en espíritu, voy a Jerusalén, sin saber lo que allá me ha de acontecer; (23) salvo que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio, diciendo que me esperan prisiones y tribulaciones.  (24) Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.

El Señor le había revelado a Pablo que él sería objeto de más persecución.  Para entonces, él había llegado a un estado de aceptación porque sabía que Dios lo estaba permitiendo por un propósito divino. 
(Hechos 20:25-27) Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro. (26) Por tanto, yo os protesto en el día de hoy, que estoy limpio de la sangre de todos; (27) porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios.

Muchas veces nos cuesta entender por qué Dios permite que “cosas malas” le sucedan a buenas personas, pero si uno conoce bien a Dios sabe que Él es bueno, Él es justo y pase lo que pase Dios está en control.  A veces Él permite cosas que no entendemos con un propósito. 

A la vez que Pablo se despedía sus discípulos, él también les estaba encargando a estos líderes que se ocuparan de las ovejas, y cuidaran de los creyentes en la región.
(Hechos 20:28-31)  Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. (29) Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. (30) Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos. (31) Por tanto, velad, acordándoos que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno. 

Tanto Jesús como Pedro también advirtieron sobre estos lobos vestidos de ovejas…
(2 Pedro 2:1-3)  Pero se levantaron falsos profetas entre el pueblo, así como habrá también falsos maestros entre vosotros, los cuales encubiertamente introducirán herejías destructoras, negando incluso al Señor que los compró, trayendo sobre sí una destrucción repentina.  (2)  Muchos seguirán su sensualidad, y por causa de ellos, el camino de la verdad será blasfemado;  (3)  y en su avaricia os explotarán con palabras falsas. El juicio de ellos, desde hace mucho tiempo no está ocioso, ni su perdición dormida.

(Juan 10:7-16)  Entonces Jesús les dijo de nuevo: En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas.  (8)  Todos los que vinieron antes de mí son ladrones y salteadores, pero las ovejas no les hicieron caso.  (9)  Yo soy la puerta; si alguno entra por mí, será salvo; y entrará y saldrá y hallará pasto.  (10)  El ladrón sólo viene para robar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.  (11)  Yo soy el buen pastor; el buen pastor da su vida por las ovejas.  (12)  Pero el que es un asalariado y no un pastor, que no es el dueño de las ovejas, ve venir al lobo, y abandona las ovejas y huye, y el lobo las arrebata y las dispersa.  (13)  El huye porque sólo trabaja por el pago y no le importan las ovejas.  (14)  Yo soy el buen pastor, y conozco mis ovejas y las mías me conocen,  (15)  de igual manera que el Padre me conoce y yo conozco al Padre, y doy mi vida por las ovejas.  (16)  Tengo otras ovejas que no son de este redil; a ésas también me es necesario traerlas, y oirán mi voz, y serán un rebaño con un solo pastor.

Pablo les encargó que cultivaran su relación con Dios y siguieran estudiando la Palabra para continuar edificando sus vidas.
(Hechos 20:32) Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados.

Pablo había sido un gran ejemplo para ellos, y ahora pedía que hicieran lo mismo con los creyentes que les seguían. 
(Hechos 20:33-35)  Ni plata ni oro ni vestido de nadie he codiciado. (34) Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario a mí y a los que están conmigo, estas manos me han servido. (35) En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir.

Este es un mensaje importante, no sólo para estos líderes en Asia Menor, sino para todo líder cristiano (Num. 16:15; 1 Sam. 12:3-5; 1 Cor. 9:12,15; 2 Cor. 11:9; 2 Cor. 12:14,17; 1 Pedro 5:2).

Al final de su discurso de despedida, Pablo oró por ellos, y se despidió por última vez.
(Hechos 20:36-38) Cuando hubo dicho estas cosas, se puso de rodillas, y oró con todos ellos. (37) Entonces hubo gran llanto de todos;  y echándose al cuello de Pablo, le besaban, (38) doliéndose en gran manera por la palabra que dijo, de que no verían más su rostro. Y le acompañaron al barco.