miércoles, 22 de abril de 2015

DEVARIM 2: Paso por Edom, Moab y Amón

LLEGÓ EL MOMENTO
Luego de haber dado vueltas por el desierto por 40 años, finalmente llegó el momento de que los israelitas entraran a la Tierra Prometida. La primera generación (quienes salieron de Egipto como adultos) ya había muerto en el desierto; ahora la nueva generación ya había crecido, y como adultos estaban listos para tomar posesión de la promesa divina.  Pero no fueron ellos los que marcaron el momento, sino Dios…
(Deu. 2:1-3)  Después nos volvimos y partimos hacia el desierto por el camino del mar Rojo, como el SEÑOR me había mandado, y por muchos días dimos vuelta al monte Seir. Y el SEÑOR me habló, diciendo: Bastantes vueltas habéis dado ya alrededor de este monte. Volveos ahora hacia el norte.

Había llegado el momento de entrar a la Tierra Prometida…pero antes de ponerse en marcha, el Señor les aclaró que iban a pasar por ciertos territorios que no debían conquistar: Edom, Moab y Amón…

El Señor explicó por qué razón estos territorios (Edom, Moab y Amón) no debían ser conquistados por los israelitas.  Lo que tienen en común esas naciones es que ellos son parientes de los patriarcas.  Estos parientes no iban a tener parte en la Tierra Prometida (Canaán), pero el Señor les otorgó otro territorio a la vecindad:
·      Edom (o Seir) son descendientes de Esaú (hermano de Jacob)
·      Moab y Amón son descendientes de Lot (sobrino de Abraham)

Veamos ahora lo que sucedió cuando los israelitas pasaron por los territorios de Edom (Seir), Moab y Amón…

PASO POR EDOM
Viniendo del desierto hacia Canaán, el primer territorio poblado que iban a pasar era Seir o Edom (territorio de los hijos de Esaú). 
(Deu. 2:4-5) da orden al pueblo, diciendo: Vais a pasar por el territorio de vuestros hermanos, los hijos de Esaú que habitan en Seir, y os tendrán miedo. Así que tened mucho cuidado; no los provoquéis, porque nada de su tierra os daré, ni siquiera la huella de un pie, porque a Esaú he dado el monte Seir por posesión.

Dios les dejó claro a los israelitas que el derecho de conquista se limita a la Tierra que les fue prometida a los patriarcas.  No deben tener ambición expansionista, sino limitarse al territorio que Dios les dio. Específicamente les ordenó respetar los territorios de sus parientes vecinos (Edom, Moab, Amón)

Nota: Desde el principio de la historia, se han levantado hombres con la ambición de conquistar el mundo, comenzando con Nimrod (Gen. 10:8-12), y otros como Nabucodonosor, Alejandro Magno, Napoleón, Hitler, etc.  Es el mismo afán de la Torre de Babel (hacerse fama y estar en control, en rebelión a la autoridad de Dios).  Esto no es el orden que Dios ha establecido, pues El dividió la tierra entre las diversas naciones, y puso límites entre ellas (Deu. 32:8; Jer. 27:5).  Cuando Dios dio a los israelitas derecho de conquistar, no era todo el mundo sino SOLO la Tierra Prometida (Canaán). Cuando Israel ha ganado territorio, no ha sido por afán expansionista sino como resultado de haber sido atacado por los enemigos, quienes desean quitarles la Tierra que Dios les dio; por el contrario, han perdido territorio cuando han pecado contra Dios (como resultado de su desobediencia—Deut. 28).

Otra instrucción que Dios les dio cuando pasaran a través de Edom era no recibir regalos de los edomitas, para no quedarles debiendo favores (los cuales solían cobrar después).
(Deu. 2:6-7)  Les compraréis con dinero los alimentos para comer, y también con dinero compraréis de ellos agua para beber. Pues el SEÑOR tu Dios te ha bendecido en todo lo que has hecho; El ha conocido tu peregrinar a través de este inmenso desierto. Por cuarenta años el SEÑOR tu Dios ha estado contigo; nada te ha faltado.

En el libro de Números está descrito lo que pasó cuando los israelitas trataron de pasar por el territorio de Edom (Num. 20:14-21).  Moisés solicitó al rey de Edom que los dejara pasar, asegurándole que sólo iban de paso y no iban a atacar ni ser carga para la población local. 
(Num. 20:16-17)  Pero cuando clamamos al SEÑOR, El oyó nuestra voz y envió un ángel y nos sacó de Egipto. Ahora, mira, estamos en Cades, un pueblo de la frontera de tu territorio. Permítenos, por favor, pasar por tu tierra. No pasaremos por campo labrado ni por viñedo; ni siquiera beberemos agua de pozo. Iremos por el camino real, sin volver a la derecha ni a la izquierda hasta que crucemos tu territorio. 

El rey de Edom no cedió ante la petición.
(Num. 20:18)  Pero, Edom le respondió: Tú no pasarás por mi tierra; para que no salga yo con espada a tu encuentro.

Los israelitas volvieron a insistir, pero el rey de Edom fue enfático en su negativa.
(Num. 20:19-21) Entonces los hijos de Israel le contestaron: Iremos por el camino principal, y si yo y mi ganado bebemos de tu agua, entonces te pagaré su precio. Solamente déjame pasar a pie, nada más. Pero él dijo: Tú no pasarás. Y Edom salió a su encuentro con mucha gente y con mano fuerte. Rehusó, pues, Edom dejar pasar a Israel por su territorio, así que Israel tuvo que desviarse de él.

En lugar de atravesar el territorio de Edom por el camino principal (que era una importante ruta comercial), los israelitas tuvieron que bordear el territorio, caminando por el desierto y tierras inhóspitas.  
(Deu. 2:8) Pasamos, pues, de largo a nuestros hermanos, los hijos de Esaú que habitan en Seir, lejos del camino de Arabá, lejos de Elat y de Ezión-geber. Y nos volvimos, y pasamos por el camino del desierto de Moab.

PASO POR MOAB
El siguiente territorio que debían atravesar los israelitas en su camino hacia la Tierra Prometida era Moab.  El Señor dio unas instrucciones similares:
(Deu. 2:9)  Entonces el SEÑOR me dijo: No molestes a Moab, ni los provoques a la guerra, porque no te daré nada de su tierra por posesión, pues he dado Ar a los hijos de Lot por posesión.

Los moabitas no reaccionaron como los edomitas.  Aunque con mucho recelo, les permitieron cruzar sin ponerles obstáculos y sin amenazas (no tanto porque no quisieran, sino porque no podían ya que acababan de sufrir una derrota militar y sus fuerzas estaban mermadas). 

Luego de hacer esa salvedad, el Señor les instruyó que avanzaran.
(Deu. 2:13)  Levantaos ahora, y cruzad el torrente de Zered. Y cruzamos el torrente de Zered.

UN NUEVO INICIO
La Biblia señala que la fecha en que cruzaron el río Zered marcaba un aniversario: en esa fecha comenzó el exilio en el desierto para la generación pasada, quienes allí murieron.  Treinta y ocho años después, en la misma fecha, se cerraba esa etapa.  El cruce del río Zered marcaba un nuevo inicio para la nueva generación. 
(Deu. 2:15)  Y el tiempo que nos llevó para venir de Cades-barnea, hasta que cruzamos el torrente de Zered, fue de treinta y ocho años; hasta que pereció toda la generación de los hombres de guerra de en medio del campamento, como el SEÑOR les había jurado.

SIGUIENTE PASO: AMONITAS Y AMORREOS
Luego de atravesar el territorio de los moabitas sin ningún percance, los israelitas se encontraron con otra frontera que debían cruzar, la cual los llevaría al territorio de los amorreos y los amonitas. 

Antes de cruzar la frontera, el Señor les volvió a dar instrucciones, pero la advertencia fue sólo referente a los amonitas…
(Deu. 2:18-19)  Tú cruzarás hoy por Ar la frontera de Moab. Y cuando llegues frente a los hijos de Amón, no los molestes ni los provoques, porque no te daré nada de la tierra de los hijos de Amón en posesión, pues se la he dado a los hijos de Lot por heredad.

Así como con Edom y Moab, los israelitas debían respetar el territorio de Amón, pues el Señor se los dio como heredad a los descendientes de Lot.  Curiosamente no dijo lo mismo de los amorreos…
(Deu. 2:24-25) Levantaos; partid y pasad por el valle del Arnón. Mira, he entregado en tu mano a Sehón amorreo, rey de Hesbón, y a su tierra; comienza a tomar posesión y entra en batalla con él.  Hoy comenzaré a infundir el espanto y temor tuyo entre los pueblos debajo del cielo, quienes, al oír tu fama, temblarán y se angustiarán a causa de ti. 

La instrucción con respecto a los amorreos fue muy diferente: contra ellos sí podrían pelear.  Ellos no eran parientes, sino eran parte de los pueblos cananeos a quienes debían vencer. 

Como veremos más adelante en las leyes sobre la guerra (Deu. 20:10-18), los israelitas debían primero hacer un llamado a la paz antes de hacer la guerra con otras naciones…
(Deu. 2:26-29)  Entonces envié mensajeros desde el desierto de Cademot a Sehón, rey de Hesbón, con palabras de paz, diciendo: Déjame pasar por tu tierra; iré solamente por el camino, sin apartarme ni a la derecha ni a la izquierda. Me venderás comestibles por dinero para que yo pueda comer, y me darás agua por dinero para que pueda beber; déjame tan sólo pasar a pie, tal como hicieron conmigo los hijos de Esaú que habitan en Seir, y los moabitas que habitan en Ar, hasta que cruce el Jordán a la tierra que el SEÑOR nuestro Dios nos da. 

Aunque los amorreos eran cananeos, no estaban en la Tierra Prometida (cruzando el río Jordán), por lo tanto no tenían que conquistarla.  Simplemente estaban pidiendo permiso para cruzar su territorio.  Pero si ellos se oponían, tenían permiso de Dios para luchar contra ellos, y luego de vencerlos quedarse con el botín.
(Deu. 2:30-37)  Pero Sehón, rey de Hesbón, no quiso dejarnos pasar por su tierra porque el SEÑOR tu Dios endureció su espíritu e hizo obstinado su corazón, a fin de entregarlo en tus manos, como lo está hoy. Y el SEÑOR me dijo: Mira, he comenzado a entregar a Sehón y su tierra en tus manos. Comienza a ocuparla para que poseas la tierra. Entonces Sehón salió con todo su pueblo a encontrarnos en batalla en Jahaza. Y el SEÑOR nuestro Dios lo entregó a nosotros; y lo derrotamos a él, a sus hijos y a todo su pueblo. En aquel tiempo tomamos todas sus ciudades, y exterminamos a hombres, mujeres y niños de cada ciudad. No dejamos ningún sobreviviente. Tomamos solamente como nuestro botín los animales y los despojos de las ciudades que habíamos capturado. Desde Aroer, que está a la orilla del valle del Arnón, y desde la ciudad que está en el valle, aun hasta Galaad, no hubo ciudad inaccesible para nosotros; el SEÑOR nuestro Dios nos las entregó todas. Solamente no te acercaste a la tierra de los hijos de Amón, a todo lo largo del arroyo Jaboc, ni a las ciudades del monte, todo lo que el SEÑOR nuestro Dios había prohibido.

Lo mismo sucedió con el otro rey amorreo de norte, el rey Og de Basán.
(Deu. 3:1-3)  Volvimos, pues, y subimos por el camino de Basán, y Og, rey de Basán, nos salió al encuentro con todo su pueblo para pelear en Edrei. Pero el SEÑOR me dijo: No le tengas miedo, porque en tu mano yo lo he entregado a él, y a todo su pueblo y su tierra; y harás con él tal como hiciste con Sehón, rey de los amorreos, que habitaba en Hesbón. Así que el SEÑOR nuestro Dios entregó también a Og, rey de Basán, con todo su pueblo en nuestra mano, y los herimos hasta que no quedaron sobrevivientes.

Ciertamente suena drástico que Dios autorice a los israelitas para matar a sus enemigos, incluyendo mujeres y niños.  En un sentido humano, nos cuesta comprenderlo; sólo se puede entender desde una perspectiva espiritual.  La Biblia es clara al explicar que esto no es un permiso de matar a cualquiera, sino sólo a los que Dios indica…y da una razón para ello:
(Deu. 20:16-18)  en las ciudades de estos pueblos que el SEÑOR tu Dios te da en heredad, no dejarás con vida nada que respire, sino que los destruirás por completo: a los heteos, amorreos, cananeos, ferezeos, heveos y jebuseos, tal como el SEÑOR tu Dios te ha mandado, para que ellos no os enseñen a imitar todas las abominaciones que ellos han hecho con sus dioses y no pequéis contra el SEÑOR vuestro Dios.

La Tierra de Israel es un lugar especial para Dios (porque allí comenzó todo: la creación de Adán, y allí terminará todo: el reino del Mesías).  Ese es el lugar que el Señor escogió para poner allí Su Nombre (específicamente Jerusalén) y para edificar Su Templo.  Los ojos de Dios están sobre esta tierra en forma especial…
(Deu. 11:12)  Es una tierra que el SEÑOR tu Dios cuida; los ojos del SEÑOR tu Dios están siempre sobre ella, desde el principio hasta el fin del año.

El Señor no entregó esa tierra a Abraham y a su descendencia en cualquier momento; más bien esperó hasta que hubiera llegado al colmo la maldad de sus habitantes (lo cual abrió el derecho legal espiritual para poder quitársela).
(Gen. 15:16) Y en la cuarta generación ellos regresarán acá, porque hasta entonces no habrá llegado a su colmo la iniquidad de los amorreos.

Era importante eliminar a toda la población porque ya estaba contaminada (probablemente sin esperanza de restauración, como Sodoma y Gomorra).  La Biblia advierte que, si no eliminaban completamente al enemigo, ellos corrían el riesgo de contaminarse (20:18)

Dios no hace acepción de personas, porque el Señor advirtió que los israelitas también serían expulsados de la Tierra si cometían las mismas abominaciones (1 Reyes 21:25-26), tal como lo hicieron los amorreos.
(Levítico 20:22-24)  Guardad, por tanto, todos mis estatutos y todas mis ordenanzas, y cumplidlos, a fin de que no os vomite la tierra a la cual os llevo para morar en ella. Además, no andéis en las costumbres de la nación que yo echaré de delante de vosotros; porque ellos hicieron todas estas cosas, yo los aborrecí. Por eso os he dicho: Vosotros poseeréis su tierra, y yo mismo os la daré para que la poseáis, una tierra que mana leche y miel. Yo soy el SEÑOR vuestro Dios, que os he apartado de los pueblos.

GIGANTES EN LA TIERRA
La Biblia hace un paréntesis en la historia del avance de los israelitas por Transjordania para hacer mención de los gigantes que vivían allí. 

Primero menciona a los gigantes que los edomitas lograron vencer.
(Deu. 2:10-12)  Antes habitaron allí los emitas, un pueblo tan grande, numeroso y alto como los anaceos. Como los anaceos, ellos también son considerados gigantes, pero los moabitas los llaman emitas. Los horeos habitaron antes en Seir, pero los hijos de Esaú los desalojaron y los destruyeron delante de ellos, y se establecieron en su lugar, tal como Israel hizo con la tierra que el SEÑOR les dio en posesión.

Más adelante, menciona “la Tierra de los Gigantes”, que era el territorio que lograron conquistar los amonitas.   
(Deu. 2:20-22) Es también conocida como la tierra de los gigantes, porque antiguamente habitaban en ella gigantes, a los que los amonitas llaman zomzomeos, pueblo grande, numeroso y alto como los anaceos, pero que el SEÑOR destruyó delante de ellos. Y los amonitas los desalojaron y se establecieron en su lugar, tal como Dios hizo con los hijos de Esaú, que habitan en Seir, cuando destruyó a los horeos delante de ellos; y ellos los desalojaron, y se establecieron en su lugar hasta hoy.

También menciona que el rey de Basán era gigante.
(Deu. 3:11)  Porque sólo Og, rey de Basán, quedaba de los gigantes. Su cama era una cama de hierro; está en Rabá de los hijos de Amón. Tenía nueve codos de largo y cuatro codos de ancho, según el codo de un hombre.

¿Por qué la Biblia hace tanto énfasis en los gigantes? 
Era importante que los israelitas supieran que así como Dios les dio la capacidad a los edomitas y a los amonitas para vencer a los gigantes en sus territorios, de igual manera el Señor ayudaría a los israelitas a vencer a los gigantes que ellos tendría enfrentar en Canaán, la tierra que el Señor les daba por heredad. 
Era un ejemplo que les daría ánimo a los israelitas, y les ayudaría a superar el miedo que pudieran sentir.


EN LA HISTORIA: Se pasaron del límite
A lo largo de la historia, los israelitas han respetado las fronteras con sus parientes (Edom, Moab, Amón)—excepto en una ocasión: 
En el tiempo de los hasmoneos, Juan Hircano (hijo de Simón Macabeo) mandó a conquistar la región de Edom, que en ese tiempo se conocía como Idumea.  Además de rey, Juan era sumo sacerdote; no obstante, él no respetó la instrucción divina de no tomar el territorio de los edomitas.  No sólo mandó a conquistar la región, sino que también los obligó a convertirse al judaísmo (lo cual ha sido la única conversión forzada de la historia judía).  Esa mala decisión les costó cara con el pasar el tiempo, pues cuando los romanos conquistaron toda la región, escogieron a un líder proveniente de Idumea para ser rey de Judea: Herodes. 


El respeto a estas fronteras no sólo aplicaba a los israelitas, sino también a Edom, Moab y Amón.  En una ocasión en la historia ellos trataron de pasarse las fronteras e invadir, pero el Señor mismo defendió a Israel.  (2 Crónicas 20)

Más lecciones de Deuteronomio:  @ Devarim (Deut.)

[Audio disponible de la clase de Biblia @ Podcast de itunes: Cita Divina, Devarim 2]

jueves, 16 de abril de 2015

DEVARIM 1: Mensaje para la Nueva Generación

Como vimos en la introducción, el primer versículo del libro de Deuteronomio (heb. Devarim) nos revela el tema de este libro…
(Deu. 1:1)  Estas son las palabras que Moisés habló a todo Israel al otro lado del Jordán, en el desierto

Comienza diciendo: “Estas son las palabras” (en hebreo: Eleh Devarim). En el libro de Devarim están escritas las palabras que Moisés habló al pueblo de Israel en sus últimos días de vida (cumpliendo ya casi 120 años de edad).  Podríamos pensar que es el “legado de Moisés” antes de morir…pero no es exactamente así.  Estas Palabras (heb. Devarim) no vienen de la mente de Moisés, sino del corazón mismo de Dios.  Moisés las habló tal como fueron dictadas por Dios. 

Como mencionamos, Devarim es la “repetición de la Torá” (heb. Mishne HaTorá).  “Torá” significa: instrucción, enseñanza.  La Torá ya había sido enseñada a los israelitas al pie del Monte Sinaí.  Pero ahora era necesario repetirla a la siguiente generación.  Para Moisés era muy importante repetir la Torá en ese momento, no sólo antes que la nueva generación entrara a la Tierra Prometida, sino antes de que él muriera, pues ya tenía casi 120 años de edad.  Moisés no sólo enseñó la Torá verbalmente, sino que también la escribió para hacerla disponible a las siguientes generaciones…
(Salmo 78:5-8)  Porque El estableció un testimonio en Jacob, y puso una ley en Israel, la cual ordenó a nuestros padres que enseñaran a sus hijos; para que la generación venidera lo supiera, aun los hijos que habían de nacer; y éstos se levantaran y lo contaran a sus hijos, para que ellos pusieran su confianza en Dios, y no se olvidaran de las obras de Dios, sino que guardaran sus mandamientos; y no fueran como sus padres, una generación porfiada y rebelde, generación que no preparó su corazón, y cuyo espíritu no fue fiel a Dios.

Devarim no es el legado de Moisés, sino de Dios para Su pueblo Israel…pero no sólo para esa generación, sino para todas las generaciones.

Antes de “repetir la Torá”, Moisés comenzó su discurso dando una introducción histórica…

CONTEXTO HISTORICO
Tal vez muchas personas encuentran aburrida la historia, pero la Biblia hace mucho énfasis en ella por su importancia. La historia bíblica no sólo es una colección de datos y fechas, sino que nos sirve de ejemplo y de lección.
(1 Corintios 10:11-12) Estas cosas les sucedieron como ejemplo, y fueron escritas como enseñanza para nosotros, para quienes ha llegado el fin de los siglos. Por tanto, el que cree que está firme, tenga cuidado, no sea que caiga.

Como dice el famoso refrán: “Si no aprendemos de la historia, estamos condenados a repetirla”. 

Por otro lado, la historia nos da identidad: Si sabemos de dónde venimos, conoceremos quiénes somos; y si sabemos quiénes somos, podremos deducir hacia dónde vamos…

¿DÓNDE?
Moisés comienza señalando dónde los israelitas están acampados en ese momento…
(Deu. 1:1-2)  Estas son las palabras que Moisés habló a todo Israel al otro lado del Jordán, en el desierto, en el Arabá, frente a Suf, entre Parán, Tofel, Labán, Hazerot y Dizahab. Hay once días de camino desde Horeb, por el camino del monte Seir, hasta Cades.

No todos estos lugares aquí mencionados se conocen el día de hoy, pero bástenos saber que se encontraban acampados en el lado este del Río Jordán, en las planicies cercanas al río Arnón, al norte de Moab. 

¿CUÁNDO?
Cuando Moisés comienza el discurso del libro de Devarim, ya habían pasado cuarenta años desde que los israelitas habían salido de Egipto.  La “Generación del Desierto” (los adultos que habían salido de Egipto) ya había muerto, por lo tanto el mensaje era para la Nueva Generación, quienes entrarían a conquistar la Tierra Prometida.  
(Deu. 1:3) Y sucedió que en el año cuarenta, el mes undécimo, el primer día del mes, Moisés habló a los hijos de Israel conforme a todo lo que el SEÑOR le había ordenado que les diera.

El viaje que les debió tomar once días, partiendo desde Horeb (el Monte Sinaí) hasta Canaán, en realidad les llevó 38 años más.
(Deu. 1:2)  Hay once días de camino desde Horeb, por el camino del monte Seir, hasta Cades.

Esto no fue porque la otra generación “se perdió” en el desierto. Ellos llegaron a las puertas de la Tierra Prometida (en Cades), pero no entraron por la falta de fe (Num. 13:25-26). 

Ahora la Nueva Generación estaba lista para conquistar la Tierra Prometida.  Pero en esta ocasión no iban a entrar por el sur (desde Cades en el desierto de Parán), sino por el este (desde los territorios de Moab), atravesando el Río Jordán.
(Deu. 1:5-6) Al otro lado del Jordán, en la tierra de Moab, Moisés comenzó a explicar esta ley, diciendo: El SEÑOR nuestro Dios nos habló en Horeb, diciendo: Bastante habéis permanecido en este monte.

Ya habían pasado 40 años desde la salida de Egipto…y ya era hora de entrar a la Tierra Prometida. 

BASTANTE HABÉIS PERMANECIDO…
En el versículo 6, Moisés recuerda una frase muy interesante que el Señor dijo: “Bastante habéis permanecido en este monte”.  El Monte se refiere al Sinaí, donde Israel recibió la Torá.  Este evento fue uno de los más importantes de la historia de Israel, sin duda alguna.  Sin embargo, aunque la Torá es muy importante, no debemos olvidar que ella no es la meta, sino sólo es un instrumento que nos ayuda a hacer la voluntad de Dios.

Hay personas que se dedican a estudiar la Biblia, y se vuelven expertos y teólogos; pero ¿de qué sirve si no la ponen en práctica en sus vidas?   El valor de la Palabra de Dios no está en el conocimiento sino en la práctica.  Por lo tanto, no nos conformemos con “aprenderla”, sino vivirla.  Este es el mismo mensaje que da Santiago en su carta:
(Santiago 1:22-25)  Sed hacedores de la palabra y no solamente oidores que se engañan a sí mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra, y no hacedor, es semejante a un hombre que mira su rostro natural en un espejo; pues después de mirarse a sí mismo e irse, inmediatamente se olvida de qué clase de persona es. Pero el que mira atentamente a la ley perfecta, la ley de la libertad, y permanece en ella, no habiéndose vuelto un oidor olvidadizo sino un hacedor eficaz, éste será bienaventurado en lo que hace.

TIEMPO PARA CONQUISTAR
Ciertamente Dios llevó al pueblo de Israel a Horeb (Monte Sinaí), y allí les dio la Torá.  Pero Él no quería que se quedaran allí.  Había llegado el momento de tomar la Tierra que Dios les prometió…
(Deu. 1:7-8) Volveos; partid e id a la región montañosa de los amorreos, y a todos sus vecinos, en el Arabá, en la región montañosa, en el valle, en el Neguev, y por la costa del mar, la tierra de los cananeos y el Líbano, hasta el gran río, el río Éufrates.  Mirad, he puesto la tierra delante de vosotros; entrad y tomad posesión de la tierra que el SEÑOR juró dar a vuestros padres Abraham, Isaac y Jacob, a ellos y a su descendencia después de ellos.

Desde el río Nilo hasta el río Eufrates

Nótese que la dimensión de la Tierra Prometida está en su máxima expresión, que va desde río Nilo hasta el río Éufrates, tal como Dios se lo prometió a Abraham:
(Génesis 15:18-20) En aquel día el SEÑOR hizo un pacto con Abram, diciendo: A tu descendencia he dado esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Éufrates: los ceneos, los cenezeos, los cadmoneos, los heteos, los ferezeos, los refaítas, los amorreos, los cananeos, los gergeseos y los jebuseos. 

Israel nunca ha llegado a poseer toda esa extensión.  Pero la profecía dice que tanto Egipto como Asiria van a reconocer y someterse ante el Dios de Israel (Isaías 19:17-25).  Esto sucederá en los últimos tiempos, probablemente hasta que el Mesías venga.

JUECES
En su narrativa, Moisés también hizo mención de la necesidad de nombrar líderes entre el pueblo, específicamente: jueces.  Moisés no podía llevar solo la carga de guiar al pueblo.
(Deu. 1:9-12) El SEÑOR vuestro Dios os ha multiplicado y he aquí que hoy sois como las estrellas del cielo en multitud. Que el SEÑOR, el Dios de vuestros padres, os multiplique mil veces más de lo que sois y os bendiga, tal como os ha prometido. ¿Cómo puedo yo solo llevar el peso y la carga de vosotros y vuestros litigios?

¿Cuál fue la solución? 
(Deut. 1:13-15) Escoged de entre vuestras tribus hombres sabios, entendidos y expertos, y yo los nombraré como vuestros jefes. Y vosotros me respondisteis, y dijisteis: Bueno es que se haga lo que has dicho. Entonces tomé a los principales de vuestras tribus, hombres sabios y expertos, y los nombré como dirigentes vuestros, jefes de mil, de cien, de cincuenta, y de diez, y oficiales para vuestras tribus.

¿Por qué Moisés hace referencia a los jefes en este momento, antes de repetirles la Ley?  Puede ser por dos razones:
a.    Porque él sabe que está llegando a sus últimos días, y quiere recordarles que pueden seguir adelante sin él.  Primero, tienen a Dios eterno como su Rey, y también cuentan con líderes que los irán guiando en el camino.
b.    Para que sepan que, aunque tienen jefes, éstos no dictan las reglas (como los reyes autoritarios de otras naciones), sino que simplemente son jueces que ayudan a mantener un orden que ha sido establecido por Dios. 

La asignación de líderes ya había sido establecida desde la generación anterior.  Curiosamente se estableció este orden ANTES de recibir la Torá (la instrucción) en el Monte Sinaí (Exo. 18:21-22).

Nota: En este momento no estudiaremos a fondo este tema de los jueces, ya que lo veremos más adelante en el libro (Deut. 16).

PECADO DE LOS ESPÍAS
En la introducción de Devarim, Moisés le recuerda a la Nueva Generación la razón por la que sus padres no entraron a la Tierra Prometida: el Pecado de los Espías.  En la entrada anterior (Devarim:Introducción) estudiamos la narrativa del libro de Números, y hoy la veremos la perspectiva de Devarim (Deut.).
(Deu. 1:19-21)  Partimos de Horeb y pasamos por todo aquel vasto y terrible desierto que visteis, camino de la región montañosa de los amorreos, tal como el SEÑOR nuestro Dios nos había mandado, y llegamos a Cades- barnea. Y os dije: Habéis llegado a la región montañosa de los amorreos que el SEÑOR nuestro Dios va a darnos. Mira, Israel, el SEÑOR tu Dios ha puesto la tierra delante de ti; sube, toma posesión de ella, como el SEÑOR, el Dios de tus padres, te ha dicho. No temas ni te acobardes.

A los israelitas que salieron de Egipto les tomó aproximadamente dos años para llegar a las puertas de la Tierra Prometida.  Había llegado el momento de llegar a su destino.  Sin duda, había gran expectativa…pero también tenían dudas (¿Cómo será la tierra?  ¿Hay habitantes, y cuán poderosos son?).  Movidos por la curiosidad, los israelitas pidieron que fueran enviados exploradores o espías ANTES de entrar.  ¿Con qué propósito? 
(Deu. 1:22) Entonces todos vosotros os acercasteis a mí, y dijisteis: Enviemos hombres delante de nosotros, que nos exploren la tierra, y nos traigan noticia del camino por el cual hemos de subir y de las ciudades a las cuales entraremos.

¿Por qué razón los israelitas pidieron que fueran enviados espías a la tierra?  Ellos dijeron que era para estar informados sobre el lugar que iban a entrar. 
Supuestamente no estaban dudando si debían de entrar o no, sino se estaban preguntando “cómo” hacerlo.  Bajo ese entendido, Moisés estuvo de acuerdo. 
(Deu. 1:23-25)  Y me agradó el plan, y tomé a doce hombres de entre vosotros, un hombre por cada tribu. Y ellos partieron y subieron a la región montañosa, y llegaron hasta el valle de Escol, y reconocieron la tierra. Tomaron en sus manos del fruto de la tierra y nos lo trajeron; y nos dieron un informe, diciendo: Es una tierra buena que el SEÑOR nuestro Dios nos da.

El problema fue que permitieron que la duda entrara.  Es interesante la forma en que Moisés expresa el problema: el no dice que “tuvieron miedo”, sino que “se rebelaron”.  Muchas veces el problema no es “tener miedo”, sino “perder la fe”.  Uno puede llegar a sentir miedo ante ciertas circunstancias, pero en lugar de dejarse llevar por el pánico uno debe recordar que Dios está con uno y nos puede guiar a través de las tormentas de la vida.

Pero la generación del desierto se dejaron llevar por el miedo, al punto que dejaron de creer en Dios, y llegaron a tomar la decisión de no entrar a la Tierra y no seguir el plan de Dios. 
(Deu. 1:26-28) Sin embargo, no quisisteis subir, y os rebelasteis contra el mandato del SEÑOR vuestro Dios. Y murmurasteis en vuestras tiendas, diciendo: Porque el SEÑOR nos aborrece, nos ha sacado de la tierra de Egipto para entregarnos en manos de los amorreos y destruirnos. ¿Adónde subiremos? Nuestros hermanos nos han atemorizado, diciendo: El pueblo es más grande y más alto que nosotros; las ciudades son grandes y fortificadas hasta el cielo. Y además vimos allí a los hijos de Anac.

Moisés todavía trató de ayudarlos a superar el miedo…
(Deu. 1:29-31) Entonces yo os dije: No os aterréis ni tengáis miedo de ellos. El SEÑOR vuestro Dios, que va delante de vosotros, El peleará por vosotros, así como lo hizo delante de vuestros ojos en Egipto, y en el desierto, donde has visto cómo el SEÑOR tu Dios te llevó, como un hombre lleva a su hijo, por todo el camino que habéis andado hasta llegar a este lugar.

El problema es que el pueblo creyó más en las circunstancias que en Dios.
(Deu. 1:32-33)  Pero con todo esto, no confiasteis en el SEÑOR vuestro Dios, que iba delante de vosotros en el camino para buscaros lugar dónde acampar, con fuego de noche y nube de día, para mostraros el camino por donde debíais andar.

Por la falta de fe en Dios, la Generación del Desierto no entró a la Tierra Prometida…sólo Caleb, Josué y la nueva generación.
(Deu. 1:34-40)  Entonces oyó el SEÑOR la voz de vuestras palabras, y se enojó y juró, diciendo: Ninguno de estos hombres, esta generación perversa, verá la buena tierra que juré dar a vuestros padres, excepto Caleb, hijo de Jefone; él la verá, y a él y a sus hijos daré la tierra que ha pisado, pues él ha seguido fielmente al SEÑOR. El SEÑOR se enojó también contra mí por causa vuestra, diciendo: Tampoco tú entrarás allá. Josué, hijo de Nun, que está delante de ti, él entrará allá; anímale, porque él hará que Israel la posea. Y vuestros pequeños, que dijisteis que vendrían a ser presa, y vuestros hijos, que hoy no tienen conocimiento del bien ni del mal, entrarán allá, y a ellos yo la daré, y ellos la poseerán. Pero vosotros, volveos y partid hacia el desierto por el camino del mar Rojo.

Lo tremendo es que tampoco Moisés entró.  Pero no fue por el Pecado de los Espías, sino por otra causa (que estudiaremos en el capítulo 3).

Por un momento, el pueblo pareció haber reaccionado, ya que admitieron que habían pecado contra Dios…
(Deu. 1:41) Entonces respondisteis y me dijisteis: Hemos pecado contra el SEÑOR; nosotros subiremos y pelearemos tal como el SEÑOR nuestro Dios nos ha mandado. Y cada uno de vosotros se ciñó sus armas de guerra, y pensasteis que era fácil subir a la región montañosa.

El pueblo parecía arrepentido, pues ahora estaban dispuestos a pelear por la tierra.  Pero Dios los frenó…
(Deu. 1:42) Pero el SEÑOR me dijo: Diles: No subáis, ni peleéis, pues yo no estoy entre vosotros; para que no seáis derrotados por vuestros enemigos.

Lamentablemente, el pueblo no atendió a la advertencia….más bien, hicieron precisamente lo opuesto que Dios les dijo.
(Deu. 1:43-46)  Y os hablé, pero no quisisteis escuchar. Al contrario, os rebelasteis contra el mandamiento del SEÑOR, y obrasteis con presunción, y subisteis a la región montañosa. Y los amorreos que moraban en aquella región montañosa salieron contra vosotros, y os persiguieron como lo hacen las abejas, y os derrotaron desde Seir hasta Horma.

El pueblo hizo todo al revés: no querían entrar cuando Dios los llevó a la puerta de la promesa; pero cuando Dios les advirtió que no entraran, se lanzaron al peligro (sin estar protegidos).  Trataron de conquistar la promesa con sus propias fuerzas, y eso no se puede lograr (los gigantes son reales, pero se pueden vencer SOLO con la ayuda de Dios).

¿Por qué actuaron así?  Ellos simplemente no escucharon.   Ellos no querían oír lo que Dios dijo ni lo que Moisés les advirtió; sólo querían hacer su voluntad…y las cosas no funcionan así en el Reino de Dios.

DIOS NO ESTABA CON ELLOS
Hay un punto importante que los israelitas ignoraron: ¡Dios no estaba con ellos!
(Deu. 1:42) Pero el SEÑOR me dijo: Diles: No subáis, ni peleéis, pues yo no estoy entre vosotros; para que no seáis derrotados por vuestros enemigos.

Esa frase debió sacudirlos y llevarlos a postrarse en arrepentimiento.  Esto era algo muy serio, pero parece que los israelitas ni siquiera se inmutaron cuando oyeron decir que Dios no estaba con ellos.  Probablemente todo lo que les preocupaba era hacer su propia voluntad—con Dios o sin Dios.  Esa actitud confirmó su falta de arrepentimiento.  En lugar de tratar de conquistar la Tierra, debieron tratar de recuperar la relación con Dios…pero evidentemente esa no era su prioridad—o tal vez ni una consideración. 

¿Cómo debieron actuar, entonces?  Moisés nos da un excelente ejemplo. 
Luego del Pecado del Becerro de Oro, Dios le dijo a Moisés que guiara él a los israelitas a la Tierra Prometida porque Él ya no iría con ellos…
(Exo. 33:1-3)  Entonces el SEÑOR dijo a Moisés: Anda, sube de aquí, tú y el pueblo que has sacado de la tierra de Egipto, a la tierra de la cual juré a Abraham, a Isaac y a Jacob, diciendo: A tu descendencia la daré. Y enviaré un ángel delante de ti, y echaré fuera al cananeo, al amorreo, al heteo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo. Sube a una tierra que mana leche y miel; pues yo no subiré en medio de ti, oh Israel, no sea que te destruya en el camino, porque eres un pueblo de dura cerviz.

El Señor le estaba diciendo que entrarían a la Tierra Prometida…pero sin Su Presencia.  Veamos cómo reaccionó Moisés a esto:
(Exo. 33:15-16)  Entonces le dijo Moisés: Si tu presencia no va con nosotros, no nos hagas partir de aquí. ¿Pues en qué se conocerá que he hallado gracia ante tus ojos, yo y tu pueblo? ¿No es acaso en que tú vayas con nosotros, para que nosotros, yo y tu pueblo, nos distingamos de todos los demás pueblos que están sobre la faz de la tierra?
 
Moisés prefería quedarse en el desierto con Dios que entrar a “la tierra que mana leche y miel” sin Su Presencia. 
Por el contrario, el pueblo no estaba enfocado en su relación con Dios, sino sólo en lo que podrían obtener de Él…y al final lo perdieron todo…
(Deu. 1:45-46)  Entonces volvisteis y llorasteis delante del SEÑOR, pero el SEÑOR no escuchó vuestra voz, ni os prestó oído. Por eso permanecisteis en Cades muchos días, los días que pasasteis allí.

¿Amamos a Dios por quién Él es, o sólo lo queremos por lo que Él puede hacer por nosotros?



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