domingo, 28 de junio de 2015

DEVARIM 11: Bendición por la Obediencia

En el capítulo 11 de Devarim todavía seguimos con los mandamientos que tienen que ver con nuestra relación con Dios…
(Deu. 11:1)  Amarás, pues, a Jehová tu Dios, y guardarás sus ordenanzas, sus estatutos, sus decretos y sus mandamientos, todos los días. 

Amar a Dios requiere fe, ya que no podemos ver a Dios cara a cara.  Sin duda es difícil creer sin ver.  Pero aunque no podamos ver a Dios ciertamente podemos ver sus obras, las cuales no dan testimonio de Él…

TUS OJOS HAN VISTO
Cuando Dios pide absoluta fe de Su Pueblo, es porque les ha demostrado quién es Él.  Tal vez los hijos pequeños o los impíos no han podido ver las obras Dios, pero si uno ha sido creyente por un tiempo, comenzará a ver la mano de Dios en su vida.  Este es el mensaje que Moisés dio a la generación de israelitas que vieron los grandes milagros en el desierto…
(Deu. 11:2-6)  Y comprended hoy, porque no hablo con vuestros hijos que no han sabido ni visto el castigo de Jehová vuestro Dios, su grandeza, su mano poderosa, y su brazo extendido, y sus señales, y sus obras que hizo en medio de Egipto a Faraón rey de Egipto, y a toda su tierra; y lo que hizo al ejército de Egipto, a sus caballos y a sus carros; cómo precipitó las aguas del Mar Rojo sobre ellos, cuando venían tras vosotros y Jehová los destruyó hasta hoy; y lo que ha hecho con vosotros en el desierto, hasta que habéis llegado a este lugar; y lo que hizo con Datán y Abiram, hijos de Eliab hijo de Rubén; cómo abrió su boca la tierra, y los tragó con sus familias, sus tiendas, y todo su ganado, en medio de todo Israel. 



En esta parte de su discurso, Moisés recuerda varios eventos milagrosos que los israelitas presenciaron: la liberación de la esclavitud y la salida de Egipto con plagas (Éxodo caps. 1 al 12; Salmo 105:27-45); la destrucción del Faraón y su ejército en el Mar Rojo (Exo. 14-15); los milagros en el desierto al darles agua y comida diaria, al igual que los castigos por la desobediencia (Num. 16 & 26:9-10). 

No vamos a leer las escrituras que narran estos eventos porque son muy extensas, pero sí leeremos un buen resumen escrito en los Salmos:
(Salmo 105:26-45) Envió a su siervo Moisés, y a Aarón, al cual escogió. Puso en ellos las palabras de sus señales, y sus prodigios en la tierra de Cam. Envió tinieblas que lo oscurecieron todo; no fueron rebeldes a su palabra. Volvió sus aguas en sangre, y mató sus peces. Su tierra produjo ranas hasta en las cámaras de sus reyes. Habló, y vinieron enjambres de moscas, y piojos en todos sus términos. Les dio granizo por lluvia, y llamas de fuego en su tierra. Destrozó sus viñas y sus higueras, y quebró los árboles de su territorio. Habló, y vinieron langostas, y pulgón sin número; y comieron toda la hierba de su país, y devoraron el fruto de su tierra. Hirió de muerte a todos los primogénitos en su tierra, las primicias de toda su fuerza. Los sacó con plata y oro; y no hubo en sus tribus enfermo. Egipto se alegró de que salieran, porque su terror había caído sobre ellos. Extendió una nube por cubierta, y fuego para alumbrar la noche. Pidieron,  e hizo venir codornices; y los sació de pan del cielo. Abrió la peña, y fluyeron aguas; corrieron por los sequedales como un río. Porque se acordó de su santa palabra dada a Abraham su siervo. Sacó a su pueblo con gozo; con júbilo a sus escogidos. Les dio las tierras de las naciones, y las labores de los pueblos heredaron; para que guardasen sus estatutos, y cumpliesen sus leyes. Aleluya.

Ante todos estos milagros que Dios hizo (y aún hace en nuestras vidas el día de hoy), no hay excusa para no creer. Y parte esencial de creer es obedecer
(Deu. 11:7-9)  Mas vuestros ojos han visto todas las grandes obras que Jehová ha hecho. Guardad, pues, todos los mandamientos que yo os prescribo hoy, para que seáis fortalecidos, y entréis y poseáis la tierra a la cual pasáis para tomarla; y para que os sean prolongados los días sobre la tierra, de la cual juró Jehová a vuestros padres, que había de darla a ellos y a su descendencia, tierra que fluye leche y miel. 

La idea de darle la Tierra Prometida a Israel no es para que hagan lo que quieran, sino para que ellos vivan como Dios manda y sirvan así de ejemplo a todas las naciones...
(Deu. 8:10-11) Y comerás y te saciarás, y bendecirás a Jehová tu Dios por la buena tierra que te habrá dado. Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy.

Esta es la esencia del mensaje que  Moisés le dio a Josué antes de entrar a conquistar la Tierra Prometida.
(Josué 1:6-7) Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos. Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas.

Dios no espera que seamos “perfectos”, porque nadie lo es ya que somos perfectos; pero lo que espera es que nos esforcemos y demos lo mejor de nosotros, pues el resto lo hará Dios—y para Él será la gloria. 

DESCRIPCIÓN DE LA TIERRA PROMETIDA
En este capítulo, Moisés vuelve a describir la Tierra Prometida, pero desde otra perspectiva…
(Deu. 11:10-12)  La tierra a la cual entras para tomarla no es como la tierra de Egipto de donde habéis salido, donde sembrabas tu semilla, y regabas con tu pie, como huerto de hortaliza.  La tierra a la cual pasáis para tomarla es tierra de montes y de vegas, que bebe las aguas de la lluvia del cielo; tierra de la cual Jehová tu Dios cuida;  siempre están sobre ella los ojos de Jehová tu Dios,  desde el principio del año hasta el fin. 

Moisés compara la Tierra Prometida con la tierra de Egipto que, además del desierto, era su único punto de referencia. Una de las comparaciones que hace es en relación a la forma en que se hacen los cultivos.  Moisés señala que en Egipto se riega con el pie, como huerto de hortalizas”.  Los egipcios usaban el agua del río Nilo para regar sus campos usando un sistema de irrigación por canales.  Para regar sus plantíos, los egipcios solamente tenían que abrir “con el pie” un canal de irrigación, y luego volver a mover tierra para cerrarlo. 



Moisés explica que los cultivos en la Tierra Prometida son muy diferentes ya que el terreno es montañoso y la fuente de agua no es un río sino el Cielo (10:11).  En Israel se encuentra el río Jordán, pero éste está localizado en un valle a 300 metros debajo del nivel del mar, por lo que en aquel tiempo no era útil para riego más que para el valle al oriente.  Por ello, los cultivos en la tierra de Canaán dependían completamente de la lluvia.

En Israel llueve seis meses del año (de octubre a marzo), y el resto del año es temporada seca (abril a septiembre).  Si no llueve mucho en el invierno, entonces se dan sequías que pueden llevar a hambrunas.  ¿De qué depende que la lluvia caiga o no? Moisés explicó que la lluvia dependería de la obediencia del pueblo…
(Deu. 11:13-15)  Si obedeciereis cuidadosamente a mis mandamientos que yo os prescribo hoy, amando a Jehová vuestro Dios, y sirviéndole con todo vuestro corazón, y con toda vuestra alma, yo daré la lluvia de vuestra tierra a su tiempo,  la temprana y la tardía; y recogerás tu grano, tu vino y tu aceite.  Daré también hierba en tu campo para tus ganados; y comerás, y te saciarás. 

En Levítico también se habla de esta relación entre la obediencia y la lluvia…
(Levítico 26:3-4)  Si anduviereis en mis decretos y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra, yo daré vuestra lluvia en su tiempo, y la tierra rendirá sus productos, y el árbol del campo dará su fruto.

Este es el mismo principio de la bendición: Dios desea darle todo tipo de bendiciones a su pueblo, pero ellas están condicionadas a la obediencia. Este es un mensaje que queda claro a lo largo del libro de Devarim.
(Deu. 28:1-2)  Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy,  también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra.  Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios.

PARA MANTENER LA BENDICIÓN
Habiendo señalado que la bendición viene por la obediencia, Moisés les explica que para mantener esa bendición no deben cuidarse de no olvidar a Dios…
(Deu. 11:16-17) Guardaos, pues, que vuestro corazón no se infatúe, y os apartéis y sirváis a dioses ajenos, y os inclinéis a ellos; y se encienda el furor de Jehová sobre vosotros, y cierre los cielos, y no haya lluvia, ni la tierra dé su fruto, y perezcáis pronto de la buena tierra que os da Jehová. 

Tal como lo vimos en el capítulo 6, Moisés vuelve a repetirles cómo pueden guardarse de no olvidar…
(Deu. 11:18-21)  Por tanto, pondréis estas mis palabras en vuestro corazón y en vuestra alma, y las ataréis como señal en vuestra mano, y serán por frontales entre vuestros ojos.  Y las enseñaréis a vuestros hijos, hablando de ellas cuando te sientes en tu casa, cuando andes por el camino, cuando te acuestes, y cuando te levantes, y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas;  para que sean vuestros días, y los días de vuestros hijos, tan numerosos sobre la tierra que Jehová juró a vuestros padres que les había de dar, como los días de los cielos sobre la tierra. 

La forma de evitar olvidar es enseñar a los hijos y tener un recordatorio a plena vista en la casa (tal como la Mezuza y los tzitzit—para más detalles, ver estudio del cap. 6). 

Algunas personas han llegado a creer que estos “recordatorios” son la fuente de la bendición (como amuletos de suerte), y esto puede ser un peligro.  No debemos olvidar que la bendición viene por la obediencia, y los recordatorios simplemente sirven para ayudarnos a recordar eso.   

La obediencia es central y determinante.  Si obedecemos a Dios, Él nos bendecirá—y esto incluye ayudarnos a vencer a los enemigos y darnos todo lo que Él nos ha prometido…
(Deu. 11:22-25)  Porque si guardareis cuidadosamente todos estos mandamientos que yo os prescribo para que los cumpláis, y si amareis a Jehová vuestro Dios,  andando en todos sus caminos, y siguiéndole a él, Jehová también echará de delante de vosotros a todas estas naciones, y desposeeréis naciones grandes y más poderosas que vosotros.  Todo lugar que pisare la planta de vuestro pie será vuestro; desde el desierto hasta el Líbano, desde el río Eufrates hasta el mar occidental será vuestro territorio.  Nadie se sostendrá delante de vosotros; miedo y temor de vosotros pondrá Jehová vuestro Dios sobre toda la tierra que pisareis,  como él os ha dicho. 

TÚ ELIGES: LA BENDICIÓN O LA MALDICIÓN
Sin duda alguna, Dios quiere bendecir a Su Pueblo; eso es lo que está en su corazón.  Sin embargo, no todo depende de Él, ya que la opción es de cada persona:
(Deu. 11:26-28)  He aquí yo pongo hoy delante de vosotros la bendición y la maldición: la bendición, si oyereis los mandamientos de Jehová vuestro Dios, que yo os prescribo hoy, y la maldición, si no oyereis los mandamientos de Jehová vuestro Dios, y os apartareis del camino que yo os ordeno hoy, para ir en pos de dioses ajenos que no habéis conocido. 

Dios dio libre albedrío al ser humano; nos dejó la posibilidad de escoger entre obedecerle o no.  Lo que debemos estar conscientes es que esta decisión tendrá repercusiones.  Si obedecemos, vendrá bendición; pero si desobedecemos, nos alcanzará la maldición.  Éstas son las reglas de la vida.

Para hacerlo gráfico, el Señor pidió a Moisés que pusiera unas señales en ciertos montes de Israel…



DOS MONTES POR SEÑAL
Como recordatorio de las consecuencias de la obediencia y la desobediencia, el Señor le pidió a los israelitas que pusieran unas señales en dos montes: Ebal y Gerizim.
(Deu. 11:29-30)  Y cuando Jehová tu Dios te haya introducido en la tierra a la cual vas para tomarla, pondrás la bendición sobre el monte Gerizim, y la maldición sobre el monte Ebal, los cuales están al otro lado del Jordán, tras el camino del occidente en la tierra del cananeo, que habita en el Arabá frente a Gilgal, junto al encinar de More. 

En el capítulo 27 se darán instrucciones más detalladas sobre esto, por lo tanto dejaremos este tema para ese momento.  Baste ahora mencionar que las señales en estos montes servirían como recordatorios a nivel nacional para que Israel no olvide obedecer a Dios.  
(Deu. 11:31-32)  Porque vosotros pasáis el Jordán para ir a poseer la tierra que os da Jehová vuestro Dios; y la tomaréis, y habitaréis en ella. Cuidaréis, pues, de cumplir todos los estatutos y decretos que yo presento hoy delante de vosotros.

Dios le dio la Tierra Prometida a Israel, no para que ellos hicieran lo que quisieran allí sino para que vivieran como Dios manda y sirvieran así de ejemplo a todas las naciones del mundo.  Ese es su llamado: ser luz al mundo (Mateo 5:14-19).


Más lecciones de Deuteronomio @   Devarim (Deut.)

Audio de la clase de Biblia Devarim 11 :




viernes, 19 de junio de 2015

DEVARIM 10: Lo que Dios pide de ti


En este capítulo, Moisés comienza mencionando las Segundas Tablas del Pacto.  Las primeras fueron rotas a causa del Pecado del Becerro de Oro (Deu. 9:9-19).  Aunque Israel le falló a Dios, Él les dio otra oportunidad luego de haber mostrado arrepentimiento. 
(Deu. 10:1-2)  En aquel tiempo Jehová me dijo: Lábrate dos tablas de piedra como las primeras, y sube a mí al monte, y hazte un arca de madera; y escribiré en aquellas tablas las palabras que estaban en las primeras tablas que quebraste; y las pondrás en el arca.

¿Qué palabras escribió el Señor en las Tablas, tanto las primeras como las segundas?  Allí está escrito lo que se conoce como “los Diez Mandamientos”, los cuales representan el resumen de toda la Ley (o enseñanza, en hebreo: Torá). 

Las Tablas sirven como testimonio del Pacto entre Dios e Israel.  ¿En qué consiste el Pacto?  En resumen, es el compromiso de Israel de hacer todo lo que Dios dijera—Yehová sería su Dios, e Israel sería Su pueblo.  El resumen del Pacto está escrito en las Tablas.
(Deu. 4:13)  Y él os anunció su pacto, el cual os mandó poner por obra;  los diez mandamientos, y los escribió en dos tablas de piedra.

El Pacto completo estaba escrito en los rollos de la Torá, y eso fue lo que leyó delante de todo el pueblo…
(Éxodo 24:7-8)  Y tomó el libro del pacto y lo leyó a oídos del pueblo, el cual dijo: Haremos todas las cosas que Jehová ha dicho, y obedeceremos.  Entonces Moisés tomó la sangre y roció sobre el pueblo, y dijo: He aquí la sangre del pacto que Jehová ha hecho con vosotros sobre todas estas cosas.

Israel hizo un pacto con Dios de obediencia, sellado con sangre.  Después de haber confirmado el pacto, Moisés subió al Monte Horeb para recibir las Tablas de la Ley.
(Éxodo 24:12)  Entonces Jehová dijo a Moisés: Sube a mí al monte, y espera allá, y te daré tablas de piedra, y la ley, y mandamientos que he escrito para enseñarles.

Las Tablas llevaban escritas el resumen del pacto: los 10 Mandamientos.  Esta es la base de toda la Ley.  Además de ser el resumen, las Tablas sirven como testimonio de este Pacto, por eso también se les conocen como “las Tablas del Testimonio”.
(Éxodo 31:18)  Y dio a Moisés, cuando acabó de hablar con él en el monte de Sinaí, dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo de Dios.

(Éxodo 32:15-16) Y volvió Moisés y descendió del monte, trayendo en su mano las dos tablas del testimonio, las tablas escritas por ambos lados; de uno y otro lado estaban escritas.  Y las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios grabada sobre las tablas.

Estas primeras Tablas del Pacto fueron quebradas porque el pueblo le falló a Dios (Deu. 9:17).  Pero se arrepintieron, y el Señor les dio otra oportunidad...

Luego de recibir el perdón de Dios, el Señor les dio unas nuevas Tablas del Testimonio (las Segundas Tablas), en las cuales también estaban escritos los “Diez mandamientos”.
(Deu. 10:3-5)  E hice un arca de madera de acacia, y labré dos tablas de piedra como las primeras, y subí al monte con las dos tablas en mi mano.  Y escribió en las tablas conforme a la primera escritura, los diez mandamientos que Jehová os había hablado en el monte de en medio del fuego, el día de la asamblea; y me las dio Jehová.  Y volví y descendí del monte, y puse las tablas en el arca que había hecho; y allí están, como Jehová me mandó. 

Las primeras tablas fueron talladas y escritas por Dios.  En el caso de las segundas tablas, Moisés debía participar labrando las piedras, aunque fue el Señor quien escribió de nuevo sobre la piedra. Dios quiere que hagamos nuestra parte, y Él hará la suya. 
(Éxodo 34:1,4)  Y Jehová dijo a Moisés: Alísate dos tablas de piedra como las primeras,  y escribiré sobre esas tablas las palabras que estaban en las tablas primeras que quebraste…  Y Moisés alisó dos tablas de piedra como las primeras;  y se levantó de mañana y subió al monte Sinaí,  como le mandó Jehová,  y llevó en su mano las dos tablas de piedra. 

En el contexto de las Segundas Tablas, Dios mostró sus atributos de misericordia…
(Exodo 34:5-7)  Y Jehová descendió en la nube, y estuvo allí con él, proclamando el nombre de Jehová.  Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación. 

La misericordia de Dios no borra Su justicia.  En su compasión, Él borra nuestras faltas si nos arrepentimos, pero al darnos una nueva oportunidad Él espera que nosotros comencemos a hacer el bien (Éxodo 34:9-11).

TRIBU DE LEVI: GUARDADORES DEL PACTO
Las Tablas de la Ley debían ser guardadas en el Arca del Pacto, el cual se encontraba en el Lugar Santísimo del Tabernáculo.  Dios escogió a la tribu de Levi para cuidar el Arca y todo lo relacionado con el Tabernáculo.  Todos los levitas dedicaron sus vidas a ello.
(Deu. 10:8) En aquel tiempo apartó Jehová la tribu de Leví  para que llevase el arca del pacto de Jehová, para que estuviese delante de Jehová para servirle, y para bendecir en su nombre, hasta hoy.

Moisés volvió a recordarles a los israelitas sobre el rol especial que tendría la tribu de Levi.  Ellos no iban a participar en la guerra de conquista porque ellos no iban a heredar territorio; sólo les iba a ser asignadas ciudades donde habitar, repartidas en todo el territorio de Israel (Números 35). 

Aunque los levitas no iban a recibir su propio territorio, su heredad era la mejor…
(Deu. 10:9) por lo cual Leví no tuvo parte ni heredad con sus hermanos; Jehová es su heredad, como Jehová tu Dios le dijo.

Los levitas iban a dedicarse a trabajar para Dios en el Templo, y como maestros y jueces en sus comunidades.  Dado que ellos no tenían un ingreso económico ni forma de producción, ellos dependerían de las ofrendas y diezmos del pueblo.
(Números 18:20-21)  Entonces el SEÑOR dijo a Aarón: No tendrás heredad en su tierra, ni tendrás posesión entre ellos; yo soy tu porción y tu herencia entre los hijos de Israel.  Y he aquí que yo he dado a los hijos de Leví todos los diezmos en Israel por heredad, a cambio de su ministerio en el cual sirven, el ministerio de la tienda de reunión.

También Ezequiel habla de esto en relación al Templo de la era mesiánica…
(Ezequiel 44:28-30)  Y habrá para ellos heredad; yo seré su heredad, pero no les daréis posesión en Israel; yo soy su posesión.  La ofrenda y la expiación y el sacrificio por el pecado comerán,  y toda cosa consagrada en Israel será de ellos.  Y las primicias de todos los primeros frutos de todo,  y toda ofrenda de todo lo que se presente de todas vuestras ofrendas,  será de los sacerdotes;  asimismo daréis al sacerdote las primicias de todas vuestras masas,  para que repose la bendición en vuestras casas.

LO QUE DIOS PIDE
Sabiendo lo que Dios esperaba de la tribu de Levi (servir a Dios en el Tabernáculo), podríamos preguntarnos: ¿Qué espera Dios de todas las demás tribus de Israel? Moisés responde esta pregunta a continuación…
(Deu. 10:12-13)  Ahora, pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma; que guardes los mandamientos de Jehová y sus estatutos, que yo te prescribo hoy, para que tengas prosperidad? 

Todo israelita está llamado a servir a Dios con su obediencia y con su amor.  Esta es la esencia de lo que Dios quiere y espera de su pueblo.  Éste es el mismo mensaje en esencia que habla el profeta Miqueas…
(Miqueas 6:8)  El te ha declarado, oh hombre, lo que es bueno. ¿Y qué es lo que demanda el SEÑOR de ti, sino sólo practicar la justicia, amar la misericordia, y andar humildemente con tu Dios?

Esto suena simple, ¿verdad? Entonces, ¿por qué es tan difícil obedecer a Dios?  Posiblemente por la dureza del corazón y la falta de humildad.  Por eso Moisés exhorta diciendo:
(Deu. 10:16) Circuncidad, pues, el prepucio de vuestro corazón, y no endurezcáis más vuestra cerviz. 

El concepto de “circuncisión del corazón” no surgió en tiempos del Nuevo Testamento, sino está desde el principio, en la Torá.  Desde el principio, el Señor está interesado en nuestro corazón. 



CIRCUNCIDAD EL CORAZÓN
Claramente, la imagen de la “circuncisión del corazón” es alegórica y no literal.  Quitar “el prepucio del corazón” representa eliminar los deseos carnales que nos llevan al pecado.  También está relacionado con la dureza de corazón. 

Un versículo en Levítico nos da una idea de lo que puede significar “un corazón incircunciso”, y lo relaciona con la soberbia y la incapacidad de reconocer el pecado propio…
(Levítico 26:41-43)  …o si su corazón incircunciso se humilla, y reconocen sus iniquidades, entonces yo me acordaré de mi pacto con Jacob, me acordaré también de mi pacto con Isaac y de mi pacto con Abraham, y me acordaré de la tierra… Entretanto, ellos pagarán su iniquidad, porque despreciaron mis ordenanzas y su alma aborreció mis estatutos.

Pablo explica que la circuncisión del corazón es más importante que la física, y ésta primera está relacionada con la disposición a obedecer a Dios…
(Romanos 2:25-29)  Pues ciertamente la circuncisión es de valor si tú practicas la ley, pero si eres transgresor de la ley, tu circuncisión se ha vuelto incircuncisión.  Por tanto, si el incircunciso cumple los requisitos de la ley, ¿no se considerará su incircuncisión como circuncisión?  Y si el que es físicamente incircunciso guarda la ley, ¿no te juzgará a ti, que aunque tienes la letra de la ley y eres circuncidado, eres transgresor de la ley?  Porque no es judío el que lo es exteriormente, ni la circuncisión es la externa, en la carne; sino que es judío el que lo es interiormente, y la circuncisión es la del corazón, por el Espíritu, no por la letra; la alabanza del cual no procede de los hombres, sino de Dios.

También el profeta Jeremías relaciona la circuncisión del corazón con la obediencia…
(Jeremías 4:4)  Circuncidaos para el SEÑOR, y quitad los prepucios de vuestros corazones, hombres de Judá y habitantes de Jerusalén, no sea que mi furor salga como fuego y arda y no haya quien lo apague, a causa de la maldad de vuestras obras.

El Salmo 119, que habla de las bondades de la Ley de Dios, hace muchas referencias al corazón en relación a la obediencia.  A continuación compartimos algunas de ellas:
(Salmo 119:10-11) Con todo mi corazón te he buscado; no dejes que me desvíe de tus mandamientos.  En mi corazón he atesorado tu palabra, para no pecar contra ti.

(Salmo 119:34)  Dame entendimiento para que guarde tu ley y la cumpla de todo corazón.

(Salmo 119:111-112)  Tus testimonios he tomado como herencia para siempre, porque son el gozo de mi corazón.  He inclinado mi corazón para cumplir tus estatutos por siempre, y hasta el fin.

(Salmo 119:69-70)  Contra mí forjaron mentira los soberbios, mas yo guardaré de todo corazón tus mandamientos.  Se engrosó el corazón de ellos como sebo, mas yo en tu ley me he regocijado.


Al final del libro de Devarim, se relaciona la circuncisión del corazón con el amor a Dios.
(Deu. 30:6)  Además, el SEÑOR tu Dios circuncidará tu corazón y el corazón de tus descendientes, para que ames al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas.

En realidad, este es el mismo mensaje, ya que el amor a Dios se expresa con la obediencia, tal como lo enseñó Jesús y lo explicó Juan…
(Juan 14:15) Si me amáis, guardad mis mandamientos.

(Juan 14:23) Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará;  y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.

(1 Juan 2:3-5) Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos.  El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos,  el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él.

Terminaremos el estudio de este capítulo leyendo el mensaje que resume lo que Dios espera de Su Pueblo:
(Deu. 10:20-21) A Jehová tu Dios temerás, a él solo servirás, a él seguirás,  y por su nombre jurarás.  El es el objeto de tu alabanza, y él es tu Dios, que ha hecho contigo estas cosas grandes y terribles que tus ojos han visto. 


Más lecciones de Deuteronomio:  @ Devarim (Deut.)

Audio de la clase de Biblia Devarim 10 :





jueves, 11 de junio de 2015

DEVARIM 9: No es por tu justicia


En este capítulo, Moisés vuelve a recordar a los israelitas que ellos van a entrar a una tierra ya habitada…
(Deu. 9:1-2) Oye, Israel: Hoy vas a pasar el Jordán para entrar a desposeer a naciones más grandes y más poderosas que tú, ciudades grandes y fortificadas hasta el cielo, un pueblo grande y alto, los hijos de los anaceos, a quienes conoces y de quienes has oído decir: ¿Quién puede resistir ante los hijos de Anac?

Los habitantes de la tierra de Canaán no eran hombres comunes ni corrientes.  Muchos de ellos eran gigantes, tal como los anaceos (Deu. 2:11,21).  En términos naturales, los israelitas llevaban las de perder, ya que los cananeos eran pueblos más grandes y poderosos.  Moisés les recuerda esto, no para meterles miedo sino para que no se olviden que es Dios quien les ayudará en la conquista.  Aunque los otros pueblos sean más fuertes, y aún gigantes, el Señor les dará la victoria.
(Deu. 9:3)  Comprende, pues, hoy, que es el SEÑOR tu Dios el que pasa delante de ti como fuego consumidor. El los destruirá y los humillará delante de ti, para que los expulses y los destruyas rápidamente, tal como el SEÑOR te ha dicho. 

Esto también se aplica a nosotros el día de hoy.  A veces las pruebas o problemas de la vida nos parecen insuperables, pero si Dios está por nosotros, ¿quién contra nosotros? (Romanos 8:31).

NO ES POR TU JUSTICIA
Otro punto que Moisés quiere dejar claro es que la entrega de la Tierra Prometida a los israelitas no se debe a que “ellos lo merezcan”, sino porque Dios así lo dispuso.
(Deu. 9:4)  No digas en tu corazón cuando el SEÑOR tu Dios los haya echado de delante de ti: Por mi justicia el SEÑOR me ha hecho entrar para poseer esta tierra, sino que es a causa de la maldad de estas naciones que el SEÑOR las expulsa de delante de ti. 

Los cananeos fueron expulsados de la Tierra Prometida, no porque los israelitas venían en camino para desplazarlos sino porque la maldad de estos pueblos había llegado al colmo.  Si los cananeos hubieran dejado sus costumbres perversos y se hubieran sometido a Yehová, probablemente ellos hubieran cohabitado con los israelitas, tal como lo hizo Rahab, la mujer que ayudó a los espías israelitas (Josué 6:17).  Pero los cananeos no reconocieron a Dios, y se pervirtieron, y por eso la Tierra los expulsó a causa de su maldad. 

Los israelitas deben entender esto para no creerse superiores ni “merecedores”.
(Deu. 9:5-6)  No es por tu justicia ni por la rectitud de tu corazón que vas a poseer su tierra, sino que por la maldad de estas naciones el SEÑOR tu Dios las expulsa de delante de ti, para confirmar el pacto que el SEÑOR juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob.  Comprende, pues, que no es por tu justicia que el SEÑOR tu Dios te da esta buena tierra para poseerla, pues eres un pueblo de dura cerviz. 

Este principio también tiene una clara aplicación espiritual: Nadie puede ganarse la salvación por mérito propio.  La justicia propia no nos “gana el Cielo”, pues “no hay justo, ni aun uno” (Rom. 3:10).  La salvación es sólo por mérito de Jesús (heb. Yeshua), quien murió en la cruz para pagar por nuestros pecados. 
(Tito 3:5-7)  El nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a su misericordia, por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo, que El derramó sobre nosotros abundantemente por medio de Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia fuésemos hechos herederos según la esperanza de la vida eterna.

(Gálatas 2:16) sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley,  sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo,  para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado.

Una de las explicaciones más claras de este punto lo escribió Pablo en su carta a los romanos:
(Romanos 3:20-26)  ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.  Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios,  testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él.  Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús. 

Aquí Pablo también, al igual que Moisés, nos dice a los creyentes: “No creas que es por tu justicia”.
(Rom. 3:27-31) ¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley?  ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe. Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley. ¿Es Dios solamente Dios de los judíos?  ¿No es también Dios de los gentiles? Ciertamente, también de los gentiles. Porque Dios es uno, y él justificará por la fe a los de la circuncisión, y por medio de la fe a los de la incircuncisión.  ¿Luego por la fe invalidamos la ley?  En ninguna manera, sino que confirmamos la ley.

Queda claro que la salvación viene por fe y no por obras; pero luego de ser salvos, el Señor espera que seamos obedientes a Él. 
(Romanos 6:15-18)  ¿Entonces qué? ¿Pecaremos porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? ¡De ningún modo! ¿No sabéis que cuando os presentáis a alguno como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, ya sea del pecado para muerte, o de la obediencia para justicia? Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, os hicisteis obedientes de corazón a aquella forma de doctrina a la que fuisteis entregados; y habiendo sido libertados del pecado, os habéis hecho siervos de la justicia.

La salvación viene por fe, para que la gloria sea para Dios.  Luego viene la obediencia, porque ya somos hijos de Dios, y como tales debemos vivir como El manda.
(Efesios 2:8-10)  Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.  Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

Volviendo a Deuteronomio…Moisés dejó claro que los israelitas recibirán la Tierra Prometida, no porque la “merezcan” sino por la gracia de Dios. Para hacer más efectivo su punto, Moisés hace un recuento de varias instancias en las que Israel le falló a Dios en el desierto…

ISRAEL FALLÓ EN EL DESIERTO
Moisés da a los israelitas una dosis de realidad: los lleva a recordar que ellos no son perfectos, pues le fallaron a Dios en varias ocasiones en el camino del desierto…
(Deu. 9:7)  Acuérdate; no olvides cómo provocaste a ira al SEÑOR tu Dios en el desierto; desde el día en que saliste de la tierra de Egipto hasta que llegasteis a este lugar, habéis sido rebeldes contra el SEÑOR. 

Hay una doble orden: “acuérdate”, “no te olvides”.  No deben perder de vista que recibirán la Tierra Prometida, no porque la merezcan sino porque es la voluntad de Dios. 

¿De qué deben acordarse y no olvidar?  A continuación, Moisés menciona los lugares en donde los israelitas provocaron a ira al Señor:
·      En Horeb
·      En Masah
·      En Tabera
·      En Kibrot-hataava
·      En Cades barnea

a.  en Horeb (también conocido como el Monte Sinaí)
Allí los israelitas le fallaron a Dios, haciendo una falsa imagen de Él en la forma de un becerro de oro…
(Deu. 9:8-12)  Hasta en Horeb provocasteis a ira al SEÑOR, y el SEÑOR se enojó tanto contra vosotros que estuvo a punto de destruiros. Cuando subí al monte para recibir las tablas de piedra, las tablas del pacto que el SEÑOR había hecho con vosotros, me quedé en el monte cuarenta días y cuarenta noches; no comí pan ni bebí agua. Y el SEÑOR me dio las dos tablas de piedra escritas por el dedo de Dios; y en ellas estaban todas las palabras que el SEÑOR os había dicho en el monte, de en medio del fuego, el día de la asamblea. Y aconteció al cabo de cuarenta días y cuarenta noches, que el SEÑOR me dio las dos tablas de piedra, las tablas del pacto.  Entonces el SEÑOR me dijo: Levántate; baja aprisa de aquí, porque tu pueblo que sacaste de Egipto se ha corrompido. Pronto se han apartado del camino que yo les había ordenado; se han hecho un ídolo de fundición. 

No habían pasado ni dos meses desde que el pueblo había confirmado el Pacto con Dios de obedecer, y ellos le fallaron a Dios.  Pensando que Moisés había muerto, ellos hicieron una falsa imagen de Dios, en la forma de un becerro de oro, lo cual infiringía uno de las primeros mandamientos que Dios les dio (Exo. 20:4-5).  Los israwlitas merecían un castigo por tal pecado, y así se lo hizo ver a Moisés… 
(Deu. 9:13-16)  También me habló el SEÑOR, diciendo: He visto a este pueblo, y en verdad es un pueblo de dura cerviz.  Déjame que los destruya y borre su nombre de debajo del cielo; y de ti haré una nación más grande y más poderosa que ellos.  Y volví, y descendí del monte mientras el monte ardía en fuego, y las dos tablas del pacto estaban en mis dos manos.  Y vi que en verdad habíais pecado contra el SEÑOR vuestro Dios. Os habíais hecho un becerro de fundición; pronto os habíais apartado del camino que el SEÑOR os había ordenado. 

El pueblo le falló a Dios, y por eso Moisés rompió las tablas del testimonio del Pacto.  Aunque no lo merecían, Dios los perdonó cuando se arrepintieron.
(Deu. 9:17-19)  Tomé las dos tablas, las arrojé de mis manos y las hice pedazos delante de vuestros ojos.  Y me postré delante del SEÑOR como al principio, por cuarenta días y cuarenta noches; no comí pan ni bebí agua, a causa de todo el pecado que habíais cometido al hacer lo malo ante los ojos del SEÑOR, provocándole a ira.  Porque temí la ira y el furor con que el SEÑOR estaba enojado contra vosotros para destruiros, pero el SEÑOR me escuchó también esta vez. 

A continuación, Moisés también mencionó otros lugares donde fallaron a Dios…
(Deu. 9:22)  Nuevamente, en Tabera, en Masah y en Kibrot-hataava, provocasteis a ira al SEÑOR. 

b.  en Masah
En este lugar, los israelitas no encontraron agua para beber.  En lugar de pedir humildemente, ellos se pelearon con Moisés y desearon nunca haber salido de Egipto.  El texto dice que los israelitas “tentaron a Dios”, que también se puede traducir como “lo pusieron a prueba”; en otras palabras, ellos no creyeron en Dios. 
(Exodo 17:7)  Y llamó el nombre de aquel lugar Masah y Meriba, por la rencilla de los hijos de Israel,  y porque tentaron a Jehová,  diciendo: ¿Está, pues, Jehová entre nosotros, o no?

c.  en Tabera
Otro lugar donde el pueblo se quejó contra Dios fue en Tabera…
(Números 11:1-3) Aconteció que el pueblo se quejó a oídos de Jehová; y lo oyó Jehová, y ardió su ira, y se encendió en ellos fuego de Jehová, y consumió uno de los extremos del campamento.  Entonces el pueblo clamó a Moisés, y Moisés oró a Jehová, y el fuego se extinguió. Y llamó a aquel lugar Tabera, porque el fuego de Jehová se encendió en ellos.

Aunque no se menciona la causa de la queja, entre líneas se puede deducir quiénes se quejaron…
El texto sñala que el castigo descendión sobre “uno de los extremos del campamento”.  “Extremo” en hebreo es: Ketsé, que también se puede traducir como: borde, confin, límite, orilla.  Los israelitas estaban asentados alrededor del Tabernáculo, y quien vivía a orilla del campamento eran los extranjeros que se unieron a Israel.  En los siguientes versículos vemos de lo que se quejaron los extranjeros…
(Números 11:4-6)  Y la gente extranjera que se mezcló con ellos tuvo un vivo deseo, y los hijos de Israel también volvieron a llorar y dijeron: ¡Quién nos diera a comer carne!  Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de balde, de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos; y ahora nuestra alma se seca; pues nada sino este maná ven nuestros ojos.

Esta queja contaminó a todo el pueblo de Israel, y vemos las consecuencias en lo que pasó a continuación…

d.  en Kibrot HaTaava
No sólo los extranjeros, sino también los israelitas se quejaron por la comida que Dios les daba.  En lugar de estar agradecidos por tener comida gratis y constante, comenzaron a desear otras cosas.

Este es el clásico ejemplo de no estar agradecido por lo que uno tiene.  Siempre se desea tener más, y no hay contentamiento.  La falta de agradecimiento es equivalente a decir que lo que Dios nos ha dado no es suficiente.

No leeremos toda la historia porque es larga (Num. 11:4-35), pero veremos la conclusión de lo que pasó allí.  
(Num. 11:31-34)  Y salió de parte del SEÑOR un viento que trajo codornices desde el mar y las dejó caer junto al campamento, como un día de camino de este lado, y un día de camino del otro lado, por todo alrededor del campamento, y como dos codos de espesor sobre la superficie de la tierra.  Y el pueblo estuvo levantado todo el día, toda la noche, y todo el día siguiente, y recogieron las codornices (el que recogió menos, recogió diez homeres)*, y las tendieron para sí por todos los alrededores del campamento.  Pero mientras la carne estaba aún entre sus dientes, antes que la masticaran, la ira del SEÑOR se encendió contra el pueblo, y el SEÑOR hirió al pueblo con una plaga muy mala.  Por eso llamaron a aquel lugar Kibrot-hataava, porque allí sepultaron a los que habían sido codiciosos.

*Nota: un homer es equivalente a lo que una persona puede comer en un día.  Ellos recogieron diez veces más.  Sin refrigeración, eso seguramente iba a descomponerse con el calor del desierto.  Además de la codicia, esto era una señal de avaricia.

Kibrot es el plural de Kever, que significa: tumba o sepulcro
Taava significa: anhelo, deseo
La Biblia traduce Kibrot-hataava como: “sepulcro de los codiciosos”.

d.  en Cades Barnea
Otro lugar que Moisés mencionó es Cades Barnea, que queda en la frontera al sur de la Tierra Prometida. 
(Deu. 9:23)  Y cuando el SEÑOR os envió de Cades-barnea, diciendo: Subid y tomad posesión de la tierra que yo os he dado, entonces os rebelasteis contra la orden del SEÑOR vuestro Dios; no le creísteis, ni escuchasteis su voz. 

Estando a las puertas de la Tierra Prometida, los israelitas no entraron porque no creyeron en Dios.  Esa generación murió en el desierto. 

Moisés le recuerda todo esto a la Nueva Generación para hacerles ver que Israel no es perfecto ni merece nada.  En realidad, los israelitas merecían ser destruidos en el desierto porque se rebelaron demasiado contra Dios.  Sin embargo, no fueron destruidos porque hubo arrepentimiento y Moisés intercedió por ellos. 
(Deu. 9:24-25)  Vosotros habéis sido rebeldes al SEÑOR desde el día en que os conocí.  Entonces me postré delante del SEÑOR los cuarenta días y cuarenta noches, lo cual hice porque el SEÑOR había dicho que os iba a destruir. 

En última instancia, Dios le dio la Tierra a Israel porque Él lo había prometido, y no porque Israel lo mereciera. 
(Deu. 9:26-29)  Y oré al SEÑOR, y dije: Oh Señor DIOS, no destruyas a tu pueblo, a tu heredad, que tú has redimido con tu grandeza, que tú has sacado de Egipto con mano fuerte.  Acuérdate de tus siervos Abraham, Isaac y Jacob; no mires la dureza de este pueblo ni su maldad ni su pecado.  De otra manera los de la tierra de donde tú nos sacaste dirán: Por cuanto el SEÑOR no pudo hacerlos entrar en la tierra que les había prometido y porque los aborreció, los sacó para hacerlos morir en el desierto.  Sin embargo, ellos son tu pueblo, tu heredad, a quien tú has sacado con tu gran poder y tu brazo extendido.

Moisés no sólo pensó en el pueblo de Israel, sino en el Nombre de Dios.  Él quedaría mal si Su Pueblo fuera destruido en el desierto.  Este es un tema que también trata el profeta Isaías…
(Isaías 48:9-11) Por amor a mi nombre contengo mi ira, y para mi alabanza la reprimo contigo a fin de no destruirte.  He aquí, te he purificado, pero no como a plata; te he probado en el crisol de la aflicción.  Por amor mío, por amor mío, lo haré, porque ¿cómo podría ser profanado mi nombre? Mi gloria, pues, no la daré a otro.

Para terminar con broche de oro, leamos lo que escribió Isaías unos versículos más adelante, lo cual va de la mano con el mensaje total del libro de Devarim…
(Isaías 48:17-18)  Así dice el SEÑOR, tu Redentor, el Santo de Israel: Yo soy el SEÑOR tu Dios, que te enseña para tu beneficio, que te conduce por el camino en que debes andar.  ¡Si tan sólo hubieras atendido a mis mandamientos! Entonces habría sido tu paz como un río, y tu justicia como las olas del mar.



Más lecciones de Deuteronomio:  @ Devarim (Deut.)

Audio de la clase de Biblia:  Devarim 9