jueves, 22 de enero de 2026

NUMEROS 14:1-19. Respuesta de los israelitas al reporte


En el capítulo anterior, leímos que los israelitas enviaron a doce espías para explorar la tierra de Canaán. El reporte fue mixto: unos dijeron que era imposible conquistarla a causa de los gigantes, pero otros animaron al pueblo diciendo que Dios los ayudaría, tal como lo había prometido.


Ahora, la pregunta es: ¿Cómo va a responder la población ante las diversas opiniones de los exploradores? ¿Cuál de los dos consejos van a seguir? ¿En quién van a creer? 


Por lo general, cuando hay dos opiniones, se forman dos bandos. Tal vez el grupo se divide 50/50, o 60/40, o 70/30, etc. Es inusual que la mayoría se pongan de un lado, y pocos de otro. Pero esto fue lo que pasó con el reporte sobre la Tierra Prometida.


PANICO Y QUEJA ANTE EL REPORTE

La Biblia dice que sólo Josué y Caleb pusieron su fe en Dios. Por el contrario, el resto del pueblo entró en pánico. 

(Números 14:1) Entonces toda la congregación gritó, y dio voces; y el pueblo lloró aquella noche.


El miedo provoca inseguridad y puede causar pánico. Cuando alguien tiene miedo, deja de ser objetivo, distorsiona la realidad y tiende a exagerar. Esto es lo que pasó con la mayoría de los israelitas. No sólo entraron en pánico, sino que también intensificaron sus quejas. 

(Números 14:2) Y se quejaron contra Moisés y contra Aarón todos los hijos de Israel; y les dijo toda la multitud: ¡Ojalá muriéramos en la tierra de Egipto; o en este desierto ojalá muriéramos!


Suena demasiado drámatico el hecho de desear la muerte; pero tal era el miedo que los llevó a pensar locuras. Más adelante veremos que esta confesión les va a salir muy cara. 


¿Por qué se quejaron? La queja suele venir de gente que le gusta echar la culpa a otros por sus propios males, pues no quieren asumir su propia responsabilidad. En esta ocasión, el pueblo estaba echando la culpa a Moisés, y también a Dios. 

(Números 14:3) ¿Y por qué nos trae Jehová a esta tierra para caer a espada, y que nuestras mujeres y nuestros niños sean por presa? ¿No nos sería mejor volvernos a Egipto?


¿En realidad Dios deseaba eso? En absoluto. Pero eso es lo que el miedo fabricó para evitar pelear contra los gigantes. En lugar de tener fe que Dios los salvaría, como ya lo había hecho tantas veces, el miedo los llevó a acusar a Dios de querer de matarlos. 


Cuando alguien crea una mentira en su mente, muchas veces ni se da cuenta. Se lo llega a creer como si fuera la realidad. La mayoría se creyó su propia mentira, y comenzaron a tomar malas decisiones. 

(Números 14:4) Y decían el uno al otro: Designemos un capitán, y volvámonos a Egipto.


Luego de todo lo que Dios había hecho para sacarlos de Egipto, ¿cómo es posible que los israelitas querían regresar al lugar de su esclavitud? Estaban a las puertas de la Tierra Prometida, ¿y pensaban regresar ahora a Egipto? ¿Y qué les hacía pensar que el Faraón los recibiría con los brazos abiertos y no los mataría? ¿Preferían morir en Egipto que hacer el intento por conquistar la Tierra Prometida? Nada de esto era lógico, pero perdieron la razón por dejarse llevar por el miedo. 


DESCRIPCIÓN EN DEUTERONOMIO

En Deuteronomio, Moisés hace un recuento del momento descrito en Números 14, y hace referencia a la queja del pueblo. 

(Deut. 1:27) Y murmurasteis en vuestras tiendas, diciendo: Porque Jehová nos aborrece, nos ha sacado de tierra de Egipto, para entregarnos en manos del amorreo para destruirnos.


Fabricaron la mentira que Dios les deseaba mal, cuando en realidad era su Salvador. Todo esto fue por el miedo y la falta de fe. El siguiente versículo explica de dónde se originó el miedo: 

(Deut. 1:28) ¿A dónde subiremos? Nuestros hermanos han atemorizado nuestro corazón, diciendo: Este pueblo es mayor y más alto que nosotros, las ciudades grandes y amuralladas hasta el cielo; y también vimos allí a los hijos de Anac.


Fue el mal reporte de los 10 espías lo que abrió la puerta al miedo. Sin embargo, no hay excusa, porque tambien recibieron el buen reporte de Caleb y Josué. Además, Moisés los animó a que no temieran, sino que pusieran su fe en Dios:

(Deut. 1:29-31) Entonces os dije: No temáis, ni tengáis miedo de ellos. Jehová vuestro Dios, el cual va delante de vosotros, él peleará por vosotros, conforme a todas las cosas que hizo por vosotros en Egipto delante de vuestros ojos. Y en el desierto has visto que Jehová tu Dios te ha traído, como trae el hombre a su hijo, por todo el camino que habéis andado, hasta llegar a este lugar.


Lamentablemente, la mayoría del pueblo decidió creer el mal reporte, en lugar de creer en Dios, quien había hecho incontables milagros a favor de ellos. Pero, a último momento, perdieron su fe en Dios. 

(Deut. 1:32-33) Y aun con esto no creísteis a Jehová vuestro Dios, quien iba delante de vosotros por el camino para reconoceros el lugar donde habíais de acampar, con fuego de noche para mostraros el camino por donde anduvieseis, y con nube de día.


CRISIS A LAS PUERTAS DE LA PROMESA

Los israelitas estaban a las puertas de la Tierra Prometida. Sólo tenían que creer en Dios, y entrar. Lamentablemente, en ese momento perdieron la fe. 


Moisés y Aarón trataron de calmar al pueblo. También Josué y Caleb trataron de que convencerlos para que entraran en razón y recuperaran su fe, porque la promesa estaba a sólo unos pasos. 

(Números 14:5-8) Entonces Moisés y Aarón se postraron sobre sus rostros delante de toda la multitud de la congregación de los hijos de Israel. Y Josué hijo de Nun y Caleb hijo de Jefone, que eran de los que habían reconocido la tierra, rompieron sus vestidos, y hablaron a toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra en gran manera buena. Si Jehová se agradare de nosotros, él nos llevará a esta tierra, y nos la entregará; tierra que fluye leche y miel.


Esto nos debe llevar a meditar, porque... ¿cuántas veces el pueblo de Dios no se pierde de grandes bendiciones por el miedo y por la falta de fe? El cumplimiento de la promesa podría estar a la vuelta de la esquina, pero la falta de fe nos puede desviar, y podríamos perder lo que Dios quiere para nosotros. 


VENTAJA DE ISRAEL SOBRE CANAÁN

Josué y Caleb eran hombres sabios, y pudieron ver la situación con ojos espirituales. Ellos se dieron cuenta que los israelitas tenían una ventaja comparativa sobre los cananeos, y lo explicaron:

(Números 14:9) Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo de esta tierra; porque nosotros los comeremos como pan; su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová; no los temáis.


La ventaja comparativa de los israelitas sobre los cananeos es que Jehová está del lado de Israel. Por el contrario, ya no había "amparo" para los cananeos. ¿Qué quiere decir esto? Parece estar haciendo alusión a lo que Dios le había dicho a Abraham muchos años atrás: 

(Génesis 15:16) Y en la cuarta generación ellos regresarán acá, porque hasta entonces no habrá llegado a su colmo la iniquidad de los amorreos.


En ese momento histórico, ya había llegado "al colmo la maldad de los amorreos" (los habitantes de la región en Canaán); por lo tanto, ellos habían perdido todo derecho de estar en la Tierra escogida por Dios. Y Josué sabía que se había abierto el derecho legal espiritual para derrotarlos y tomar la Tierra, tal como Dios lo había dicho. Había llegado el tiempo idóneo. 


DE MIEDO A REBELIÓN

El pueblo debió calmarse luego de oír las palabras de Moisés y la explicación de Josué y Caleb; pero en lugar de atender a la voz de la sabiduría, se sublevaron. En ese momento, el miedo se convirtió en rebelión, y comenzaron a conspirar para linchar a sus líderes (Num. 14:10a). 


DIOS INTERVINO Y MOISÉS INTERCEDIÓ

En el momento en que el pueblo estaba considerando apedrearlos, Dios decidió intervenir:

(Números 14:10) Entonces toda la multitud habló de apedrearlos. Pero la gloria de Jehová se mostró en el tabernáculo de reunión a todos los hijos de Israel...


Dios intervino, no sólo para evitar un linchamiento, sino para juzgar el caso. La gente se estaba quejando, no sólo contra Moisés sino contra Dios mismo. Por lo tanto, Dios se quejó de ellos ante Moisés, y dijo lo que merecían por su rebelión:

(Números 14:11-12) y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿Hasta cuándo no me creerán, con todas las señales que he hecho en medio de ellos? Yo los heriré de mortandad y los destruiré, y a ti te pondré sobre gente más grande y más fuerte que ellos.


Esta conversación no es sólo una queja de Dios, sino fue una prueba para Moisés. Entre líneas, Dios le presentó a Moisés la oportunidad de librarse de los rebeldes y comenzar de nuevo con otro pueblo. Pero Moisés pasó la prueba, porque no se enfocó en el beneficio propio, sino que argumentó sobre las posibles consecuencias que afectarían el Nombre del Señor: 

(Números 14:13-16) Pero Moisés respondió a Jehová: Lo oirán luego los egipcios, porque de en medio de ellos sacaste a este pueblo con tu poder; y lo dirán a los habitantes de esta tierra, los cuales han oído que tú, oh Jehová, estabas en medio de este pueblo, que cara a cara aparecías tú, oh Jehová, y que tu nube estaba sobre ellos, y que de día ibas delante de ellos en columna de nube, y de noche en columna de fuego; y que has hecho morir a este pueblo como a un solo hombre; y las gentes que hubieren oído tu fama hablarán, diciendo: Por cuanto no pudo Jehová meter este pueblo en la tierra de la cual les había jurado, los mató en el desierto.


Tal vez los creyentes no pensamos en esto, pero nuestras acciones puedes honrar o deshonrar a Dios. Y aún en la disciplina de Dios a sus hijos puede causar mala fama al Señor. Esto es lo que Moisés argumentó con Dios, porque el Señor quedaría mal si no cumplía su promesa.


¿Será que Dios no sabía esto? Por supuesto que sí, pero Él quería que Moisés y el pueblo también lo supieran y estuvieran conscientes de ello. 

Por eso, Moisés dijo que, aunque los israelitas merecieran el castigo, el Nombre de Dios no debía ser deshonrado. 

(Números 14:17-19) Ahora, pues, yo te ruego que sea magnificado el poder del Señor, como lo hablaste, diciendo: Jehová, tardo para la ira y grande en misericordia, que perdona la iniquidad y la rebelión, aunque de ningún modo tendrá por inocente al culpable; que visita la maldad de los padres sobre los hijos hasta los terceros y hasta los cuartos. Perdona ahora la iniquidad de este pueblo según la grandeza de tu misericordia, y como has perdonado a este pueblo desde Egipto hasta aquí.


¿Será que Moisés "convenció a Dios"? ¿O no será más bien que Dios llevó a Moisés a pensar como Él? A veces Dios tiene conversaciones así con los hombres para probar sus corazones o para enseñarles Su corazón. Aquí Dios hace ambas: por un lado, prueba el corazón de Moisés hacia el pueblo, porque le da la oportunidad de comenzar de nuevo sin ellos. Moisés no los abandona, sino intercede por ellos; pero también considera el Nombre de Dios. 


BALANCE PERFECTO DE JUSTICIA Y MISERICORDIA

Moisés conocía bien a Dios, y sabía que El es grande en misericordia, pero también perfecto en justicia. Ese balance entre misericordia y justicia es tan difícil de alcanzar, pero Dios sí lo logra. El extiende misericordia, dando oportunidad para arrepentirse, pero cuando llega el colmo la maldad, entonces debe venir la justicia. 


Al meditar en esto, debemos tener cuidado de no pensar que Moisés es "más misericordioso que Dios", porque eso es imposible. El hombre no puede ser más bueno que Dios. Pero también debemos considerar que Dios debe ser perfectamente justo, sin dejar de ser grandemente misericordioso. Ese balance sólo Dios conoce, porque Él conoce el corazón del hombre. 


En el próximo episodio veremos cómo Dios reaccionará ante la rebelión del pueblo, y también a las palabras de Moisés...



*** 



Enlace a otros capítulos: NUMEROS 

jueves, 8 de enero de 2026

NUMEROS 13:25-33. Reporte de los Exploradores


En el episodio anterior leímos sobre los 12 israelitas que fueron enviados a explorar la Tierra Prometida...y en este episodio leeremos sobre su reporte.
(Números 13:25-26) Y volvieron de reconocer la tierra al fin de cuarenta días. Y anduvieron y vinieron a Moisés y a Aarón, y a toda la congregación de los hijos de Israel, en el desierto de Parán, en Cades, y dieron la información a ellos y a toda la congregación, y les mostraron el fruto de la tierra.

Los exploradores no sólo traían información, sino también las pruebas: los frutos de la tierra. Las uvas y demás frutos servían como testimonio de lo buena que era la Tierra Prometida--tal como Dios había dicho. 
(Deu. 11:11-12) La tierra a la cual pasáis para tomarla es tierra de montes y de vegas, que bebe las aguas de la lluvia del cielo; tierra de la cual Jehová tu Dios cuida; siempre están sobre ella los ojos de Jehová tu Dios, desde el principio del año hasta el fin.

Los racimos de uvas eran tan grandes, que necesitaban cargarlas entre dos hombres (Num. 13:23-24). 
El Ministerio de Turismo de Israel ha usado esta imagen de dos hombres cargando uvas gigantes como su logo, sirviendo como mensaje que habla de una buena tierra. 

Dios planeó que entraran a la Tierra Prometida en tiempo de la cosecha, para que pudieran ver lo fértil de la tierra. Además, era importante que tuvieran qué comer cuando entraran, porque el maná iba a dejar de caer tan pronto comenzara la conquista de Canaán. 

El plan de Dios era perfecto…pero más adelante veremos que no todos quisieron unirse al plan.

EXPLORADORES PRESENTAN EL REPORTE
El propósito de la misión exploradora era traer un reporte de cómo era Canaán: la tierra, la poblacion, las ciudades. Los exploradores sólo necesitaban presentar la información; sin embargo, ellos decidieron añadir su opinión personal. 

Veamos primero cual fue el reporte informativo de la tierra, y luego leeremos sobre las opiniones...

EL REPORTE
Basado en lo que vieron, los exploradores reportaron lo siguiente: 
(Números 13:27) Y les contaron, diciendo: Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la que ciertamente fluye leche y miel; y este es el fruto de ella.

Sobre la tierra, ellos confirmaron que la tierra era fértil y hermosa. Pero cuando llego el momento de reportar sobre las ciudades y la poblacion. Aquí fue donde se añadió un "pero..." ("mas") al reporte:
(Números 13:28-29) Mas el pueblo que habita aquella tierra es fuerte, y las ciudades muy grandes y fortificadas; y también vimos allí a los hijos de Anac. Amalec habita el Neguev, y el heteo, el jebuseo y el amorreo habitan en el monte, y el cananeo habita junto al mar, y a la ribera del Jordán.

Una pequeña palabra cambió la tónica del reporte: "Pero..." da a entender que hay un problema que será difícil o imposible de superar. En hebreo, la palabra que se traduce como "más o pero" en hebreo es "EFES”, que literalmente significa: cero. La implicación es que ellos son “cero”, como nada, en comparación a la población de Canaan, que es fuerte y poderosa. 

Tambien hicieron mención de los hijos de Anac y los amalecitas, lo cual provocó miedo entre los israelitas. Los hijos de Anac son los gigantes, que sólo por su gran tamaño tendrían una ventaja enorme sobre sus adversarios. Y los amalecitas son los enemigos que los atacaron inescrupulosamente en el desierto (sin embargo, esa mencion debió animarlos porque Dios les dio la victoria milagrosamente sobre los amalecitas; Exo. 17:8-14; Deut. 25:17-19).

La misión de los doce exploradores era una "misión de reconocimiento". Simplemente debían ver y reportar. Su misión nunca fue dar su opinión personal, ni considerar si era factible conquistar Canaán. El problema fue que no sólo llevaron la informacion (que es lo que se les pidió), sino que dieron su opinión y análisis personal (que no se les había pedido). Con la opinión negativa, se sembró la duda de la posibilidad de conquistar la Tierra. En lugar de animar al pueblo, la descripcion de los enemigos comenzó a intimidar y meter miedo entre la población. 

UN EXPLORADOR LLAMA A TENER FE
Al ver la reacción negativa al reporte, uno de los exploradores: CALEB, saltó para calmar los ánimos, porque se estaba perdiendo el propósito de la investigación.
(Números 13:30) Entonces Caleb hizo callar al pueblo delante de Moisés, y dijo: Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos.

La Biblia dice que Caleb "hizo callar" al pueblo; habló recio la verdad para contrarrestar el ruido de la mentira y el miedo. Lo que Caleb dijo no estaba basado en "ideales o fantasías" sino en lo que Dios ya había dicho. El sabía que la voluntad de Dios era conquistar Canán. 
Caleb no estaba ignorando los hechos, ni las amenazas ni los riesgos. Él sabía que había gigantes en Canaán; la diferencia es que Caleb puso su confianza en Dios. 

En hebreo, Caleb repite dos veces el verbo subir: "Aleh N'Aleh". No se traduce literalmente porque sonaría raro, pero lleva un mensaje importante; literalmente dijo: "subamos subiremos", porque él sabía que era algo firme y certero. Caleb tenía fe que si subían, podrían tomar la Tierra. Y su fe no estaba puesta en la capacidad humana sino en la Palabra de Dios, porque El lo había prometido. 

Esta es la fe que habla la Biblia, que no está basada en lo que "uno quiere" ni en lo que "uno teme", sino en la Palabra de Dios, en lo que Él ha dicho, y en Su Voluntad. Como dice Pablo:
(Romanos 10:17) Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.

Los doce espías vieron lo mismo, pero la conclusion fue diferente: 
  • 2 espías (Josué y Caleb) > creyeron que Dios les ayudaría a conquistar la Tierra Prometida;
  • 10 espías (sin fe) > se dejaron llevar por el miedo y perdieron la fe en Dios.

EFECTO DEL MIEDO
El MIEDO es uno de los mayores enemigos de los hijos de Dios, porque les lleva a dejarse llevar por las circunstancias, en lugar de poner su fe en Dios. Los ojos del que tiene miedo sólo pueden ver lo malo y lo natural, y ya no pueden ver lo espiritual. En cierta forma, podemos decir que el miedo es tener "fe en el mal", en lugar de tener fe en lo que Dios quiere para nuestras vidas. 

Así como Caleb y Josué, no debemos desanimarnos por las dificultades y retos que enfrentemos en la vida. No se trata de ignorar los hechos, sino de buscar el propósito de Dios en cada circunstancia. 

PECADO DE LOS 10 ESPÍAS
En lugar de atenter las palabras de ánimo de Caleb, los otros diez espías siguieron aferrados a su miedo y falta de fe. 

Aquí viene el otro "pero"...
(Números 13:31) Mas los varones que subieron con él, dijeron: No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros.

Diez exploradores se dejaron intimidar por los gigantes y las ciudades fortificadas, y perdieron su fe. Creyeron más en las circunstancias que en Dios. Pero eso no fue el único problema. Los diez espías no sólo perdieron su fe, sino que hablaron mal de la Tierra que Dios había prometido entregarles. 
(Números 13:32-33) Y hablaron mal entre los hijos de Israel, de la tierra que habían reconocido, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de grande estatura. También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos. 

El reporte de los diez comenzó con la presentacion de hechos, pero luego comenzaron a dar su opinión personal. Las cosas se desviaron aún más, y comenzaron a exagerar para enfatizar su opinión. Todos sabemos que la exageración puede facilmente llevar a falacias, y eso fue lo que pasó con el comentario de los 10 espías sin fe. 

La tradicion califica a este mal reporte como "el Pecado de los Exploradores" (heb. Jet Ha´Meraglim). La seriedad de este pecado no sólo fue tener miedo por falta de fe, sino distorsionar los hechos y amplificarlo hacia la población, quienes esperaban un reporte imparcial. 

La Biblia dice que los 10 espías “infamaron la Tierra", es decir, le dieron mala fama, hablando mal de ella--no sólo con los hechos, sino tambien con fabricaciones de su imaginación, infectada por el miedo. Ellos hablaron mal de una tierra que era buena. 

Aunque es cierto que había elementos indeseables, pero éstos podían ser eliminados luego de la conquista. Ése era el plan de Dios, pero con el mal reporte quisieron destruir el Plan divino tratando de disuadir al pueblo a no entrar en la Tierra Prometida por las amenazas. 

FALACIAS
Analicemos lo que dijeron los diez espías miedosos, y comparémoslo con la realidad: 

a. "Es tierra que traga a sus moradores"
> La realidad: Ellos no presenciaron tal cosa. Pero tal vez ellos escucharon la historia de tiempos de Abraham, cuando los reyes del norte pelearon contra Sodoma y Gomorra, y perdieron porque muchos cayeron en pozos de asfalto (Génesis 14). Aun a la fecha se forman cavernas en la región del Mar Muerto, y se debe tener cuidado de no salirse del camino por ese peligro. Pero esto no se replica en todo el territorio, sino sólo en esa región desértica.

b. "Todo el pueblo...son hombres de gran estatura". 
> La realidad: Es cierto que habían gigantes, pero no eran todos sino unos pocos. Y aun estos gigantes pueden ser derrotados con la ayuda de Dios. La Biblia habla de Goliat, a quien derribó el joven David; y tambien se mencionan otros gigantes que fueron acabados uno a uno, por hombres valientes a quienes Dios ayudó. 

La "mala fama" no sólo fue sobre la tierra y sus habitantes, sino sobre ellos mismos. Tenían una apreciación distorsionada de sí mismos, pues se veían como langostas. 
Vuelven a poner su énfasis en la opinión de los hombres, y no en la opinión de Dios. 

c. "éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos".
> La realidad: Aquí, los espías dieron "su opinión", no un reporte objetivo. En cierta forma, ellos lo reconocieron, diciendo: "a nuestro parecer", pues era su opinión personal. Pero exageraron cuando dijeron que "así les parecíamos a ellos". En ningún lugar leemos que los espías hayan conversado con los gigantes. 

Seguramente les tenían tanto miedo, que ni se atrevieron a acercarse. Sin embargo, ellos dicen que saben cómo piensan y cómo los ven ellos. 

Lo interesante es que la Biblia misma nos revela qué es lo que estaba en la mente de los habitantes de Canaán. Ese reporte llegó cuarenta años cuando Josué envío dos espías a Jericó (Josué 2), y hablaron con los cananeos.

¿Qué es realmente lo que pensaban los cananeos acerca de los israelitas? Leamos lo que ellos mismos dijeron (no lo que los espías "creían que pensaban")...
(Josué 2:9-11) Sé que Jehová os ha dado esta tierra; porque el temor de vosotros ha caído sobre nosotros, y todos los moradores del país ya han desmayado por causa de vosotros. Porque hemos oído que Jehová hizo secar las aguas del Mar Rojo delante de vosotros cuando salisteis de Egipto, y lo que habéis hecho a los dos reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordán, a Sehón y a Og, a los cuales habéis destruido. Oyendo esto, ha desmayado nuestro corazón; ni ha quedado más aliento en hombre alguno por causa de vosotros, porque Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra.

Irónicamente, los cananeos parecían tener más temor del Dios de Israel que los mismos israelitas. 

Este fue el reporte de los espías, con la mala opinión de los diez, y la buena opinión de dos: Caleb y Josué. En el próximo capítulo, veremos cómo reaccionó el pueblo ante el reporte y las dos opiniones...

*** 

Enlace a otros capítulos: NUMEROS


jueves, 4 de diciembre de 2025

NUMEROS 13:1-24. Explorando la Tierra Prometida

 
Al llegar al desierto de Parán, los israelitas ya estaban a las puertas de Canaán. En ese punto, Moisés los animó a que se prepararan para entrar y conquistar la Tierra que Dios les había prometido. 
(Deuteronomio 1:21) Mira, Jehová tu Dios te ha entregado la tierra; sube y toma posesión de ella, como Jehová el Dios de tus padres te ha dicho; no temas ni desmayes. 

Podríamos imaginar que el pueblo de Israel estaría emocionado por llegar finalmente a la Tierra Prometida. Pero la expectativa se transformó rápidamente en inseguridad y miedo, porque nadie de ellos conocía el lugar a donde iban a entrar, ni aún Moisés. Estaban a punto de entrar a la promesa, pero ¿qué implicaría eso? Por esa duda, los israelitas pidieron a Moisés que enviara a exploradores para que les trajeran un reporte de la tierra.
(Deuteronomio 1:22) Y vinisteis a mí todos vosotros, y dijisteis: Enviemos varones delante de nosotros que nos reconozcan la tierra, y a su regreso nos traigan razón del camino por donde hemos de subir, y de las ciudades adonde hemos de llegar. 

ENVÍA PARA TI
Comenzamos leyendo la narrativa que presenta Deuteronomio, ya que allí deja claro que la idea de mandar espías o exploradores fue del pueblo, no de Dios. Esto no queda tan claro en Números, pues el capítulo comienza con la respuesta de Dios a esa petición:
(Números 13:1-2) Y Jehová habló a Moisés, diciendo: Envía tú hombres que reconozcan la tierra de Canaán, la cual yo doy a los hijos de Israel; de cada tribu de sus padres enviaréis un varón, cada uno príncipe entre ellos.

En español se traduce: “Envía tú”, pero en el texto en hebreo dice literalmente: “Envía para ti” (heb. Shelaj Lejá). Esta frase da a entender que la iniciativa de explorar el territorio no vino de Dios, sino del pueblo mismo. Era para beneficio propio, y para aclarar sus dudas. Ellos querían enviar exploradores para saber qué esperar al entrar en Canaán.

LOS EXPLORADORES SON ENVIADOS
Dios permitió que los israelitas aclararan sus dudas con respecto a la Tierra Prometida. Y para ello, enviaron exploradores.
(Números 13:3) Y Moisés los envió desde el desierto de Parán, conforme a la palabra de Jehová; y todos aquellos varones eran príncipes de los hijos de Israel.

Moisés escogió a un hombre de cada tribu (excepto Levi) para que todos estuvieran representados en la misión exploratoria (Num. 13:3-16):
RUBEN: Samúa, hijo de Zacur
SIMEÓN: Safat, hijo de Horí
JUDÁ: Caleb, hijo de Jefone
ISACAR: Igal, hijo de José
EFRAÍN: Oseas, hijo de Nun
BENJAMÍN: Palti, hijo de Rafú
ZABULON: Gadiel, hijo de Sodi
MANASÉS (José): Gadi, hijo de Susi
DAN: Amiel, hijo de Gemali
ASER: Setur, hijo de Micael
NEFTALI: Nahbi, hijo de Vapsi
GAD: Geuel, hijo de Maqui

Todos los que fueron elegidos como exploradores eran líderes de sus tribus, y les traerían el reporte de lo que iban a ver. Pero algo interesante que debemos notar es que estos líderes no son los mismos que fueron elegidos como cabezas militares de cada tribu en el Censo (Num. 1:5-16). 

CAMBIO DE NOMBRE
La Biblia hace mención especial de uno de los exploradores, ya que en la lista aparece con un nombre, pero luego Moisés se lo cambió:
(Números 13:16) Estos son los nombres de los varones que Moisés envió a reconocer la tierra; y a Oseas hijo de Nun le puso Moisés el nombre de Josué.

Oseas en hebreo: Hosheah, significa: “salvación”.
Josué en hebreo: Yehoshua, significa: “Jehová salva”.

Antes de partir a la misión, Moisés le cambió el nombre a Oseas, hijo de Nun.  Le agregó dos letras a su nombre, las letras yud y heh, que son las dos que inician el Nombre de Dios: Jehová. Josué antes se llamaba Oshea (esp. Oseas), pero al añadirle las otras dos letras se llamaría entonces Yehoshua (esp. Josué), que significa: Dios salvará. 
(Num. 13:16)  Estos son los nombres de los varones que envió Moisés a explorar la tierra; y puso Moisés a Oshea (Oseas), hijo de Nun, el nombre de Yehoshua (Josué).  

Por otro lado, la mención de Josué no es sólo por el cambio de su nombre, sino porque él se convertirá en el líder principal de todo Israel tras la muerte de Moisés.

Se cree que el nombre completo de Jesús en hebreo pudo ser “Yehoshua”, pero lo llamaban por el diminutivo “Yeshua”, que también significa: Salvación. En español se ha traducido como “Jesús”. 
(Mateo 1:21) Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS*, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.
* hebreo: Yeshua.

DEFINICIÓN DE LA MISIÓN
Tradicionalmente, a estos hombres enviados se les llama: “espías”. Sin embargo, la Biblia no los llama así. Tal vez sería más indicado llamarlos “exploradores”, ya que en hebreo se usa el verbo “Latur” (Num. 13:2,17,25), que se traduce como: explorar o pasear.

Veamos ahora lo que Moisés les instruye exactamente a los exploradores: 
(Números 13:17-20) Los envió, pues, Moisés a reconocer la tierra de Canaán, diciéndoles: Subid de aquí al Neguev, y subid al monte, y observad la tierra cómo es, y el pueblo que la habita, si es fuerte o débil, si poco o numeroso; cómo es la tierra habitada, si es buena o mala; y cómo son las ciudades habitadas, si son campamentos o plazas fortificadas; y cómo es el terreno, si es fértil o estéril, si en él hay árboles o no; y esforzaos, y tomad del fruto del país. Y era el tiempo de las primeras uvas.

Lo que los exploradores debían observar no era sobre la capacidad militar del enemigo, sino que debían enfocarse en lo siguiente:
1. GEOGRAFIA. Reportar si hay montes, valles, desiertos, ríos, etc.
2. POBLACION. Informar qué tipo de gente vive allí, y cuantos son. 
3. CIUDADES. Identificar si hay ciudades fortificadas, o si son abiertas.
4. TIERRA. Ver cuán fértil es la tierra, y traer una muestra. 

La misión no era “espiar” a los reinos, sino explorar la tierra, y traer el reporte de lo que habían visto. Veamos la diferencia entre “espiar” y “explorar” para entender la diferencia:

a. MISIÓN ESPÍA:  
Una "Misión Espía" pone énfasis en información militar, y tiene como propósito obtener información para preparar un ataque. Debe ser altamente secreta, y por ello sólo se envía a pocos espías, en forma encubierta. De regreso sólo reportan a los altos mandos, no a todo el pueblo.  

b. MISIÓN EXPLORATORIA:
El propósito de una misión exploratoria no es de carácter militar, sino para obtener información general del lugar al que iban a entrar. Se hace de forma pública, no secreta. 

LUGARES QUE EXPLORARON
Los israelitas habían acampado al sur de Canaán, en el desierto de Parán, al norte de la península del Sinaí. Pero los exploradores todavía debían cruzar dos desiertos antes de entrar a Canaán: Desierto de Zin y el Negev (que literalmente significa: “sur”). 
(Números 13:21-22) Y ellos subieron, y reconocieron la tierra desde el desierto de Zin hasta Rehob, entrando en Hamat. Y subieron al Neguev y vinieron hasta Hebrón; y allí estaban Ahimán, Sesai y Talmai, hijos de Anac. Hebrón fue edificada siete años antes de Zoán en Egipto.

En el sur de Canaán, los exploradores descubrieron dos cosas importantes que la Biblia resalta: Hebrón y los hijos de Anac (anaceos). 

a. HEBRON.
Esta era la ciudad principal del sur. Para los israelitas, Hebrón es importante en su historia, porque allí fueron enterrados los patriarcas, en la cueva de Macpela. Es significativo, porque éste fue el primer pedazo de tierra que los israelitas compraron en la Tierra Prometida (Gen. 23:17-20; Gen. 49:29-32).

b. HIJOS DE ANAC.
En Hebrón, vivían los hijos de Anac, que eran gigantes. En español, eran conocidos como ANACEOS (heb. Anakim). En Deuteronomio se hace mención de ellos: 
(Deuteronomio 9:2) un pueblo grande y alto, hijos de los anaceos, de los cuales tienes tú conocimiento, y has oído decir: ¿Quién se sostendrá delante de los hijos de Anac?

Aunque los gigantes parecían invencibles, Moisés les recuerda que ellos no serán un obstáculo para el plan de Dios.  
(Deuteronomio 9:3) Entiende, pues, hoy, que es Jehová tu Dios el que pasa delante de ti como fuego consumidor, que los destruirá y humillará delante de ti; y tú los echarás, y los destruirás en seguida, como Jehová te ha dicho.

COMPARACIÓN CON ZOAN
La comparación entre Hebrón con Zoán de Egipto era muy significativa para los israelitas, ya que allí fue donde Dios realizó muchos milagros para liberar a los israelitas de la esclavitud. Esto se menciona en el Salmo 78:
(Salmo 78:12) El hizo maravillas en presencia de sus padres, en la tierra de Egipto, en el campo de Zoán.
(Salmo 78:43) …cuando hizo sus señales en Egipto, y sus prodigios en el campo de Zoán.


Zoán era la antigua capital de los faraones de Egipto, en el tiempo de los hicsos. Luego fue llamada Tanis por los griegos. Zoán estaba localizada en el delta del Nilo, en la región de Gosén, donde los israelitas se habían asentado. 

TIERRA DE DESIERTOS Y VALLES FÉRTILES
Al explorar la tierra de Canaán, en el sur sólo encontraron desierto y pocas ciudades, pero al seguir incursionando hacia el norte, descubrieron montañas y valles, con mucha tierra fértil. 
(Números 13:23-24) Y llegaron hasta el arroyo de Escol, y de allí cortaron un sarmiento con un racimo de uvas, el cual trajeron dos en un palo, y de las granadas y de los higos. Y se llamó aquel lugar el Valle de Escol, por el racimo que cortaron de allí los hijos de Israel.

La temporada en la que llegaron los exploradores era en plena cosecha de frutos. Encontraron granadas, higos y uvas, de los cuales llevaron muestras, tal como lo había pedido Moisés (Num. 13:20).

En el próximo episodio, leeremos sobre el reporte que los exploradores llevaron al pueblo de Israel, informándoles sobre lo que habían descubierto en la Tierra de Canaán…  

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Enlace a otros capítulos: NUMEROS



viernes, 14 de noviembre de 2025

NUMEROS 12. Murmuración de María y Aarón



En el episodio anterior, vimos cómo mucho del pueblo murieron por dejarse llevar por sus deseos y rechazar lo que Dios les había dado. Allí tuvieron que enterrar a los codiciosos y rebeldes. Ese lugar en el desierto quedó marcado por lo que pasó, y por eso recibió el siguiente nombre: 
(Números 11:34) Y llamó el nombre de aquel lugar Kibrot-hataava, por cuanto allí sepultaron al pueblo codicioso.

Kibrot-hataava” significa literalmente: tumbas de los codiciosos.  

Luego de enterrar a los codiciosos ese día, dejaron ese lugar de muerte, y siguieron avanzando hacia la Tierra Prometida. 
(Números 11:35) De Kibrot-hataava partió el pueblo a Hazerot, y se quedó en Hazerot.

Lo que debía ser una parada de uno o dos días en Hazerot, se extendió a una semana por una situación que sucedió allí, lo cual leeremos en el capítulo 12…


PROTESTA DE LOS HERMANOS MOISÉS

En Hazerot, los hermanos de Moisés, María (heb. Miriam) y Aarón, se reunieron para comentar sobre dos asuntos que les preocupaba sobre Moisés:

1. La esposa de Moisés;

2. El liderazgo de Moisés en Israel.


Veamos ahora, punto por punto, estos asuntos que preocupaban a la familia…


1. LA MUJER CUSITA

El primero punto es que los hermanos de Moisés no estaban de acuerdo con la mujer que Moises había tomado por esposa. 

(Números 12:1-2) María y Aarón hablaron contra Moisés a causa de la mujer cusita que había tomado; porque él había tomado mujer cusita.


Sabemos que Moisés tenía una esposa llamada Séfora, pero parece que no era ella a quien se referían. Séfora era hija de Jetro, y ellos eran de Madián, donde Moisés se refugió por 40 años. Hay ciertos detalles en la historia que indican que Séfora no acompañó a Moisés en el proceso de liberación de los israelitas. Luego del incidente en el camino, relacionado a la circuncisión del hijo mayor (Exo. 4:18-26), parece que Séfora regresó a Madián, con su padre. Esto se confirma cuando Jetro encuentra a Moisés al pie del Monte Sinaí (Exo. 18:1-5). 

(Éxodo 18:5) Y vino Jetro, suegro de Moisés, con los hijos y la mujer de Moisés al desierto, donde estaba acampado junto al monte de Dios.


Esta es la última vez que la Biblia menciona a Séfora, lo cual abre la duda si ella regresó de nuevo a Madián con su padre. No queda claro en el texto. Pero si Séfora abandonó a Moisés, eso pudo abrir la puerta para que buscara a otra mujer. 


No sabemos si los hermanos se oponían a que Moisés tuviera otra mujer, o por el hecho de que la mujer que él escogió no era israelita, sino “cusita”, es decir, proveniente de Cus, que hoy es Etiopía, en África, al sur de Egipto. Tal vez ella también era esclava en Egipto, y se unió al pueblo de Israel en su liberación. En realidad, sólo podemos suponer, porque el texto no lo deja claro. Lo curioso es que la Biblia no menciona el nombre de la mujer cusita, ni se vuelve a mencionar más. 


Hay un detalle interesante en los primeros versículos, que vale la pena mencionar porque es revelador, y tiene que ver con la identificación de quién fue la persona que criticó. Esto es algo visible en hebreo, pero no siempre en las traducciones. En el primer versículo, el verbo “hablar” está conjugado en singular femenino, lo cual revela que la crítica venía de María. Aunque Aarón no habló, también debemos reconocer que no la detuvo. Pero en el versículo dos, el verbo está conjugado en plural, lo que implica que ambos dijeron lo mismo, y esto es lo que analizaremos a continuación…


2. LIDERAZGO DE MOISÉS

La crítica de los hermanos hacia Moisés no era sólo sobre la elección de su esposa, sino algo aún más delicado: su liderazgo. 

(Números 12:2) Y dijeron: ¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por nosotros? Y lo oyó Jehová.


María y Aarón eran mayores que Moisés, y seguramente lo miraban como el pequeño de la familia. Este menosprecio de los hijos mayores hacia los menores es un caso que ha repetido en la Biblia, tal como sucedió con José y David. También los hermanos de Moisés lo menospreciaron. Lo que olvidaron es que fue Dios quien lo puso en esa posición de autoridad, y tal vez sin darse cuenta, estaban yendo en contra del orden que Dios había establecido.


Esta crítica no fue pública, sino hecha en la privacidad de la familia. Nadie lo oyó, pero Dios sí, y Él intervino, porque el asunto era delicado, y se necesitaba dejar una advertencia para los que se atrevieran a rebelarse contra la autoridad de Moisés y Aarón (como lo veremos más adelante en Números 16 & 26). 


RESPUESTA DE MOISÉS

Algo que la Biblia resalta es que Moisés no defendió su posición, ni peleó con sus hermanos por su crítica. Él estaba en liderazgo porque Dios lo puso allí, y no porque él buscara protagonismo. Esto lo afirma la Palabra de Dios cuando dice: 

(Números 12:3) Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra.


Existe la posibilidad que Moisés estaba presente cuando María y Aarón lo criticaron. A pesar de eso, Moisés fue humilde y no se defendió. El siguiente versículo nos da a entender que Moisés estaba presente, porque Dios habla a los tres… 


REACCION DE DIOS ANTE LA CRITICA 

Dios consideró esta crítica a Moisés tan seria, que no dejó que pasara ni siquiera un día sin tratar el asunto. En ese mismo momento, Dios convocó a los tres hermanos al tabernáculo de reunión para juzgar el conflicto:

(Números 12:4-5) Luego dijo Jehová a Moisés, a Aarón y a María: Salid vosotros tres al tabernáculo de reunión. Y salieron ellos tres. Entonces Jehová descendió en la columna de la nube, y se puso a la puerta del tabernáculo, y llamó a Aarón y a María; y salieron ambos.


El primer punto que Dios trató fue el de la crítica a la autoridad de Moisés. Este fue el mensaje que Dios les dio:

(Números 12:6-8) Y él les dijo: Oíd ahora mis palabras. Cuando haya entre vosotros profeta de Jehová, le apareceré en visión, en sueños hablaré con él. No así a mi siervo Moisés, que es fiel en toda mi casa. Cara a cara hablaré con él, y claramente, y no por figuras; y verá la apariencia de Jehová. ¿Por qué, pues, no tuvisteis temor de hablar contra mi siervo Moisés?


Por su humildad, Moisés no se defendió, pero Dios si lo hizo. Resaltó la relación especial que Moisés tenía con Dios, mucho más cercana que cualquier otro profeta. Dios le hablaba “cara a cara”, y claramente (no por sueños o profecías que hay que interpretar). No sólo es alguien que habla con Dios todo el tiempo, sino que le obedece. Esto es algo que los hermanos no habían apreciado de su hermano menor. 


El castigo por esto fue que Dios se apartó de ellos.

(Números 12:9) Entonces la ira de Jehová se encendió contra ellos; y se fue.


No hay peor castigo para un creyente que Dios se aparte, y eso fue lo que pasó en ese momento. Y con ello vino el castigo del otro punto, que es la crítica sobre la mujer de Moisés. 

(Números 12:10) Y la nube se apartó del tabernáculo, y he aquí que María estaba leprosa como la nieve; y miró Aarón a María, y he aquí que estaba leprosa.


Debemos notar que la lepra vino sólo sobre María. No obstante, Aarón sintió el golpe, y clamó por misericordia.

(Números 12:11) Y dijo Aarón a Moisés: ¡Ah! señor mío, no pongas ahora sobre nosotros este pecado; porque locamente hemos actuado, y hemos pecado.


Aquí comenzamos a ver el cambio en Aarón, porque habló con humildad a su hermano menor, diciendo “señor mío”. Aarón reaccionó como se debe ante una llamada de atención del Señor: se arrepintió. Él reconoció su pecado, y pidió perdón. Curiosamente, no oímos nada de María. Tal vez ella necesitaba un tiempo para procesar lo que le estaba pasando, y lo que ella había hecho. 


LEPRA Y MURMURACIÓN

Podríamos preguntarnos: ¿por qué sólo a María le sobrevino la lepra? Como ya mencionamos, quien habló mal de la mujer cusita fue María, pero Aarón no dijo nada. Esto podría explicar la razón. 


La tradición judía cataloga la murmuración como “lengua mala” (heb. Lashon haRa), lo cual se considera como un pecado que causa mucho daño social. Si alguien murmura, puede causar ruptura en las relaciones y división en la comunidad. Ante esto, la lepra bíblica parece ser el castigo por este pecado. 


Pero no sólo debe ser visto como “castigo”, sino que también es la solución adecuada para el problema. La Biblia manda que el leproso sea apartado, y eso trae dos consecuencias:

  1. Si alguien tiene lepra, debe alejarse de la sociedad, y esto ayuda a evitar la propagación del mal—tanto el contagio de la enfermedad como la propagación de la murmuración; 
  2. Por otro lado, el aislamiento también brinda la oportunidad al leproso de meditar sobre lo que ha hecho y arrepentirse. 


La instrucción de apartar a los leprosos ya la habíamos estudiado en el capítulo cinco: 

(Números 5:2-3) Manda a los hijos de Israel que echen del campamento a todo leproso… Echaréis tanto a hombres como a mujeres; los echaréis fuera del campamento para que no contaminen su campamento, donde yo habito en medio de ellos.


Pero es importante saber que esta expulsión no tiene que ser para siempre. Si el leproso es sanado por Dios, la persona podrá regresar a la comunidad, luego de pasar una inspección realizada por los sacerdotes. (Nota: todas las instrucciones sobre la lepra se encuentran en Levítico 13).


INTERCEDEN AARÓN Y MOISÉS

Al ver a su hermana María llena de lepra, Aarón intercedió por ella.

(Números 12:12) No quede ella ahora como el que nace muerto, que al salir del vientre de su madre, tiene ya medio consumida su carne.


También Moisés intercedió, y le pidió a Dios que la sanara. 

(Números 12:13) Entonces Moisés clamó a Jehová, diciendo: Te ruego, oh Dios, que la sanes ahora.


Moisés sabía que Dios la podía sanar de inmediato, porque algo similar le sucedió a él. Cuando Dios lo llamó desde la zarza ardiente, una de las señales que recibió fue que su propia mano se llenó de lepra, pero Dios lo sanó de inmediato (Exodo 4:6-7). Esa era una señal que serviría para autenticar el liderazgo de Moisés ante los israelitas (Éxodo 4:8). Ahora sus propios hermanos debían recibir ese mismo mensaje, confirmando que Moisés era el líder elegido por Dios. 


El Señor pudo haber sanado a María en el instante, pero no lo hizo, y el Señor explica por qué:

(Números 12:14) Respondió Jehová a Moisés: Pues si su padre hubiera escupido en su rostro, ¿no se avergonzaría por siete días? Sea echada fuera del campamento por siete días, y después volverá a la congregación.


La imagen de “escupir en el rostro” es un mensaje muy fuerte, porque eso sólo sucedería en un caso extremo en el que la hija ponga en vergüenza al padre. En cierta forma, eso fue lo que hizo María con el Señor. Dios estaba dispuesto a perdonarla, como un padre lo haría con su hija, pero ella debía pasar un tiempo apartada para darle la oportunidad de arrepentirse. La misericordia de Dios es grande, pero el retorno no aplica sino para los que se han arrepentido, porque nadie puede burlarse de Dios (Éxodo 34:6-7; Gálatas 6:7). 


SIETE DÍAS FUERA DEL CAMPAMENTO

El dictamen de Dios fue que María debía salir fuera del campamento por una semana. Siete días es el tiempo en que alguien con lepra debía permanecer fuera del campamento (Num. 5:2-3).


La Biblia cuenta que todo el campamento esperó hasta que María fuera restaurada.

(Números 12:15) Así María fue echada del campamento siete días; y el pueblo no pasó adelante hasta que se reunió María con ellos.


En Deuteronomio se menciona la ley de la lepra, y hace referencia al caso de María. Lo que le pasó fue una lección para todo el pueblo.

(Deuteronomio 24:8-9) En cuanto a la plaga de la lepra, ten cuidado de observar diligentemente y hacer según todo lo que os enseñaren los sacerdotes levitas; según yo les he mandado, así cuidaréis de hacer. Acuérdate de lo que hizo Jehová tu Dios a María en el camino, después que salisteis de Egipto.


PUEDEN AVANZAR

Como mencionamos al principio, todo esto ocurrió en Hazerot. Pero cuando se resolvió este problema, el pueblo pudo seguir avanzando. 

(Números 12:16) Después el pueblo partió de Hazerot, y acamparon en el desierto de Parán.


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